viernes, 30 de octubre de 2015

Una amenaza que avergüenza



Las fieras ya están celebrando, se agitan exultantes, frotan sus garras, afilan sus colmillos. La proximidad de Macri a La Rosada remueve todas sus células, revuelve sus glándulas, incrementa su saliva. Las señales son más que claras: en el cierre del coloquio de IDEA, el Alcalde porteño prometió a los empresarios que pondría todo su gabinete a disposición de sus angurrias; la recién electa gobernadora de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, anunció que un ex gerente de Monsanto, Leonardo Sarquís, será ministro de Asuntos Agrarios. El establishment parece corear la versión siglo XXI de una vieja frase setentista: Macri al gobierno, las corporaciones al poder. ¡Qué ladino el guionista que nos puso en esta encrucijada! ¡Cuánto deberán esforzarse los analistas del futuro para comprender estos tiempos! Nadie se acerca a un enorme cocodrilo para hacerle mimitos en su hocico, salvo los argentinos, que somos expertos en desafiar a las bestias más despiadadas, los pajarracos más hambrientos y las más torrentosas aguas. De puro guapos, nomás. De suicidas, esta vez.
En la calle alternan caritas felices y carotas largas, pero uno no puede atribuir esas expresiones cotidianas al resultado de las elecciones. Con cierta timidez, en una charla ocasional, el tema se cuela: algunos dicen que ni locos votarían por Macri; pero otros callan o asienten con una sonrisa. Al menos, por estas latitudes, pocos aceptan con orgullo haber elegido a Cambiemos. Algo de eso sugieren los responsables de las consultoras que tanto han errado en sus hipótesis. Tanto en las encuestas como en las bocas de urna, barajan la posibilidad de la mentira en las respuestas. ¿Un complot? Imposible. Si así fuese, deberíamos aplaudirlos de pie y dar por ganada la jugada.
Los memoriosos recordarán que nadie admitía haber votado por Menem en la reelección cuando su escenografía económica comenzaba a desmoronarse. El “Yo no lo voté” circulaba como chiste en los encuentros diarios. Al final de su mandato, pocos eran sus apologistas, aunque un par de años después salió primero en las elecciones presidenciales. Y nos salvamos de él porque se bajó del balotaje, un poco por el repudio mediático y social hacia su figura y otro poco para provocar la fragilidad de quien terminaría como presidente electo, Néstor Kirchner. De puro malo, nomás. En aquellos tiempos, ante la posibilidad del balotaje entre Menem y Kirchner, la eterna diputada Elisa Carrió, había anticipado su voto por Kirchner porque el riojano representaba el mal absoluto. Hoy, la misma persona es otro personaje y llama a votar por Mauricio Macri, que promete retornar a aquellos tiempos de desocupación, desindustrialización, des-patriación y muchos ‘des’ más adornados con globitos, conocidos en aquellos tiempos como “pizza con champagne”. El voto a Menem avergonzaba: ¿ocurrirá lo mismo con el votante de Macri?
Las viejas novedades
Difícil que avergüence porque Cambiemos se presenta como lo nuevo y abrazar la novedad actualiza a la persona. Estrenar, cada tanto, rejuvenece. Zapatillas, remera, camisa, presidente. Sin embargo, Cambiemos es una novedad integrada, no por simpáticos extraterrestres recién bajados de la nave madre, sino por personajes que hace más de veinte años operan en nuestra vida política. Y con un saldo bastante negativo, vale recordar. Pero, como ahora se presentan festivos, coloridos, agraciados, saltando como adolescentes de medio siglo, se vuelven atractivos para los que no entienden qué se esconde detrás de tanto jolgorio. Algunos lo saben y por eso los votan. Muchos no, y no sospechan cuánto harán sufrir a muchos argentinos con tan liviana decisión. Y hasta a ellos mismos, cuando sea muy tarde.
¿O no se dan cuenta que cuando Macri asegura que va a continuar con la asistencia a los más vulnerables, con la inversión en ciencia y educación, con las jubilaciones, YPF y Aerolíneas en manos del Estado no está siendo sincero? Si se opuso enérgicamente a estas medidas hasta no hace mucho tiempo. ¿O se dan cuenta y no les importa? ¿No advierten que cuando Macri promete negociar duramente con los buitres se está mostrando como un hipócrita? ¿Cómo vamos a poner como presidente a alguien que consideraría un gasto asumir la administración de las Islas Malvinas? ¿O no les importa que la soberanía se evalúe en términos de mercado? Tal vez los votantes de Macri sepan esto y mucho más; si a pesar de eso, lo votan, claro que deberían avergonzarse.
Vergüenza debería despertar que la candidata a vicepresidenta por el PRO, Gabriela Michetti, se arrepienta por no haber apoyado la ley de Matrimonio Igualitario. ¿No se advierte el cinismo? Una fuerza política que ha estado de espaldas a las grandes transformaciones que se han producido en estos años y ahora sus integrantes se convierten en sus más fervientes apologistas. Como señaló La Presidenta en su primera aparición después de las elecciones: “le debemos a la ciudadanía no solamente palabras en un debate, sino sinceridad y transparencia y que nadie se disfrace de lo que no es”. De las 867 leyes que se han tratado desde 2003, “no nos han votado ninguna” agregó Cristina. Todos estamos expuestos a modificar nuestras consideraciones sobre ciertas cosas a lo largo del tiempo, pero no sobre todo en pocos días. Eso sería una mutación perniciosa desde el punto de vista sanitario. En términos políticos, una estafa inadmisible para los votantes.
Si es por eso que Vidal logró conquistar la gobernación de Buenos Aires, con su angelical rostro de peronismo fingido. Todavía no asumió y ya está pergeñando recortes en la administración pública para poder bajar el gasto, no por ahorrativos, sino para beneficiar a los más ricos con una reducción impositiva. Y los que confiaron en ella tal vez sean las primeras víctimas del ajuste que durante la campaña no mencionó. Cuando vean reducidos sus ingresos o pierdan sus trabajos, no llenarán la despensa con el arrepentimiento.
Que un candidato se preocupe por nuestra felicidad puede ser encantador, aunque no nos diga cómo concretará esa meta. Pero si detrás de él se agazapan las más ávidas bestias, da para desconfiar. Si algunos se engancharon con lo de no usar tanto la Cadena, que traten de recordar cómo nos iba cuando los presidentes la usaban de vez en cuando. Las cadenas de Cristina tienen como función unir y consolidar un discurso ante tanto desconcierto generado por las letrinas mediáticas. Estas cadenas son preferibles a las que padecíamos antaño, cuando la opresión se materializaba en eslabones de miseria y exclusión. Un fallido de la gobernadora a estrenar: “cambiemos futuro por pasado”. Pura nostalgia exudan los del PRO. En los baños de antes, para eliminar los detritos, se tiraba la cadena. Sin dudas, es preferible que una presidenta hable mucho, a que se usen las cadenas para flagelar a un pueblo o para desecharlo.

miércoles, 28 de octubre de 2015

Un tropezón que no será caída



Un poco azorados por los resultados del domingo, más que buscar culpas, hay que encontrar vitaminas. Tal vez nos sentíamos muy seguros y subestimamos a los adversarios. Aunque parezca mentira, habrá que explicitar una vez más los logros, insistir con las comparaciones con el pasado y enumerar los derechos que hemos conquistado en estos doce años. Muy divertido burlarse de los bailecitos, los balbuceos y las frases de posters convertidas en consignas pero con eso lograron convencer a un importante número de votantes. Que el candidato por el FPV asegure que será “más Scioli que nunca” no explica demasiado. Y hasta desconcierta un poquito. ¿Cuál será el Scioli que construiremos camino al balotaje? ¿El de la pulsión conciliadora que lo ha conducido a posar sonriente en cualquier escenario o el que es capaz de desenmascarar la infamia que se esconde detrás del angelical Mauricio?
¿Cuál de los dos va a garantizar el triunfo: un Scioli kirchnerista o uno mimetizado con su oponente? Como en esos juegos de la compu, en los que uno elige cómo será el personaje que superará los obstáculos propuestos. ¿Qué preferirá el votante que se busca seducir, un presidente que fundamente sus decisiones o uno que acepte en silencio las órdenes del establishment? ¿Uno que se juegue para conquistar más derechos o uno dispuesto a limarlos para satisfacer a los avariciosos de siempre? De acá en más, debemos construir el Scioli necesario para tan crucial contienda.
Porque en pocos días, el balotaje nos espera en una bifurcación histórica. Aunque es injusto haber arribado a esta instancia, los ciudadanos deberemos elegir entre dos caminos: uno tenebroso, indecible y destructivo, y el otro comprometido con el desarrollo del país y la inclusión de los más débiles. Si estamos por protagonizar este episodio es porque el disfraz utilizado para la primera opción ha sido tentador y tan eficaz que logra ocultar el horror de esas propuestas del pasado. Detrás de la música estridente, los globitos de colores y las armónicas frases de autoayuda se esconde un programa económico que ya conocemos muy bien.
Nada de lo que dicen los lemas de campaña recitados por los candidatos del PRO es compatible con las medidas que se tomarán una vez que asuma Mauricio Macri como presidente. Sus asesores, Melconián, Broda, Espert y Prat Gay son los apologistas del recetario neoliberal que, sin dudas, no tiene como objetivo “hacernos cada día más felices”, como prometió Mauricio Macri en medio de los festejos del domingo. La economía de mercado no incluye porque ya no necesita consumidores para multiplicar las fortunas. Liberar el dólar, abrir las importaciones, cancelar las paritarias libres y eliminar las cargas impositivas para los que más tienen no son medidas que busquen el beneficio de la mayoría. Este es el fondo de Cambiemos: eso es lo que quieren cambiar. El engaño es lo que enuncian: que es posible la convivencia entre el más bestial libertinaje financiero con la paz social, la equidad y el crecimiento.
El elegido y sus seguidores
El candidato que enfrente a Macri debe ser aquél capaz de desmontar el camuflaje de filosofía Zen, con todo lo que eso implica. Y sin sonrisas, por supuesto, porque el futuro del país no es cosa de broma. Muchos votantes de Cambiemos han sido estafados por sus candidatos y tal vez sean sus primeras víctimas, porque el ajuste estará entre los primeros anuncios del procesado postulante a la presidencia. Las excusas ya están preparadas: todo lo que padeceremos a partir del 11 de diciembre será por culpa de los Kirchner.
Daniel Scioli deberá encarar su nueva campaña como el guerrero que hasta ahora no ha sido. Marcar las diferencias entre los dos proyectos de país que están en la contienda y señalar las contradicciones no sólo con la historia del propio Macri sino con su gestión en la CABA. Ya no debe haber supuestos: deberá enumerar todo cada vez que tenga oportunidad. Cuando Macri diga que quiere garantizar una educación de calidad, hay que recordarle que ha reducido el presupuesto educativo año a año, a diferencia de los subsidios para los establecimientos privados, que se han incrementado. Cuando Macri prometa el famoso millón de viviendas, habría que destacar que durante ocho años al frente de la Capital construyó apenas tres mil. Si habla de la Pobreza Cero, hace falta preguntarle cómo llegará a eso con el modelo del derrame, que acrecienta la desigualdad. Sólo así podrá desarmar su embaucadora prédica y reducir la incidencia de su encanto. Para triunfar en este mano a mano, Scioli no debe ignorar la existencia de la Grieta y señalar quiénes se agazapan del otro lado.
Que el personaje Mauricio haya logrado convencer a más de un tercio del electorado señala un desconocimiento del Macri real. Que su propuesta pueda ser aceptada por la mayoría nos conducirá a la repetición de los peores momentos de nuestra historia. El enemigo está a un paso de conquistar su objetivo gracias a un votante lleno de excusas pero vacío de fundamentos: la Cadena Nacional, el pensar distinto, la dictadura, la agresión son mantras del establishment para poner de su lado a un público desprevenido. Y hasta ahora lo está logrando no sólo por la efectividad de los latiguillos sino también por la docilidad de sus destinatarios.
El país con el que sueña Macri es para unos pocos y está bien que esos pocos lo apoyen. La Bolsa de Comercio y los grandes empresarios convirtieron un oscuro lunes en un día de festejos. Cuando Ellos bailan, nosotros debemos temblar. Esta es una señal que no debe pasar inadvertida: el país estará de nuevo en sus manos. Nada bueno para los que esperan subir un escalón más de dignidad. ¿Dónde estaban los beneficiados por la AUH o el Progresar a la hora de emitir el voto? ¿En qué pensaban quienes recibieron una jubilación gracias a la moratoria previsional o viven en una casa nueva del Plan Procrear al momento de elegir una boleta en el cuarto oscuro? ¿Cómo habrán votado las nuevas parejas del matrimonio igualitario o los padres que acceden a la fertilización asistida gratuita? ¿Cuántos menores de 18 –debutantes en la participación democrática- habrán encontrado en Cambiemos una propuesta novedosa? ¿Sabrán que Macri se opuso a cada una de estas conquistas?
El domingo, a dos días del aniversario de la muerte de Kirchner, se percibió mucha ingratitud, además del desconcierto. Una sorpresa deprimente. Un escollo del que saldremos fortalecidos, como siempre. Algunos optarán por Macri, porque necesitan experimentar el infierno para extrañar el paraíso. Los demás, no. Lo recordamos bastante bien y aún nos laten las heridas del latrocinio que padecimos a principios de este siglo. No podemos perder estos doce años con tanta facilidad. El domingo 22 puede pasar cualquier cosa, pero hay que hacer que pase lo que más nos convenga.

lunes, 26 de octubre de 2015

Más que magia, cosa ‘e mandinga



Después de ocho elecciones presidenciales, ya estamos tan cancheros que hasta nos damos el lujo de estrenar balotaje. Una sorpresa que se atragantó en el garguero de los que ya estábamos preparando los festejos. Y que da por tierra con todas las encuestadoras que leían otro escenario. Durante semanas y semanas, los analistas planteaban otra escena: la segunda vuelta estaba en pocas hipótesis y menos con tan poca diferencia. Hasta las bocas de urna fallaron en los pronósticos. De ahora en más, habrá que preocuparse más por el corazón de los ciudadanos que por los números de las consultoras. Y por responder algunas preguntas que pueden orientar el desafío de conquistar la continuidad de este proyecto que no ha fracasado en su ejecución sino en la forma de comunicar sus principales logros.
Como la definición será por penales, para ganar hay que meter goles. El que mete más, gana. Dos equipos; dos modelos; dos futuros. Lo fundamental es que el color de las camisetas no se confunda en el furor del juego. Los espectadores debemos tener en claro que en la cancha hay dos jugadores que patean para lados distintos. Si eso no es evidente, se corre el riesgo de perder el partido. Gracias a esa confusión, llegamos al balotaje.
Si el discurso de Macri logró conquistar la voluntad de tantos argentinos es porque se ha transformado en una golosina imposible de rechazar. El dulce esconde lo amargo. El disfraz angelical de los diablillos del pasado obtuvo una demoledora victoria. Un modelo que sólo beneficiará a una minoría está a punto de conquistar a una aturdida mayoría. El encantador canto de las sirenas que consigue atraer a sus víctimas. El desafío de los próximos días será despojar al adversario de su bien elaborado disfraz; poner en evidencia lo que hay detrás de las coloridas máscaras; desmantelar el cinismo de estos descafeinados personajes.
En su triunfal intervención del domingo a la noche, Mauricio Macri advirtió la necesidad de terminar con los políticos que se enriquecen gracias al Estado. Justo él lo dice, dueño de una empresa beneficiada por el peor Estado, el de la dictadura, cuando el Banco Central estatizó la deuda de los privados. Justo él lo dice, que volvió a beneficiarse con la pesificación asimétrica de Duhalde. Ambas medidas permitieron que sus deudas contraídas en el extranjero fueran endosadas a la deuda pública, la que estamos pagando entre todos. Después habló de transparencia y corrupción, justo él, que fue perdonado por la Justicia por sus estropicios del pasado al frente de Sevel y está procesado por espionaje. Justo él, cuya gestión en la CABA acumula más de doscientas denuncias judiciales y, desde el escándalo de Niembro, muchos medios de comunicación del interior sumaron muchas más. Ese es el duro trabajo que tenemos por delante: demostrar quién es verdaderamente Macri, para desmantelar su efectivo camuflaje.
Ganadores y perdedores
El gran perdedor fue Daniel Scioli. Y con él, por ahora, está en riesgo la continuidad del proyecto. Aunque la imagen positiva de La Presidenta se mantuvo intacta, el 54 por ciento de 2011 se ha convertido en un exiguo 37. Eso es lo que hay que recuperar. Pero para eso, hay que abandonar los números y dirigirse al corazón de los argentinos que se han perdido en el camino.
Quizá un error táctico fue el de trasladar gran parte de su gabinete provincial a su hipotético equipo presidencial. No incluir kirchneristas puede haber ofendido a algunos. Tal vez no logró abandonar del todo su tibieza. A lo mejor le falta encarnar la camiseta y no sólo tenerla puesta. Transpirarla mucho más para demostrar que será el mejor defensor de nuestros intereses.
O puede ser que el lenguaje adoptado no marcaba diferencia con el de sus oponentes. Ahora, que tiene por delante a un solo adversario, deberá despojarse de esa amabilidad conciliadora que tanto lo caracteriza. En cada una de sus apariciones, necesitará reforzar el abismo que separa las dos visiones del futuro. Hasta es posible que, en lugar de disputar votos en terreno enemigo, deba construir su propio territorio. Y eso no se logra con las encantadoras consignas que poblaron las pantallas. Ahora hace falta romper el encanto y señalar con más energía dónde está el engaño del modelo PRO. Daniel Scioli deberá poner el tono de la campaña que se viene. En todo caso, que aprenda de la gran ganadora de estas elecciones, Margarita Stolbizer, que logró que más del 97 por ciento del electorado acepte su propuesta de no votar por ella. Eso  es poder de convocatoria.
Daniel Scioli deberá hacer el primer movimiento en este apasionante partido. Pero ya sabemos que solo no puede: los proyectos colectivos se fortalecen entre todos sino, nos pasan por encima los autitos importados.

sábado, 24 de octubre de 2015

Devaneos inconvenientes en tiempos de veda



Tanto nos estamos acostumbrando a los escenarios electorales sin crisis social ni económica que los medios de comunicación la tienen que inventar. Desde el retorno a la democracia, cada cambio de gobierno se produjo en un contexto angustiante: de Alfonsín a Menem, la hiperinflación; de Menem a De la Rúa, corrupción y recesión; de De la Rúa a los presidentes por un día, el peor latrocinio de nuestra historia; de Duhalde a Kirchner, la asfixiante opresión del fondo de un pozo. Después, ya no. Desde 2003, sentimos por primera vez en mucho tiempo que nuestro camino es ascendente y que el abismo quedó atrás, aunque no tan lejos como para no ser amenazante. Claro, si uno ve los spots de campaña de los candidatos de la oposición parece que habitáramos el peor de los mundos. Unos hablan de clientelismo, otros de inseguridad, algunos revolean números alucinantes y otros prometen las sombras de antaño. Que un menor de veinte y pico se deje confundir por semejantes timadores, vaya y pase. Pero el que pinta canas y se preocupa por disimular sus arrugas, debería apelar más a su memoria en lugar de mirarse tanto al espejo.
Ahora que la veda puso fin a la campaña, el silencio aporta mayor suspenso a las elecciones. ¿Tendrán razón los candidatos de la oposición al decir que los argentinos quieren terminar con el kirchnerismo? ¿Cuál será la sorpresa del domingo y a quién impactará más? ¿Triunfarán los que se suman a las fabulaciones mediáticas, los que gritan incoherencias en los actos de campaña, los que se disfrazan de inocentes conejitos pero son, en verdad, voraces cazadores? ¿Quién tomará la posta a partir de diciembre, el que promete cambiar pero continuando, el que se disfraza de milico o el que asegura un armonioso sendero hacia el desarrollo?
La veda llegó y no trajo mega devaluaciones, saqueos ni manifestaciones adversas. La Gran Crisis sólo ocurre en ciertos medios y es tan fabulosa que hay que ser muy ingenuo para creer en ella. De Nisman pocos se acuerdan aunque cada tanto, alguien intente reavivar las sospechas. Los títulos se desmienten antes de tomar un poco de color, pero igual salen a afrontar la vergüenza. Ahora, no sólo mienten: también plagian. Un plagio de sí mismos, encima. Un día antes de las primarias de 2011, una tapa de Clarín vociferaba una denuncia sobre espionaje. Como las ideas se agotan y especulan con la amnesia de los lectores, esta semana insistieron con una telenovela de espías que no pasó del primer capítulo. Que los medios inventen una noticia atenta contra su credibilidad, pero que dos diputadas le aporten legitimidad es una burla para las instituciones que dicen defender.
La soledad del cuarto oscuro
En serio: afirman defender las instituciones pero las pisotean a cada rato. Y encima hablan como si las pisotearan otros. ¿O no es eso lo que pasó con las denuncias de fraude en Tucumán? No hay que olvidar que ellos quemaron las urnas de las mesas en las que habían perdido en las primarias. Y después pidieron la anulación de las elecciones por la quema de las urnas. ¿No es de locos? ¿No merecen estar fuera del juego de la democracia? ¿No deberían pagar el costo de los estropicios que provocan con sus argucias?
O, por lo menos, pedir disculpas en lugar de seguir probando con los viejos trucos. Tanta impunidad resulta sospechosa y perjudicial. En simultáneo aparecen las denuncias de espionaje y las premoniciones de fraude. A los pocos días de las visiones de Carrió, el apoderado de Cambiemos anuncia que los fiscales serán los encargados de distribuir las boletas, en lugar de llevarlas al correo. Si esto no se cumple, ya deben tener listo el libreto de la miniserie “Faltan boletas: por eso perdemos”, un especial que dura el tiempo necesario hasta lograr la contención del llanto. Hasta que acepten la derrota que se les viene. Hasta que comprendan por qué pierden.
Que tengan que apelar a estas tretas es un anticipo: el que se sabe ganador no hace trampas. El que lidera las preferencias no necesita convertir mentiras en propuestas ni amenazar con despidos, bloqueos y desapariciones. Tampoco malversar la historia: que Macri use ‘Cordobazo’ para apuntalar su derechosa propuesta es un agravio hacia los trabajadores y estudiantes que enfrentaron la dictadura de Onganía. Desde que su delfín casi pierde en la CABA, Macri ha padecido camaleonosis extrema y ha pasado por sucesivas etapas de su mutación: kirchnerista, peronista y ahora, zurdo revolucionario. El colmo de la hipocresía. Que una cuarta parte del electorado avale tan peligroso personaje es un milagro de la manipulación mediática.
Massa tampoco se salva porque logró consolidar prejuicios a fuerza de demagogia discursiva: la droga está en las villas, los peligros vienen de los países limítrofes, los vagos cobran planes, La Cámpora vive del Estado. ‘Derribar’, ‘combatir’, ‘expulsar’ parecen ser sus verbos favoritos. Acciones poco constructivas. Hay un enemigo y debemos destruirlo, parece ser su lema. La batalla final debe lograr la desaparición del kirchnerismo. Mucha violencia del pasado promete Massa para el futuro. Los dos candidatos de la oposición presentan el mismo peligro: como desdeñan la historia, ansían repetirla; como representan los intereses de una minoría, resultarán perjudiciales para la mayoría.
Sólo el rechazo visceral construido desde los medios agoreros pudo conseguir que semejantes expresiones políticas conquisten a casi la mitad del electorado. Un votante televidente que desdobla su entendimiento entre lo que muestra la pantalla y lo que ve a su alrededor; por supuesto, la pantalla gana la pulseada. Si los periodistas confundidores de siempre hablan de crisis, bomba y herencia, el nuevo presidente tendrá un camino tortuoso que transitar. Aunque la crisis no exista y la bomba parece más un bombeador, habrá que mirar eso con malos ojos. Y la herencia, la mejor que pueda recibir un presidente: un país desendeudado, en desarrollo, inclusivo, con su frente bien alta y con los colores tatuados en el pecho de la mayoría. Una herencia nada desdeñable para el que sepa invertirla en beneficio de todos. Para el resto, sólo un botín que se esfumará con el primer bocado. En la soledad del cuarto oscuro no hay que confundir la urna con un televisor: no es el público el que vota, sino el ciudadano.

Instrucciones para saltar el cerco

Si en algo aventaja el PRO a otras fuerzas políticas es por su prepotencia: lo que quieren hacer, lo hacen, aunque contradiga princip...