viernes, 13 de noviembre de 2015

Las contraindicaciones de Cambiemos



El doctor Abel Albino, que va a encargarse de combatir la desnutrición si Macri accede a la presidencia, considera que “los pobres tienen sexo como los animales”. Si piensan así, los tratarán así. Tal vez por eso, la vice Jefa de Gobierno de la CABA y gobernadora electa de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, salió a justificar el criminal accionar de uno de los agentes de la policía Metropolitana sobre un joven de 20 años. Un inocente que los medios hegemónicos estigmatizan como trapito y relacionan con un inexistente caso de violencia de género. Una víctima baleada en el suelo, que como única arma, esgrimió una milanesa. Esta es la humanidad que prometen los que recitan en los spots de campaña que la esperanza es más fuerte que el miedo.
De cara al balotaje, Vidal aportó su disfraz de Heidi para apuntalar la candidatura de Mauricio Macri y con el cinismo acostumbrado, asegura ante la cámara que hay que sentirse orgulloso por apoyar el cambio que proponen. Después de advertir cómo se ha desatado la lengua de sus asesores, anunciando ajustes, liberalismo salvaje y devaluaciones, cómo aparecen las sombras de su gestión en la CABA, cómo personajes poderosos y oscuros han salido a celebrar la posibilidad de Macri presidente, más que orgullo, el trabajador que lo vote debería avergonzarse. El caso de Lucas Cabello –que pelea por su vida-, con brutalidad institucional, abandono de persona y apología del delito, surge como un anticipo de lo que padecerán los rebeldes bonaerenses con Vidal gobernadora y Cristian Ritondo al frente de Seguridad. Y como una advertencia para no otorgar todas las fuerzas del país al mismo ideario destructivo.
Pero muchos siguen hechizados con la idea del cambio. Indignados por los pocos casos de corrupción no verificados por la justicia, pero debidamente amplificados en los medios dominantes, buscan transparencia en el único candidato a presidente que está procesado, denunciado en más de 200 causas, involucrado en contrabando de autos y beneficiado por las dos estatizaciones de deuda más humillantes de nuestra historia. Incomprensible. Convencidos de vivir una dictadura, elegirán como presidente a un funcionario que ha abusado de los vetos legislativos y de los decretos para poder avanzar con la entrega de lo público a las garras de los privados. Conmovidos por la pobreza, votarán como presidente al Jefe de Gobierno que profundizó la desigualdad en su distrito, descuidó la salud y la educación y ostenta ser el único rincón del país donde creció la mortalidad infantil. Necesitados de un cambio, prefieren optar por un candidato que en sus dos mandatos no ha cumplido con ninguna de sus promesas de campaña. En definitiva, quienes voten a Macri se equivocarán de manera voluntaria, si eso es posible porque saben que no será mejor el futuro, sino todo lo contrario. Dos atrocidades en un mismo acto: que una propuesta para minorías conquiste la mayoría y que los votantes se equivoquen a propósito.  
¿Debate o strip tease?
Mauricio Macri promete obras de infraestructura en todos los puntos del país, pero en el distrito que ha gobernado durante ocho años sólo puede exhibir el famoso Metrobús, las bicisendas y el extravagante aliviador pluvial natural parquizado, conocido mundialmente como ‘cantero’. También incluye los nuevos coches del subterráneo, que sólo son chatarra recauchutada –un negoción madrileño- que requirió costosas modificaciones en los túneles para que puedan circular. No hace falta imaginar cómo serán los puertos prometidos en Santiago del Estero para descubrir que el candidato de Cambiemos no es más que una pompa de detergente que nos hará lagrimear durante cuatro años.
Demasiadas contraindicaciones tiene esta fórmula y cuando es así, el remedio, más que curar, trastornará nuestro organismo. Ya vimos que después de las elecciones, los especuladores hicieron una fiesta en la Bolsa de Comercio. Los productores harineros ya están anticipando lo que será nuestra vida con la devaluación que prometen. Por si todo esto fuera poco, otra señal de alerta se enciende en el horizonte. La Asamblea Anual de la Asociación de Abogados para la Justicia y la Concordia celebró la proximidad de Macri a La Rosada con sugestivas expresiones: “vientos de cambio”, “ráfagas de optimismo” “llamas de esperanza”. Claro, estos leguleyos se organizaron en 2009 para conseguir una amnistía general de represores y desarmar el proceso de justicia por delitos de Lesa Humanidad durante la Dictadura. Estos defensores consideran que los 622 condenados son secuestrados políticos, víctimas de un plan de persecución perverso producto de esta invasión del comunismo. Así son estos personajes que ven una esperanza de impunidad en el posible triunfo de Cambiemos. ¿Hace falta algún dato más para que sean in-votables? Después vienen con esas lamentaciones por la campaña del miedo, pero son de terror.
Por supuesto que con frases de póster, dulcificadas expresiones y protección mediática se puede presentar el más peligroso veneno como un tentador manjar. Pero esta estrategia de camuflaje fracasaría si no fuera por la persistencia de los votantes en creer que ése es el cambio que necesita el país, algo que requiere un enorme esfuerzo. Manipulación, necedad, torpeza, ingenuidad, prejuicios se conjugan en el sujeto que opta por el Alcalde Amarillo. Si sólo recibiera la preferencia de los que se verán beneficiados por su ideario, Cambiemos alcanzaría apenas el 15 por ciento en cualquier elección. Con sólo considerar la falacia de la Pobreza Cero, se podrían pinchar todos los globitos. Nunca se eliminará la pobreza con devaluaciones, ajustes y libertad de mercado; por el contrario, se multiplicará en poco tiempo. Además, en toda sociedad hay pobres porque son los últimos beneficiados por el sistema, los que menos tienen. Tan relativo es el término ‘pobreza’ que un pobre finlandés podría ser clase media en Argentina.
El domingo se realizará el tan esperado debate entre Mauricio Macri y Daniel Scioli. El anterior presentaba una paleta de opositores sin la presencia del candidato del FPV, que sospechó el desequilibrio y la confusión que generaría en el ciudadano. Si por este episodio perdió votos, ahora deberá recuperarlos. A diferencia del primer debate presidencial, los que siempre se quejan lo convertirán en Cadena Nacional. Este es otro aspecto que lograron convertir en agobiante. Sin embargo, es preferible un abuso de la cadena para explicar las decisiones e insertarlas en un proyecto antes que el silencio con que los anteriores mandatarios hundían nuestra Nación.
El cara a cara permitirá deschavar falsedades y contradicciones para que el procesado Macri abandone su maquillaje y muestre a la sociedad lo que es y lo que quiere hacer. Si el programa sale bien, se desnudará cuál es el riesgo de cambiar al amarillo. Si no, patear la calle y empeñar la lengua serán las herramientas para refrendar este proyecto que nos ha convertido, después de mucho tiempo, en un país que nos emociona.

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