miércoles, 29 de abril de 2015

Desequilibrio en la Justicia



Cuando los amarillos estaban aún celebrando la victoria parcial obtenida en las PASO, el incendio en un taller de costura clandestino intentó conducirlos a la realidad. Pero no lo logró: siguieron festejando, como la mejor forma de mirar para otro lado. Como han hecho siempre, con un Estado cómplice de los privilegios y ausente en los derechos. Si las abstracciones no son suficientes para el votante PRO, este hecho concreto debería avergonzarlos. Esos dos niños murieron porque el Gobierno porteño no había atendido a las denuncias recibidas sobre la precaria situación de los trabajadores y sus familias. Con tamaña desidia, avalan la trata de personas, la explotación en su lado más cruel. Eso votaron el domingo: la complicidad en dos muertes, que se suman a las diez de Iron Mountain y en los abundantes derrumbes. Por esto deberían salir a la calle para pedir justicia y no para responder a las tontuelas manipulaciones mediáticas.
En septiembre del año pasado, la Fundación La Alameda denunció la existencia de 30 talleres irregulares, entre los que se encontraba el que se incendió el lunes y costó la vida de los dos chicos. Pero, según aseguró el inspector porteño Edgardo Castro, el gobierno de Macri “tiene una mecánica de protección de los talleres clandestinos”. “Este taller había sido denunciado –explicó el funcionario- pero el director general de Protección del Trabajo, Fernando Macchi, en lugar de proteger a los trabajadores como su función lo indica, protege a los empleadores”. No sólo no los sanciona, sino que les “notifica por escrito al empresario que hay una denuncia en su contra y le avisa que lo pueden clausurar”, agregó Castro. ¿Este es el modelo de gestión que quieren extender a todo el país, el de la explotación infantil y el trabajo esclavo?
Los paragüeros salieron en manada cuando se cumplió un mes de la muerte del fiscal Nisman para pedir Justicia por lo que hasta ahora es un suicidio y, de paso, acusar a La Presidenta, por las dudas. Pero ninguno ha manifestado en público su indignación por este doloroso hecho, que no es el primero ni será el último. Extraño sentido de justicia que no abraza por igual a todos los ciudadanos; justicia que es el castigo inmediato de los señalados por el establishment y sus acólitos; una justicia patricia que garantiza el retorno al gobierno del mercado, ése que sólo produce desigualdad y convierte en abismo cualquier grieta.
Una justicia desenfocada, de acuerdo a la definición del presidente de la Corte Suprema: “los jueces estamos para poner límites a los otros poderes del Estado y también al poder empresario. Los jueces no gobernamos, pero ponemos límites al gobierno de turno”.  En esta sentencia no aparece quien debería ser el principal beneficiario de su accionar justiciero: el ciudadano. Tal vez por eso no entienda el concepto de “democratización de la Justicia”, idea del Gobierno que, según el magistrado, “nunca fue bien aclarada”. Claro, no entiende –o simula- porque de esa manera, seríamos nosotros los encargados de poner límites.
Amarillo cada vez más oscuro
Esa extraña idea de los límites puede explicar la malsana intención de convertir en héroe al fiscal Nisman, o cuanto mucho, en mártir. Por eso en el video institucional de presentación del año judicial, su foto aparecía entre las víctimas del atentado a la AMIA, los muertos de Once y de otras tragedias más. Un paladín justiciero para el establishment que quiere llevarse puesto al gobierno de Cristina. Porque ésa fue la intención de la famosa denuncia contra La Presidenta y la frustrada presentación en el Congreso. Esa fue la bomba que vislumbraron las diputadas del PRO, Patricia Bullrich y Laura Alonso, para arrojar hacia La Rosada. Como afirma Lorenzetti, poner los límites que exige el Círculo Rojo.
En la muerte del fiscal, estas dos congresistas juegan un papel fundamental. Ellas presionaron a Nisman para que despliegue su denuncia en el Congreso, aunque la sesión reservada que habían planeado se había convertido en pública a pedido del oficialismo. Según el relato de Bullrich ante la fiscal Viviana Fein, Nisman dijo: "voy a decir lo mismo que en TN y no va a parecer serio". De esto se desprende que lo expresado ante las cámaras de ese medio hegemónico ni siquiera parecía serio. No lo era y ni lo parecía. El frenesí comunicacional entre las diputadas y el fiscal a través de mensajes de texto y WhatsApp y conversaciones telefónicas demuestra la obsesión por La Oportunidad, de un lado y la resistencia al ridículo por el otro. Sin dudas, podía payasear ante ojos complacientes pero no con todos los diputados y medios de todos los colores como absortos testigos. Si el terreno que pisaba Nisman comenzaba a tambalearse, Bullrich y Alonso lo desequilibraron del todo. En pocos días, el fiscal pasó de héroe a mártir, de mártir a víctima, de ahí a alguien de dudosa transparencia para convertirse en un personaje olvidable, oscurecido por la corrupción y con nefastos lazos con nuestros peores enemigos: los buitres.
¿Todavía pensará el Supremo que ésos son los límites que debe poner la Justicia al gobierno de turno? ¿O creerá que el país necesita que la Justicia avale la exhibición de colmillos de la bestia herida? Y lo más importante: ¿qué creemos nosotros -la mayoría que ahora se siente representada- que debe ser la Justicia? ¿Un andamiaje para preservar privilegios o una institución para ampliar derechos? Un dilema crucial en este año electoral. Los desideologizados globos de colores o las definiciones políticas, con metas y recorridos. El cambio al pasado o la continuidad al futuro.

lunes, 27 de abril de 2015

Una batalla entre vientos



Mientras la menguante Corte Suprema de Justicia –o de Justicia menguante- insiste en despertar nuestra indignación, los aprovechadores de siempre nos siguen provocando, y no sólo asco. También, mucha vergüenza. Que el Presidente Supremo haya sido reelegido una vez más puede parecer monarquía, pero que este hecho se haya producido con tantos meses de antelación suena a desafío. O precaución, porque prevé que no serán sus favoritos los que continúen con las riendas del país. Un gesto tan desafiante como la permanencia de Carlos Fayt, un miembro momificado que supera largamente los noventa años y no con ostentación de vitalidad, precisamente. El lujo de hace unos años se está transformando en bochorno. El aire fresco que significó la renovación del Máximo Tribunal se está enviciando con fétidos soplos que no provienen del pueblo, sino de los más nocivos centros de poder. Una vez más, deberemos apelar a los vientos del sur para que arrastren toda la pestilencia y que la barran para siempre.
Porque parece que de eso se trata: de una batalla de vientos. Uno del Norte: espeso y reiterativo; prepotente y destructivo; imperial y sofocante. El otro, el que ha comenzado a soplar en 2003, el del sur: fresco, dinámico, ecuánime, vivaz. El primero, restaurador. El segundo, transformador. Uno erosiona lo que encuentra a su paso y lo corrompe; el otro, frena la nefasta destrucción para revertirla. El primero amontona acólitos, sirvientes y hechizados a través de sus cada vez más obvios engaños. El segundo convoca a desposeídos y solidarios para construir un colectivo plural.
¿A qué viento responden los especuladores, esos que abusan de su poder para sacar deplorables ventajas? Ya es sabido que las cenizas de un volcán chileno dificultan la vida de los habitantes del sur cordillerano. ¿Con qué nombre llamar a los comerciantes que aprovecharon la situación de catástrofe para incrementar el precio de barbijos y botellas de agua? ¿Merecen sólo una multa, una clausura temporal o algo más severo? Más aún si, en lugar de pequeños comerciantes son empresarios con gran poder en la zona. Seguro que sus corazones no reciben el soplo del lugar en que habitan, sino que deben boquear ante el viento del Norte que creen avizorar en el oscuro horizonte.
Pero más allá de esas estafas oportunistas, están aquellas que son cotidianas. Una vez más, la Secretaría de Comercio detectó una de las tantas avivadas de las grandes empresas: en más de 400 mediciones, constató que en muchos productos, el envase anuncia un peso superior al contenido. El 2,3 por ciento en promedio que se hurta significan ganancias extraordinarias para los supermercados y los productores. Algo de todos los días; un saqueo de las billeteras que será castigado con las multas correspondientes. Esto demuestra que no es posible dejar de vigilarlos porque, en cuanto uno se descuida, los malos vientos los impulsan a actuar como vulgares ladrones a gran escala.
El inexplicable fenómeno amarillo
Contra todo lo que proponen algunos candidatos a la presidencia, la libertad de mercado no es el mejor camino para alcanzar la equidad. Al contrario: el mercado es voraz, no solidario. Cuando sólo el interés de una minoría gobierna, la mayoría padece la escasez. Con esos vientos tan mezquinos, la brecha entre ricos y pobres se acrecienta. El Estado producto de estas brisas es el distraído, bobo, ausente o cómplice. O todo eso junto. Esos vientos del Norte acarrean un Estado PRO, un modelo de gobierno-gerente que basa su eficiencia en buenas estrategias de marketing.
Sin dudas, todavía no comprendemos al PRO. Menos aún a los ciudadanos que ven en las fuerzas amarillas una esperanza para el futuro. ¿Qué alucinógeno arrastrarán esos vientos que circulan por la Capital del país? Para que coronen a Horacio Rodríguez Larreta como el candidato más votado debe ser muy poderoso. Nada de carisma, de belleza o de intelecto. Con el espaldarazo de Macri, el sapo se transformó en príncipe de cuento de hadas. Con la magia de esos vientos, una gestión desigual, desaliñada, opaca puede parecer todo lo contrario. Que esos vientos incluyen el blindaje y la confusión de los medios hegemónicos es indudable. Un método que da resultado, al menos, en algunos puntos del país.
Pero sobre todo en la CABA. Claro, ahí se concentra todo el esfuerzo vocinglero. En ese espacio mínimo de nuestro territorio se construye un discurso estético que pugna por imponerse al resto del país. Un gigantesco ombligo que se pretende fundacional. Una remake de la lucha entre unitarios y federales, una batalla por el discurso, un choque de vientos.
Una vez más, los ciudadanos porteños optaron por la continuidad amarilla. A pesar de las falencias administrativas, estructurales y sociales, los habitantes de la CABA se sienten conformes con la gestión PRO. Allá ellos. Lo grave es que están permitiendo que esa impronta egoísta, limitada y elitista se propague al resto del país. Porque con su voto confirman la edulcorada visión mediática que se difunde y que los ciudadanos del interior no pueden palpar. Con el apoyo incondicional al modelo amarillo están validando el engaño de los medios dominantes.
Y para quien piense que estas presunciones son producto de la paranoia, un par de frases del domingo por la noche bastarán para desalentar esas interpretaciones. La diputada Elisa Carrió, exultante, anunció que “la Capital es de la República y no de La Cámpora ni de Aníbal Fernández”. Después se quejan por la grieta, cuando son personajes como éste los que la ensanchan. La legisladora se transforma en un juglar que relata los resultados de una batalla y celebra el triunfo de sus partidarios. Los unitarios de un lado y los federales del otro. La civilización de la mano de los conquistadores de la Capital; la barbarie está en los derrotados, los salvajes de La Cámpora y su líder, Aníbal Fernández. Un absurdo que será convertido en mantra por la amplificación mediática.   
La derrotada en la interna amarilla, Gabriela Michetti, con una dignidad de manual, felicitó a su rival, Rodríguez Larreta. Y también afirmó su deseo de amarillear el país. “La Argentina necesita cambios profundos y el PRO tiene dos desafíos importantes: ganar la Ciudad y ganar las presidenciales de la mano de Mauricio Macri”, amenazó con una energía inusitada. Cambios profundos que no se han realizado en el principado de la CABA. Ni los kilómetros de subte prometidos ni las obras para evitar inundaciones figuran entre los logros de Macri. Ni la urbanización de las villas ni la construcción de viviendas. Ni la salud ni la educación pública. Estos cambios con los que sueña Michetti, parecen más pesadillas. Pesadillas que tientan a sus votantes, vale siempre recordar.
“No tengamos miedo”, alentó el padre de la criatura, Mauricio Macri, aunque no aclaró de qué. Como si fuera un predicador yanqui con mal doblaje, el Alcalde Amarillo anunció: “el país espera otra forma de hacer política. Si logramos mejorar la educación en la Ciudad, hay que hacerlo con toda la Argentina. Hay que replicar a la Metropolitana en toda la Argentina”. Después, bailó, al ritmo de esos vientos norteños y desideologizados que prometen el peor pasado. La batalla de los vientos continúa su curso. Ahora deberemos decidir cuál viento la gana para continuar escribiendo esta historia.

viernes, 24 de abril de 2015

Bromas de mal gusto



El extraño caso de los votos escamoteados en Santa Fe se ha convertido en un escándalo nacional. Difícil olvidar las promesas de Hermes Binner –líder en retirada de la fuerza gobernante de esa provincia- sobre el país normal y la transparencia. Menos mal que se bajó de la campaña a la presidencia cuando empezó a declinar su intención de votos sino, por este episodio, ya sería inexistente. Algo diferente a lo que ocurre con el FPV que, además de los logros transformadores que acumula en estos doce años de gobierno, deberá sumar el éxito obtenido con el Bonar 2024. Y la gira de Cristina por Rusia contribuye a desterrar para siempre el absurdo mito agorero del aislamiento del mundo.
En realidad, en las PASO santafesinas no hubo acciones fraudulentas, tan sólo una seguidilla de incidentes y torpezas. Imponderables extendidos, como la ausencia generalizada de las autoridades de mesa, por lo que tuvieron que ocupar ese inestimable lugar desprevenidos e inexpertos votantes. “Se hace camino al andar”, cantaba Antonio Machado, aunque las improvisaciones, en estos casos, no son tan bienvenidas. Torpezas de los inexpertos que confeccionaron mal el telegrama con los resultados, que confundieron columnas, que pusieron ceros donde había cifras más sustanciosas. Torpezas de los expertos que volcaron como totalidad la parcialidad recibida. A esta insólita cadena de desastres se sumó la premura de los ansiosos por festejar una contundente victoria que hasta ahora no es tal. Una cadena de calamidades que se sumará a los opacos antecedentes socialistas de la Invencible provincia.
 Más allá de todo esto, el proceso electoral en la bota deja un sabor ácido en los corazones. Algunos pensábamos que no se repetiría esa parodia política de 2011, cuando por unos minutos, Santa Fe tuvo a Miguel Del Sel como gobernador; que los votantes no volverían a bromear de manera tan macabra con las cosas importantes; que la buena onda, la sencillez y la honestidad no son suficientes para gobernar una provincia; que los furcios del candidato revelaban oscuros pensamientos. Pero a pesar de tener cuatro años para evaluar la decisión, otra vez el ex Midachi se dio el gusto de soñar que su impronta farandulera se instalaría en la Casa Gris y de agitar su cuerpo en un escenario junto a un cauto Macri y un desconcentrado Reutemann. Esa foto debería alcanzar para descartarlo.
Pero cuestionar al votante no es pertinente. O sí, pero no tanto. ¿Acaso los que eligieron a otros candidatos tenían en claro el porqué de su opción? La mayoría debe haber votado más por simpatías que por convicciones. O por antipatía, que es más o menos lo mismo, aunque más desagradable. En las semanas previas a la elección, no se percibía el clima. Los medios de comunicación locales no dieron espacio a los debates porque, en gran parte, son subsidiarios de los humores porteños. Algo que debe pasar en todas las provincias que viven pendientes de lo que pasa alrededor del obelisco y que conocen más a los candidatos a la jefatura de la CABA que los postulantes a los cargos distritales. Un desafío para desterrar el colonialismo unitario y profundizar la construcción de una verdadera cultura federal.
La búsqueda del origen
 No es exagerado decir que, a pesar del agua que ha pasado bajo el puente, la mirada de una minoría trata de imponerse a todos los habitantes del país. La realidad que se cuenta desde los medios dominantes malogra el ánimo de un número considerable de argentinos. Lo muy malo se inventa, lo apenas malo se exagera y lo bueno se tergiversa. No todo, por supuesto. Sólo aquello que tenga relación con Cristina y sus secuaces. Porque de la gerencia amarilla, por las dudas, no dicen nada de nada. Si contaran sobre las falencias, estropicios y andanzas de los funcionarios PRO, Mauricio Macri no tendría una imagen positiva tan inmerecida.
Pero, a pesar del estiércol que arrojan a diario sobre las mentes criollas, CFK será la primera ocupante de la Casa Rosada en terminar su mandato con una valoración considerable. Debería ser mayor, por supuesto, pero los prejuicios de una porción de ciudadanos se alimenta con las infamias mediáticas y el resultado es el cacerolero, un indignado perpetuo siempre dispuesto a regalar su vocinglera colaboración. Un militante exaltado por la negatividad que consume a diario, construida por los medios a los que se somete. Su rostro irritado y contraído es impermeable a los argumentos porque sólo está preparado para estar en contra, aunque no entienda bien por qué.
Durante todos estos años, una tropilla de periodistas, fabularios y analistas despliegan su profesionalismo e imaginación para convencer a ese público que padecemos el peor gobierno de nuestra historia en el peor país del mundo; que nadie nos quiere, que estamos aislados del mundo y que no tenemos crédito en ningún lado; que estamos peor que nunca en manos de una pandilla de corruptos; que a pocos pasos nos espera una crisis terminal por culpa del gasto público; que la inflación galopante que succiona nuestros bolsillos sólo puede detenerse con las recetas que nos condujeron a la ruina; que nos gobierna una dictadura que cercena la libertad de expresión; que la inseguridad es más grave que la de un país bombardeado; que todo es un desastre gracias a Cristina y si no estuviera ella estaríamos en el paraíso. Y, por supuesto, ese público cree en todo esto.
Estos individuos desdeñan a los impresentables militantes de La Cámpora porque se movilizan por un choripán. Ellos, en cambio, al ser más civilizados se alimentan con titulares televisivos. Si desde las pantallas afirman a cada rato que todo está muy mal, debe ser así. No van invertir tantas horas de TV, toneladas de tinta y montones de kilohercios para propagar falsedades. La suspicacia parece inteligencia cuando se combina con los prejuicios. Si los poderosos están disconformes, habrá que creerles, pues por algo llegaron a donde están.
Entonces, si desde esas usinas dicen todo esto será porque nada bueno se puede esperar de los kirchneristas, aunque hayan rescatado a nuestro país del pantano en que nos hundieron los que hoy se postulan como salvadores. Habrá que creer que nadie nos presta un centavo, a pesar del éxito del Bonar 2025 y de los créditos recibidos del BID y el Banco Mundial. Habrá que aceptar que nuestro país está aislado del mundo, aunque formemos parte de organismos regionales, multilaterales y globales; aunque nuestro comercio exterior se relacione con casi todos los continentes; a pesar de que seamos socios comerciales de gigantes como China, Rusia y Brasil. Habrá que aceptar lo del fin de ciclo que se acerca, aunque el proyecto nos enamore cada vez más y nos invite a soñar nuevos sueños. O serán Ellos, los que se acurrucan del lado más oscuro de la grieta, quienes deberán reconocer, de una vez por todas, que han estado siempre equivocados.

miércoles, 22 de abril de 2015

Más allá del ocaso de un héroe



Mientras algunos tiemblan ante la posibilidad de que Miguel del Sel se convierta en gobernador de Santa Fe, otros se resisten a abandonar el falaz heroísmo del fiscal Nisman. Todo lo oscuro parece teñirse de amarillo en estos tiempos. Así, los empates electorales se convierten en triunfo y los fracasos, en empates. Y lo que no es ni lo uno ni lo otro, mejor será silenciarlo. No sea cosa que, en verdad, el fin de ciclo tan anunciado se postergue por siempre y Argentina sea cada vez más K. Para disimular la lejanía, los medios hegemónicos continúan operando para desinformar al público colonizado, alimentar sus prejuicios y profundizar la grieta. Quizá por esto, la inauguración del Centro Cultural Kirchner se quedará sin los conciertos de Martha Argerich. Y muchas anomalías más con las que hemos aprendido a convivir, aunque ya es hora de que empecemos a corregirlas.
Ciertos personajes merecen un premio a la persistencia: hay que ser tozudo para seguir homenajeando a Nisman y reclamar justicia por su muerte. O muy malintencionado. Tal vez Santiago Kovadloff, Sergio Bergman, Nelson Castro, Alfredo Leuco y algunas estrellas más de la oposición tengan mucho tiempo libre para acampar en la puerta de los tribunales y evocar –con nostalgia- convocatorias más exitosas. Pero ya no engañan a nadie porque ni ellos creen en la telenovela que tejieron en torno a la figura del fiscal. Ni víctima ni héroe: un conspirador más y de prontuario bastante turbio.
Su famosa denuncia contra La Presidenta, Héctor Timerman y Andrés Larroque quedó sepultada por su inconsistencia. Los jueces María Servini de Cubría, Rodolfo Canicoba Corral, Ariel Lijo, Daniel Rafecas, Jorge Ballestero y Eduardo Freiler y el fiscal Javier De Luca rechazaron el mamotreto de Nisman por inexistencia de delito. No por falta de pruebas, sino porque no hay accionar criminal en el memorándum de entendimiento. Por más que se investigue durante años, la resolución será la misma. Sólo falta que los que vieron en esto la oportunidad de destituir a CFK reconozcan que la operación ha sido desmantelada; que fracasaron una vez más en sus intentos de pisotear la democracia.
Y no sólo la democracia intentaron pisotear: también quieren hacer lo mismo con la verdad. Si la denuncia es desechable, su asesinato se convierte en innecesario para el Gobierno. Al contrario, la sospecha en torno a su muerte aportó, por un tiempo, cierto valor a la imputación. Si hubo un homicidio no hay que buscar a los culpables en la Casa Rosada sino en los que hallaron en este episodio una macabra funcionalidad. Tanto reclamar justicia que al final los artificiales justicieros terminarán ajusticiados.
Operadores al desnudo
Como si recién arribara de un viaje espacial, hace unos días, Ricardo Lorenzetti aportó una mirada incomprensible sobre el caso. La máxima autoridad de la Justicia argentina, explicó en una entrevista radial: "no quiero juzgar a la fiscal –por Viviana Fein-. Sí creo que es un momento en el que deben tomarse definiciones concretas. Nos ha pasado en muchos casos que los homicidios no se resuelven o terminan en cuestiones subalternas, derivadas... Lo importante es evitar la frustración de la gente que reclama justicia". Ya había tomado una posición irresponsable al incluir, en un video ilustrativo del inicio del año electoral, una imagen del fiscal Nisman como una víctima más de nuestra historia, junto a los desaparecidos, los muertos del atentado a la AMIA, del “accidente” de Once y algunos casos más. Si más de un mes después de esa desafortunada presentación -que incluyó una mentira en relación a la embajada de Israel- sigue sosteniendo lo mismo, debería aclarar los motivos. Porque no es el kiosquero de la esquina sino el presidente de la Corte Suprema de Justicia.
Además, si para “evitar la frustración” de los que reclaman justicia hay que transformar un suicidio en un asesinato, extraño favor le hace a la búsqueda de la verdad. Salvo que sus últimas apariciones se encuadren en un aporte a la campaña electoral, algo que lo transformaría en un personaje no apto para su rol. Bajo su comandancia, el Supremo Tribunal se está descarriando: esa Corte que parecía de lujo se está convirtiendo en una deslucida tropa de cortesanos. Una anomalía que deberemos corregir en el futuro para que esa institución sea una garantía de Justicia y no una funcionalidad más de intereses minoritarios.
Por si algo faltaba para bajar del pedestal al fiscal denunciador, aparecen nuevas sospechas de sus oscuras relaciones. Jorge Elbaum, ex director ejecutivo de la DAIA, relató unos episodios que alinearían a Nisman, autoridades de la comunidad judía y periodistas hegemónicos con lobistas norteamericanos y el fondo buitre de Paul Singer. Un perverso nudo que trató de impedir cualquier acuerdo con Irán para dar un paso en la búsqueda de la verdad en el atentado a la sede de la AMIA. Cuando, a finales de 2012, Héctor Timerman presentó los puntos esenciales del memorándum con Irán, las autoridades de la DAIA manifestaron su conformidad porque “lo importante es la opinión de los familiares”. Pero en el mismo día, algunas llamadas telefónicas presionaron para modificar esa posición. Hasta Nisman dio un giro pues, si en un principio veía en el tratado bilateral la posibilidad de interrogar a sus sospechosos, unas semanas después empezó a pergeñar su denuncia por encubrimiento.
En realidad, el memorándum aparece como una excusa más de los buitres y su famosa AFTA –el grupo de choque contra nuestro país- para succionar nuestros recursos. Con mucho dinero, compraron aliados que se dicen argentinos pero no son más que cipayos. Periodistas, fiscales, políticos, jueces, economistas todos con un mismo color y objetivo: tan amarillos como los Simpson pero sin simpatía ni ternura y con el nefasto objetivo de desterrar al kirchnerismo para convertir a Argentina en el coto de caza de las fieras más angurrientas. ¿No será hora de que nosotros comencemos a exigir Justicia para deshacernos de esos personajes tan perniciosos?

La Inquisición Amarilla

Que la sesión vacacional del Congreso para resolver la expulsión de Julio De Vido formó parte de la campaña ya es más que evidente . ...