viernes, 31 de julio de 2015

Amenazas de campaña



Si en el ya famoso video, los conceptos de los tres economistas ligados al PRO estremecen y hasta asquean un poco, lo que no se ve produce un mayor impacto: el auditorio. ¿Con qué sentimiento escuchaban los empresarios presentes, que se han enriquecido como nunca en estos años? ¿Sorpresa, incredulidad, indiferencia? ¿Avidez, ansiedad, esperanza? La casi paródica intervención de Miguel Ángel Broda, ¿habrá desatado alguna sonrisa o un solemne gesto de asentimiento? Que alguien considerado un experto diga que todos los indicadores económicos han mejorado pero hay que hacer lo imposible para que el país se desmadre debe producir algún tipo de reacción. Si todo marcha bien, ¿cuál es el problema? Si desde 2003 hemos recuperado derechos, dignidad y soberanía, además de un crecimiento insólito en la actividad productiva, ¿por qué hay un sector que pugna por regresar a las peores experiencias del pasado?
Tal vez porque no conocen otra forma de pensar las cosas; quizá aún no han advertido que la crisis de 2001 se produjo gracias a sus recetas; o sí, pero no les importa; o puede ser que quieran provocar una nueva catástrofe para volverse imprescindibles y recuperar, de paso, algo de la preponderancia perdida. A lo mejor se sientan desplazados y ya sabemos que los celos pueden conducir a reacciones impredecibles. Soberbios, cabezotas o malvados. Cualquier cosa se puede pensar de Broda, Melconian y Espert, menos que son patriotas comprometidos con el destino de todos.
Siempre con la mirada puesta en los países serios, que respetan religiosamente la libertad de mercado, aunque su población se hunda en la pobreza y la desesperanza. Siempre atentos a la emisión monetaria, el gasto público y la cotización de la moneda pero ajenos al bienestar de los ciudadanos. Siempre preocupados por recitar preceptos pero desatentos a las realidades.
Como sea, amenazan nuestro futuro y de la mano de un candidato que se está construyendo como uno de los más perversos engaños. Ya sabemos que desde hace un par de semanas el pre candidato a presidente Mauricio Macri pretende conquistar voluntades prometiendo la continuidad de aquellas políticas que antes denostaba. Tan obsceno ha sido el giro del PRO que el diputado Federico Pinedo no sólo asegura que hay que negociar duramente con los buitres sino que ahora hasta se atreve a decir que el fallo del juez neoyorkino Thomas Griesa “es un mamarracho”. Por si la memoria falla, algunos meses atrás decían que había que obedecer ciegamente la sentencia y ahora, hasta parecen reivindicar el desacato.   
Lo que algunos no quieren ver
Un poco de desconcierto reina en el flanco de los opositores. El revuelo producido por el giro discursivo –sólo discursivo- de Macri permitió que algunos candidatos evanescentes como Sergio Massa surgieran de sus cenizas. “Vamos a sacarles los planes a quienes no quieren trabajar” –amenaza en un spot- “con los planes no se roba más”. Tal vez no sepa que desde hace años no existen los planes que ocultaban la falta de trabajo. Ahora hay programas que lo incentivan. Pero como cierta desesperación lo conduce a atrapar bagres en un río revuelto, promete cualquier cosa, aunque no tenga sustento. Total, como sabe que no va a ganar puede jugar con las incongruencias, como incentivar la exportación de los “mejores cortes” y a la vez promover un plan para que la gente “pague la carne vacuna más barata”. Aunque el autor de estos apuntes no posee una bola de cristal, presiente que si se libera la exportación cárnica, sólo nos dejarán el bofe y a precio de oro.
Mientras los postulantes y sus mediáticos promotores intentan convencernos de que vivimos en el peor país del mundo –como Fernando Niembro, durante el último partido de River- el mundo nos observa como si quisiera fotocopiarnos. Organismos internacionales ponderan las políticas de inclusión que nos han permitido combatir el hambre y la desigualdad, la moratoria previsional que nos convierte en un país con cobertura cercana al 100 y el crecimiento de la inversión educativa y la garantía de gratuidad en todos sus niveles. Estas medidas direccionan recursos a la base de la pirámide social, lo que permite activar el mercado interno y una circulación ascendente de las divisas. Si, en lugar de eso, se eliminaran las cargas impositivas a los sectores de mayores recursos, esas sumas sólo irían a descansar de por vida a una cuenta bancaria en el extranjero y sin declarar.
Este mecanismo de redistribución del ingreso permitió que la clase media haya más que duplicado su población, pasando el 32 por ciento, cuando en 2001 apenas representaba al 15. Y esto a pesar de las avivadas de los poderosos que incautan divisas a través del aumento desproporcionado de los precios que consumimos. Como esto no es un modelo, sino un proyecto que se construye sobre la marcha, el plan Precios Cuidados apareció para frenar un poco el latrocinio. A pesar de las zancadillas de los grandes productores y las burlas de los medios dominantes, el programa se ha instalado en gran parte de la población y ha logrado contener la ascendente carrera inflacionaria que se había iniciado el año pasado, después de la devaluación forzada por los conspiradores de siempre.
Tanto éxito promete esta iniciativa que un grupo de diputados socialistas de Uruguay tratan de impulsar algo similar, ya que la consideran “eficaz para controlar el aumento de los precios”. Uno de ellos, Gonzalo Civila, presume que permitirá “poner sobre la mesa las rentabilidades de cada sector para explicarle a la gente quién se queda con las ganancias cuando aumentan los precios”. Por lo que parece, los socialistas argentinos no son tan despiertos como los uruguayos.
Y si algo faltaba para descolocar a la oposición, el Comité Ad Hoc sobre Procesos de Reestructuración de Deuda Soberana aprobó nueve principios fundamentales, a pedido de Argentina y el G77 más China. La batalla contra los buitres y la resistencia del Gobierno Nacional a los picotazos ha inspirado a la mayoría de los países del mundo. Estos principios impedirán que un juez embebido de soberbia imperial y adornado debidamente por los litigantes ponga en jaque a un país que quiere saldar su deuda sin empobrecer a su pueblo. Tal vez por eso, Macri y todos los integrantes del club PRO hayan cambiado de posición.
En realidad, no cambiaron, sino que simulan haberlo hecho. Pero ya estamos entrenados para distinguir quiénes son los que defienden nuestros intereses y quiénes los que quieren atropellarlos. Ya no podemos confundirnos tanto, más ahora que nos hemos dado cuenta del valor de un Estado sólido dispuesto a estar de nuestro lado hasta en los peores momentos.

miércoles, 29 de julio de 2015

El cinismo: una superación de la hipocresía



Un multimillonario visita una villa para lo que sea, entra en una casita humilde, observa las paredes endebles, la precariedad, la escasez en todo. Conmovido, estrecha manos, reparte abrazos, distribuye besos. Dolorido, se pregunta cómo pueden llevar una vida tan miserable. Lo que nunca se preguntará este empresario es la relación entre esa realidad tan dura con las cifras que guarda en su cuenta bancaria. Jamás pensará que en el proceso de acumulación en que ha basado su vida ha dejado un tendal de realidades similares. Nunca se le ocurrirá considerar que su carrera por ocupar el podio de los más ricos es la principal responsable en la producción de semejante desigualdad.
En beneficio de la duda, quizá le han explicado las cosas de una manera diferente; que los que no alcanzan su posición son vagos o incapaces; que con empeño, trabajo y sacrificio cualquiera puede enriquecerse; que la pobreza es inevitable; que la culpa la tienen los malos políticos porque no administran bien; que la voluntad produce milagros. Tal vez crea que el incremento de su fortuna podría, en un futuro impreciso, terminar con un problema tan lastimoso.
Entonces, pone su empeño en eso y hace lo imposible por multiplicar su capital al infinito, aunque para eso deba apelar a recursos que lo incomoden con su almohada. El sueño tarda en llegar porque busca la manera de sacar el máximo beneficio de sus recursos, convencido de que así, esa familia que visitó para lo que sea dejará de estar en esa situación lastimosa. Gastar lo mínimo para ganar lo máximo es su primordial mantra, aunque deba ahorrar en insumos, infraestructura y salarios, aunque deba cobrar sus productos mucho más de lo que valen. Ah, y evitar en todo lo posible los impuestos, que considera sumas que se pierden en los laberintos del Estado. Porque el Estado es su principal enemigo: una banda de sanguijuelas que trata de vivir a costa de su trabajo.
Mientras este multimillonario guarda en su memoria esas imágenes tan cruentas –la de la familia pobre- no abandona su suntuosa vida: viajes, fiestas, mansiones, coches, yates, aviones. Y en ese contexto publicitario –tan lejos de ese espantoso cuadro- comparte horas con sus pares, tan ricos como él y educados en los mismos principios. Si surge el tema de la pobreza, saltarán las mismas justificaciones desde distintas bocas, llenas de caviar y champaña añeja.
Y podemos especular un poco más con la vida de este multimillonario que visitó una villa para lo que sea: tal vez, una vez a la semana, asista a alguna ceremonia religiosa y escuche al cura, pastor o rabino que habla de pobres y una lágrima amenaza con resbalar por su mejilla. Después, para atenuar su enemistad con la almohada, deja que un par de billetes vuelen hacia la alcancía de las limosnas. En el camino a su casa, donde lo espera un abundante asado dispuesto por sus amables empleados, sigue pensando en esa familia, que seguramente tendrá poco y nada para nutrir su mesa dominical. Lo mejor, piensa, será que mi empresa siga creciendo.
La realidad es otra cosa
Este multimillonario que visitó una villa para lo que sea puede ser un ingenuo acosado por enormes contradicciones, que son desencuentros involuntarios entre el pensar y el hacer. Pero es un poco difícil creer que el universo de los más ricos esté poblado por individuos tan cándidos. En verdad, para alcanzar esas cifras de muchos dígitos, el abandono de la candidez debe ser imprescindible. La mayoría de los multimillonarios –si no todos- son conscientes del estropicio que producen a su paso. Conmoverse por las consecuencias de su crecimiento económico no es más que hipocresía, pero convertir ese camino en programa político es puro cinismo.
Porque el cinismo no es otra cosa que la justificación de la hipocresía. Un asesor económico puede pensar que lo mejor para el crecimiento empresarial es la devaluación de la moneda, eliminación de impuestos y aranceles, baja de salarios y aumento de precios. Claro, estas medidas facilitarán la acumulación del capitalista, pero sostener que ese engendro va a beneficiar al conjunto de la sociedad ya es otra cosa. Suponer que un país va a funcionar mejor con pocos ricos y muchos pobres es no entender demasiado. Pero, si a la vez que se presentan estas demandas, aparece la preocupación por los que menos tienen que no se quejen si los calificamos como cínicos.
Sin dudas, estamos en un momento crucial de esta historia que estamos escribiendo. Las máscaras siguen cayendo y no hay quién las pueda sostener para ocultar esos siniestros rostros. Cada uno puede pensar lo que quiera, pero que se haga cargo. La libertad de mercado no es una garantía constitucional ni una verdad científica universalmente válida, sino una mirada ideológica sobre el ordenamiento económico de los países. Una libertad que se convierte en libertinaje cuando son unos pocos los que se quieren quedar con todo. El que está de acuerdo con eso que se ponga de parte de los poderosos pero después no venga con lágrimas domingueras ni fotos de niños desnutridos. El que apoya esta mirada individualista e inequitativa de la distribución de la riqueza termina siendo un hipócrita si se conmueve por la pobreza. Al neoliberal no le importa el otro y menos aún si ya no le queda más jugo para succionarle.
Por si alguien no está muy seguro de estas afirmaciones, que intente responder unas preguntas: ¿a quién benefician las medidas expuestas por los economistas del establishment?; ¿aliviar la carga impositiva de los que más tienen va a mejorar la vida de los menos favorecidos?; ¿de qué manera aportará al conjunto que eliminen tres millones de jubilaciones?; ¿cómo mejorará la vida de todos que nos bajen el salario y a la vez, nos aumenten los precios? Si logra responder con cierta lógica esta serie de preguntas, debería hacerse una más: ¿por qué me conmueve y enoja un documental sobre la desnutrición infantil en el Norte Argentino y a la vez me opongo a los planes, apoyo a los poderosos y protesto porque le dan jubilaciones a cualquiera? Y si sale indemne de ese interrogante, puede probar con una última: ¿no seré un hipócrita con mérito suficiente para ascender a cínico?

lunes, 27 de julio de 2015

Radiografía de la campaña



Extraña dictadura la que estamos viviendo, en la que todos se expresan libremente y hasta nos estamos preparando para la recta final de las elecciones nacionales. Tan poco dictatorial es esta dictadura que los candidatos de la oposición elaboran sus mensajes de campaña a partir de las mentiras de los medios hegemónicos sin que nadie se los reproche. La grieta, la corrupción y el miedo son algunos de los temas abordados por los que menos posibilidades tienen de llegar a algo. Claro, debe ser difícil posicionarse como alternativa cuando no se la necesita. ¿Cómo disfrazarse de salvador cuando nada está en peligro? De algo se tienen que agarrar si quieren que alguien los vote. Pero más allá de los elaborados cortos televisivos y radiales, las propuestas están ausentes en la campaña de los que quieren destronar al FPV, lo que sugiere que en la carrera no serán los favoritos.
El pre candidato de Cambiemos, Ernesto Sanz promete unir al país. Apuntes Discontinuos ha abordado muchas veces esta extraña idea de la nación desunida, producto de la tan expandida falacia de la grieta. En esta alucinada lectura de los hechos, Argentina estaría dividida gracias a la belicosidad del kirchnerismo. Antes de la irrupción de los K, nuestro país parecía gozar de una armonía paradisíaca: todos estábamos felices ante el saqueo permanente de nuestros recursos por parte de una minoría patricia. Aunque en 2001 estábamos desolados con la insólita crisis en que nos habían sumergido los angelicales economistas del establishment, para el pre candidato radical eso es mejor que esto que estamos padeciendo. Sólo basta recordar el spot de los chorizos que el ‘socialista’ Hermes Binner utilizó algunos años atrás.
La unión que promete no es más que la aceptación de las recetas neoliberales de siempre; es el sometimiento a las angurrias de las fieras más desaforadas; es aplaudir un ajuste tras otro para solucionar un problema que no existe y que sólo llenará, una vez más, las arcas desbordadas de los que más tienen. Para la derecha, señalar a los carroñeros que se esconden en las sombras es producir una grieta; abandonar el modelo del derrame es generar una división. Para esta mirada de las cosas, no importa el bienestar de la mayoría sino la facilidad para devaluar, evadir, fugar en beneficio de unos pocos.
Otros candidatos basan su campaña en un ideal de honestidad y transparencia. La corrupción –según afirman- es el principal problema del país porque los K son todos chorros. Una lectura demasiado fácil de comprender, sobre todo para el público cautivo de los medios hegemónicos. Sin embargo, nunca mencionan la corrupción de los privados, cuyo accionar involucra montos mayores y perjuicios inmediatos. A escala global, del dinero irregular que circula, se calcula que menos de un tres por ciento es producto de la corrupción de los estados, un 60 por ciento es evasión impositiva y un 37, del narcotráfico, contrabando y venta de armas. Esto induce a pensar que son los privados, los malos empresarios, los más perjudiciales para las economías nacionales pero, gracias a los machacones mensajes mediáticos, la mayoría de la población piensa que la corrupción política es lo más grave. Raro, porque los pueblos sólo pueden elegir a sus representantes, no a los exportadores, empresarios ni fabricantes. Creer ciegamente en estos prejuicios es como renunciar a la democracia.
El otro país
Pero hay más. El PRO no deja de sorprendernos. Después del obsceno giro discursivo de Mauricio Macri, comenzaron a aparecer los descafeinados cortos de campaña. Besos, abrazos, caricias, piropos y otros recursos más adecuados para un culebrón vespertino que para posicionar a un postulante a la presidencia. El cambio es la promesa y la cordialidad, el recorrido propuesto. El empresario exitoso, serio, casi robótico se convierte en un hombre sencillo, abierto, que se zambulle en un pueblo para ser parte de él, escucharlo y resolver sus problemas. Macri se presenta como un personaje externo que siempre está entrando, pero nunca termina de hacerlo; que busca una pertenencia que nunca ha tenido; que está dispuesto a las empatías más incompatibles con tal de ganar. Hasta trata de sonreír.
Otro país es posible, es el mensaje casi de auto ayuda. Eso ya lo sabemos; hemos probado muchos países desde que nacimos como país, aunque en casi todas las versiones, gobernaron siempre los mismos. Desde las sombras, por supuesto. Y para su exclusivo beneficio, siempre es necesario aclarar. Ahora que descubrimos el país que nos conviene a todos, ellos quieren retornar con el de siempre, aunque intenten presentarlo como algo novedoso. Tan innovadores son que proponen cambiar pero manteniendo lo que antes decían que estaba mal. Tan eficaces serán que garantizan que las empresas de servicios seguirán estatizadas y continuarán las políticas de inclusión sin retenciones ni aranceles de importación y con un dólar tan libre como un colibrí. Un Estado enorme para re distribuir pero ínfimo para recaudar. Algo imposible en el mundo real.
Pero ahora se agrega un dato nuevo. En su programa Economía Política, Roberto Navarro difundió un video con el verdadero proyecto del PRO. Carlos Melconián, Miguel Ángel Broda y José Luis Espert exponen ante un grupo de empresarios lo que Mauricio Macri hará de alcanzar la presidencia. La emoción fingida del Alcalde Amarillo cuando prometió mantener la AUH es un poroto comparada con la verdadera pasión con la que estos tres operadores de mercado relataban el país de sus sueños. Dos pequeños ejemplos para no hacer tan vomitivo este apunte: Melconián afirmando que sobran tres millones de jubilados, los beneficiados por la moratoria previsional y Espert delirando con las paritarias como una acción fascista del Gobierno. La cereza de este venenoso coctel es Broda anunciando el inexorable ajuste con la expresión de un científico loco.
Mientras la pantalla nos muestra los edulcorados encuentros con los vecinos, estos apologistas del ajuste se preparan para la invasión y el saqueo. Gabriela Michetti, con exagerada humanidad, nos ofrece un teléfono para que contemos nuestros sueños pero detrás de los algodones perfumados se esconden estos terroristas de las finanzas para desplegar sobre nosotros las peores pesadillas. Sin duda, los PRO son peligrosos. ¿No deberíamos considerarlos traidores por pergeñar tan nocivo engaño?

viernes, 24 de julio de 2015

Monstruos desesperados



Más allá del espanto, no sorprendió mucho que Mirtha haya considerado ‘dictadora’ a La Presidenta. Ese término está en boca de los miembros de una clase que está acostumbrada a decidir y la Diva de las comilonas televisivas se convierte en una apologista de tan nocivo concepto. Los gobernantes tildados de populistas son aquellos que toman sus decisiones en beneficio de sus gobernados sin la autorización del establishment. Cuando no gobierna el Poder Económico a través de un presidente títere en exclusivo beneficio de sus integrantes, estamos ante la presencia de una dictadura, por más que haya elecciones democráticas todas las semanas. Así de simple es el bestial pensamiento de estos nostálgicos de las dictaduras de verdad y de los gobiernos dóciles que hemos padecido en el pasado.
La memoria es el principal antídoto para los intentos restauradores. Cuando los que más tienen empiezan a exigir el respeto a las instituciones, diálogo y consenso, libertad y demás tópicos republicanos es porque advierten que sus privilegios pueden ser limados. Las instituciones funcionan bien y la República está a salvo sólo cuando una minoría puede llenar las arcas a su antojo a costa de la miseria de la mayoría. Que Luis Etchevehere haya tildado de fascista a Daniel Scioli por haber prometido que no dará “ni un paso atrás” es una muestra de esa lógica. Ya están desenmascarados, así que no insistan con el versito. La eliminación de las retenciones y la devaluación de la moneda no beneficiarán al conjunto de la sociedad sino a ese puñado de individuos que se amontona en la Rural. Y si el Gobierno no acepta esas demandas no es por autoritarismo ni nada que se le parezca sino porque tiene que garantizar el bienestar de 40 millones de ciudadanos.
Claro, “ni un paso atrás” asusta tanto como “vamos por más”. Sobre todo cuando no lo dicen Ellos, los integrantes del Círculo Rojo. Ahora que sueñan con recuperar el control, su principal emisario, el Alcalde Amarillo, armonizado por una líder budista, adopta como propios los principales logros del proyecto que tanto ha denostado. O su nueva gurú ayudó a descubrir una faceta desconocida del cerebro de Mauricio Macri, donde prima la sensibilidad más conmovedora, o estamos ante uno de los intentos de estafa más serios de que se tenga memoria. Como lo primero es imposible, lo más probable es que estemos ante lo segundo.
El caballo porteño
Después del dramático giro discursivo del domingo pasado, uno podría preguntarse para quién miente Macri. Los medios hegemónicos –forjadores de su figura política- no se han sumado a la pantomima; por el contrario, se han mostrado muy desconcertados, hasta enojados. Los que lo han acompañado en todos estos años, aplaudiendo sus pueriles intervenciones y los maquillajes urbanos más banales, casi lo abuchearon. Sus compañeros del PRO apelaron a funambulescas piruetas para explicar tamaña mutación; hasta abusaron de la inocencia del público al afirmar que Mauricio siempre ha tenido estas ideas.  
Pero, con el correr de los días comenzarán a comprender cómo viene la mano. Y pronto, desde sus títulos y editoriales aportarán las piezas para ensamblar un artefacto amenazante para nuestro futuro: el caballo de Troya, amarillo y fabricado en la CABA, que guarda en su interior un ejército de tecnócratas dispuestos a aplicar ajustes y recetas ortodoxas. Por fuera, un muñeco de madera recién fabricado que promete la continuidad pero en su interior pergeña los peores cambios.
Una reciente encuesta de Ibarómetro puede explicar semejante engendro. De acuerdo a los datos recabados a partir de 1200 entrevistas realizadas en todo el país, ocho de cada diez argentinos creen que el Estado debe asegurar el bienestar de la gente. Pero esta convicción no está presente sólo en los que quieren que el FPV continúe en el gobierno, sino también en los que desean que cambie el signo político. Macri, quien se ha mostrado siempre opuesto a la intervención del Estado en la economía, ahora deberá mostrarse como su principal adalid si es que quiere acceder a La Rosada.
Claro, así corre el riesgo de perder a los seguidores del Macri anterior. Por eso, una vez que los miembros del Círculo Rojo comprendan la nueva estrategia podrán contribuir a la construcción de este caballo de Troya vernáculo, progresista por fuera, neoliberal por dentro. Una especie de doctor Jekyll y míster Hyde. El Macri-Jekyll es el bondadoso candidato que ha comprendido la importancia del Estado en las políticas de inclusión y en la administración de las empresas de servicio. El Macri-Hyde es el que planea devaluaciones a la carta y la eliminación de las cargas impositivas para beneficiar a los que más tienen, como ha sostenido muchas veces.
Ambos son incompatibles para un mismo gobierno. No se puede sostener la redistribución del ingreso con el desfinanciamiento fiscal y el incremento del dólar, salvo que se recurra al endeudamiento externo. El nuevo Macri, más demagogo que nunca, es una monstruosidad destinada a embaucar a los que quieren la continuidad con otro color. ¿O la monstruosidad está en aquellos que pretenden que siga todo como en estos años pero con un partido diferente? Por las dudas, evitemos los monstruos.

El gran carnaval

Nada que aplaudir. Pocos están a salvo. La Revolución de la Alegría es una lágrima gigante que va a terminar ahogando a muchos de los que c...