lunes, 20 de noviembre de 2017

El gran carnaval

Nada que aplaudir. Pocos están a salvo. La Revolución de la Alegría es una lágrima gigante que va a terminar ahogando a muchos de los que confiaron en ella. La traición a la voluntad de los ciudadanos comenzó hace casi dos años, con medidas que el empresidente Macri había prometido no tomar. Decisiones que no han sido fructuosas y nos conducen a una crisis fabricada que exigirá nuevos sacrificios para superarla. Un ajuste que se presenta como Reformismo Permanente, el flamante envoltorio con que el Gran Equipo quiere seguir embaucando a los argentinos. Con esta prometedora etiqueta, los ceócratas continuarán aplicando recetas de laboratorio que malogran nuestras vidas y transfieren fortunas a los que acumulan sin invertir un centavo. Mientras confundidos y acomodaticios consienten el drama que se presiente, la pluralidad de voces tan cacareada amenaza convertirse en un discurso único que aniquila cualquier principio democrático.
El despido de Víctor Hugo Morales del canal C5N es el clímax de una política de medios que sólo busca la complacencia y la crítica controlada. Que nadie lo ponga en duda ni engalane el conflicto: la Gerencia Amarilla utiliza los fondos del Estado para premiar a los medios cómplices y apologistas y castiga a los críticos con presiones financieras. Las deudas de los anteriores propietarios no justifican la expulsión de Roberto Navarro y Víctor Hugo, cuyos programas superaban el rating del clarinista TN. La mirada de estos periodistas es  “irreconciliable con la nueva línea del canal”. No es para menos, si el canal fue adquirido por el fondo OP Investments de EEUU y su nuevo administrador es Ignacio Rosner, compañero de estudios de Macri y de currículum ligado a la empresa familiar Sideco y al Grupo Clarín. Un perfil a la medida del oficialismo.
Tal como prometieron en campaña, no persiguen al que piensa distinto sino que lo silencian. Y los periodistas que antes clamaban por la libertad de expresión hasta cuando una paloma defecaba en su hombro, hoy apenas susurran un ¡qué barbaridad! con un forzado gesto de preocupación. Mientras el cierre de medios ha dejado en la calle a miles de trabajadores de prensa, el titular del Sistema Federal de Medios Públicos, Hernán Lombardi celebró las muestras de solidaridad con el inventor del Barrilete Cósmico: “está buenísimo que todo el mundo se pueda expresar”. Una burla del funcionario que ha pisoteado ese derecho desde el primer minuto de su asunción. Tanto cinismo circula por las venas PRO que quizá le ofrezcan al locutor charrúa un espacio en la TV Pública, pero no para hacer política, sino para conducir un programa de manualidades.
La mordaza amarilla
CFK se solidarizó con VHM y deslizó una sentencia alarmante: “se consolida el apagón informativo en Argentina”. La opinión pública estará a merced de la manipulada agenda y las caprichosas interpretaciones de los medios hegemónicos y sus plumas ilustres. Si no hay voces críticas que puedan desmontar las patrañas que expelen esas usinas apologistas, el pensar de los ciudadanos se convertirá en un cóctel psicodélico que vomitarán en las urnas. Para muestra, la telenovela de Nisman inclinó la balanza en 2015 y los nuevos capítulos se emiten cuando la crueldad amarilla necesita desviar la atención del público. Y una evidencia más: la tapa de Clarín del último domingo presente como buena noticia la suba de la edad jubilatoria debería avergonzar a sus fieles lectores.
Gracias a tanto chupamedismo mediático disfrazado de periodismo independiente, las medidas más antipáticas se convierten en necesarias, desde los descomunales tarifazos hasta el blanqueo de los familiares, desde las empresas offshore hasta las trapisondas de los amigotes, desde los recortes hasta la eliminación de impuestos a los más ricos. La reforma laboral del siglo XXI aparece como la solución mágica para el desempleo creciente, aunque es similar al cercenamiento de derechos que ya se probó muchas veces con dañosos resultados. Las amenazas a jueces y fiscales que no conviertan en procesamientos a las denuncias domingueras contra los K o se atrevan a emitir fallos contrarios a los deseos del Gerente de La Rosada SA surgen en los titulares como la búsqueda de una justicia independiente.
La destitución del camarista Eduardo Freiler, además de un adefesio institucional, es la venganza de Héctor Magneto, el capo mafia de Clarín. Este juez sentenció que la apropiación de Papel Prensa se produjo con delitos de Lesa Humanidad y pidió a Julián Ercolini que cite a declaración indagatoria a los dueños de Clarín y La Nación. Por supuesto, no los citó y además, cajoneó la causa porque intuía que transitar ese camino le traería serias jaquecas. Como a Freiler, que lo expulsaron por mal desempeño usando como excusa un enriquecimiento ilícito del que había sido sobreseído. Si a esto agregamos que la acusación se votó cuando uno de sus miembros estaba secuestrado por el Supremo Lorenzetti y que Pablo Tonelli usurpa el puesto que corresponde a un kirchnerista, debería anularse todo lo actuado por el Consejo de la Magistratura desde que comenzó la Hecatombe Amarilla. Pero el público cautivo jamás se entera de estas cosas porque apenas accede a un titular: “Echaron a un juez K por enriquecimiento ilícito”. Y con eso ya se siente un experto.
Más que un experto, un cautivo que se niega a salir de la caverna; un colonizado que transita por el mundo propalando los argumentos del amo; un esclavo del sentido común que consiente su explotación. Tan todo esto y mucho más porque es capaz de asimilar como sentencia arcana la catarata de sandeces que Macri vierte a diario. Tanto que no le sorprende que el Ingeniero pida a los gobernadores algo tan infame como “si le competimos con salarios más altos, el sector privado no va a poder generar la mano de obra que necesita para su crecimiento”. El paladín de la libertad de mercado quiere bajar los salarios públicos para que sus empresarios cómplices puedan contratar cuatro o cinco personas. El que se quejaba del intervencionismo estatal interviene para beneficiar a los privados. No hay que hacer mucho esfuerzo para comprender de qué lado está el Estado del Cambio. Un click basta para empezar a recuperar la conciencia.
El derecho a la información ya está vulnerado desde el momento mismo en que el Grupo Clarín expandió sus tentáculos con el beneplácito gubernamental, convirtiéndose en una potencia comunicacional única en el mundo. Además, peligroso, porque siempre estaremos a merced de sus caprichos para desordenar nuestros pensamientos. Y eso es lo que quieren para que aplaudamos con fervor a los que nos están despojando de todo.

viernes, 17 de noviembre de 2017

Esperando el Grito Sagrado

El país parece rendirse ante el poder económico: el acuerdo por la reforma laboral se realizó en la Sociedad Rural. Una burla más del Gerente de la Rosada SA. Una nueva foto para el álbum del cinismo. Los triunviros de la CGT, en lugar de defender los derechos de los trabajadores, gimen como dóciles cachorros en el antro de los que añoran la esclavitud. Y hasta salieron contentos por incorporar algunos cambios al borrador, como si no sospecharan que el oficialismo hace lo que quiere; como si no supieran que, después, a fuerza de carpetazos y decretos, traicionan cualquier acuerdo para seguir multiplicando privilegios.
Esto es lo que subyace en todo gesto de los ceócratas: que la gobernanza hacia el desastre está garantizada. Ante cada iniciativa oficial, críticas a montones, pero los malos tragos pasan con vaselina. Todo lo que pergeñan se convierte en realidad y también, en tragedias. Las medidas contradicen los propósitos anunciados porque van a la par de objetivos indecibles. Lo que dicen mejorar, lo empeoran y lo que pretenden componer, lo rompen pero siempre el resultado beneficia a un actor oculto del Círculo Amarillo. Desde la asunción del empresidente Macri, la lógica es la misma, predecible desde siempre: empobrecer a la mayoría para enriquecer a una minoría. Tan fácil y simple, pero dirigentes de cuero duro no lo pueden descifrar… o no lo quieren descifrar. O lo descifran pero no actúan en consecuencia. Como sea, el Gran Equipo logra sus designios con el aval de los que deberían frenarlo.
Todos los poderes están sometidos al Poder Real. No a Macri, sino a lo que representa. Tanto que hasta la sorpresa parece rebeldía. No por el frío sino por la extorsión, los salarios industriales de Tierra del Fuego permanecerán congelados hasta 2020. A cambio, no se despedirá a nadie. Lo de siempre: “aceptá estas condiciones porque hay una fila larga esperando tu puesto”. El más débil en una relación laboral está más debilitado que nunca porque el administrador del Estado está del lado del más fuerte. Hasta el diputado electo por Cambiemos y máximo referente del PRO en esa provincia, Héctor Stefani cuestionó este mafioso acuerdo que pretende convertirse en un modelo para todo el país.
Una impronta asfixiante
En realidad, el modelo está en todo. El pensar amarillo se propagó como una epidemia: una cheta se queja de sus vecinos grasa, un muchacho es reprimido por tomar mate, un taxista grita “debería haberte pasado por encima” a un patinador que casi atropella, una señora le reprocha a otra por leer un medio opositor en el transporte público… La mancha venenosa pasa de unos a otros con abrumadora rapidez. Los estigmas ideados en las cloacas del PRO se propalan por la cadena de estiércol de los medios hegemónicos y convierten a los salpicados en difusores del veneno. Los colonizados tienen luz verde para operar como la policía del pensamiento de un ideario nefasto.
Mientras la disolución social se evidencia en lo cotidiano, el Ingeniero observa con satisfacción: el país se une del peor lado de La Grieta. Sus insustanciales dichos se convierten en norma gracias a los apologistas full time. Sus pueriles conceptos descienden al llano adornados con el barniz de una sabiduría sempiterna. El ensayado tono didáctico hace de sus tartamudeos moralejas de almanaque. Sus promesas vuelan con el viento y sus pronósticos son demolidos por la realidad implacable. Sin embargo, el camino del Cambio es aceptado como el más adecuado, a pesar de las consecuencias.
Lo llamativo de este embrujo es que se nota que lo es. Todos saben que el invento de una secretaria con un título-trabalengua es para acomodar a algún allegado que jamás será tildado de ñoqui. A nadie sorprende que las medidas se etiqueten con el nombre de la empresa familiar que ganará con ellas. A ninguno asombra que todo vaya mal, aunque salgan a afirmar que las cosas van muy bien. Nadie se enoja por las tropelías porque Ellos son así, evasores, especuladores, egoístas y extorsionadores.
Total, Macri siempre saca de la galera una de esas frases tan obscenamente engañosas para encantar a casi todos. “Me pregunto por qué las empresas chicas son buenas y las grandes son malas” esputó esta semana, con esa ingenuidad cargada de cinismo que lo caracteriza. Quizá habría que explicarle que las Pymes contienen al 99 por ciento de las empresas argentinas y generan el 70 por ciento del empleo formal, de acuerdo a datos del ministerio de la Producción. Además, las pequeñas y medianas surgen desde abajo, con el esfuerzo de dueños y empleados, con arraigo territorial y cercanía con el entorno. Cuando estas empresas andan mal, sus propietarios también lo están. Las grandes, en cambio, aspiran a ser globales y por eso se desentienden de los daños que producen. Sus propietarios jamás se empobrecen aunque las empresas quiebren porque en lugar de invertir las ganancias, las fugan a paraísos fiscales.
Eso, sin dudas, las hace malas. Cinco días atrás, el ex primer ministro del Reino Unido, Gordon Brown hizo pública una carta que ya ha recibido más de un millón de adhesiones. En su texto, Brown explica que “el nivel de desigualdad global es espantoso. Ocho personas ostentan la misma riqueza que la mitad del planeta. Esa brecha no para de crecer, en parte, gracias al sombrío mundo de los paraísos fiscales que permiten canalizar de manera offshore billones de dólares fuera de nuestras economías”. Como nuestro país será anfitrión de la próxima reunión del G 20, el británico entregará al presidente off shore Mauricio Macri un petitorio para “acabar con los paraísos fiscales y garantizar que quienes los mantienen y los explotan rindan cuentas”. Un destino de bollito al cesto se avizora para ese documento. El Reformismo Permanente no prevé tanta transparencia. El modelo del derrame reclama mucho más flujo de divisas antes de evaluar la posibilidad de algunas gotas.
Mientras los usuarios se convierten en inversionistas de las empresas de servicios públicos a fuerza de tarifazos, la basura se recicla para comida y el ahorro del Estado serrucha el bienestar de los más vulnerables, los Amarillos aprovechan un consenso inexplicable para consolidar este indigesto camino hacia la desigualdad.

lunes, 13 de noviembre de 2017

Truco para superar el bajón

Quizá sea un sentimiento común pero, por no compartirlo, parece exclusivo. Una mezcla de desconcierto y desazón sofoca el ánimo, como si nada pudiera torcer el camino hacia una década que sin dudas será perdida. Y perdidosa para la mayoría, como ya se puede saborear. Lo sorprendente es que una parte de esa mayoría insiste en creer que el Cambio es lo mejor. Una exagerada credulidad mata a los más fundados argumentos. Esto ya lo hemos dicho muchas veces, como también repetimos hasta el hartazgo que los medios hegemónicos construyen un sentido común destructivo que es asimilado por su público cautivo. Además, no es nuevo decir que esa construcción incluye mentiras, operaciones y denuncismo selectivo. Que muchos aceptan patrañas como excusas para sus prejuicios, que la desproporción es abrumadora, que parecen imbatibles los que tenían fecha de vencimiento, que son malos ganadores, embusteros, provocadores y despiadados son otras de las cosas que sabemos. Como puede apreciarse, nuestro saber es amplio pero no tanto para encontrar la salida de este túnel que se está volviendo asfixiante.
Una mateada en La Bristol puede ser una divertida respuesta a la Cheta de Nordelta, pero no alcanza para frenar el plan de desigualdad del Gobierno Amarillo. El clima de época que emana del oficialismo auspicia este tipo de expresiones despectivas hacia el que intenta trepar un par de escalones en la pirámide social. El derecho de admisión impuesto por la minoría privilegiada se ha convertido en normalidad desde que el empresidente Macri accedió a La Rosada. Las condiciones para ingresar a ese selecto club varían de acuerdo a las apetencias de los que lo integran: un listado interminable de sacrificios que termina socavando la más acotada dignidad. El futuro del país depende de la tolerancia al deterioro de trabajadores, jubilados, estudiantes y público en general. El “todos tenemos que ceder un poco” que Macri espetó unos días atrás debe entenderse como Ustedes pongan casi todo para que Nosotros derramemos casi nada.
Algo que aclarar: aunque cumplamos con las exigencias, jamás entraremos. La zanahoria es con disfrute a futuro incierto con infinitas cuotas incalculables. Y para cada pago, más renuncias. La canasta básica fagocita hasta las pelusas del bolsillo, pero las reformas que pretenden imponer la volverá más inaccesible. Para Ellos exenciones impositivas y para el resto disminución del poder adquisitivo. Hasta quieren hacer de la comida casi vencida un alimento para los que menos tienen. Mientras Ellos ganan fortunas con las siderales tasas de interés, nuestro bienestar se resiente. Ellos cargan sobre nuestras espaldas una deuda monstruosa que no ha servido más que para alimentar la fuga de capitales. Todo esto ya lo sabemos, pero lo acuciante es convertirlo en antídoto para lo que se viene.
Del saber a la acción
El aluvión amarillo arrasa con la complacencia de muchos de sus arrasados. La esperanza que fluye de los apologistas colorea las penurias cotidianas. El ficcional pasado que perversos creativos construyen en las pantallas oculta la realidad que se padece. Un árbol de patrañas esconde un bosque amenazante. Aunque ya hemos hablado demasiado de esto, muchos transeúntes aún confían en los medios que han mentido siempre y basan su percepción de la realidad en relatos inverosímiles. Ni una línea ponen en duda. Si la tapa del diario dice que la reforma previsional significará un ahorro importante, ni siquiera piensan en el perjuicio para los jubilados.
Pero hay algo llamativo: en una reciente encuesta de Roberto Bacman, más del 60 por ciento de los argentinos está en contra de las políticas en ese sector: la reducción de medicamentos gratuitos, la inflación que se siente más en los consumos de la tercera edad, la reducción del haber que significará la nueva forma de cálculo y la suba en cinco años de la edad para acceder no son bien recibidas por la mayoría. Si bien los números de una encuesta no son estrictamente comparables con un resultado electoral, una porción de los votantes del Cambio comparte ese rechazo. Y eso es lo incomprensible: que hayan votado por una administración que toma medidas contrarias a su pensar y sentir. Una contradicción que ya no encuentra explicación en el desconocimiento o el engaño.
Este trabajo estadístico también indica que siete de cada diez consultados no llegan a fin de mes y consideran que este gobierno beneficia a los más ricos. Si descubrieron esto después del 22 de octubre es porque estuvieron muy dormidos. O quizá el anticristinismo sea más fuerte que el promacrismo. Y si la aversión está basada en el purismo, habrá que recordarles que desde el Gerente de Balcarce 50 para abajo casi todos están emporcados con conflictos de intereses y empresas off shore. Las bóvedas que buscaban en la Patagonia aparecieron en Panamá y Bahamas, pero los dueños no son kirchneristas, sino funcionarios PRO. Y uno se sorprende que no enoje tanto: es la evidencia de la corrupción que tanto buscan. La percepción está tan trastocada que son capaces de pensar que Cristina se robó todo pero lo puso a nombre de los Macri en paraísos fiscales.
Una percepción tan perturbada que acepta como un sofisticado homicidio la muerte del fiscal en un baño impecable y como accidente, la de Santiago Maldonado en un espacio abierto plagado de gendarmes enardecidos. Porque hasta en esto miente el Grupo Clarín con todos sus medios. Ni la muerte respeta. Gracias a eso gobierna el país a su antojo por medio de su emisario. Esto ya lo sabemos pero no nos alcanza para alejar voluntades del engañoso Cambio. Aunque parezca infructuoso, debemos seguir desmontando falsedades en una cola o en el ascensor y manifestar nuestra oposición en las calles de manera pacífica y con creatividad. ¿Qué importa si nos miran como a un loco o nos amagan con un tarascón en la yugular? La recuperación del país es más importante que los malos momentos que podemos pasar.

jueves, 9 de noviembre de 2017

Engaños desde el Primer Mundo

En las entrañas del Imperio, el empresidente Macri se siente como bagre en el agua. Allí, puede tartamudear en su idioma favorito el ideario infame que lo desborda. Exaltado por un triunfo incomprensible, ejecuta una obscena danza cargada de provocaciones. Desde la cima artificial sobre la que se erige, señala con un índice a los enemigos, distribuye culpas y conduce al país hacia una catástrofe todo terreno. Con un disfraz de estadista mal confeccionado, aspira a ser uno de los líderes del mundo al que pretende integrarnos. Ajeno a los paradisiacos escándalos que salpican a la pandilla amarilla, pretende seducir inversores con concesiones colonialistas propias de un pasado lejano. Confiado en el camuflaje y la distracción que despliegan los medios hegemónicos, abandona los ensayados tonos amables y permite que su duro sentir traspase con libertad la máscara en la que muchos todavía creen.
Una encuesta de unos días atrás muestra a más de la mitad de los ciudadanos que reconocen que con Cristina estaban mucho mejor, pero en un hipotético balotaje optarían mayoritariamente por Macri. Sin demasiado rigor científico, cualquiera se encuentra con peatones ajustados que recitan los mantras que las pantallas reiteran día a día: se robaron todo, se gobernaba desde el odio, la libertad de expresión estaba en riesgo, peligraba la justicia independiente… Un catálogo de falsos preceptos que justifican la paciencia ante el sacrificio que exige el Gran Equipo. Y si estas moralejas absurdas no alcanzan para atenuar el malestar, siempre tienen a mano la cobertura exagerada de temas insignificantes, como la detención de la falsa médica, para distraer la atención de un público que se resiste a abandonar los embustes de la tele.
Tan extraviado está el pensar de los cautivos que condenan sin pruebas a los funcionarios K y reciben con indiferencia las evidentes trapisondas de los actuales. Los conflictos de intereses y las empresas off shore de los ceos indignan menos que la ruta del dinero y las inhallables bóvedas patagónicas. Las patrañas de un programa dominguero convencen más que los fundamentos de prestigiosos juristas. Cinco minutos de titulares alcanzan para sentirse bien informado. El recelo teledirigido inspira conclusiones que avergonzarían hasta a una mascota.
Por eso el Ingeniero y sus secuaces pueden afirmar cualquier cosa sin fundamento. Si en el Consejo de las Américas Macri declara que a Alberto Nisman “lo mataron”, resultará muy difícil refutar su sentencia. Y en lugar de citarlo para que brinde sus pruebas, el fiscal Eduardo Taiano y el juez Julián Ercolini se suman a la opereta que Clarín comenzó en enero de 2015. Que el asesor informático y amigo de Nisman, Diego Lagomarsino, estaba implicado en su muerte por haber facilitado el arma no es una novedad. Sin embargo, lo convocan a una nueva indagatoria y ordenan otro allanamiento, no tanto para encontrar certezas sino para perpetuar sospechas con formato de titular. Que el Gerente de La Rosada SA declame que quiere hallar la verdad y base su búsqueda en la ficcional pericia de Gendarmería es otro capítulo de la manipulación más exitosa de todos los tiempos.
Un maratón de distracciones
Si antes CFK interrumpía la telenovela con sus discursos, ahora tienen una a toda hora en todos los canales, con distintos protagonistas pero con el mismo argumento: una fábula sobre el pasado para ocultar la tragedia del presente. La venganza de una clase se ejecuta en imágenes excitantes para justificar prejuicios, minimizar damnificados y disfrazar las consecuencias. Así, muy pocos se enteran de las advertencias de la CIDH por la proliferación de prisiones sin condenas o la calificación de Standard & Poor’s, que coloca a Argentina entre los cinco países más vulnerables del mundo, por el brutal endeudamiento y la fuga de capitales.
Con un argumento inverosímil, el culebrón continúa con procedimientos judiciales más histriónicos que justos. Los relatores de la realidad paralela se regodean ante el desfile de acusados K y casi celebran las omisiones y sobreseimientos a los saqueadores M. Y como buenos embaucadores, omiten mencionar la presentación del documento “La República cruje, la democracia y el pluralismo están en peligro” en el Congreso por intelectuales y referentes de DDHH. No es para menos: la propuesta para reformar el ministerio Público Fiscal que presentó el oficialismo busca adaptar el cargo abandonado por Alejandra Gils Carbó -gracias a presiones cuasi mafiosas- en una dependencia dócil a las aspiraciones vampíricas del Equipo Amarillo. Un alfil más para que los conquistadores neoliberales refuercen su protección y persigan a los que pretendan frenarlos.
¿Por qué pasa todo esto? ¿Cómo accedió a la presidencia el exponente de una élite que sólo busca potenciar privilegios a costa de exterminar derechos? ¿Tan difícil es que consustanciados, cautivos, odiadores y distraídos traspasen este velo? Tampoco hay que ser un iluminado para descubrir que las intenciones de Macri están muy lejos de mejorar la vida de todos. Y si las desmentidas, las explicaciones y las rectificaciones no bastan como argumento para despabilar a nuestros conciudadanos, el episodio gracioso de esta semana puede resultar más didáctico.
Un mensaje privado se viralizó en las redes sociales y tomó estado público: una cirujana plástica se quejaba ante una administradora de los vecinos bestias que afeaban el paisaje de Nordelta. Burlas y condenas recibió ese monólogo más propio de una mediocre parodia que de una protesta real. Unas por su contenido discriminatorio y otras porque tanta sinceridad expresa el sentir de una minoría que se pretende dueña del país. El tono despectivo con que se refiere a los que toman mate sugiere que las señoras como ella deben beber té de Ceilán cuando están en la piscina. Y seguramente, sus perros se expresan de manera más refinada que los pichichos de los pobladores molestos.
Más allá de lo divertido de descarnar a la cirujana, hay algo más profundo en todo esto: una línea de tiempo que comienza a mediados del siglo XIX. Esta profesional paqueta siente que su hábitat exclusivo y estético ha sido invadido por bestias que toman mate en sus sillitas de La Bristol. Si el lector no encuentra en esto una versión remasterizada de Civilización y Barbarie es porque se ha distraído. El exponente de una clase que manifestó su desprecio por la chusma con la expresión las patas en la fuente o que tuvo que buscar nuevas playas cuando La Bristol de Mar del Plata recibió a los trabajadores que por primera vez pudieron vacacionar.
El monólogo de esta señora está en sintonía con las confesiones de Gabriela Michetti a poco de asumir y de Javier González Fraga antes de ser presidente del Banco Nación: “les hicieron creer que sus sueldos medios alcanzaban para viajar, comprar celulares, tener un plasma”. Por si no está claro, lo que molesta a las élites es el ascenso social y el bienestar de la mayoría. No porque sean malos, sino porque son egoístas y creen merecer todo. Desde su asunción, Macri opera para que estos dañosos deseos se conviertan en realidad. Lo demás es cartón pintado para hacer más digerible la hecatombe hacia la que nos encaminamos.

lunes, 6 de noviembre de 2017

El Cambio y sus peores ingredientes

Ya es más que un secreto a voces que, además del cinismo, nos gobierna la prepotencia. Quizá ambos conceptos van de la mano como una unidad indivisible. A casi dos años de Gobierno Amarillo, podría decirse que es una ecuación con horribles resultados: cinismo más prepotencia igual a todo lo espantoso que podamos enumerar. Una fórmula que se repite en todos los escenarios: toman una decisión arbitraria y destructiva para después lamentarse de sus nefastos resultados; cuando se produce la reacción de los afectados, salen con que “tenemos que ir por el camino del diálogo y el consenso” y prometen una corrección que nunca hacen; mientras entretienen a la opinión pública con este acting cínico, están pergeñando miles. Y todos con la intención de incrustar un modelo del derrame reforzado que en lugar de llevarnos a la Pobreza Cero, nos estampará contra la desigualdad más absoluta.
Para un listado de todos los ejemplos con sus explicaciones no alcanza la extensión de un Apunte. Si la intención es algo cercano a la totalidad, habría que pensar en un libro voluminoso de varios tomos: desde la ruptura sistemática de las promesas de campaña hasta la aplanadora que han puesto en marcha con la asunción de Macri. Demasiado insalubre. Para entender la lógica de la suma entre cinismo y prepotencia, basta con un recorrido a vuelo de pájaro por las últimas semanas.
El hallazgo del cuerpo de Santiago Maldonado puede ser un buen punto de partida: su aparición sin vida se produjo unos días antes de las elecciones y mientras unos se retorcían de dolor, los amarillos desplegaron las reacciones que ya tenían preparadas. La más cínica corresponde, como es de suponer, al Ingeniero y no se centra sólo en la llamada telefónica a la madre del artesano después de ignorarla durante casi tres meses y permitir que sus perversos laderos emporcaran la causa con el estiércol de siempre: las sospechas sobre los mapuches vomitadas al instante alcanzaron para aliviar a los que ya tenían decidido el globo-voto, conquistar a algunos concentrados en la pesca de excusas anti K y convencer a un puñado de distraídos incurables.
La faceta más cínica del Gerente de La Rosada SA respecto a este tema se exhibió una semana después de los resultados, tras anunciar sus planes de destrucción masiva. En una entrevista con un medio amigo, sentenció desde su tilingo Olimpo que no hay que utilizar un muerto para hacer política, como si no hubiera explotado Lodenisman para la campaña presidencial, como si no se hubiera montado a la operación de convertir en mártir al suicidado fiscal, como si no dudara en acusar a Cristina por un homicidio que no se ha cometido. Pero hay más cinismo concentrado en pocas semanas y algunas muestras más nos pueden ayudar a preparar un antídoto.
Una adicción al malestar
Muchas veces, Macri y los principales referentes del PRO exponen su compromiso para cambiar el país con una serie de palabras claves recitadas en tono amoroso pero firme. La verdad, el diálogo, la transparencia y el trabajo el equipo pueden ser algunas de las más utilizadas. Ellos se plantan para frenar a aquellos que apelan a la viveza criolla para obtener ventajas, a los que aprovechan los resquicios de la legalidad para introducir sustancias ilícitas, a los que coimean empresarios para obtener obras públicas, a los que evaden sus responsabilidades fiscales y a los que viven del Estado. Generalmente, utilizan la síntesis más efectiva de todo esto con un término que cala muy hondo en el sentir de su público: la corrupción, que parece ser una acción que sólo un sector de la sociedad ha practicado a lo largo de la historia.
Claro que en los últimos tiempos, los corruptos son sólo políticos identificados con cierto color y hasta con una sola letra. De manera incomprensible, las coimas son cobradas pero no hay nadie que las pague. El veneno de los televidentes espumea en la boca ante las imágenes de los sospechosos ya condenados. Aunque las causas se mezclen y las denuncias rocen el absurdo, los demonizados sólo merecen la cárcel, en el mejor de los casos. No importa que las empresas de la familia presidencial se hayan beneficiado con su asociación con los dictadores ni la colección de ilícitos que Macri porta sobre sus hombros; en los medios que consumen a diario, conductores, periodistas y animadores no se indignan con la empresas offshore del Ingeniero y sus secuaces ni con el intento de perdonarse la cuantiosa deuda del Correo Argentino; tampoco muestran el entramado de negocios que están armando los miembros del Gran Equipo. Ellos, que han estafado siempre al Estado y han presionado a los gobiernos para que carguen sus deudas sobre la dignidad del pueblo, anuncian, sin atisbo de pudor, que ahora se acabó la joda.
 Lejos de acabarse, Ellos la legitiman y como instalaron en la Oficina Anticorrupción a Laura Alonso, una ferviente militante de sus filas, pueden operar sin temor como desaforados saqueadores. Tan monstruosa es la burla –esa contradicción entre lo que dicen y lo que hacen- que nombran como funcionario a Luis Etchevehere, un evasor, lavador, especulador y esclavista que debería estar entre los denunciados.
La transparencia tan pregonada es la impunidad con que actúan. Macri denuncia a las mafias sindicales y judiciales mientras sus cómplices mediáticos señalan a las próximas víctimas de esta venganza de clase con camuflaje de gobierno. ¿Qué otra cosa es la publicación del teléfono de la hija de Alejandra Gils Carbó en las páginas de un diario para que reciba más de 300 amenazas contra su vida? La andanada de denuncias contra la Procuradora General es el castigo que Macri y Magneto pergeñaron para ella por haber impedido negociados ilegales cuando era una simple fiscal. Lo mismo ocurre con la vergonzosa prisión del ex vice Amado Boudou, que arrebató de las zarpas del Grupo Clarín los fondos de pensión. En este caso, la discusión no pasa sólo por el enojo del empresidente por la difusión de las imágenes, sino por la arbitrariedad con que los jueces adictos obedecen los caprichos del Círculo Rojo.
Mientras entretienen al público cacerolero con el ajusticiamiento exprés, el ajuste a los sectores más vulnerables -y no tanto- no se detiene. Mientras las fieras se reparten el botín, las pantallas encienden la hoguera para arrojar a todo el que se oponga. Mientras los colonizados aplauden las ejecuciones, el FMI señala los objetivos para precarizar. Los asalariados están en la mira, pero no para mejorar la situación laboral, sino para enriquecer a una minoría que desprecia la dignidad de los pueblos. Los jubilados también serán las próximas víctimas de la guadaña, no para equilibrar las cuentas públicas, sino para profundizar la inequidad.
Cinismo y prepotencia son los principales componentes del Cambio que fue avalado en las urnas por los que ya son los principales damnificados. El tiempo que dure este macabro capítulo de nuestra historia dependerá de la tolerancia al fango que ya empieza a cercar a los que confiaron ciegamente en los embaucadores de siempre.

jueves, 2 de noviembre de 2017

El cinismo que intoxica

El Poder está en el poder. Los poderosos tienen plena hegemonía, como en otros momentos de nuestra historia, con el aderezo de que ahora consiguieron legitimidad en las urnas. El triunfo electoral avala lo realizado y auspicia todo lo que venga. Una situación perfecta para mutar en realidad las apetencias más egoístas; el escenario ideal para hacer del país un coto de caza con presas tan dóciles que saltan a las fauces con sólo chasquear los dedos. El voto habilita que las burlas se conviertan en motivos y las paradojas, en norma. Otra vez el cinismo se ha hecho gobierno y ha contagiado a una parte de la población para que adopte y propale el ideario desigualador de siempre. Sin las promesas de 2015 pero con la misma impronta embaucadora. Sin argumentos pero con muchos clichés. Como un embrujo, que sólo necesita unos pases y algunas palabras susurradas para controlar una legión de autómatas. Aunque el panorama sea tenebroso, siempre se puede encontrar alguna luz: de tan envalentonados, se están volviendo bravucones y de tan atolondrados, se pueden tropezar.
Algo así puede interpretarse del Discurso Refundacional del empresidente Macri el lunes pasado. Al triunfo en las legislativas, se sumó la detención de Julio De Vido y la forzada renuncia de Alejandra Gils Carbó. ¿Quién no se siente campeón con tantos puntos a favor? Más aún si juega con los más grandotes, tiene sobornados a todos los árbitros y el relator convierte el abusivo  desequilibrio en un ajusticiamiento épico. Por eso se da el lujo de decir que para tener un mejor futuro “cada uno tiene que ceder un poco”, aunque ese ‘cada uno’ se reduzca, una vez más, a los asalariados, los jubilados y los más débiles de esta cadena alimenticia. Pero claro, los poderosos a los que Macri representa nunca ceden nada: sólo exigen al Estado que colme sus barriles a cambio de derramar algo, si es que se empachan.
Que un país que produce alimentos para más de 400 millones de personas tenga dificultades para alimentar a su población –que apenas supera el diez por ciento de eso- es una muestra de la distorsión ética que padece. La desigualdad no es un virus imparable, sino el resultado de la avaricia de una minoría que no cesa de acumular fortunas. Si algún sector debe ceder es precisamente ése: el conformado por los agroexportadores, industriales y financistas más acaudalados. Lejos de ceder, no paran de reclamar rebajas impositivas y reducción de los salarios para multiplicar sus ganancias sin invertir un centavo. El reclamo del Gerente de La Rosada SA no debería estar dirigido a toda la población, sino a ésos que son dueños de casi todo y han decidido ir por más. Eso es cinismo: presentar como salida a la crisis auto-inducida la renuncia de las mayorías al temblequeante bienestar, mientras los verdaderos representados amontonan divisas en sus colchones y alimentan cuentas offshore con el producto de sus trapisondas. El descalabro económico desatado por el Gran Equipo sólo beneficia a unos pocos, pero la reparación está en manos del resto, que ya no encuentra olla que rascar. Una imagen estándar del cinismo es proponer sacrificios a los que no tienen nada que sacrificar para que los privilegiados continúen trocando en oro la sangre que chorrea del altar del Mercado.
La mascarada del Ingeniero
Afirmar que las declamaciones de Macri están empalagadas por un cinismo de antología puede resultar obvio para algunos o indignante para otros. Quienes adhieren a sus conceptos –y hasta los aplauden- deben ser tan cínicos como él o tener menos olfato que un engripado. Y si lo ignoran a voluntad, después no vengan a suplicar ayuda cuando el fango supere su cintura. El presidente offshore –sin ánimos de exagerar- es el paradigma del cinismo. Ejemplos abundan: sólo un cínico nombraría como ministro de Agroindustria al presidente de la SRA, Luis Miguel Etchevehere, después de anunciar que se terminaron las avivadas; imponer como funcionario a alguien acusado de administración fraudulenta, evasión tributaria y violación de la ley penal cambiaria por su propia hermana; instalar al frente de una cartera de Estado a alguien procesado por esclavizar personas es una provocación que los organismos de DDHH no deberían eludir.
Sólo un cínico puede fingir empatía con la familia Maldonado después de ignorar su dolor durante casi tres meses. O esputar “es tan inocente un gendarme como un ciudadano común” cuando el régimen judicial que lo secunda convierte en culpable a cualquier K que se cruce. O sentenciar que los testigos mienten cuando sus laderos pergeñaron las pamplinas más infames para confundir a la opinión pública. O alentar el cierre de la causa para reforzar el manto de impunidad que lo cubre desde siempre. O explicar que el caso Maldonado “tiene que enseñarnos a no usar una persona para hacer política”, aunque su muerte se produjo para proteger las tierras de un multimillonario extranjero.
Macri es el exponente de una aristocracia que no puede disimular su cinismo. Hasta el aliento que impulsa sus palabras debe oler a eso cuando pontifica sobre la meritocracia y denuesta a los ñoquis mientras inventa cargos de nombres incongruentes para acomodar a familiares, amigos y mascotas con salarios de seis cifras. O cuando propone la eliminación de las jubilaciones de privilegio que fueron eliminadas hace un montón como zanahoria para la aprobación de sus peligrosas reformas previsionales. O celebrar el ahorro que significará la reducción de los haberes de jubilados y pensionados, después de haber cercenado su acceso a medicamentos gratuitos. O decir que “en los próximos días presentaremos propuestas para la transición” cuando aún no se ha discutido hacia dónde se orientará la reforma jubilatoria.
Cuando el cinismo gobierna, todo se torna cínico. Como si fuera un iluminado, Macri intenta refundar el país, mientras lo está re fundiendo. Por eso quiere empezar de cero apelando a una especie de desmemoria selectiva. En sus variadas intervenciones siempre apunta a lo mismo: demonizar todo lo K porque logró disputar el Poder para instaurar cierta equidad. Para él el futuro se reduce a evitar que gran parte de la población piense en un retorno a las bondades de esa década extendida, aunque para eso deba forzar tanto hechos como interpretaciones. Aunque deba decir, con mucho cinismo, por supuesto, que “Nuestra Historia nos ha negado crear un rumbo común”. Como si la Historia fuese algo dado y no lo que todos escribimos en ella día a día. Como si fuera una señora muy mala que quiere impedir que los argentinos vivamos con dignidad. Como si fuera posible un rumbo común con egoístas tan miserables que hacen lo imposible para apoderarse de lo que producimos entre todos. Los historiadores del mañana tendrán la difícil tarea de explicar este nocivo giro de los tiempos y concluirán que sólo un eficaz y perverso alucinógeno puede lograr que un pueblo se equivoque tanto. 

lunes, 30 de octubre de 2017

Rótulos ante el desconcierto

En años anteriores, los analistas mediáticos han forzado su imaginación para calificar a los votantes, para instalar una explicación sintética del resultado electoral. El voto cuota de los noventa y el voto bronca de las legislativas de 2001 son los ejemplos más memorables. Y si la creatividad se ausenta, siempre pueden apelar a la denostadora sentencia “la gente vota con el bolsillo”. Además de la dificultad física de hacer algo así, la metáfora fustiga a los integrantes de las clases medias y bajas que eligen al candidato de acuerdo a su economía doméstica y no a posiciones ideológicas o evaluaciones más intelectuales. Además, supone que el resto –la minoría- incluye otros valores en su elección además de la cuestión económica. Como si los que se pretenden dueños del país no votaran al que garantiza el crecimiento de sus fortunas con el menor esfuerzo. A otro perro con ese alimento balanceado. Si las clases medias y bajas votan con el bolsillo, el establishment lo hace con sus cuentas secretas y sus apetencias incontenibles. Más allá de estos recuerdos y a siete días de las legislativas, la tentación de buscar una etiqueta para el que apoyó al Cambio es muy grande. Sin ánimos de apelar al ojo por ojo, una recorrida por algunos tópicos y algunas especulaciones de poco rigor científico puede conducir a una síntesis satisfactoria.
Aunque el gobierno amarillo no logró obtener la mayoría necesaria en el Congreso, con el aval de las urnas es como si la tuvieran. Más allá de los juegos numéricos que pueden concluir que la mayoría votó en contra de Macri, la Gerencia de La Rosada SA hará valer mucho más el terreno conquistado. El discurso colonizador de los medios hegemónicos y el accionar del grupo de tareas judicial contribuirán para inflar la cotización. El público cautivo hará el resto, dando crédito a las incongruentes fábulas que consume a diario y reaccionado en consecuencia; convirtiendo hechos indemostrables en excusas para permitir que aflore el peor Yo; tomando como bandera la venganza de una clase privilegiada, aplaudiendo la injusta cárcel y festejando el cercenamiento de derechos para multiplicar los privilegios. Una multitud virtual que alienta a los leones hambrientos para que devoren a los indefensos condenados en la arena de un circo romano. Individuos confundidos que todavía no sospechan que, en breve, sentirán el aliento de las fieras arengadas por un público cada vez más menguado.
Un Macri exultante es el alivio de muchos, que ya reclaman las medidas necesarias para incrementar sus ganancias: la baja impositiva y la reforma laboral son las más cercanas; la reforma previsional y la suba de la edad jubilatoria serán las consecuencias. El Estado que abandona a su población para proteger los intereses de una minoría es la impronta que se legitimó en las elecciones del domingo 22; un combo que no sólo se ocupa de incrementar la inequidad sino también de aniquilar a los que se opongan y desalentar cualquier resistencia. Los votantes amarillos no saben de esto, porque estaban mirando el canal equivocado.
El camino a la Nada
En realidad, hablar de canal equivocado supone la existencia de alguno que no lo está. Y también suena un poco soberbio, como si uno gozara de sabiduría mediática, como si uno pudiera evaluar el gusto ajeno. Lejos de eso, es posible establecer un parámetro en la función informativa para valorar un medio. Con un relevamiento de las falacias que difundieron los medios hegemónicos sobre el Caso Maldonado basta para ponerlos en penitencia unos meses. Y si algún lector sospecha que esto puede vulnerar la libertad de expresión, que piense qué pasaría si se intoxican los comensales después de comer en X restaurante. En un caso así, nadie apelaría a la libertad culinaria, sino que exigiría una justa sanción del responsable y un resarcimiento a las víctimas. ¿Acaso los medios hegemónicos no intoxican el pensar de la población con patrañas, operaciones y tretas interpretativas? ¿No malogran la convivencia con sus demonizaciones cotidianas? ¿No entorpecen a los televidentes con las forzadas y pueriles conclusiones sobre la realidad que inventan?
Que alguien se adhiera a un boicot al té artesanal de Sergio Maldonado indica el grado de irracionalidad que lo envuelve. Que esté convencido de que Santiago se ahogó en un río de un metro de profundidad por su impericia y no por el acoso represivo de la Gendarmería es un indicio de colonización. Si no duda de que a Nisman lo asesinaron sin dejar huellas ni rastros de violencia en la soledad de su baño y simularon de manera tan perfecta un suicidio, estamos ante una posible víctima de intoxicación informativa. Si a todo esto sumamos los fervientes aplausos que destina a los creativos procesamientos, las imprecisas acusaciones y las prisiones preventivas a pedido para integrantes del anterior gobierno, estamos ante un perfecto manipulado, un modelo de individuo a la medida PRO. Y si, como frutilla de este explosivo cóctel, regurgita babas de furia ante las denuncias de la corrupción K pero exuda aristocrática indiferencia ante el evidente vaciamiento M, no tenemos más que un ser que se piensa ciudadano cuando no es más que un Ego encapsulado en un mar de toxinas que envenenan su sentir.  
Pero todavía no hemos completado este recorrido que nos permitirá sintetizar al apoyador del Cambio. ¿Por qué tanta gente decidió avalar la gestión amarilla, a pesar del visible deterioro institucional, político y económico que ha provocado? ¿O todos esos votantes no se han visto afectados por la inflación imparable, los avarientos tarifazos y la recesión amenazante? ¿O no perciben que la represión compulsiva y la persecución política no son los ingredientes más adecuados para unir al país? ¿O no advierten que con la monotonía discursiva, el blindaje informativo y la sofocación de los medios críticos no puede existir la pluralidad de voces tan cacareada? Tal vez no se han enterado que la pauta oficial ahora sí se distribuye con plena generosidad para los comunicadores cómplices y absoluta mezquindad para los que no lo son. Quizá ni sepan la cantidad de dinero que se destina a operar en las redes sociales con los inefables trolls. Con el dinero que pagamos casi todos.
¿O saben todo esto pero no les importa? ¿O con un sacudón de hombros basta para legitimar este camino a la perdición? A pesar de que el recorrido iniciado parece no terminar nunca, los pacientes pasajeros ya pueden avizorar algo en el horizonte: un muestrario de etiquetas capaces de calificar al votante PRO. Algunas son despectivas, otras estigmatizadoras y el resto un poco ofensivas. Tal vez no sea adecuado elaborar una lista que condicione la imaginación del lector o supere la extensión de este apunte. O quizá no sea la solución pegar etiquetas en nuestros pares para sortear este desliz histórico. Un intercambio de rótulos no sellará la tan mentada grieta ni conquistará a los agrietados. Tampoco aporta demasiado remasterizar cada tanto el binomio civilización-barbarie porque siempre conduce a la demonización del Otro. Ni vendepatrias ni choriplaneros. Ni manipulados ni populistas. Una etiqueta no despabila: inmoviliza o pone a la defensiva al destinatario. Muchas dudas ante un mañana que no será florido. Muchas preguntas que debemos responder si queremos evitar un futuro que se parece mucho a los peores pasados.

jueves, 19 de octubre de 2017

El cuerpo de la vergüenza



La oscuridad nunca ilumina, sino que trae más oscuridad. Un cadáver abre un nuevo capítulo y las palabras se escapan del teclado, pero la prudencia las contiene. Más que prudencia, respeto por el dolor de la familia de Santiago y el de todos los que lo conocieron. La peor noticia en un caso de desaparición es la aparición de un cuerpo, porque cancela la angustia de la manera menos deseada. Si se confirma la identidad, el camino tomará otro rumbo, tan enredado como ese río lleno de ramas y raíces. Si no es Santiago, la incertidumbre generará nuevas preguntas. En cualquiera de los dos casos, la herida seguirá abierta no sólo por la responsabilidad del oficialismo en cualquiera de sus formas, sino también por la burla y la falsedad de los periodistas que hacen de comparsa. Más allá de la dirección que tome, este macabro episodio formará parte del álbum de nuestros peores recuerdos para incorporarse al ADN de un pueblo que se resiste a abandonar su identidad.
Desde el martes, todo se tornó suspenso: la campaña, los reclamos, los reproches. Todo parecía estar fuera de lugar. Con la novedad, muchos argentinos contuvimos la respiración y silenciamos nuestros pensamientos. Un “no puede ser” titilante se encendió en los corazones. Las operaciones periodísticas y los trolls de Marcos Peña se encargaron de volvernos a la realidad: Ellos quieren terminar con esta historia culpando a los mapuches; Ellos, que hicieron de Santiago una víctima itinerante, depositan un cadáver en el lugar más absurdo; Ellos siguen jugando con todos los dolores que provocan. Desde las fotos que circularon por las redes hasta el empresidente Macri calificando como “compleja” la realidad del país, desde las especulaciones de los voceros disfrazados de periodistas hasta los funcionarios que simulan tomarse el tema con seriedad, nos vuelven a mostrar una estafa gigantesca con pretensiones de gobierno.
Y las evidencias más palpables de la Burla se concentran en uno de los personajes con mayor intención de votos: la inasible diputada Elisa Carrió. Un “zafamos” susurrado a Horacio Rodríguez Larreta después de la entrevista en donde sintetizó su saber científico con “como Walt Disney” no acarrea ningún error interpretativo. Nada puede fallar si deducimos de esto que estamos ante una patota de farsantes desenfrenados que están saqueando todo, bienes y símbolos, significados y sentimientos. Y no pueden acusarnos de soberbios si arriesgamos a afirmar que una parte de los votantes va a meter otra vez la pata. Por si no se entendió, la inefable Lilita pasó de decir “hay un 20 por ciento de posibilidades de que este chico esté en Chile”, de acuerdo a información reservada que sólo revelará después de las elecciones, a asegurar que un cadáver en agua de deshielo se conserva como Walt Disney. ¿Cómo creer que tiene información reservada quien todavía cree en el mito urbano de que Disney está congelado a la espera de una cura para su enfermedad? ¿Cómo creer en sus lágrimas, sus rezos, sus pronósticos, su seriedad después los papelones que estelarizó en estos días, de la poca sensibilidad que manifiesta, de la nula responsabilidad que exhibe?
Croquis del lado oscuro
Pero la impronta de Carrió no se diferencia demasiado de la de los demás integrantes de la alianza. Ella vocifera lo que otros susurran. Si los demás adornan sus peores pensamientos, Lilita es un puro adorno que no piensa en nada. Ella es la caricatura de los demás, la versión sin subtitulados, la moraleja del extravío. Quien comprenda lo fácil –y necesario- que es romper esa cáscara que no contiene nada, la leyenda del Cambio se desmoronará en segundos. Y los mantras, las sonrisas ornitorrínticas, la entonación híper ensayada, los nombres rimbombantes que usan para exterminar derechos sonarán a lo que son: camuflajes de la destrucción, un caballo de Troya con un ejército de ocupación, descontrolados piratas empilchados para la vidriera.
Las primeras reacciones oficiales ante la aparición del cuerpo no fueron de dolor o enojo. A la vez que ordenaron la suspensión de los francos de todos los agentes, invadieron la Plaza de Mayo de uniformados y encargaron una encuesta para averiguar cómo afectaría el tema en las elecciones. Después, escondieron a los funcionarios de Seguridad y anunciaron la suspensión de la campaña, tanto para anular la posibilidad de que la oposición exprese sus críticas como para que sus candidatos no embarren la cancha en un asunto tan delicado. Primero pensaron en reprimir, después especularon y finalmente, escondieron su vergüenza –o su amarga victoria- de la manera que mejor saben.
Pero este caso los deja al desnudo porque requiere mucha humanidad, algo que no abunda en los Amarillos. Las tierras usurpadas por un empresario italiano valen más que la vida de un ciudadano cualquiera, más aún cuando pretende reclamar por sus derechos. Y si expresa solidaridad por una causa que no es propia, se convierte en Santiago Maldonado, desaparecido en democracia por una minoría que desprecia los derechos de los demás. Desaparecido con énfasis por la Gerencia PRO.
Que no vengan ahora con simulacros de pena: todo lo que pasó con Santiago es lo que quisieron que pase, desde la invasión ilegal a la comunidad mapuche que terminó en represión bestial junto al río hasta la apología desembozada que hicieron de Gendarmería, a cambio de que sus fabularios peritos malversen la verdad para bombardear a los K con el cadáver del suicidado Nisman; desde los desvíos informativos aportados por la cloaca gobernante hasta las presiones al juez, a la fiscal, a los testigos y a todos los que intenten saber qué pasó. Y ahora, para autografiar este grosero remedo de dictadura, ponen en escena un cuerpo en un lugar imposible.
Más doloroso es que muchos de sus votantes disfrutan todo esto y están convencidos de que es lo que hay que hacer. Por cosas así, celebran La Revolución de la Alegría aunque ni se avizore en el horizonte. Hasta manifiestan su lado oscuro con trucajes de mal gusto en las redes y provocaciones tan grotescas que, en otras circunstancias, podrían provocar sólo pullas.
La desaparición de Santiago es la plataforma electoral del Cambio. Por eso clausuraron la campaña, porque ya no pueden elaborar una propuesta más clara. Esto es lo que prometen: mandar a la luna a todo el que se oponga al saqueo, aunque tengan que superar por miles la cifra inicial de 562 indeseables que pergeñó Macri. Pero lo peor es el aplauso de los que, por no entender nada, avalan lo que los convertirá en víctimas.

El gran carnaval

Nada que aplaudir. Pocos están a salvo. La Revolución de la Alegría es una lágrima gigante que va a terminar ahogando a muchos de los que c...