viernes, 30 de agosto de 2013

En busca de la palabra perdida



Para Clarín que lo mira por TV
Mientras en la Corte se debate sobre el futuro de la democracia, Hugo Moyano deambula por vaya a saber dónde. Fiel a sus principios, corre hacia donde encuentra más posibilidades de mejorar su posicionamiento no-político. Por eso, en una entrevista radial puso en duda la continuidad de su acuerdo con Francisco de Narváez. Como nunca estuvo peleado con Massa, eso puede dar lugar a la construcción de una alternativa electoral a mediano plazo. Esto es todo: no pelearse es sinónimo de coincidir en un modelo de país. Este absurdo puede resultar positivo y tal vez perjudique un poco al Frente (no tan) Renovador del intendente de Tigre de cara a octubre. Nada más hay que decir sobre esta pequeñez que ocurre en el ciclotímico escenario electoral bonaerense. El resto del país tuvo su mirada en la tertulia organizada por los Supremos. Si pensaron que con esta audiencia enfriaban -una vez más- la discusión sobre la democratización de la palabra mediática, el resultado fue adverso. Esta puesta en escena permitió que la vigencia de la ley emergiera nuevamente en la opinión pública. Y, sobre todo, que quedaran expuestos los argumentos nunca escuchados de Clarín para resistir el cumplimiento de una norma legítimamente aprobada.
En líneas generales, la audiencia dejó sobre la mesa los dos modelos que desde hace un tiempo se enfrentan en nuestro país. El año pasado, en el famoso fallo no respetado ni por los que lo emitieron, la Corte dictaminó que el Grupo más que mediático no demostraba de qué manera la adecuación a la LSCA afectaba la libertad de expresión. Sin dudas, más parecía un consejo que una sentencia. En cierta forma, el Supremo Tribunal pedía a los abogados del Monopolio que elaboraran mejores argumentos para defender su posición. Casi un año y medio después, apenas lograron tartamudear algunas excusas. Una resolución contraria a la constitucionalidad sería más un acto de magia que de justicia. Para Ellos, la libertad de expresión es la supremacía del discurso único. Para Ellos, la democracia debe ser sólo una herramienta para gobernar desde las sombras. Para Ellos, el país debe estar sometido a los intereses de una minoría que se expresa, diariamente, a través de sus enloquecedores medios.
Sin exagerar, los abogados de Magneto parecían soldados de Cristina, por el poco esfuerzo que realizaron para fundamentar la lógica de los angurrientos. Si no asistieron preparados será porque pensaron que no iba a hacer falta demasiada solidez. Como si se movieran con familiaridad en un territorio amigo. O no pudieron defender la postura de Clarín porque no tienen nada para defender. O les avergüenza hacerlo. Tal vez por eso Damián Cassini estaba tan colorado. No es para menos. La libertad de expresión es un derecho pero ellos lo interpretan como un privilegio. Mientras más grandotes son, más derechos merecen tener. Y si disminuye su posición dominante, ven reducido su destructivo poder. La palabra, para Ellos, además de una mercancía, es una bala de tinta, como describió CFK. Y en eso basan su resistencia a la norma. Uno de los amicus de Clarín, Carlos Laplacette, de la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas, consideró que “limitar las licencias es censura”. Pero no conforme con semejante exabrupto, agregó que “el Congreso no puede regular a la prensa”. En primer lugar, el Estado tiene potestad para regular todo lo que ocurre en el país, pues para eso está. Para Laplacette no es censura absorber canales, liquidarlos, presionarlos, fundirlos ni nada de lo que ha hecho el Monstruo durante estas décadas.
Otro argumento expuesto por los representantes de Clarín estuvo a cargo de María Angélica Gelli, una de las abogadas defensoras de lo indefendible. Gelli destacó la importancia de que exista una voz crítica al Gobierno Nacional. Pero una cosa es que existan voces críticas y otra es que exista un mega-grupo enloquecedor que sólo está en contra de todo. La crítica, en todo caso, implica una lectura profunda de los hechos y una posterior evaluación con formato periodístico. En el caso de los medios de Clarín, ya tienen elaborados los textos antes de que se produzcan los hechos, lo cual es sumamente distorsivo. Y más que crítico, es criticón.
Pero esta abogada del diablo fue un poco más allá para resguardar el poderío mal habido. Los Supremos preguntaron qué pasa con los medios que no tienen los recursos suficientes para sostenerse. Entonces, en contra de todo lo que se dice desde las usinas de estiércol, Gelli mencionó el rol del Estado, que debe estimular la conformación de cooperativas a través de exenciones impositivas y subsidios. Y hasta llegó a sugerir que la pauta oficial debe distribuirse para garantizar el equilibrio. Demasiado cinismo ante los representantes máximos de la Justicia. Si hemos visto muchas veces a los sicarios mediáticos reclamar la pauta oficial, que representa muy poco en dinero pero mucho en símbolo. Pero además, lejos de mantener una conexión con la realidad, Gelli señaló que Clarín es el “único medio en condiciones de hacer periodismo de investigación, ya que el restante 80 por ciento vive de pauta”. Más allá de los absurdos porcentajes presentados, si con los recursos que tienen realizan las investigaciones que difunden, hay un desperdicio enorme.   
En síntesis, defienden su tamaño en detrimento de la libertad de expresión ajena. En las dos instancias de la Audiencia convocada por la Corte, sólo presentaron pruebas que les patean en contra. Ellos merecen mantener lo que tienen para ganar mucho más y ejercer con más efectividad el poder que hasta ahora ostentan. Para ellos, la libertad de expresión es su poder de presión. Esa libertad no es más que la hegemonía para imponer la sumisión a sus apetencias a través de un discurso único. Lo único que defienden es plata y poder.
Pero la comunicación debe ser una construcción colectiva, no corporativa. Horacio Verbitsky, del CELS, en su exposición del miércoles, subrayó que “además de las partes en este expediente, afuera hay un país”. Un país con ciudadanos que, gracias a la jugada de los Supremos, han recuperado el entusiasmo en esta lucha por la redistribución de la palabra. Un colectivo que conquista derechos mientras los individuos pierden privilegios. Gracias a esta puesta en escena, la ley vuelve a ganar la legitimidad horadada. Aunque los Miembros de la Corte esbocen un fallo salomónico, Clarín perdió su lugar porque su poder ya está cuestionado para siempre. Y si ganan, será con trampa. El Máximo Tribunal y los jueces inferiores perdieron su prestigio. Una vez terminado este indecoroso episodio, la democracia deberá considerar qué castigo impone a los cómplices que atentaron contra el respeto a las instituciones. Y debe ser ejemplar, para que no se repita.

miércoles, 28 de agosto de 2013

Divagaciones de miércoles



Las piezas en el tablero
Enojados por el uso de armas químicas en Siria, los Guardianes de la Paz arrojarán misiles con cargas ¿orgánicas, vegetarianas, vitamínicas? ¿O las bombas son menos nocivas porque las arrojan Ellos? Tal vez, en unos meses, después de haber destruido gran parte del país, reconocerán el reiterado error y pedirán las respectivas disculpas. En realidad, el Imperio considera armas químicas a todas aquéllas no fabricadas en su territorio. Alguna vez habrá que ponerles un freno. Ya está un poco gastada la jugada de bombardear un país para salvar a su población. Las bombas de los buenos son tan mortíferas como las de los malos. Ya nadie puede ocultar que una guerra no busca la paz, sino la ejecución de negocios multimillonarios. Las empresas que se encargan de la reconstrucción de los países son las mismas que se dedican a impulsar los conflictos. La periodista canadiense Naomí Klein lo denuncia claramente en su libro “La doctrina del shock” y en el documental homónimo, con una síntesis bien lograda. Para alcanzar la armonía en el planeta, debería abandonarse la fabricación de armas y reservar sólo un efectivo arsenal por si somos víctimas de una invasión extraterrestre.
Pero no son los únicos atentados que provienen del País del Norte. El viernes pasado, el fallo de la Cámara de apelaciones de Nueva York nos ofreció el mal trago de otorgar la razón al reclamo de los buitres. Una minoría carroñera que pretende obtener una ganancia de algo más del 1300 por ciento de lo invertido a costa de nuestro esfuerzo. Aunque algunos locales han justificado tan destructiva demanda, como el economista Carlos Melconián, la mayoría de los integrantes de la oposición ha manifestado su rechazo a la resolución de los jueces neoyorkinos. Casi sin fisuras, desde los bloques parlamentarios apoyarán la reapertura del canje para ofrecer una última carta de conciliación. Lo que duele es que los jueces yanquis digan que somos deudores recalcitrantes cuando nuestro país, en realidad, ha sido víctima del más desaforado saqueo. Desde 2003, hemos regalado más de 173 mil millones de dólares por una deuda contraída en un pasado comprometido con el beneficio de unos pocos. Unos pocos que todavía disfrutan de esa fortuna y claman por más endeudamiento para multiplicarla. Por eso dicen que estamos aislados del mundo, no podemos comprar dólares, nadie viene a invertir o no tenemos acceso al crédito. Una deuda que comienza a crecer después del Golpe y cuyas cifras fueron a parar a las arcas de particulares gracias a la bicicleta financiera y las posteriores estatizaciones de obligaciones privadas. Esas monstruosas cifras que pagamos entre todos favorecieron a unos pocos. Y todavía quieren más.
Si los exponentes de la oposición han asumido con responsabilidad todo lo relacionado con la deuda, no ha sido de la misma manera en otros temas que involucran la defensa de los intereses nacionales. Con recordar los dichos respecto a la soberanía en Malvinas o las reacciones sobre el secuestro de La Fragata, alcanza. Pero sobra con YPF y Aerolíneas Argentinas. Dos cosas que duelen a la oposición mediática y política: la petrolera nacional en manos del Estado y la recuperación de la línea aérea de bandera. No saben cómo arremeter contra esas conquistas. Lo de las AFJP duele mucho más, pero no pueden manifestarlo abiertamente. Algún candidato del establishment realiza veladas menciones al tema, pero sin demasiado énfasis. Como para conformar a los patrocinadores, nada más.
Cuando leemos algún titular relacionado con energía, detectamos en el fondo un feroz ataque a la petrolera recuperada. Cualquier noticia que mencione viajes aéreos, conflictos gremiales, retrasos, turistas varados, vómitos o cualquier episodio menor que tenga como escenario un aeropuerto apuntará a denunciar a los acomodados de La Cámpora que juegan con avioncitos. Cuando hay plata de por medio, no hay bandera que valga y se posicionan al lado del privado. Y si es grandote y extranjero, mejor. Parecen botineras cuando el conflicto involucra a una empresa transnacional. Con el episodio de LAN, apelaron al más elaborado maquillaje y hasta lograron movilizar a las tropas sindicales. Y los jueces, por supuesto, que siempre están dispuestos a gobernar desde sus sacrosantos estrados. Aunque no se hayan enterado, el Poder Judicial también forma parte del Estado y debe protegerlo de la feroz rapiña de los particulares.
Lo contrario sería casi todo lo que han hecho algunos jueces para resguardar al Grupo Clarín de la aplicación de la LSCA. En el aniversario del diario que le ha dado el nombre a tan monstruosa corporación, la Corte Suprema de Justicia comienza el último capítulo de esta incongruente trama. Con una puesta en escena propia de una superproducción, los jueces quieren escuchar argumentos, como si no hubieran bastado estos cuatro años de pisoteo a una norma democrática. Como si no alcanzara el debate parlamentario ni los proyectos y discusiones que comenzaron una vez retirada la dictadura. Como si esta historia empezara recién hoy. Como si los Supremos viviesen en un frasco de mayonesa, sin enterarse de los perjuicios que provoca la desencajada posición dominante del Grupo más que mediático. Como si no conocieran el accionar de la corporación para obtener concesiones de presidentes debilitados por media docena de tapas. Como si no supieran que a los directivos de esta mega empresa les importa medio pepino la justicia, la democracia o el país mientras puedan multiplicar sus fortunas. Como si no sospecharan que, de no someterse a los antojos de estos carroñeros, también pueden ser descartables. De estas siete personas depende que la balanza se equilibre o que se malogre para siempre.
Tanto suspenso dificulta la lectura. Demasiado drama para arribar a un final. Que suenen las fanfarrias porque La Presidenta ha aniquilado uno de los principales argumentos de la campaña opositora. Con las modificaciones aplicadas al impuesto a las ganancias dejó a muchos con la boca abierta… o cerrada, depende de cómo se utilice la metáfora. Un tributo nacido en 1933 como impuesto al rédito que alcanzaba a pocos, porque la mayoría estaba en el último escalón antes del subsuelo. Ochenta años después, son muchos más los que están en condiciones de aportar. Un logro, pero también un conflicto. Ahora, los trabajadores que cobren menos de 15 mil pesos tendrán más dinero en su bolsillo. Una cifra considerable que se volcará al mercado interno para favorecer el crecimiento o para engrosar los bolsillos de los vivos que ansían apropiarse de esas sumas con un incremento de los precios. Hay que estar atentos a cualquier avivada y sancionar a los que siempre especulan.
Como era de esperarse, CFK reaccionó ante los magros números de agosto con más acción. Lejos de lo que muchos deseaban, la convocatoria al diálogo no fue un signo de debilidad, sino todo lo contrario. Para seguir adelante y conquistar otra década los números de octubre no deben dejar dudas de cuál es el modelo que apoya la mayoría de los argentinos. Ahora vendrán nuevas reformas tributarias y hasta es posible que el IVA sea desterrado de algunos productos. No habrá ajuste, como auspiciaban los agoreros. El proyecto sigue en marcha con el nuevo desafío de conquistar aquellas voluntades confundidas por las falsas promesas de unión y armonía, de choricitos amigables y ondas de amor y paz. Dos meses nos separan de la contienda definitiva. Los opuestos siguen en pie: o gobiernan las corporaciones desde sus siniestras oficinas o el pueblo a través de sus representantes.

lunes, 26 de agosto de 2013

Bromas de mal gusto



Sobre votos y convicciones
A las bromas macabras de jueces y Supremos deben sumarse las de los votantes. El consultor Manuel Mora y Araujo presentó una encuesta de alcance nacional que revela que el 61 por ciento de los argentinos “aprueba los diez años de gestión” que comenzó en 2003 con Néstor Kirchner. Un 30 por ciento más de lo que sacó el FPV en las primarias. De no creerse. ¿Puede haber alguien que no comprenda que la aprobación debe manifestarse con el voto? Tal vez calan hondo esas falsas verdades de la alternancia o del castigo para que se esfuercen más. Si en la CABA el proyecto K tiene una aprobación del 56 por ciento, ¿por qué seguirá conquistando voluntades el menguante PRO? Difícil comprender los vericuetos de la mente humana. ¿O será que a los argentinos nos gusta sufrir y por eso no soportamos el bienestar que vamos conquistando gradualmente? Quizá nos complace añorar las buenas cosas cuando alguien nos las arrebata. O peor aún: tal vez sabemos elegir con precisión quiénes serán los arrebatadores. Por primera vez en mucho tiempo recorremos un camino que nos conducirá al país soñado y, sin embargo, parece que muchos se dejan seducir por el atajo hacia el peor pasado. O abundarán los bromistas.
Lo que nada tiene de broma es la arremetida del Grupo Clarín y sus satélites. Ya no saben qué pescado podrido tirar. Enojados por no encontrarse entre Los Titulares convocados por Cristina, tratan de arrojar la mayor cantidad de estiércol posible para poblar el ambiente de pestilencias. Desde hace dos semanas festejan porque sienten que han conquistado el país; han transformado su accionar desinformativo en votos caceroleros y eso los mantiene en éxtasis. Con sus alfiles y todos los peones avanzan para capturar a la reina, o, cuanto mucho, expulsarla del tablero. Pero de tan ansiosos que están, se vuelven torpes, atolondrados, desencajados. De tan obvios, se tornan pornográficos. A pesar de tanta obscenidad, algunos individuos siguen confiando en tan emperrados libelos. Alguno dirá por allí: estamos aislados del mundo y Ella afirma que estamos mejor que en Australia y Canadá. O sino: echamos a Lan de Argentina.
Por supuesto, todo lo que hacen no tiene un fin elevado. Lejos de conformar un público cada vez más informado y apto para tomar decisiones, idiotizan al individuo hasta la alienación. Los tonos de voz resaltan los nombres demonizados como si de un cuentito de hadas y brujas se tratara. Y lo que guía con ardor cada uno de sus pasos es señalar que todo lo que piensa, dice y hace La Presidenta y sus funcionarios está absolutamente mal. Después del discurso de Río Gallegos, no buscaron analizar los pormenores de una reunión histórica que involucraba por primera vez a los principales actores de la economía. No, claro, tomaron un solo momento y lo ridiculizaron hasta el absurdo. Hasta el inconsistente Jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, mostró una vez su inconsistencia al cuestionar la comparación de números entre Australia, Canadá y Argentina. Y, como siempre, aclaró no haber escuchado la totalidad del discurso. ¿Para qué, si con el resumen digerido presentado por los titulares alcanza y sobra para dibujar su irracional desacuerdo? Jamás escucha lo que dice La Presidenta, pero es el primero en salir a cuestionar sus dichos.
Y ostenta una impunidad verbal que avergüenza. Tal vez entusiasmado por unos números que no lo benefician demasiado, se sumó a la arremetida por el caso del hangar de Lan. Y en medio de su incontenible verborragia negadora, afirmó que Aerolíneas Argentinas está en su peor momento. No se sabe por qué, pero dice lo que se le antoja, demostrando una absoluta ignorancia sobre cualquier cosa sobre la que opina. Eso sí, con abundancia de prejuicios y mucho desprecio. Estos cuestionamientos vertidos sobre las coletillas de Macri no vulneran para nada la libertad de expresión ni buscan censurar a nadie. Sí buscan resaltar que toda libertad exige cierta responsabilidad, sobre todo cuando quien habla ocupa un cargo de importancia representativa y aspira a más.
Más allá de todas estas lamentables escenas, La Presidenta sale a aclarar, aunque sabe que de poco servirá. Unos seguirán tergiversando y los otros malentendiendo. “Australia y Canadá son países que integran el G-20” explicó vía twitter y Argentina forma parte de ese organismo. Y, por si hiciera falta, comentó que “comparar no significa igualar”. La comparación es un recurso retórico que sirve para reforzar un argumento. Como le pareció imprudente una analogía con los países europeos que están padeciendo los efectos de la angurria financiera, la realizó con dos naciones que parecen lejanas de la agenda informativa. Y sólo utilizó algunas variables para desterrar los mitos que aparecen con forma de titulares respecto a nuestras reservas, la balanza comercial y el crecimiento. Más allá de los esfuerzos para que las palabras lleguen sin distorsiones a los ciudadanos, los individuos creerán cualquier cosa que difundan los alimentadores de prejuicios habituales.
Desde el miércoles 14 de agosto, cuando CFK anunció la tan famosa reunión de titulares en Río Gallegos, los medios carroñeros trataron de instalar la idea de monólogo en lugar de diálogo. Las intenciones estaban muy lejos del adoctrinamiento que sospechaban los que siempre sospechan. Por el contrario, el Gobierno Nacional quería sincerar las bases de este proyecto y señalar algunas contradicciones que presenta parte del empresariado en sus declaraciones ante los medios y lo que piensan para dentro de cada sector. “Si hay coincidencia con el modelo cuando se habla en privado –se preguntó el titular de la Confederación General Económica, Ider Peretti- ¿por qué no salen a defenderlo en público?”. Todos los que se sumaron a la histórica reunión de Río Gallegos destacaron la profundidad del diálogo mantenido con La Presidenta y los funcionarios del Gobierno Nacional. Algunos, como el empresario automotor Cristiano Ratazzo, se ha convertido en un siniestro apologista del modelo destructivo de los noventa, a pesar del crecimiento del sector en los últimos años. Cínico o suicida, apunta a una reducción de los salarios, sin considerar que ese ajuste provocaría un achicamiento del mercado interno. No es tan difícil de entender, salvo que una intencionalidad perversa inspire esas declaraciones. Perversa o angurrienta.
Tanto empecinamiento detractor puede tener alguna explicación. Una de ellas se relaciona con la soberbia de los Patricios, los que se creen dueños no sólo de los destinos, sino del país en su totalidad. A ellos les duele que la recuperación de nuestra economía se esté concretando por un camino diferente al que ellos defienden. También puede ser que, como el país ha crecido tanto en estos diez años, no ven la hora de tener vía libre para saquearlo. Como sea, en el medio estamos los pobladores que, cada tanto, nos convertimos en votantes. En esta pugna cada vez más cruenta, el voto potencia nuestra voz. En estas circunstancias, no es conveniente dejar nuestras convicciones en la puerta del cuarto oscuro. En su momento, esta frase será nuevamente recordada.

viernes, 23 de agosto de 2013

Nubarrones a la vista



La Corte en un cuello de botella
¿Habrá que abrir el paraguas aunque no aparezca ni una nube? ¿Será necesario especular con el peor escenario para que lo que venga no suene tan malo? El 28 de agosto es la fecha que otra vez pondrá sobre las tablas a la estrella que ha protagonizado gran parte de estos años: la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. No es exagerado decir que se ha convertido en la ley democrática más pisoteada de nuestra historia reciente. Los Supremos se están acostumbrando a ser los vetadores de la democracia y rechazan normas no por su contradicción con el espíritu constitucional, sino porque no les conviene. Tanto que se exige una justicia independiente, la que tenemos ya muestra una adicción obscena a los intereses corporativos. Aunque intenten disimularlo, aunque se muestren como los guardianes de la República, los miembros de la Corte se están comportando como una oposición encubierta. Más que custodios de las instituciones, actúan como una barrera de protección del statu quo. Con un aura divina que no merecen, bloquean cualquier transformación que amenace lo que pretenden conservar: privilegios y atribuciones caprichosas que ya huelen a naftalina.
   Cuando se destituyó a los miembros de la Corte menemista, la esperanza de una justicia más comprometida con los intereses de la mayoría parecía dibujarse en el horizonte. Los debates sobre los nuevos miembros mostraban personajes dignos de ocupar tan importantes estrados. Al principio, fueron funcionales a la construcción del país que soñamos durante mucho tiempo. Después, no. Mientras los temas abordados se relacionaron con la reparación del pasado, no hubo problemas. Hasta parecían heroicos. Pero, al momento de actuar para modificar la relación de fuerzas entre el poder económico y el político, las cosas se volvieron complejas. Y resistieron hasta el absurdo para preservar su arbitraria fortaleza. Todavía mantienen acordadas que los excluye de la igualdad ante la ley, como la que los exime del pago del impuesto a las ganancias o la permanencia de Carlos Fayt veinte años más de lo que dispone la Constitución.
Los últimos fallos parecen dardos letales hacia la legitimidad del poder político. El rechazo a la ley de modificación del Consejo de la Magistratura resultó más inspirado en cuestiones ideológicas que constitucionales. Tampoco aceptaron que las declaraciones juradas del Poder Judicial sean controladas por la Oficina Anticorrupción porque, arguyen, es “una violación de la independencia de los poderes”. Aunque los Supremos no dudan a la hora de intervenir en las decisiones de los demás poderes a través del frizado de las cautelares: durante diez años han protegido a La Nación de pagar una deuda de 280 millones de pesos que tiene con la AFIP. Ahora desestimó los planteos defensivos del Estado Nacional y dejó firme una cautelar que impide la expropiación de los terrenos que ocupa la Sociedad Rural en Palermo, comprados a precio vil en los noventa y con una deuda asumida por un banco público. Veamos: vetan leyes, se auto-regulan, administran su presupuesto, conceden favores, se atribuyen privilegios, ocupan los cargos durante el tiempo que se les antoje. ¿No estarán pensando fundar un nuevo país?
Con estos antecedentes, no deben buscar otra cosa que la enemistad con el pueblo argentino. No es necesario que sean simpáticos, sino que sean correctos. No deben ser complacientes con el Gobierno, sino estar comprometidos con la defensa del Estado. Nadie les exige que se conviertan en demagogos, tan sólo que respeten la convivencia democrática. No se les pide que inventen nada, sino que respeten la Constitución que custodian. Lejos de solicitar que se sumen al kirchnerismo, les suplicamos que se resten de las corporaciones, porque así están propiciando una compleja crisis institucional.
Como nunca, los Supremos se han convertido en el centro de la atención ciudadana. Por sus propias decisiones se han erigido como los protagonistas de este drama. En las próximas semanas, el destino está en sus manos. El miércoles 28 de agosto todas las miradas estarán puestas en esa sorpresiva audiencia que convocaron para que las partes puedan exponer sus posiciones respecto a la LSCA. ¿Había necesidad de seguir dilatando una resolución tan crucial? ¿Hace falta escuchar nuevamente los argumentos a favor de una democratización de la palabra? ¿Es necesario seguir agregando suspenso a esta película casi horrorosa? ¿O no advierten que el poder mediático está desenfrenado?
Este es el argumento fundamental que debe guiar la resolución de los Miembros de la Corte: ningún sistema democrático puede subsistir con una cadena de medios que no sólo se opone al Gobierno Nacional, sino que difunde mentiras atroces con tal de favorecer su caída. El Autor de Estos Apuntes se sometió a una dura experiencia que casi desbarranca su cordura: se expuso a quince minutos de Telenoche. Después de escuchar noticias y comentarios orquestados para culpar a Cristina, Moreno y La Cámpora de todo lo que ocurre en esta dimensión y en todas las existentes, daban ganas de salir a la calle con un arsenal de cacerolas. Tan obscena era la intencionalidad de sus fábulas que casi resultaban absurdas. El gesto estreñido de los conductores parecía más adecuado para una publicidad de laxantes que para un noticiero. Y esto no sería nada si no existiera la tan siniestra réplica de los medios del Grupo y los serviles satélites. A la opereta de Seychelles se sumó el sainete de Lan y ya están preparando la próxima andanada de prejuicios disfrazados de información. La función se completa con la troupe de políticos y saltimbanquis que ejecutan las más disparatadas piruetas para adaptarse a tan desconcertante agenda.
Pueden fallar en contra de la plena aplicación de la ley: es la más nefasta de las posibilidades. Este sería el panorama más funesto. El oficialismo estaría en una situación de debilidad peor que la de 2008. Si dan los tiempos, puede apurar un juicio político exprés con la mayoría que conservarán hasta diciembre. O conseguir números más favorables en octubre, lo que aportaría más oxígeno. El kirchnerismo ha demostrado en estos diez años responder muy bien a los desafíos en momentos adversos. En realidad, ha demostrado muchas cosas durante todo este tiempo. Reconstruir un país en ruinas para garantizar un futuro ha sido una de ellas, con todo lo que esto significa. Una prueba más se avizora en el camino. Prueba innecesaria, de la que habrá que salir victorioso. O estamos fritos.

Instrucciones para saltar el cerco

Si en algo aventaja el PRO a otras fuerzas políticas es por su prepotencia: lo que quieren hacer, lo hacen, aunque contradiga princip...