miércoles, 19 de febrero de 2014

Dramáticas postales de una región acosada


Parafraseando una célebre frase, “un pequeño paso para el hombre, un gran paso para la argentinidad”. En realidad, ninguno de los dos pasos ha sido tan pequeño. Ni el de la Luna –si es que se dio- ni la aplicación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. El de la Tierra, es el primer paso para reducir al más grandote, al más nocivo, al más ponzoñoso. A pesar de todas las pestes que arrojaron en el ambiente, el Gobierno logró que la ley se aplique y cuando se cumplan cinco años desde su aprobación, el monstruoso Grupo Clarín se convertirá en seis unidades independientes entre sí. Una memorable victoria de la democracia sobre una de las corporaciones que más ha condicionado las instituciones. Uno de los más notables triunfos de esta batalla simbólica –y no tanto- que deberá continuar hasta que todos comprendan cómo actuar en el país que estamos construyendo.
Y no hay dudas de que los grandes medios son los que más pisotean la libertad de expresión, con sus fotos trucadas, mentiras, manipulaciones y arengas destituyentes. Ningún gigante acepta ser gobernado por los pequeños. Pero la democracia es eso, el gobierno de los pequeños y si los gigantes no lo aceptan, deberán buscar otros horizontes. Nuevos vientos soplan en estas tierras, dispuestos a barrer con la inmundicia que nos ha dejado el neoliberalismo. Todavía falta mucho, pero ordenar el sistema de medios y acotar su poder de daño es un paso muy auspicioso 
Para los que no entiendan, una pequeña aclaración. Si uno de estos medios emite una crítica hacia el gobierno de turno, no lo hace por proteger a los ciudadanos, sino para resguardar los privilegios del sector al que representa. La inflación, los salarios, la pobreza, los haberes jubilatorios son sólo las excusas a las que apelan para crear el clima de malestar. Si en otros tiempos no han dudado en apoyar los ajustes que afectaron a gran parte de la población. Y esto no ocurrió hace dos siglos, sino a comienzos de éste. Si han sido cómplices y beneficiarios de la dictadura, ¿qué de bueno pueden aportar en democracia?
Porque si alguno lo duda, no les importa la forma de gobierno, siempre y cuando puedan gobernar desde las sombras para acrecentar sus arcas. Y cuando las autoridades no obedecen a sus caprichos –lo que ellos llaman diálogo y consenso-, no tienen reparos en pasar por encima. Los dramáticos hechos de la convulsionada Venezuela constituyen un nuevo capítulo de la desesperación de los que quieren retomar el control de la República Bolivariana. No para beneficiar al pueblo, sino para llenar sus bolsillos. La especulación con el precio de los productos básicos y las consignas golpistas que difunden los medios son las armas que esgrimen para socavar la legitimidad de un gobierno democrático.
Y, por supuesto, las mentiras. Las fotos que difundieron las agencias informativas y los principales medios, tomadas en momentos y geografías lejanas, ponen en evidencia que la verdad no es lo que persiguen. La ministra de Comunicación, Delcy Rodríguez, denunció estas anomalías: “hacemos un llamado a los medios nacionales, a los medios internacionales, a que no se presten para este tipo de actividades, porque estas manipulaciones arteras, bajas, están penalizadas, no solamente en la legislación nacional sino también en la legislación internacional”. El prejuicio aporta lo suyo para pintar a Maduro con los colores del autoritarismo. “Venezuela es víctima de bandas fascistas de derecha que buscan crear una crisis política que justifique un golpe de Estado, con una intervención gringa –explicó el Presidente caribeño- El guión de estos hechos fue escrito por quien paga y manda: el gobierno estadounidense”.
La antesala del infierno
Lo ocurrido en Venezuela es el tráiler de lo que están preparando para todos los países que han optado por gobiernos identificados con sus pueblos. Si cae uno, caerán todos. De ahí la importancia de sostener la estabilidad del país caribeño. Y en eso no debe haber dudas: no son buenos los que intentan recuperar el poder. De lograrlo, el retroceso será irreversible y la restauración del ideario neoliberal será cruenta. Venezuela, Bolivia, Ecuador, Brasil y Argentina son los blancos principales de los que nos quieren vencidos. Por eso no paran de intentarlo sin escatimar esfuerzos.
A fines del año pasado probaron en estas tierras. Como en Ecuador y Bolivia, las protestas policiales actuaron como fuerzas de choque, con el agregado de los tradicionales saqueos, infaltables a la hora de armar la escenografía del descontento social. El guión y la puesta en escena, se cocina en los grandes medios, cuyos periodistas alcanzan el orgasmo cuando presentan malas noticias. No dejarán de intentarlo para horadar los nuevos estados que se están construyendo. La angurria los guía y el caos los precede; se muestran como salvadores del desastre que ellos se encargan de instalar. Tretas ya ineficaces, por obvias, por reiteradas, por obscenas.
Los antojadizos y exorbitantes precios con que adornan las góndolas no sólo buscan incrementar las ganancias de los inescrupulosos. Tomar por asalto la billetera del ciudadano es la mejor manera que encuentran para desestabilizar la cotidianeidad. Nadie puede oponerse a que los empresarios ganen en función de sus inversiones, pero los porcentajes con que remarcan los productos alcanzan niveles escandalosos. Perdón, ya sobrepasa el escándalo para entrar en el terreno de la piratería. Aunque han ganado mucho en estos diez años, en tiempos de crisis es mucho más fácil. La ruleta financiera y la importación desenfrenada multiplican sus fortunas, aunque la mayoría de la población esté hundida en la pobreza. El proyecto K se está tornando intolerable para los rapaces. Porque los que más protestan –tanto en Venezuela, Argentina y en todos los países acosados por la rebelión- son los que más tienen. Y disfrazan su desprecio hacia los senderos populares con asépticos conceptos republicanos.
Como si vivieran en la más bestial dictadura, claman por la libertad, la democracia, la concordia. Como la heroína de un culebrón, lloran por la división que se ha instalado en la Patria. Como portadores del sentido común, cuestionan la ideologización de la vida. Como si fueran conquistadores, apelan a la violencia para imponer la pacificación. Cínicos, se muestran preocupados por el futuro y por eso quieren llevarnos al peor pasado.
Claro que no podrían instalar estas oscuras ideas sin la ponzoña inyectable y constante de los medios hegemónicos. Desde que comenzó el debate por la nueva ley de medios, allá en el lejano 2009, recrudecieron las operaciones para deslegitimar a casi todos los funcionarios del Gobierno Nacional. Explotando a los prejuicios de un sector del público, apelaron a sus más mugrosas argucias para convertir en mala noticia cualquier iniciativa oficial. Ahora que el monstruoso Grupo deberá adecuarse a la ley, algunos de sus voceros políticos están reclamando el retorno de un Estado neutral. No hace falta aclarar que la neutralidad, para ellos, no significa otra cosa más que la obediencia. El Estado ideal sería el servil, a falta de complicidad.
No, señores. Desde mayo de 2003 el Estado no es ni será neutral, sino todo lo contrario. Después de décadas de gobiernos consustanciados o sometidos a los intereses de una minoría por demás de enriquecida, ahora quieren un Estado neutral. Ahora, el país merece –necesita- un Estado comprometido con las mayorías y que contenga las dentelladas de las corporaciones. Un gobierno que impulse leyes para limitar las ganancias y disminuir el poder de daño de las grandes empresas. Un gobierno que reduzca la desigualdad con el aporte de los que más tienen, una forma justa de devolución del despojo que hemos padecido desde mediados de los setenta. Después de unas cuantas décadas de un Estado así, podemos sentarnos a conversar sobre esta tontería de la neutralidad.

1 comentario:

  1. Excelente artículo Gustavo,coincido Absolutamente con vos! Y ése Estado del q hablás "un Estado comprometido con las mayorías y que contenga las dentelladas de las corporaciones" ,es el q está Gobernando #Ella La Jefa

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