jueves, 27 de abril de 2017

Quinientos días y ninguna flor



Un chiste de mal gusto que no representa la preocupación de nadie. El empresidente Macri se enteró de que los abuelos de un geriátrico visitaban páginas porno y celebró que hayan cancelado las cuentas. Aunque no sepa recitar de corrido cuánto cobra un jubilado, sí sabe con qué se entretiene. Como rezaba un viejo lema de los PRO, “en todo estás vos”. El Ingeniero está en paraísos fiscales, líneas aéreas, empresas de energía, autopistas, bancos y hasta en la sexualidad de los mayores. Pronto estará presidiendo el G 20 y sus balbuceados discursos, frases de póster y humoradas inoportunas nos integrarán al mundo. También estuvo de visita en el Imperio, promocionando una inversión de Techint que generará 1500 puestos de trabajo. Allá. Acá ofrece ayuda económica a cambio de despidos. El Gran Equipo se burla a coro revoleando promesas que apenas convencen a los propios, mientras los datos sugieren que la caída es inminente. Macri, en tanto, se ocupa de suprimir cualquier asomo de felicidad y anuncia una inversión en el Norte, como el sacrificio de un sumiso creyente en el altar de un dios sordo.
¿En qué manos estamos? El Gerente de La Rosada SA habla del Estado aguantadero, mientras el Jefe de la Policía Metropolitana, José Potocar marcha preso por recaudación ilegal cuando estaba al frente de la Dirección General de Comisarías; mientras vende sus acciones de Autopistas del Sol, después de una suba en la cotización gracias al incremento de los peajes; mientras gran parte de sus funcionarios gestionan para las empresas de las que provienen; mientras nombra como Procurador del Tesoro a un abogado a la medida de sus trapisondas; mientras los jueces cómplices hacen lo imposible para cajonear sus chanchullos; mientras los medios hegemónicos ven crecer su hegemonía por concesiones poco democráticas y muy abultadas pautas; mientras el periodismo independiente se transforma en militante. Mientras todo esto y mucho más ocurre, Macri habla del Estado aguantadero, más con la pretensión de instalar una nueva falacia que como una confesión en su autobiografía.
No estamos en manos de ningún abuelo que consume porno, sino de un equipo que hace del engaño su mejor virtud. El jefe de Gabinete, Marcos Peña, presentó su informe a los senadores como si estuviera ante un grupo de neófitos. Con alucinado optimismo, confesó estar convencido de que este año Argentina va a crecer, “a salir de esta situación de estancamiento”. Y explotando al extremo esa sana costumbre de tergiversar los datos, destacó que en enero hubo una suba de 1,1 por ciento de la actividad económica, omitiendo el último dato del INDEC, que da cuenta de una nueva tendencia negativa del 2,2 en forma interanual. Aunque todos los pronósticos superan el 17 por ciento esperado, Peña aseguró que “en los próximos meses se va a notar la fuerte baja de inflación que va a ayudar el camino del crecimiento”. O es una víctima más del terrorismo informativo que padece una parte importante de la población o es más cínico de lo aceptable.
Una mueca diabólica
Aunque parezca mentira, algunos conciudadanos ven en el Gran Equipo a un grupo de sacrificados patriotas que quiere sacar adelante al país y que las cosas van mal por mera mala suerte. Si el desempleo avanza a paso redoblado, el consumo está en picada y la recesión es más que una amenaza no es porque las audaces decisiones de los funcionarios no dan el resultado esperado. Si la distribución del ingreso retrocedió tres puntos y negocios y fábricas bajan sus persianas como en otros tiempos no es por falta de confianza de los emprendedores. Si las cosas se están poniendo cada vez más fuleras no es porque opositores irresponsables conspiran para que al gobierno le vaya mal.
Así es como está planeada esta siniestra trama: "sabíamos que la transición económica iba a llevar a una etapa más compleja y compartimos la preocupación", explicó Marcos Peña en el Senado. No es eso lo que prometieron en campaña; no hablaron de sacrificios sino de Revolución de la Alegría; no anunciaron que nos hundiríamos de a poco sino que íbamos a estar cada día mejor (con un leve sacudón del puño derecho); no le iban a quitar la ayuda a nadie y ahora los viejos deben suplicar por los medicamentos gratis; iban a incentivar las economías regionales pero los horticultores deben regalar sus verduras en las plazas; iban a generar empleo pero exigen a las empresas y a las administraciones provinciales que despidan a sus empleados. No es una situación compleja ni hay preocupación sino una dramática catástrofe y muchos argentinos están desesperados.
Tanta desesperación se percibe que algunos buenos vecinos sufren infartos al recibir las facturas de la luz. Tan mal pinta la cosa que el ex presidente Eduardo Duhalde propone una “cadena de oración para que Macri tenga razón”. No para que las cosas marchen bien, sino para transformar la irracionalidad del plan de Macri en algo razonable. Porque este es el punto de partida: no se puede esperar que la economía crezca si el equipo económico produce recesión; no se puede generar empleo si desde el gobierno se alienta la desocupación; no se puede reducir la pobreza si se legaliza la especulación financiera; no se puede garantizar ningún futuro si los recursos naturales están hipotecados por una deuda que no se está convirtiendo en desarrollo, sino en una fuga de capitales inusitada. Nada de lo que hacen es para mejorar nada: todo lo están empeorando a propósito para que después un pantano pestilente parezca un paraíso. Mientras tanto, Macri celebra la generación de empleo en el Imperio y se burla de la sexualidad de los abuelos. Y algunos alucinados todavía corean si, se puede.

lunes, 24 de abril de 2017

El Estado somos todos



En estos tiempos de cambios, la incoherencia salpica esa caprichosa construcción que llamamos realidad. Los oficialistas se conducen aún como si fueran opositores y algunos opositores hacen lo imposible por simular su oficialismo. Periodistas hegemónicos estampan el saldo de su prestigio contra cualquier opereta efímera y no dudan un instante al convertir las fábulas más inverosímiles en noticias híper chequeadas; aunque se dicen independientes y serios, ocultan, tergiversan y hasta inventan hechos sin un atisbo de rubor; y lo peor, construyen opinión en base a esos engendros. No, perdón: lo peor es que diputados, senadores y funcionarios toman ese mamotreto de falacias como fundamento para sus acciones. La confusión que gobierna es de tal magnitud que el Gerente de La Rosada SA trata de convencer a la población de que lo que nos pasa es culpa de la anterior gestión y la mejor solución es desmantelar el Estado, endeudarnos hasta el infinito y seguir enriqueciendo a los que tienen de sobra.
Si dejamos que estas cosas comiencen a formar parte de nuestro ideario, ahí sí que estamos fritos. Si se hace carne en la mayoría la idea de que es el Estado el que entorpece el desarrollo, nos quedaremos a merced de la incontenible angurria de las corporaciones empresariales. Si aceptamos, como dijo el empresidente, que el Estado es un aguantadero y no una estructura de protección y contención de toda la sociedad, la disolución de nuestro país estará a la vuelta de la esquina.
En un aguantadero se refugian los delincuentes; en un lugar así, todos están fuera de la ley. Decir de un lugar que es un aguantadero implica afirmar que todos los que se amparan allí son delincuentes, desde el primero hasta el último. Entonces, si un mandatario considera al Estado un aguantadero no sólo está diciendo que los administrativos estatales son delincuentes, sino que extiende la condena a diputados, senadores, jueces, fiscales, policías, maestros y soldados. Si el Estado somos todos, en la capciosa concepción de Macri, todos somos delincuentes. Hasta él, que ha visto crecer su fortuna gracias al Estado, también lo es.
Por supuesto, Macri no es tan torpe para decir algo así. En estos 16 meses ya hemos descubierto que su hipocresía es incontenible y su cinismo, insultante. En sus laberintos discursivos podemos encontrar burlas, patrañas y mucha demagogia. Macri esconde las intenciones de su discurso con los tropiezos orales, los rodeos narrativos y la entonación pueril. Con el amable disfraz de un predicador novato, el Ingeniero camufla su desprecio hacia lo que muchos llaman populismo, pero también revela la cobardía de no nombrar nunca al adversario. Con la metáfora del aguantadero, Macri quiere erradicar al kirchnerismo que, en esta línea de pensamiento, es sinónimo de delincuencia. Pero la corrección política le impide decirlo, aunque una despoblada hinchada lo reclame, por eso recurre a esos circunloquios que producen tanta confusión.
El ‘viejo truco’ del Cuco
Con los dicterios al Estado, volvemos al clásico verso de que estamos mal porque sobran los empleados públicos. En nuestra Constitución no figura el porcentaje de estatales que debe haber, así que cualquier cosa que se diga en torno a esto es puramente ideológico. Sin dudas, de las dimensiones del Estado dependen las intenciones de proteger al ciudadano. En los países que la hegemonía discursiva toma como ejemplo –Finlandia, Noruega, Dinamarca, Suecia- el porcentaje de estatales supera el 30 por ciento. Argentina, en cambio, apenas excede lo sugerido por la OCDE, que es un 14,6 por ciento. Pero la prédica de Macri es engañosa porque no busca hacer más eficientes las prestaciones ni hacernos ahorrar dinero en impuestos: desde su asunción, el gobierno incrementó un 25 por ciento la estructura del Estado.
Una patraña más que no busca el bien común: sólo quiere ejecutar la venganza de una clase privilegiada que no encuentra límites a sus perniciosas ambiciones. Sólo intenta desalentar una caída en el error de volver elegir a aquellas fuerzas políticas que representan los genuinos intereses del pueblo. El apellido Kirchner –como otrora Perón- contiene la carga necesaria para convertirse en blanco de esa derecha que no se atreve a reconocerse como tal. Pero mientras más demonizan ese apellido, más se enaltece; después cada celada, sale más indemne.
La crisis de Santa Cruz tiene mucho de ello. Como no lograron meter presa a Cristina, intentan desprestigiar a cualquiera que porte la K. Después de desfinanciar a la provincia patagónica con un 85 por ciento menos de los recursos y un bloqueo al endeudamiento, una operación político-mediática creó una película caótica. Como si las justas demandas de los pobladores pudieran convertirse –por arte de magia- en una Toma de la Bastilla sureña. La puesta en escena aprovechó la eficacia amarilla en las redes sociales para instalar una falsedad: el anuncio de la candidatura de CFK, un hecho que sólo despierta la furia de una minoría. Y los medios porteños, que siempre están ajenos a lo que ocurra más allá del Obelisco, posaron su maliciosa mirada para magnificar el incidente. Hasta hubo un periodista que alentó a los manifestantes, como puede verse en un video casero. Aunque cargado de hipocresía, el tuit del empresidente descolocó a los periodistas que se horrorizaron por la mano dura que siempre exigen desde la pantalla y hasta justificaron –celebraron- el ataque a la residencia de la gobernadora. Como ironizó La Presidenta, si hechos así hubieran ocurrido en los alrededores de Olivos, los titulares anunciarían un intento de golpe.
Una trama perversa para disfrazar este horroroso presente, para que se note menos el fracaso del modelo que el Gran Equipo está aplicando, para ganar tiempo y destruir un poco más. Para disimular que el optimismo de los funcionarios contrasta con un horizonte nefasto. Tanta es la desesperación, que el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne se atrevió a mentir con descaro en la capital del Imperio. Como si ignorara que las mentiras tienen patas muy cortas, Dujovne reveló que Argentina “logró comenzar a crecer, a bajar la inflación, a bajar la pobreza”, en contraste con todas las mediciones existentes. Y con una sobredosis de entusiasmo, agregó que “el rol que hoy juega la Argentina a nivel mundial es crucial porque muestra el norte, el faro de cómo un país puede pasar de caminar directo hacia el abismo a convertirse en un país que camina hacia la normalidad, hacia la prosperidad”.
Una normalidad que incluye persecución política, irrupción policial en establecimientos educativos, demonización del adversario y violencia oficial todo terreno. Una prosperidad que incrementa la desigualdad, produce recesión y nos aleja de todos los sueños. ¿Quién es el destinatario de semejantes embustes? ¿Tan poco respeto tiene por sí mismo quien escucha estas fábulas? Mientras entretienen a unos cuantos señalando al cuco, estos piratas trajeados cargan el botín en sus bodegas. Cuando los aún encantados se desencanten, preguntarán, alelados, de dónde vino el huracán.

jueves, 20 de abril de 2017

Versión PRO de la letra escarlata



Después de mes y medio del inicio oficial del año parlamentario, la cámara de Diputados quedó habilitada para comenzar con su labor, aunque con tropiezos. Raro, porque los exponentes del oficialismo cuestionan los vaivenes republicanos de Venezuela y acá vulneran las instituciones a cada paso. La primera iniciativa fue una declaración a favor de la feroz oposición al chavismo, que fracasó por falta de adhesión. En venganza, los Amarillos ni siquiera dieron quórum a la propuesta del FPV de intimar al Ejecutivo a que cumpla con la ley de Financiamiento Educativo y convoque a la paritaria docente nacional. Con esfuerzo, la gratuidad de la energía para los electrodependientes encontró a nuestros representantes mirando para el mismo lado. Una pena si después de tanto diálogo y consenso, el empresidente Macri recurre al veto, como es su costumbre cuando una ley impulsa al Estado a proteger a los más vulnerables. Así ocurrió con la doble jubilación mínima para los ex combatientes de Malvinas, la emergencia ocupacional y la expropiación del Hotel Bauen, entre otros casos. Si alguien todavía duda para quienes gobiernan los ceócratas, es porque integra el grupo de los selectos beneficiados o la venda ya se integró a su sistema sensorial.
Lo segundo afecta todavía a muchos conciudadanos, esos que afirman no estar ni de un lado ni del otro, pero siempre aferrados a que los K se llevaron todo y Macri recibió un país fundido; que lloran hasta la deshidratación ante la foto de un hambriento africano pero babean su veneno por los planes a los negros vagos; los que incorporan emoticones con lagrimitas a las imágenes de migrantes en Europa pero piden la expulsión de los que vienen de Bolivia o Paraguay; los que todos los días alimentan con patrañas inverosímiles sus prejuicios añejos y no pierden la esperanza de que en medio de tanta oscuridad comience a asomar la luz al final del túnel. Esos que en Semana Santa se conmueven con la Pasión de Cristo pero no ven la hora de que entre en acción el arsenal anti piquetes de Patricia Bullrich. Esos que, de tanto confundir los lados, siempre estacionan en el peor.
Aunque parezca muy claro, resulta necesario decirlo: esa mirada tan estrábica es producto del licuado mediático que consumen. Con falacias, titulares amañados y versiones malintencionadas es difícil construir un pensamiento razonable. El episodio de López surgió como la confirmación de una sospecha, pero nadie se pregunta por las torpezas del protagonista ni por el silencio de la causa. Marijuán volvió con las manos vacías de sus excavaciones patagónicas pero muchos creen que con eso basta para sentenciar a Báez. Aunque Sandra Arroyo Salgado apunta a Diego Lagomarsino por la muerte de Nisman, los que no están ni de un lado ni del otro aseguran que lo mató Cristina y ni siquiera sueñan con la posibilidad de un suicidio, a pesar de las pericias. Así, un diálogo se convierte en un peloteo de sinsentidos y cualquier intento de explicación naufraga en medio del griterío. Y uno queda desairado, tildado de fanático, de choriplanero o cosas peores.
Una locura discursiva
Así se construye sentido común en estos días, con fragmentos, imágenes, impresiones pero sin ideas. La tele simula preocupación, pero sólo explota una tendencia. En lugar de esclarecer, mezcla la paja con el trigo y aporta un nivel que empequeñece al usuario. Lo que presenta como debate es una competencia de gritos. Las entrevistas se convierten en escenas teatrales que convalidan cualquier falacia. El objetivo es retornar al statu quo que comenzábamos a abandonar: la primacía del mercado, la exaltación del individuo, la desigualdad como costumbre. Y grabar a fuego en el espectador que todo lo que nos pasa es culpa de la corrupción política y no de la avaricia empresarial.
Al espectador distraído le cuesta escapar de una lógica impuesta a fuerza de un enloquecedor zapping que busca instalar una normalidad perversa: los ricos tienen que ser más ricos para que los pobres sean menos pobres; un Estado que se piensa ajeno a la Economía pero que interviene sin dudar cuando los principales empresarios reclaman bajas impositivas y reducción de los salarios; un modelo del derrame que no suelta ni una gota porque quienes gobiernan ni se preocupan por eso. Y como moño de este paquete, un entramado de Justicia que sólo es independiente cuando cajonea las oscuridades de los propios y eterniza las sospechas sobre los ajenos.
Aunque la investigación internacional sobre los Panamá Papers recibió el premio Pulitzer, las empresas off shore en las que encontraron a Macri no obtuvo en nuestro país la repercusión esperada. Los fiscales mediáticos y políticos minimizaron el escándalo y, a diferencia de otros casos, susurraron prudentes generalidades a la espera de una resolución judicial. Después de casi un año de desorientada indagación, con organismos oficiales que bloquearon toda posibilidad de esclarecimiento y ante el temor a la reprimenda amarilla, el juez Sebastián Casanello se declaró incompetente. La tele suspira aliviada y le ordena al espectador que dé el caso por cerrado. Si tener empresas fantasmas en paraísos fiscales sin declarar sugiere la posibilidad de evasión impositiva, omisión maliciosa o lavado de dinero, la esperanza del manso vecino no debe verse afectada.
En cambio, sí debe mantener vivas las sospechas sobre los K, aunque no tengan cuentas en el extranjero y todos sus bienes coincidan con los que figuran en las declaraciones juradas, hartamente verificadas. Aunque las pericias no hayan encontrado irregularidades en la asignación y ejecución de la obra pública en Santa Cruz y las operaciones de las empresas Los Sauces y Hotesur estén debidamente bancarizadas, la familia Kirchner encabezó una asociación ilícita durante doce años de gobierno. Aunque vender dólar a futuro no benefició a ninguno de los que tomaron la decisión, todos están procesados por perjudicar al Estado y eso que los que devaluaron y ganaron fortunas son los funcionarios del actual gobierno, inmaculados con fórceps por un puñado de jueces cómplices. Aunque el memorándum con Irán no entró en vigencia y tenía intenciones de interrogar a los sospechosos por el atentado a la sede de la AMIA fuera del país, como ya se había hecho en otras ocasiones, Cristina y sus secuaces están acusados por traición a la patria, una figura constitucional que sólo puede aplicarse durante un conflicto bélico. No importa la incoherencia de las conclusiones; lo esencial es que el televidente memorice una frase macabra: “algo habrán hecho”.
Una condena infundada que se extiende a todos los que extrañan lo anterior o comienzan a extrañarlo. Una mancha venenosa que salpica a los que empiezan a sobrar en la Argentina PRO. Ser K o parecerlo puede ser una etiqueta peligrosa en una gerencia dispuesta a amoldar el país a los intereses de un establishment corrupto y angurriento. Como la letra escarlata que se imponía a las mujeres adúlteras en las sociedades puritanas, la K es el sello que habilita insultos, desprecio y hasta persecución. Romper semejante engendro discursivo es una tarea diaria a la que nos tenemos que dedicar para que las pesadillas del pasado no vuelvan a convertirse en un sangriento presente.

lunes, 17 de abril de 2017

Gobiernos de violentos



Un poco extraño eso de llamar madre a una bomba. Una madre que destruye mucho y es capaz de amamantar a muchas bombitas que, en breve, serán tan destructivas como su progenitora. Y pensar que hay gente que aplaude estas cosas, que se enorgullece, que las cree necesarias para construir un mundo mejor. La eliminación del adversario como manera más eficaz para allanar el camino del diálogo y el consenso y la creación del conflicto para fomentar la producción de armas. Sin eso, la economía del Imperio se desmoronaría. La hipótesis de la ‘amenaza’ permite sembrar el miedo y con tanto revuelo de sangre, terminan ganando los mismos: la Doctrina del Shock con todas sus letras. Detrás de cada bombardeo, hay integrantes de la lista de Forbes que lo han alentado. Detrás de esta violencia prefabricada, aunque cueste creerlo, no hay intenciones de paz, sino planes de negocios. Los politólogos ponen en juego su lucidez para esclarecer las particularidades de cada caso, pero el principio y el fin están siempre en esas intocables cuentas bancarias que crecen al ritmo de las explosiones.
Muy lejos de Afganistán y en menor escala, Argentina está en los prolegómenos de algo parecido. Con la excusa de “corregir” los errores del populismo K, aplicaron mal una receta para generar una situación que justifica un arsenal. Algunos pueden esgrimir la posibilidad de errores ante los adversos resultados, pero quien se equivoca tanto y con semejante énfasis, es un incapaz o un malintencionado. En campaña, Macri prometía terminar con la inflación en pocos meses y hoy, calcular el índice de este año es más difícil que acertar al Quini. El crecimiento y el progreso eran certezas en boca del entonces candidato, pero el año pasado el PBI decreció un 2,3 por ciento y éste no pinta ser mejor. Si la Pobreza Cero despertaba ovaciones en la tribuna, el crecimiento del desempleo, la mesa desmantelada y el fin de mes que se anticipa inspiran un cómplice silencio. Si el desarrollo era inevitable, la caída de la producción, el cierre de fábricas y la retracción del uso de la capacidad instalada son hechos indiscutibles. Si la Revolución de la Alegría era el horizonte, las caras de bragueta pueblan la escenografía cotidiana. O hay una torpeza profunda o las intenciones del Gran Equipo son malsanas.
La mejor respuesta: el ataque
Ante tanto descalabro, es razonable que la población se inquiete. Si la angustia del ciudadano queda entre las cuatro paredes de su hogar, está todo bien para el establishment gobernante; si, en cambio, se suma a otras angustias y se manifiesta en las calles, empieza a incomodar. “Un presidente dispuesto a dar batallatitula su editorial del domingo Joaquín Morales Solá. Entre fantasías y alucinaciones varias, el periodista celebra que Macri recupere protagonismo después de muchas semanas de descontrol. La mano dura civilizadora frente a la barbarie choriplanera que desbordó la paciencia de los buenos vecinos durante las Calles de Marzo. La pluma del establishment sonríe satisfecha porque la represión está en marcha y el empresidente se está preparando para levantar su pulgar. La batalla de estos tiempos no sólo es cultural, como otrora, sino también corporal. El plan de gobierno no tiene entre sus objetivos desterrar las angustias de la mayoría, sino silenciarlas a palazos.
Los episodios de violencia institucional se amontonan en la enumeración y espantan por su fiereza. Los agentes de seguridad actúan más como agitadores que como pacificadores y disfrutan destinar golpes y gases como si estuvieran en un juego. Hasta deben contar las cabezas abolladas para fanfarronear ante familiares y amigos. Esta película de terror tuvo dos clímax: la represión a los docentes durante el montaje de la Escuela Itinerante y la irrupción de policías de Jujuy durante una fiesta estudiantil. La educación está en la mira del Gerente de La Rosada SA y sus secuaces, aunque no con las mejores intenciones.
Del gobernador jujeño Gerardo Morales no se puede esperar más que un tuit de ocasión. Con la prisión ilegal de Milagro Sala, la persecución a sus seguidores y el desmantelamiento de su obra no puede alardear demasiado de respetar los derechos y los límites que impone la ley. En poco más de un año de gobierno obtuvo dos records lamentables: el primer preso político y la primera invasión de policías en un predio universitario, hechos nunca ocurridos desde el retorno a la democracia. A pesar de las excusas que pongan los apologistas, el cambio apesta a naftalina.
Plumas, voces y caras de la hegemonía mediática, en representación de un puñado, exigen un freno a tanta manifestación callejera. Del desprecio más profundo, salen los motes más creativos. Con el egoísmo más vil, alientan más ajustes. Con el cinismo más atroz, reclaman sangre para superar la grieta. El Gran Equipo no se hizo rogar y decidió incorporar los más novedosos dispositivos para desalentar protestas y manifestaciones callejeras. Además de la espuma adhesiva y las armas ensordecedoras, Macri se ufana de sumar el camión blindado anti-piquetes con el que hace años sueña. Una antipática advertencia o un patético artilugio para imponer un programa que nos dejará en la ruina.
De todo esto se puede sacar algo bueno: los Amarillos se están mostrando tal como son. Maia Ferrua no fue eyectada del ministerio de Modernización por pensar barbaridades sobre Micaela, sino por haberlas expresado. El desprecio al militante anida en esos oscuros corazones, pero recurren al maquillaje cuando la situación lo requiere. En casos así, hay que evitar ser tan PRO. Pero tan como son se muestran que hasta entre Ellos surgen fisuras. El ministerio de Energía casi explota con la carta que dejó José Luis Sureda después de presentar su renuncia. El INCAA se volvió un nuevo escenario de batalla después de la penosa operación pergeñada por Pablo Avelluto y dos operadores periodísticos. Hasta los más apologistas del macrismo salen a defender a Alejandro Cacetta y a evitar que el organismo autónomo del cine sea una víctima de los recortes amarillos.  
Tanto se muestran como son que quieren transformar sus prejuicios en norma. Alentados por el magro consenso del #1A y poco dispuestos a resolver las demandas de la mayoría, manos anónimas del oficialismo presentaron un peligroso proyecto en la paralizada cámara de Diputados para modificar algunos artículos del Código Penal. Un triunfo de la cruzada anti piquetes magnificada por los medios de comunicación, al punto de que un habitante de La Quica vea alterado su humor por un corte de calle en la CABA. Más allá de los trastornos que pueda ocasionar una protesta en la circulación urbana, lo que más debe interesar es la solución del conflicto. Más aún cuando sus promotores están reclamando la satisfacción de necesidades básicas vulneradas por el plan económico en marcha. Lo que propone la iniciativa es priorizar el castigo, demonizar al demandante, segregar más a los desplazados. Y lo más importante: transformar en criminal a cualquier disidente.
El buen sentido augura que una propuesta así debería ser inaceptable para una sociedad que ha vivido una dictadura que interpretaba como subversiva cualquier crítica y consideraba un peligro la portación de máscaras. El sentido común –construido a fuerza de manipulaciones mediáticas que explotan lo peor de cada uno- sugiere lo contrario. Los Diputados –que han estado algo inactivos por decisión del oficialismo- deben decidir a qué sentido representan. Si después de empobrecernos y engañarnos logran criminalizarnos, entonces pueden hacer de nosotros lo que quieran.

El gran carnaval

Nada que aplaudir. Pocos están a salvo. La Revolución de la Alegría es una lágrima gigante que va a terminar ahogando a muchos de los que c...