lunes, 30 de septiembre de 2013

Senderos tenebrosos



Un estudio incompleto sobre el ‘voto masoquista’
La semana pasada, dos exponentes de la política vernácula expelieron sendos exabruptos verbales de los que tuvieron que desdecirse. Uno es Mauricio Macri que, unos días después de declarar que éste era el gobierno más autoritario de los últimos 50 años, reconoció que La Presidenta “siempre que la llamo me atiende”. El otro es Hermes Binner que pidió disculpas por sus dichos sobre los migrantes en Rosario. Si bien resulta saludable reconocer los errores, en estos casos la cuestión es diferente. Lo importante es descubrir cuál es el error que cometieron estos dos personajes: ¿decir lo que dijeron o revelar su pensamiento? Lo que Binner comentó sobre los cordones de pobreza en Rosario ya lo había dicho varias veces cuando era gobernador. Por su parte, el Jefe de Gobierno de la CABA siempre ha considerado como autoritario a este gobierno y calificado como soberbia a CFK por su poca predisposición al diálogo. Entonces, ¿por qué se disculpan? ¿Por la sinceridad momentánea o por esconder lo que harían si alguna vez tienen en sus manos la conducción del país?
El Alcalde Amarillo también sostuvo que en los dos años que quedan para las elecciones de 2015 “hay que trabajar en conjunto, hay que dialogar y hay que cooperar” con el Gobierno Nacional. Extraño. Ante un régimen autoritario no se hacen estas cosas. Claro, en tiempos de la dictadura, la empresa que presidía obtuvo excelentes ganancias cooperando y dialogando con las autoridades de facto. En verdad, tratar de desentrañar los pensares del líder del PRO es como zambullirse en un mar colmado de tiburones después de consumir un coctel de alucinógenos. El bañista, no los escualos. Con su reducida verba y su poco iluminado intelecto, logra un inexplicable encanto, un poco decadente por la ineficiencia de su gestión. Así y todo, sabe esconder sus más oscuras intenciones con su pose de buen muchacho.
Lo de Binner es diferente. No se diferencia demasiado del ideario del Alcalde Amarillo, pero su figura de residente geriátrico consigue despertar una considerable adhesión. Sus yerros parecen justificarse por la senectud, aunque no sean yerros sino manifestaciones inoportunas de su subconsciente. Sin embargo, expresa un compendio de los lugares comunes que puede compartir con sus seguidores. El clima santafesino permite que un socialista sea tan conservador, a tal punto de sostener que las cosas pueden ir mejor evitando todo conflicto. Pavada de progresista que responsabiliza al pobre por su pobreza y no a los que más tienen, que son insaciables. Por estos y muchos motivos más, ambos personajes son peligrosos. Uno por ladino y el otro por tibio, prometen desequilibrar el país cuando todavía no está equilibrado. Uno seduce con su bestial cinismo y el otro engaña con su tierna fragilidad y su firmeza ética. A pesar de las diferencias de estilo, estos dos exponentes que aceleran los tiempos de cara a 2015 coinciden en que el país debe ser distinto al actual. Con uno o con otro, las cosas serán peor, aunque de ninguna manera lo digan. Sin dudas, conquistan a sus electores gracias al ocultamiento de lo que harían de ser gobierno, una artimaña muy común cuando se está en campaña.
Pero hay un caso que es muy curioso. El intendente de Tigre, Sergio Massa, rompe con todos los hábitos. Mucho tiempo después de haber sido elegido como presidente, Carlos Menem confesó que si decía lo que iba a hacer durante su gobierno, nadie lo hubiera votado. Sinceridad tardía, después de haber prometido “la revolución productiva” y el “salariazo”, que jamás llegaron. Todo lo contrario fue lo que hizo el infame riojano y en diez años dejó al país servido en bandeja para un suculento festín, que los caníbales financieros no desaprovecharon. Ese nefasto personaje prometió a sus futuros votantes lo que sabía que no iba a cumplir y no por imposibilidades coyunturales, sino porque no tenía intenciones de hacerlo. Macri y Binner se encuadran en este estilo.
Y aquí entra Massa, que expone sus intenciones sin engaño alguno y, a pesar de eso, lidera las preferencias de los bonaerenses. El doctor Frankenstein del  amorfo Frente Renovador conquista a su público prometiendo la eliminación de muchas medidas de inclusión. En verdad, difícil comprender que convenza a gran parte de los votantes, porque su arsenal discursivo está más cargado de amenazas que de otra cosa. En sus distintas apariciones, ya se ha mostrado a favor de re-privatizar el fútbol y volver al régimen de capitalización jubilatoria, sistema que sirvió más para enriquecer a los especuladores, cabe recordar. Aunque enfatizó que no tocaría la AUH, manifiesta su oposición al reparto de las netbooks a los estudiantes y docentes. Ahora, no cuando dos años atrás se repartieron en la ciudad que gobierna. Que se sepa, ningún candidato ha ganado elecciones asegurando que los ciudadanos estarán peor con él. Nadie elige como amigo a quien promete traicionar.
El autor de estos apuntes cree oportuno hacer una aclaración por demás de pueril, pero que parece necesaria. Después de las PASO, algunas encuestas en boca de urna revelaron que un porcentaje no desdeñable de votantes había optado por Sergio Massa pensando que era un candidato de Cristina. Para esos distraídos, confundidos o manipulados: ¡MASSA NO ES CANDIDATO DE CRISTINA!, sino todo lo contrario. El tigrense es representante del Poder Fáctico, de las corporaciones, de los angurrientos. Y si su pose parece la de un aspirante a presidente y no de un diputado es porque sueña con eso. No él, sino los que lo empujan, que son los que quieren retornar a gobernar desde las sombras. Como candidato, Massa no apela al engaño. Cada uno de sus discursos y declaraciones conforman un manual de instrucciones cargado de advertencias y contraindicaciones. Como si detrás de sus palabras, el otro yo confesara: “si sos beneficiario de este modelo, si estás mejor que diez años atrás, si querés seguir progresando en un país pujante, no me votes”.
Ya lo sabemos. Los medios con hegemonía que parecía en decadencia pero ya no tanto apelan a sus consabidas artimañas para convertir a un adefesio en una belleza. O viceversa, de acuerdo a los vaivenes de la gula. Entonces, muestran lo mejor de Massa y esconden lo peor. Difícil explicar cómo hacen para que siempre aparezca en tapa si, dejando de lado sus conceptos de autoayuda, no dice nada bueno que pueda destacarse. Ya sabemos que utilizan estrategias manipuladoras tan apolilladas que nadie pensaba que podrían dar resultado. Y que pueden criticar las calzas de Cristina hasta el hartazgo, pero si Massa apareciera en calzas lo elogiarían hasta el empalago. No es que sean astutos en sus estrategias comunicativas: son insistentes y poderosos. Ya sabemos que como están exentos de cumplir con la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual continúan siendo un monstruo inadmisible. También sabemos que constituyen una nefasta cadena de medios que pisotea el derecho a la información seria y responsable.
Lo que no sabemos es por qué vota la gente. O mejor dicho, con qué intención vota; qué mensaje envía a la dirigencia ¿Un castigo? ¿Una advertencia? ¿Una presión? ¿Extorsión, tal vez? Nunca se vota premiando un proyecto de país que nos ha sacado de la ciénaga más profunda y pestilente de nuestra historia. Al contrario, se vota en contra de la construcción del sueño de un país pujante y para todos. No se entiende: como si buscáramos el castigo por haber disfrutado por primera vez en mucho tiempo de un atisbo de bonanza; como si ya hubiéramos alcanzado el máximo de bienestar deseable; como si quisiéramos volver al abismo para añorar tiempos mejores y tener verdaderos motivos para quejarnos, en lugar de blandir excusas. ¿Qué nombre usar para un voto así? ¿El voto masoquista?

viernes, 27 de septiembre de 2013

Confusiones electorales



Agradecidos vs mal nacidos
El fin de semana pasado apareció el espécimen político más extraño del que se pueda dar cuenta en nuestro país. Decir político es demasiado, aunque fue por dos veces gobernador de Santa Fe y permanece atornillado a una banca de senador sin producir demasiado. En realidad, es más empresario que parlamentario. Parco, escueto y sigiloso, cuando Reutemann irrumpe en la escena provoca un poco de oleaje. Nadie sabe por qué, pero muchos reverencian su figura como si fuera una deidad. Detrás de él no hay política, sino rosca y de la peor especie. Siempre surge desde las sombras en momentos electorales y sólo para producir daño. Y algunos se acicalan las pestañas para destinar una caidita de ojos. La sinuosa Roxana Latorre ya se lo imagina como vice de Massa. El candidato a diputado Jorge Obeid le dedicó algunas sonrisitas. ¿Qué le ven a un personaje tan insípido? ¿Qué le encuentran de atractivo a alguien tan siniestro? Sin embargo, con su media sonrisa indescifrable baja y sube pulgares como un emperador de la Antigua Roma. Mantiene intacto un prestigio inexplicable y muchos bailan a su silencioso ritmo. Su encuentro con el intendente de Tigre y los destituyentes angurrientos del campo agitó fantasmas que creíamos desterrados.
Para los kirchneristas santafesinos cuesta digerir a Obeid como candidato. Más aún cuando manifiesta tan poco, como si estuviera cavilando dónde alinearse en el futuro. Y esto hace que muchos tengan dudas. No será la primera vez ni la última que alguien conquista una banca por un partido y una vez asumido, se pasa al opuesto. El drenaje ocurrido en el oficialismo durante los oscuros tiempos de la Rebelión de los Estancieros es una experiencia lastimosa que debería llamar a la reflexión. Y una pregunta cabe a esta altura del apunte: ¿a quién pertenece una banca conquistada, al partido o al candidato? ¿No sería más sano que si un diputado deja de tener coincidencias con la agrupación, renuncie a la banca? Eso permitiría que la identificación partidaria sea más un compromiso que una simple especulación.
Pero las mutaciones pueden ser contagiosas y en momentos tan cruciales como los que vivimos, amenaza con convertirse en epidemia. Algunos tratan de minimizar la importancia de las elecciones que se vienen, incluso los que simpatizan con el proyecto de país en curso. Sin embargo, que los candidatos de La Presidenta obtengan números más significativos en octubre puede facilitar el tránsito hacia 2015 y, seguramente, la continuidad de este camino. La reconstrucción no ha terminado y el derrumbe de las PASO puede provocar su interrupción. Y eso sería un retroceso enorme. Si en agosto el kirchnerismo hubiera conquistado un 40 por ciento a nivel nacional, muchos ninguneos, amenazas y humillaciones no se hubieran producido. Los Supremos habrían apurado el  fallo sobre la LSCA de manera favorable, en lugar de retener la pelota para patearla hacia el lado del triunfador. Y los especuladores del campo no esconderían sus productos para forzar una devaluación. Y Reutemann no habría asomado el hocico de su madriguera. Como expresó un incalificable periodista rosarino en un canal porteño: el aroma a cadáver hace excitar a los carroñeros. Y muchos votantes facilitaron que estos personajes siniestros se envalentonen.
Mauricio Macri, fiel a su inconsistencia intelectual, calificó al Gobierno Nacional como el “más autoritario de los últimos cincuenta años”. Una estupidez que ni él cree pero le permite posicionarse como el más opositor de los opositores. Y ganar unos centímetros de fama. No es necesario aclarar que en medio siglo hubo gobiernos autoritarios en serio. Basta mencionar la última dictadura para desmoronar la sandez verbal del Alcalde Amarillo. En estos casos, la subjetividad produce una distorsión conceptual. La opinión corrompe el concepto. Uno puede observar una taza y decir si le gusta o no, si le parece linda o fea. Lo que no puede afirmar es que sea un plato. No vale la aclaración “bueno, para mí es un plato”, porque la convención lingüística define ese objeto como taza. En el caso concreto del dudoso ingeniero, denuncia como autoritario un gobierno que no lo es. Y a partir de ahí, nada de lo que diga puede tomarse en serio, sobre todo porque se considera como un extraterrestre que viene a salvar la tierra de una catástrofe inevitable.
Otro salvador del apocalipsis es Sergio Massa que, como su par de la CABA, aspira a interrumpir la recuperación del país con la restauración conservadora afirmando, paradójicamente, que es portador de lo nuevo. El intendente de Tigre, creador del monstruoso Frente Renovador, salió a cuestionar cosas que antes ponderaba. Medidas de inclusión que, cuando no era anti-K, beneficiaron al territorio que comanda. Indudable que cada vez más se muestra como es. Si continúa liderando las preferencias es porque el electorado bonaerense se ha dejado convencer por alguien que de un plumazo borraría las conquistas logradas en estos años. Egoísta sería quien con su netbook en las manos, impida con su voto que otro la consiga. Ingrato quien dé la espalda al modelo que permitió alcanzar un poco de bienestar.
Y en este punto, un argentino del mal llamado interior necesita manifestar su enojo. No es exagerado afirmar que el 60 por ciento de los recursos se destinan a contentar al 40 por ciento de la población que se amontona en la provincia de Buenos Aires. Un porcentaje similar de las inauguraciones, obras, iniciativas se destinan al mismo territorio. A pesar de eso, los candidatos opositores al kirchnerismo, en conjunto, conquistan a gran parte del electorado. ¿Qué les pasa? ¿Encima que reciben una porción mayor de los recursos votan en contra? No parecen merecedores de tantas atenciones. Quizá por esto los números hayan sido escuetos también en gran parte del país. La idea con un poco más de claridad: por concentrar los esfuerzos en un solo territorio, han descuidado un poco al resto. Y esto no quiere decir que no se hayan hecho cosas en las provincias, pero la desproporción duele. Y duele también tanta ingratitud. Porque además de recibir mucho, con su voto exigen más. Y con el riesgo de perder todo.
Para mejorar los números, CFK ha decidido conceder entrevistas para que sea su palabra la que llegue, sin intermediarios ni manipuladores, a quienes deben escucharla. Los ciudadanos son los que votan. Los individuos eligen la claudicación y el sometimiento. Tanto Néstor como Cristina han sido los presidentes más federales desde el retorno a la democracia, pero a veces se han dejado tentar por la tracción unitaria. Que La Presidenta empiece a recorrer más las provincias puede garantizar una recuperación numérica. Como decía algún abuelo, es de bien nacido ser agradecido. Entonces, los ingratos pueden ser considerados, sin dudas, como mal nacidos. Que los bonaerenses hagan lo que quieran, aunque después todos debamos pagar las consecuencias.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Un progresista que asusta

Binner y la inmigración descontrolada

Aunque no lo merezca, el socialista Hermes Binner encabeza las preferencias electorales en Santa Fe. Poco hábil, cuestiona a viejos dirigentes como si él no lo fuera. Soberbio sin fundamento, pretende ocupar un sitial crítico como si recién llegara a la vida. Cínico, realiza declaraciones sobre la desigualdad en Rosario con los mismos argumentos que los más derechosos políticos del país. Algo así como que la pobreza es un error de los pobres que no saben cómo combatirla. Y, por supuesto, la culpa de todo la tiene Cristina. Vale aclarar que las migraciones desde otras provincias hacia Rosario no comenzaron ayer, sino a mediados de los ochenta, al menos de manera masiva. Hace más de 20 años que comenzó a formarse el llamado Barrio Toba. Y Binner era intendente de la ciudad cuando las villas de emergencia crecían de manera alarmante. En los noventa, muchas de ellas presentaban un cartel que decía: Bienvenida Clase Media. Y como un dato más que da por tierra con otra de las inconsistencias del ex anestesista, de acuerdo a los datos del último censo, la población rosarina no ha tenido un incremento significativo desde 2001. Otro dato: el socialismo gobierna la ciudad desde hace 18 años y nada socialista se ha hecho en el territorio. Sólo una hermosa decoración que oculta una desigualdad que ni él ni sus herederos se preocuparon por combatir.
Ah, claro: también es culpa de Cristina el crecimiento de la producción sojera. Cabe preguntar si él, que apoyó sin tapujos la rebelión de los estancieros, sería capaz de aceptar medidas gubernamentales que tiendan a poner límites a esa explotación tan destructiva, tan angurrienta, tan endémica. No hace falta dedicar una sola neurona a resolver este enigma. En todo caso, habría que preguntar si tiene algún proyecto en ese sentido. Binner sostiene que las cosas pueden cambiar sin generar conflictos. Una concepción absurda de la política que parece conquistar los corazones de gran parte del electorado. Cambiar las cosas sin que nadie se enoje es un imposible.
Si estas ideas provienen de alguien que se dice progresista, la cosa es grave. Pero es recurrente. En 2008, cuando gobernaba la provincia, también vomitaba conceptos semejantes. En aquellos tiempos, durante un congreso de Economía organizado por la Fundación Libertad, Binner había afirmado que "se ve en las ciudades de Rosario y Santa Fe como están creciendo las villas miserias. Es notable la cantidad de argentinos procedentes del Chaco que viene a Santa Fe, y esto indudablemente genera un problema social no sustentable en la provincia de Santa Fe”. Que un socialista exponga en un congreso organizado por la derecha económica más rancia ya provoca sorpresa. Ahora, que sus dichos estén en coincidencia con la ideología de los convocantes, da por tierra con su disfraz progresista. Lo único que progresa en su ideario son las lágrimas. Si de cocodrilo o de impotencia, el tiempo lo dirá.
Los dichos de Binner se parecen a los del Jefe de Gobierno porteño en los tiempos del conflicto con el Parque Indoamericano. Macri había escandalizado a la sociedad –o al menos a una parte importante- al decir que la culpa de todo la tenía la inmigración descontrolada. Una barbaridad verbal producida por un exponente de la política más clasista. Que Binner se exprese en términos similares, más que colorado, debería ponerlo tan amarillo como la fuerza que gobierna la CABA.
Los escenarios ideales no existen y la función de los políticos es actuar sobre las situaciones reales. Nuestra Constitución favorece el libre tránsito por todo el territorio de ciudadanos nacionales y extranjeros que busquen mejores oportunidades de vida. El objetivo de un gobernante, entonces, debe ser brindar esas oportunidades. O al menos intentarlo. Más aún, en una provincia que tiene una potencialidad que la sitúa entre las más beneficiadas del país. Esto no quiere decir que debe hacerse cargo del déficit de gestión de las provincias limítrofes. Pero si Santa Fe es elegida como destino, algo de orgullo debería sentir.
La Presidenta lo ha dicho desde siempre: la mejor manera de disminuir las migraciones internas es brindar desarrollo económico en origen. Por supuesto, la explotación sojera no aporta nada, sino todo lo contrario. Ese debe ser el papel de todos los gobernadores: enfrentarse a los angurrientos locales que ven en el poroto la manera más simple de multiplicar su riqueza. Pero esto no puede quedar sólo en manos del Gobierno Nacional. Un poco de creatividad y compromiso viene bien para seguir avanzando.
Nunca hay que olvidar que la pobreza no es una enfermedad, sino un resultado. La desigualdad se combate achicando la brecha y mientras los de abajo ascienden, los de arriba deben descender un poquito. Eso es inevitable. Si los que más tienen quieren tener mucho más, la pobreza es una consecuencia segura. Renunciar a sus angurrias desmedidas podría ser un gesto patriótico. Una enseñanza de estos años: sólo el Estado comprometido con los que menos tienen puede garantizar la equidad. Y el Estado es mucho más que CFK. Gobernadores, Intendentes, Diputados y Senadores también conforman el Estado. Y la obligación de todos ellos no es colgarse de las calzas de Cristina, sino convertir este país rico pero desigual en una Nación que nos albergue a todos. Y los que se dicen progresistas, que traten de parecerlo. Al menos de vez en cuando.

lunes, 23 de septiembre de 2013

Objetivo: el cuerpo presidencial



Cuando pegan donde más duele es porque están desesperados. No hay ni va a haber tregua en los azotes. Lo que más quieren es desterrar al kirchnerismo. Cegados por la gula, arremeten a todo o nada, matar o morir. Ya no intentan ser veraces; ni siquiera coherentes. Hoy afirman lo que ayer negaban. Mañana importará lo que hoy es desechable. El miércoles será malo quien el domingo era buenísimo. Lo que dicen que sería beneficioso, antes era perjudicial. O viceversa. Todo así, enloquecedor, ciclotímico, caprichoso. El mundo de los medios hegemónicos: tan independientes que todos dicen lo mismo sobre lo mismo al unísono. Un coro de voces destempladas dirigido por una siniestra batuta. Ahora son los custodios de los datos genéticos, los encargados de contar y recontar desaparecidos, los facultados para custodiar una memoria que siempre han pisoteado. Apuntan a los cuerpos, sobre todo al de La Presidenta. Las balas de tinta se dirigen a ese cuerpo. El veneno que destilan anhela recorrer ese cuerpo. El deseo se convierte en odio, que podría ser amor si Cristina no fuera tan K.
Ellos apuntan al cuerpo porque es lo que La Presidenta pone a cada paso. Porque es con su cuerpo como defiende este proyecto. Hay otros, por supuesto, pero el de Ella es el blanco principal. Aunque disparen hacia otros, después de los rebotes, llegan a su cuerpo. Porque es mujer y, encima, K. Hay otras mujeres K, pero Ella las simboliza a todas. Por eso, Chiche Duhalde cuestiona la capacidad de las mujeres para ocupar cargos políticos. Por eso, una periodista dijo que le daba vergüenza de género. Si apuntan al cuerpo es porque contra las ideas no pueden. Por eso hablan del disfraz de viuda, de las carteras y de las calzas. Y si insisten con eso es porque en cierta forma les da resultado. Porque no es crítica fijarse en las calzas para ocultar el hecho. En esta mirada criticona se enganchan los criticones, los prejuiciosos que nunca entienden pero reaccionan en contra por las dudas.
En la segunda parte de la entrevista que CFK concedió a la TV Pública, algo de eso se puede advertir. Allí La Presidenta habló de su familia, sobre todo de Florencia. No es la primera vez que un personaje público aborda cuestiones personales ni será la última. Sin dudas, es una forma de mostrar que es de carne y hueso, como todos. Sin embargo, hay diferencias.  Una cosa es contar una anécdota de catálogo, superficial y sin anclaje político y otra, todo lo contrario. Sin exagerar, las historias de Cristina tienen cuerpo, historia, emoción. Las de Mauricio, Sergio, Gabriela y muchos más son superficiales, burocráticas, estratégicas. Todo lo que hacen tiene como objetivo esconder la carnadura, como un camuflaje que disimula lo peor de sí. CFK, en cambio, no puede esquivar la política, porque de cada uno de sus poros exuda política, así hable de una receta de cocina.
Lejos de mostrarse asustada por los números de las PASO, estaba entusiasmada. Revertir los resultados de cara a octubre parece más un desafío que un obstáculo insalvable. Y no será el único que se presente en este fatigoso tránsito hacia el país soñado. Un poco resignada, aunque no menos enojada, La Presidenta se refirió a las barbaridades verbales dirigidas a ella, no sólo ahora, sino cuando estaba embarazada de Florencia. Lo más insultante que se le puede decir a una mujer; lo más humillante que se puede pensar de un varón. La denuncia como única forma de oponerse al que no se puede combatir con ideas. Cristina dio aviso de recibo de insultos como yegua o puta. Lo más bajo. Pero hay otros insultos que no parecen tales y que tal vez porten mayor gravedad.
Uno de ellos es ‘soberbia’. Con esa palabra se está diciendo mucho más de lo que parece. A los presidentes que tuvimos desde el retorno a la democracia se les ha dicho de todo, menos que eran soberbios. ¿Cuál es el problema que se le diga eso a CFK? De más está decir que eso tiene relación con su condición de mujer. Aunque parezca una crítica, es un insulto más. Ellos dicen que Cristina es soberbia porque no obedece no sólo como mujer, sino sobre todo como presidenta. Una mujer –para el ideario machista del Poder Fáctico- debe ser sumisa, recatada, discreta; obediente, callada, suave. Lo sentimos mucho, pero Cristina no es nada de eso. Cuando Ellos la acusan de soberbia están destacando sus principales valores. La fuerza está en su palabra corpórea, en su enfrentamiento permanente con los enemigos de las mayorías, en los principios que siempre están a la vista.
Principios que se transforman en acción. Porque si estamos como estamos es porque ha habido una voluntad transformadora, comprometida con las necesidades más elementales de la mayoría. Un círculo virtuoso, no rojo ni de ningún otro color. Un circuito que involucra la recuperación de la industria para garantizar trabajo y así reforzar el mercado interno a través del consumo. Simplificado, suena sencillo, pero en el medio está lo más controvertido: la sumisión de la economía a las necesidades del país. Lo que se conoce como intervención del Estado. Pero, el Estado siempre interviene. El conflicto surge cuando se piensa de qué manera actúa y en beneficio de quién. En los noventa, el Estado terciaba como cómplice de los sectores económicos más poderosos, en detrimento de la mayoría. Ahora, las cosas son un poco diferentes. No estamos atravesando una revolución socialista ni pedimos la cabeza de los cerdos capitalistas. Simplemente, que compartan lo que producimos entre todos. Nadie logra nada en soledad. Por más genio que se ostente, los triunfos son compartidos.
Como no pueden reconocer todo esto, como tratan de negar lo ocurrido en estos diez años de gobierno K, como no pueden contraponer una mejor manera de lograr un país para todos, apuntan al cuerpo. Al cuerpo de Ella, desde todos los flancos posibles. Y aunque suene dramático, muchos la están dejando sola. Muchos confabulan para dejarla expuesta. Otros se dejan llevar por los dicterios mediáticos de los carroñeros. Por más fuerte que sea, en soledad su cuerpo es tan frágil como el de cualquiera. Porque es un cuerpo que se nutre de un colectivo y sin eso muestra su más humana vulnerabilidad, por más Cristina que sea.

sábado, 21 de septiembre de 2013

En la batalla cultural, el empate es retroceso



Un poco estremecedor pensar que tanto la tragedia de Once como la de Castelar fueron más voluntarias que accidentales. Espeluznante que un motorman choque a propósito una formación repleta de pasajeros, que todo funcione bien menos la persona que maneja, que por mezquindad política algunos personajes siniestros planifiquen algo así. Que provoquen tanto dolor sólo para oponerse a un gobierno y que lleguen a ese extremo porque no encuentran argumentos. Hay que apurar los juicios correspondientes y llegar a los responsables porque un país no puede crecer con tanta oscuridad. Responsables y cómplices, que tratan de desviar el camino a la verdad, que confunden al ciudadano con las historietas de siempre. El primer choque, el de Once, se encuadró en la lógica de un Estado que abandona los servicios a la voracidad empresarial. Después de algo más de un año, el de Castelar parecía decir que, a pesar de los esfuerzos de gestión, nada podía corregir la ineficacia ferroviaria. Sin embargo, con las últimas pericias, la palabra sabotaje sugiere una lectura diferente, siniestra de ambos hechos.
Tan siniestro como Ceferino Reato haciendo cuentas sobre los desaparecidos desde las columnas de La Nación. Cínico, parte desde el dolor provocado por la última dictadura y termina hablando de plata. Porque eso es lo único que les importa a todos los que disparan estiércol desde los medios dominantes. Sólo quieren recuperar lo que antes manejaron a su antojo, no digamos desde el nacimiento de nuestro país, sino apenas un poquito después. Por plata desataron guerras, mataron inocentes, se aliaron con el imperio, dividieron en serio al país. Por plata pergeñaron asonadas, motines, asesinatos y golpes. Por plata mienten, engañan, conspiran, confunden. Siempre lo han hecho y lo quieren seguir haciendo. Un buen freno sería conveniente si queremos un país que, de verdad, sea para todos. Y no sólo un freno simbólico.
La ley de SCA es uno que todavía no pudo ver la luz plenamente. La protección judicial que desde hace casi cuatro años reciben ha logrado pisotear severamente la democracia. La sociedad merece una profunda autocrítica por parte de los jueces que han sido cómplices de semejante sabotaje institucional. Y no sólo con esto: la demora de los juicios por la apropiación de Papel Prensa con delitos de Lesa Humanidad también da rienda suelta a los propietarios de los medios más conspiradores. Pero no son los únicos exponentes del Poder Fáctico involucrados en crímenes atroces. Con una lentitud enloquecedora, avanzan las causas contra los empresarios que convirtieron listas negras en secuestros, torturas, asesinatos y desapariciones. Y Ceferino Reato quiere contar cuerpos y dinero en una laguna de sangre. No se puede ser tan servil. Un poco de pudor vendría bien, cuanto mucho.
Pero no lo tienen porque la ambición los desborda. Los números apenas favorables de las PASO aumentaron su perversidad y ya no tienen límites en los blancos que eligen. Todos los días demuestran su vileza. La ética no existe en su ideario: para reconquistar el escaso terreno perdido todo es válido. No sólo explotar la muerte para sembrar de miedo el escenario, sino también provocarla. Si son capaces de contratar a un kamikaze ferroviario también pueden armar bandas delictivas. Como ya no tienen fuerzas armadas a su servicio, necesitan inventarlas. Porque del caos sacan las ganancias. Con la ruina reproducen su fortuna. Con la miseria de la mayoría colman sus arcas. No es tan difícil de comprender.
Si para ellos todo está tan mal, es porque algunas cosas marchan bien, dicho esto con forzada modestia. Todo parece ser un desastre porque todavía tienen en sus manos la potencialidad de manejar los ánimos sociales. Con todos sus recursos, ocultan lo beneficioso y amplifican lo perjudicial. Se vanaglorian de una independencia que más parece indecencia. Abandonando todo principio, son capaces hasta de tergiversar la hora, si eso fuera lucrativo. Por ahora, han logrado inclinar las voluntades a su favor. El candidato impuesto desde la provincia de Buenos Aires está tan maquillado que logra ocultar su verdadero rostro y confundir a desprevenidos pobladores. Tan maquillado que todas las alimañas que se prenden de su cuerpo se presentan como inocentes y coloridas mariposas. Ansiosos por restaurar un pasado ominoso, más que un diputado parece que están ponderando a un monarca. Un candidato a diputado que ya actúa como si estuviese gobernando a todo el país. Y de la peor manera, vale aclarar.
Con todas sus tretas logran confundir hasta a los candidatos del kirchnerismo, que incorporan en su agenda asuntos que les son esquivos. Aunque la baja en la edad de imputabilidad pueda tener algunos resultados favorables, los menores inciden muy poco en los índices del delito. Quizá, al hacerlos enjuiciables dejarán de ser mano de obra de delincuentes organizados. Quizá, al reconocerles el derecho a una defensa pueda encontrarse a los verdaderos culpables. Y muchos otros ‘quizá’, pero la inseguridad no puede ser un tema de campaña. Más que una consigna, la seguridad debe ser una construcción. La inclusión en todas sus dimensiones posibles debe ser el camino para que los descarriados queden en evidencia.
Pero no está todo dicho. Como era de esperarse, el Gobierno Nacional está decidido a superar los números de las PASO. No sólo necesita tener una mayoría más cómoda en el Congreso para profundizar este proyecto de país, sino también lo merece. La ruta del dinero K se puede apreciar en las obras y emprendimientos que día a día se inauguran. Pero claro, si los medios con hegemonía en decadencia pero con inexplicable éxito para instalar candidatos se dedican a criticar las calzas de La Presidenta en vez de difundir el anuncio en sí, todo se dificulta. Sobre todo lo que se relaciona con la información que necesita un ciudadano para poder elegir. Parece mentira, pero las vetustas hipótesis sobre la manipulación mediática se verifican con la respuesta de gran parte del público a las operaciones que día a día presentan desde tapas, parlantes y pantallas. Para muchos, los discursos de CFK son insoportables, aunque nunca hayan escuchado uno completo: sólo los fragmentos malintencionados que se amplifican desde las usinas de estiércol. Hay que ser muy caído del catre para creer que todo está muy mal. Sin dudas, la batalla cultural todavía está en curso. Si en 2011 parecía ganada, por ahora hay un dudoso empate con amenaza de derrota. Sería sano considerar todo lo que perderíamos si se transforma en realidad.  

La Inquisición Amarilla

Que la sesión vacacional del Congreso para resolver la expulsión de Julio De Vido formó parte de la campaña ya es más que evidente . ...