viernes, 30 de noviembre de 2012

Benditas palabras


Por fin termina esta semana que comenzó con el clima de angustia generado por el fallo del Juez Imperial Thomas Griesa, las expectativas por la resolución del conflicto con la Fragata Libertad y las repercusiones por la denuncia del Grupo Clarín hacia algunos profesionales de los medios. Muchos exponentes de la oposición vieron la luz ante estas amenazas externas y apostaron sus fichas a un fracaso de las negociaciones emprendidas ante los tribunales correspondientes. Hasta el coleccionista de autógrafos, Hermes Binner, se vio tentado de hacer una recopilación de firmas para exigir al Gobierno Nacional que pague todo lo solicitado por los hambrientos buitres. Pero no fue así. La Cámara de Apelaciones de Nueva York suspendió el fallo y postergó la solución de este conflicto para mediados de febrero, mientras la Organización Marítima Internacional, organismo que depende de la ONU, certificó que la Fragata Libertad es un buque militar y no puede ser embargada. La libertad de la fragata está en manos del Tribunal Internacional del Mar, con sede en Hamburgo, que ya ha comenzado a escuchar los argumentos de las partes involucradas. Aunque resultó en parte auspicioso que algunos opositores, tanto políticos como voceros mediáticos, repudiaron la denuncia de Clarín hacia algunos periodistas cercanos al oficialismo, en la reunión de la Comisión de Libertad de Expresión del Congreso ninguno de ellos asomó la nariz. Una diferencia enorme con aquella asamblea histriónica donde muchos clarinistas exageraron su histeria por unos inocentes afiches callejeros. “Los buitres y los caranchos no están solamente afuera –exclamó La Presidenta por Cadena Nacional- también hay desafortunadamente adentro, y muchas veces se lanzan sobre el Estado”.
Claro que esa frase no estaba destinada al documento de los obispos católicos, quienes, anticipándose a la Navidad, aportaron, ansiosos, su granito de arena a la causa Noble. Con un texto desconcertante y agresivo, la Conferencia Episcopal Argentina advierte que en nuestro país se está “gestando el retorno de bandos irreconciliables” y que, después de 30 años de democracia, corremos “el peligro de dividirnos nuevamente”. División, vale aclarar, denunciada siempre desde los sectores que temen perder una mínima porción de sus cuantiosos privilegios. Estos emisarios de la palabra divina se muestran preocupados por la pobreza pero jamás emiten crítica alguna hacia los que la generan. Nunca cuestionan a los angurrientos exponentes del poder fáctico. Al contrario, siempre se han mostrado en una indisoluble alianza. Por eso denuncian, en su oportuno documento, el “excesivo caudillismo” y “las presiones a la libre expresión” y exigen “la independencia del Poder judicial”. En apariencia, los prelados han decidido santificar los titulares de algunos medios hegemónicos.
Asustados por el crecimiento de la militancia juvenil, las máximas autoridades eclesiásticas consideran que se “debe excluir la politización prematura y partidista de los alumnos en los colegios”, aunque, ya es sabido, la instrucción religiosa contiene mucho de adoctrinamiento ideológico que se imparte con el formato de inocentes historias sagradas. El blanco de sus críticas lo constituye, también, el matrimonio igualitario y la discusión sobre la despenalización del aborto. Los voceros de Dios manifiestan estar “heridos y agobiados” porque “nos encontramos sumidos en una profunda crisis moral, que revela que la fe no impregna plenamente nuestro estilo de vida”. Si alguien quiere interpretar estas palabras como una autocrítica de las cúpulas católicas, va por el mal camino. Para ellos, la complicidad con la dictadura y los casos de pedofilia –entre otras atrocidades- no salpican la moral de esa institución.
La corporación que preside el arzobispo de Santa Fe, José María Arancedo, realizó una lectura excesivamente crítica sobre la realidad del país, a la que han “repasado con profunda preocupación”. Sin embargo, nada han dicho sobre los avances en materia política, económica y social. De no haberse apurado tanto con sus anuncios de fin de año, hubieran podido acceder a los datos del informe “Panorama Social de América Latina 2012”, presentado en Santiago de Chile por la CEPAL. De acuerdo a la investigación del organismo dependiente de la ONU, Argentina se encuentra entre los cinco países latinoamericanos que más ha reducido la pobreza en 2010 y 2011, con un descenso del 8,6 al 5,7 por ciento. Tampoco deben haber tenido tiempo de ojear el informe realizado por la revista inglesa The Economist. La publicación afirma que Argentina está entre los mejores países para nacer en 2013, de acuerdo a una lista confeccionada a partir de once criterios que van desde el salario promedio hasta los resultados de las encuestas de satisfacción entre los ciudadanos de diferentes países. Aunque los obispos aspiran “a ser una nación cuya identidad sea la pasión por la verdad y el compromiso con el bien común”, no tienen reparos en apropiarse de las falsedades que circulan desde los medios y en defender a las corporaciones, aún a las que han especulado con nuestras peores crisis.
En fin, nada nuevo. Hasta vuelven a agitar esa palabreja tan siniestra, ‘reconciliación’, que no significa más que el olvido de los crímenes cometidos por los militares a instancias de la voracidad de algunos civiles. Como siempre, explotan la santidad de su palabra para condicionar la vida política, en lugar de sumarse a un partido. Nunca se han sometido a elecciones, pero afirman tener un 90 por ciento de aceptación en la sociedad. Nada más lejos de la realidad. Según la primera Encuesta Nacional sobre Creencias y Actitudes religiosas del Conicet, el 60 por ciento de la población dice ser católica a su manera. La única forma de pertenecer a una religión es participando de sus rituales. Una cosa es la creencia, que es personal, y otra la religión, que requiere un fuerte vínculo con la comunidad. Entonces, aquéllos que afirman ser católicos pero a Dios le rezan a su manera están sosteniendo una grosera contradicción. Más aún, le están concediendo poder a la institución que pregonan rechazar. Porque la Iglesia Católica no es sagrada ni divina, sino fuertemente política.
Ese 90 por ciento que ostentan se desmorona con el rating que obtienen las misas dominicales. Y ni hablar de las diarias, que se han reducido hasta su mínima expresión. La asistencia periódica al ritual podría considerarse como el voto efectivo que la institución religiosa obtiene de la población. Pero la pertenencia continúa en los registros burocráticos que la Iglesia conserva en sus archivos. Todos los bautizados –instancia iniciática más social que religiosa- están rigurosamente anotados allí. Un solo trámite basta para que ese 90 por ciento se reduzca hasta cifras más reales. Este ignoto profesor de provincias se liberó, hace unos años, de la hipocresía de pertenecer a un culto del que no participaba. La excomunión y la condición de hereje no deben asustar a los que emprenden el liberador camino de la apostasía.
En los cacerolazos de este año, muchos manifestantes expresaban sus quejas por la AUH y los planes asistenciales, cuyos destinatarios son considerados vagos y no víctimas de un modelo económico que los ha excluido durante años. Ninguno tuvo en cuenta que un obispo cobra el equivalente a 88 asignaciones. Que el Estado laico destine fondos para la Iglesia Católica es una distorsión que en breve se deberá corregir. Más aún cuando son cada vez menos los que participan de ella. Que ateos, judíos y practicantes de otras religiones contribuyan al sostén del catolicismo es una injusticia. Sobre todo, cuando a lo largo de toda su historia las jerarquías eclesiásticas se han asociado con las minorías saqueadoras que no han dudado en pergeñar las peores catástrofes.
En Cadena Nacional, CFK hizo referencia a los hechos de esta semana, a la que definió como “muy especial”. “Sufrimos el acoso y el asedio, desde afuera y desde adentro”, explicó. “Se puede nacer en Argentina, pero se requiere algo más que eso para ser argentino –señaló Cristina- es defender la bandera nacional por sobre cualquier bandería política o interés sectorial”. Algo que los máximos dirigentes de la Iglesia jamás podrán entender.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Alerta, que todavía anda


De acuerdo a una analogía ampliamente difundida, un ladrón de gallinas puede recibir castigos más severos que un ladrón de guantes blancos. Unas semanas atrás, Héctor Gerbasi fue condenado a quince días de prisión en suspenso y el pago de costas por un delito que,  de acuerdo a la Sala II de la Cámara de Casación Penal, resulta insignificante para la realización de un proceso judicial. Gerbasi, desocupado, hambreado y desesperado, escondió entre sus ropas un corte de carne porque no podía pagarlo, pero la cajera del supermercado lo descubrió, llamó a la policía y lo llevaron detenido. Por 27 pesos de aquél invierno de 2008, el ladrón de gallinas padeció lo inimaginable: un juicio oral. Cuatro años después, se enteró de la condena. Para la Cámara, en este caso, el funcionamiento burocrático del Poder Judicial –en realidad, de algunos jueces- es “irracional, intolerante, discriminatorio e inhumano”. Mucho gasto para un caso sencillo: cuatro años de proceso, once jueces en distintas instancias, cuatro fiscales y cinco defensores. Con este antecedente, es de esperar que la denuncia que el descontrolado monopolio mediático presentó la semana pasada contra periodistas, funcionarios y representantes no traspase la mesa de entradas. El ladrón de gallinas resulta acusado por un cuatrero de las especies más variadas. Mientras La Corporación continúa esquivando las leyes de la democracia, mientras la Justicia mantiene congelado el proceso por la causa Papel Prensa, mientras las mentiras que se propalan desde sus usinas de estiércol potencian los prejuicios de algunos individuos, mientras conspiran con enemigos internos y externos, son ellos los que se sienten amenazados por las hordas oficialistas. ¿Están desesperados o simulan estarlo? ¿Una torpeza o una jugada maestra? ¿Están suplicando una tregua o se preparan para un contraataque? Ninguna de estas preguntas se responderá en este apunte, pero vale la pena hacer una recorrida por los hechos que las inspiran.
Aunque lo nieguen, el 7D los incomoda. Si bien las transformaciones que propone la ley de SCA no podrán advertirse en lo inmediato, la sola idea de que una bestia que parecía incontrolable deba adaptarse a un límite significa, de por sí, bastante. En pocos días, recibieron una lección impensada: un importante sector de la sociedad no comparte sus ideas ni sus procedimientos. El unánime rechazo a la denuncia penal formulada el jueves pasado contra periodistas, funcionarios y representantes fue mucho más que un baldazo de agua fría. Nunca nadie se había atrevido a tanto. Para el Jefe de Gabinete de ministros, Juan Manuel Abal Medina, esta denuncia "va en contra del proceso de ampliación de derechos colectivos e individuales por el cual venimos trabajando" desde el Estado. "Y lo que es más grave -agregó- busca encarcelar a periodistas, un retroceso que desde el Gobierno condenamos, poniéndonos al frente de la defensa irrestricta de la libertad de expresión y pensamiento". La figura utilizada es “incitación a la violencia” que encontraron en las opiniones de los denunciados. Cualquiera podrá recordar que las construcciones alucinadas con forma de titulares que Clarín y sus secuaces se encargaron de difundir se transformaron en la musa inspiradora de las violentas, antidemocráticas, destituyentes, insultantes consignas cacharreras en las diferentes versiones del año.
“Esto pone en evidencia que a Clarín no le interesa en absoluto la libertad de prensa, ni los valores republicanos –expresó la ministra de Desarrollo Social, Alicia Kirchner- Clarín cree que puede aplicar las leyes a su antojo; tiene que entender que la época en que ponía y sacaba presidentes se terminó en 2003”. “Resulta absurdo que quienes debieran defender a los trabajadores de prensa sean quienes los persigan e intenten llevarlos a la cárcel simplemente por expresar sus opiniones”, argumentó el diputado Carlos Heller. Para Gustavo López, Subsecretario General de la Presidencia, “a la presión a la Justicia, al Consejo de la Magistratura, a los partidos políticos y a la manipulación informativa, se suma ahora la denuncia a los periodistas, que forma parte del mismo esquema: maniatar a la democracia y gobernar desde los poderes fácticos”. Pero el más contundente y enérgico fue, sin dudas, el gobernador de Entre Ríos, Sergio Urribarri: “estamos asistiendo a los últimos días de un imperio mediático construido desde las sombras, que ha encontrado una resistencia inconmovible en un gobierno democrático que, representando al pueblo y sus intereses, ha decidido que en la Argentina el poder está en la gente y no en los poderes ocultos, por definición, contrarios a la democracia”.
En el arco opositor también surgieron algunas voces que expresaron su punto de vista ante este nuevo atropello del grandote. "Siempre he reconocido que sea cual sea el periodista o su labor, la libertad de opinión y su función no pueden dirimirse en el fuero penal –afirmó Pino Solanas- Me opongo a cualquier judicialización penal sobre la labor del periodista". La diputada por Libres del Sur-FAP, Victoria Donda, consideró que es “muy mala señal para el conjunto de nuestra sociedad, tanto la agresividad del gobierno nacional para el Grupo Clarín y algunos periodistas como intentar judicializar, como está haciendo Clarín con esta demanda, una simple discusión o posición política de quien sea, tanto de periodistas, funcionarios o cualquier ciudadano”. "Toda denuncia penal contra periodistas sin dudas lesiona la libertad de expresión", pontificó el radical Ricardo Gil Lavedra y, con el afán de conservar el centimetraje en la edición de mañana, se preguntó: "¿El gobierno instala violencia para el 7D?".
Más allá del evidente repudio que la presentación judicial ha despertado, lo que subyace en estas declaraciones es la idea de ‘la respuesta’. Clarín responde a la violencia que el oficialismo le destina. No está presente la historia del multimedios en las palabras de Donda, Gil Lavedra y muchos de los que dieron su mensaje de repudio y solidaridad. Para ellos, no es violencia la manera en que la Corporación ha eludido la ley durante tres años ni las nocivas mentiras, insultos y tergiversaciones que se destilan como veneno en sus medios. Tampoco es violencia la apropiación de Papel Prensa a través de torturas ni su complicidad con la peor de las dictaduras sin haber emitido siquiera un esbozo de autocrítica. Tampoco es violencia que siempre manifiesten simpatía por los intereses extranjeros antes que por los nacionales. Pase lo que pase, hagan lo que hagan, la culpa siempre recaerá sobre el Gobierno Nacional.
Pero lo que más llama la atención es que muchos de los periodistas clarinistas se manifestaron también en contra de las denuncias, aunque –eso sí- las justificaron. Esta nueva maniobra permitió blanquear a sus propios voceros. Además, todo quedó como si la presentación ante la Justicia fuese una ocurrencia de los abogados sin la anuencia de los directivos. Todo es raro. Más aún cuando, con el correr de los días, los periodistas oficialistas pasaron de denunciados a testigos y, finalmente, invitados.
Además de la repulsa que la denuncia despertó –hasta de la SIP, fíjese- el grupete monopólico recibió malas noticias de la Corte Suprema de Justicia. No bastó la presión que ejercieron con los camioncitos de Cablevisión para extender la cautelar. Para el 7D faltan unos días, y no más que eso. Lo que parecía tan lejano está a la vuelta de la esquina. Sin embargo, ese tiempo que parece poco, resulta mucho. Todavía quedan algunos mordiscos que esquivar. El aguijón todavía tiene veneno y puede apuntar a cualquier blanco. Aunque parezca renguear, todavía camina. Sólo basta estar atentos a la espera del próximo zarpazo, que, por debilitado, no deja de ser peligroso.

lunes, 26 de noviembre de 2012

Los pobres de Argentina y una denuncia insultante


Desde que Bartolomé Mitre habló de la “dictadura de los votos” en una entrevista a la revista brasilera Veja, a muchos se les ha dado por eso de teorizar sobre la calidad del voto popular y hasta, en casos extremos, se llegó a sugerir la necesidad del voto calificado. La ex diva de los almuerzos afirmó que los pobres volverían a votar por Cristina y en los cacerolazos de este año, muchos manifestaron la idea de que los números obtenidos en las últimas elecciones estaban motivados por las dádivas que el oficialismo distribuía a mansalva. El oficialismo –según estos voceros de la incomprensión- sólo gana gracias al clientelismo. El ex candidato presidencial Hermes Binner, con el afán de recuperar algunos de los porotos perdidos, plantea la alternancia no como una posibilidad política, si no como una nueva obligación para el votante. Algo así como el pueblo nunca se equivoca, siempre y cuando nos vote a nosotros. Mientras los buitres externos sobrevuelan la región a la espera de una agonía que no llega –y que nunca va a llegar- los buitres vernáculos picotean nuestras carnes para debilitarnos. La fiereza del monopolio para desviar la atención del 7D tuvo este fin de semana su episodio más absurdo: una denuncia penal hacia tres periodistas por incitación a la violencia. Tan desesperados están que ya resultan ridículos.
En el marco de la presentación del plan "20 ideas para los próximos 20 años" –una versión siglo XXI del “treinta chicas bonitas treinta”- Hermes Binner hizo de las suyas, como siempre que abre la boca. "Creemos que hay que sacar la droga del negocio –declaró en Vorterix- que es lo que va a bajar el nivel de criminalidad y el nivel de delito". Su propuesta va en sintonía con los cambios de concepción que se están produciendo en Uruguay, no sólo con la despenalización del consumo de marihuana, sino también con la comercialización. Pero después de declarar algo inteligente –aunque copiado- insiste con las torpezas. Con el incontrolable temor de quedar fuera de carrera para 2015, persiste en la idea de frenar una reforma constitucional que nadie ha propuesto. "En democracia es necesaria la renovación –fundamentó, el ex anestesista- más que modificar la Constitución queremos que se cumpla: el respeto a la independencia de los tres poderes y respetar el artículo 14 bis, que contempla derechos de segunda generación. El kirchnerismo ha cumplido un ciclo y es necesaria la renovación".
Esta palabrería que destiló Binner merece ser analizada en profundidad para descubrir las tonterías peligrosas que contiene. En primer lugar, la renovación no es inherente a la democracia. La renovación puede ser una necesidad coyuntural, pero no la esencia del sistema democrático. En cambio, en toda democracia, sí es necesario el respeto por la voluntad de la mayoría, algo que nunca menciona el ex gobernador de Santa Fe, porque no le conviene. Después, habla del cumplimiento de la constitución en dos aspectos: el artículo 14 bis y la independencia de los poderes. Si uno se toma el trabajo de leer ese texto encontrará que casi la totalidad de lo que dispone, se cumple, salvo la participación en las ganancias de las empresas y alguna cosa más. Hace más de un año que el segundo lejos acusa al Gobierno Nacional de no cumplir con la Constitución, pero ni una letra sale de su boca sobre la resistencia a la ley –con la aprobación del coctel político que lidera- por parte del conglomerado de medios más importante del país.
El otro punto es más complejo. Desde que comenzó el escándalo por la elección de jueces naturales en el Concejo de la Magistratura, quedaron al descubierto las innumerables maniobras del Grupo para conseguir tribunales aliados. Mientras el oficialismo actúa de acuerdo a la normativa vigente, los compinches de Clarín han recurrido a las tropelías más absurdas para alterar la transparencia del organismo. Que Binner denuncie el incumplimiento de la independencia de poderes y no pronuncie una sola letra sobre las presiones y sobornos del monopolio, hace dudar del compromiso con la República que siempre declama. Y sobre el reciente tarascón de la bestia indomable, esa repudiable denuncia penal hacia tres periodistas, nada dirá el que acumula muchos ex, pero carece de futuro.
Y respecto a la última afirmación -“el kirchnerismo ha cumplido un ciclo y es necesaria la renovación"- basta mirar los números para descubrir que, por el contrario, el universo K está en pañales y recién empieza a gatear. Una recorrida por los informes de algunos organismos internacionales confirma que, durante estos últimos nueve años, nuestro país ha tenido una transformación altamente positiva. Y esto se puede comprobar en las calles. No en las calles caceroleras, que potencian el veneno de los que están en retirada, sino en las otras, las auténticas. De acuerdo a una encuesta realizada por Equis, si las elecciones fuesen hoy, Cristina mantendría el mismo porcentaje de votos pero con una diferencia mayor sobre el segundo. Binner, que por hablar tanto de la decadencia del kirchnerismo, descuida la propia, obtendría apenas el 11 por ciento de aceptación. Y en contradicción con aquella lectura del 8N orientada a teorizar sobre los desencantados con el modelo, del 32,3% de las personas que adhiere a esa protesta -aunque no haya participado- sólo el 1,6% votó por CFK.
Un cacho de cultura
Mientras los exponentes de la oposición no hagan política en serio, pocas posibilidades tendrán de repetir el escenario de frágil victoria de 2009. El oficialismo ha consolidado su aceptación porque ha aprendido a transmitir su esencia transformadora. “El kirchnerismo puso a la Argentina de pie: consiguió la soberanía económica, no sometiéndose a los fondos buitre. Y la soberanía cultural, no sometiéndose a los medios buitre”, afirmó, emocionado, el titular de la Afsca, Martín Sabbatella, en la inauguración del II Encuentro de Comunicación Audiovisual de Mar del Plata. Porque aunque lo nieguen, el cambio más importante que ha tenido nuestro país, después del económico, ha sido la comprensión del poder de manipulación de los medios sobre las personas. Al entender que los medios no son neutrales ni objetivos, muchos individuos han dejado de ser televidentes para convertirse en ciudadanos.
Así es que ya son pocos los que creen en muchas de las versiones –dicho con elegancia- que difunden los exponentes de ciertos medios. Las declaraciones de Bartolomé Mitre, director de La Nación, a la revista brasilera Veja, además de tener poco sustento, carece de un público receptor abundante. “Argentina no es más un país culto –pontificó el patricio- Nada se ha hecho por la educación últimamente. Siempre fue del gusto de los dictadores alejar a las personas del acceso a la información y el espíritu crítico. Con eso, ellos ganan más votos y se perpetúan en el poder”. Por supuesto que especula con un público que desconoce la realidad del país o que la analiza desde el prejuicio. Y por eso miente descaradamente. Que el Gobierno Nacional no ha hecho nada por la educación se desmorona con el aumento del presupuesto destinado a ese rubro, con la cantidad de escuelas inauguradas desde 2003 -que supera las mil- con la inclusión que significa la AUH y la distribución de netbooks. Pero después, profundiza sus ideas. “Hay una élite de este país que piensa de una manera y una clase baja  que no se informa, no escucha, no toma conciencia y sigue a la Presidenta. Cuanto menos cultura hay, Cristina obtiene más votos”. Un guión que parece dictado por su ancestro desde el más allá. Desde esta perspectiva, su protegido político, el empresario devenido a Jefe de Gobierno, está haciendo todo lo posible para sumar votos a favor de Cristina. Su política educativa dejará fuera del sistema público a más de seis mil chicos, que, de acuerdo a la visión mitrista, se transformarán en votantes de un candidato defensor de un modelo de inclusión. Con su gestión presente, Macri muestra el futuro que promete: una educación al estilo chileno, con un servicio público desmantelado y una oferta privada altamente financiada.
Si sólo los pobres hubiesen votado por Cristina, la victoria sería de otro. Los argumentos de Mitre –que no son tales- se desmoronan por su inconsistencia. Inconsistencia que se nota también en la denuncia presentada por el Grupo Clarín contra Roberto Caballero, Sandra Russo y Javier Vicente por incitación a la violencia. En realidad, están desesperados. Desde hace tres años, los carroñeros mediáticos han tratado de violentar de mil maneras el escenario político y no han cosechado una sola agresión efectiva por parte del oficialismo. Ni siquiera una piedrita que amenace un solo vidrio del edificio donde se cocinan las patrañas disfrazadas de noticias. El nuevo país ya es inevitable. En catorce días comienza un nuevo tramo de esta saga épica. “¡Adelante, a no aflojar! –alentó Cristina en Mar del Plata- Que si no aflojan ustedes, yo tampoco voy a aflojar”. Nadie piensa en eso, por supuesto, ni de un lado ni del otro. Aunque de éste somos más y eso nadie puede ponerlo en duda.

viernes, 23 de noviembre de 2012

Algunos buitres contra la Soberanía


El paro nacional del martes quedó como un intento ineficaz para golpear al Gobierno Nacional. Como un cacerolazo chiquito pero con cacerolas enormes. Que muchos no trabajaron ese día es casi indiscutible. Eso sí, más por cortes, bloqueos, aprietes y amenazas que por otra cosa. Sólo alcanzó para un par de titulares insidiosos y algunos alucinados análisis. El 20N fue un agónico eco del 8N con pretensiones de perturbar el 7D. Algunos se lamentan por la división que el kirchnerismo ha provocado en la sociedad. División que –según dicen- se manifiesta en la familia, amigos y grupos de trabajo. Quizá eso que llaman ‘división’ no sea más que la resistencia de una minoría a acatar la voluntad de la mayoría. Entonces, más que fractura, habría sedición. Otros también se lamentan por la violencia verbal que abunda en estos tiempos, a tal punto que un célebre personaje de la política vernácula repite hasta el hartazgo que “hay que bajar el nivel de agresividad”. Y los que se quejan son los que más utilizan terminología de alto impacto para referirse a La Presidenta y su equipo. En fin, hermosos tiempos estamos viviendo. Los que más alientan estas tontuelas y melodramáticas endechas son los que no han tenido ningún reparo en someter al país a sus peores crisis. Por el contrario, gozaron de enormes ganancias –que en algún momento deberían devolver, al menos en parte- con el sufrimiento de casi todo el pueblo. Y, en lugar de intentar un severo autocontrol de sus angurrias destructivas, emprenden un feroz bombardeo para someternos nuevamente.
La incontinencia terminológica del diputado Carlos Kunkel resulta siempre divertida. Con la condición de que haya predisposición al buen humor y no se recurra a los golpes. "En política no hay lugar para boludos –explicó el legislador- salvo que tengan mucha plata, como Macri, y lo banquen las corporaciones". No es cuestión de apelar al ojo por ojo, pero de Cristina han dicho cosas peores –y encima, sin fundamento-, barriendo todo un espectro que parte desde las especulaciones sobre su salud psíquica a los extremismos ideológicos, pasando por patologías consumistas y demás defectos de su carácter. Hasta llegaron a insinuar un affaire con Boudou y una relación erótica con el Poder. Y se enojan porque Kunkel tomó como ejemplo al Jefe de Gobierno porteño para teorizar sobre política. Para cerrar el episodio, el diputado K apeló a una salida más graciosa: "le dije boludo a Macri de onda".
Y onda es lo que le sobra a la gente del PRO. Como parte del ala joven del kirchnerismo es conocida como La Cámpora, la muchachada amarilla eligió a Solano Lima para identificarse, como si el vicepresidente electo en el 73 fuese antagonista del presidente Cámpora. Una especie de Cobos vs Cristina pero con tonos setentosos. Como saben más de marketing que de política y de historia, metieron la pata. Y en un exceso de humaradas, el 8N proyectaron sobre una de las paredes del obelisco una caricatura que mostraba la ejecución por ahorcamiento de Cristina, Boudou, Nilda Garré y Aníbal Fernández y la firma inconfundible de esa agrupación, la Solano Lima. Los chistes vip son así, saben a humillación, a ninguneo, a destitución, a racismo. Pero a Munira Amura, la viuda de Solano Lima, no le resultó divertido que el nombre de su marido esté asociado con esa derecha apolillada. “Un dirigente justicialista y un patriota con 50 años de vida política no participaría nunca con el sector que está usando su nombre”, afirmó un poco indignada. Aunque no apeló a las caracterizaciones políticas de Kunkel, Amura explicó que “si Solano Lima estuviese vivo, estaría acompañando a la Presidenta y comprometido con la juventud como lo hizo en los años ’70”. Como si no fuera suficiente tanto polvo para morder, aseguró que “él estaría encantado con Máximo y contento con todos y cada uno de los jóvenes que participan en la vida política y acompañan este proyecto”. Y para cerrar con el perfil del ex vicepresidente, Munira Amura destacó que era “un patriota que trabajó siempre en función de los intereses de la patria y los trabajadores populares”. Algo que nada tiene que ver con las fuerzas amarillas. ¿Quedó claro?
Lo que no está claro es cómo va a terminar el picoteo de los buitres. Elliot, NML Capital, Dart, Aurelius, AC Paster y Blue Angel son sus nombres. En febrero comenzaron a presionar desde el juzgado de Nueva York, con Thomas Griesa como ariete, para cobrar sus bonos por fuera de los canjes de deuda de 2005 y 2010. Argentina los discrimina, dicen y exigen un trato igualitario. Si así fuese, aceptarían cobrar lo mismo que cobrarán los tenedores que sí aceptaron una renegociación, no la totalidad más los intereses. Para el ministro de Economía, Hernán Lorenzino estamos “presenciando un caso de colonialismo judicial: alguien en un juzgado de un país importante toma definiciones que van por encima de leyes e instituciones, no sólo de la Argentina, sino de otros países; algo que el sistema financiero internacional no debería aceptar”. Tanto enojo no es en vano: Griesa aconseja que Argentina abone a estos especuladores unos 1330 millones de dólares, en efectivo y en un solo pago. El ministro explicó que el Estado enviará a la Cámara de Apelación neoyorquina un “pedido de revisión”, porque la actitud de Griesa “vulnera la soberanía argentina en muchos aspectos, así como también la de agentes internacionales de pago”.
En estos días, algunas voces criollas sugirieron la posibilidad de que se pague en esos términos a los carroñeros mimetizados como financistas. Esto desalentaría en el futuro cualquier acuerdo entre deudores y acreedores, porque deja como bobos a los que negociaron una quita en los intereses. “No creemos que sea una solución justa, como dice Griesa, pagarles a esos fondos buitre y menos hacerlo a costa de quienes con su esfuerzo hicieron todo para que la Argentina esté hoy en condiciones de cumplir con sus deudas a los acreedores, que aceptaron una quita inédita y plazo muy largos de pago”, enfatizó Lorenzino. Además, estos especuladores saben que lo que pretenden es imposible –y Griesa también- pero insisten para que Argentina entre en default técnico, lo que les permitiría cobrar cuantiosas sumas de dinero por parte de las aseguradoras. Que quede claro: no quieren cobrar, sino desestabilizar.
Para demostrar que los argentinos no estamos tan divididos, buena parte de los exponentes de la oposición consideraron excesiva la recomendación del Juez Imperial. El ex candidato presidencial, Ricardo Alfonsín, calificó el fallo como “lamentable” y anticipó que “puede tener implicancias muy negativas no sólo para la Argentina sino para cualquier país que se encuentre en situación de grave emergencia económica o financiera”. “En casos como éstos están en juego derechos y principios que pueden entrar en contradicción. Griesa ha ponderado mal las jerarquías existentes”, denunció Alfonsín. Para el diputado Alfonso Prat Gay, “el fallo es sorprendente y durísimo y es de imposible cumplimiento”. Federico Pinedo, diputado amarillo, publicitó un proyecto de ley para incorporar a los buitres en el último acuerdo y recomendó a los funcionarios argentinos “que dejen de usar violencia verbal efectista, porque las consecuencias las terminan pagando los argentinos. El fallo de Griesa es, de alguna manera, respuesta a bravuconadas de funcionarios argentinos”. Claro, nada dice de las atribuciones que se toma Griesa, que se originan en los acuerdos de deuda firmados a mediados de los noventa, años dorados para la derecha nostálgica.
“Rechazo este fallo del juez Griesa, que es lesivo a la República Argentina –se exaltó el socialista Rubén Giustiniani– El Congreso de la Nación debe reafirmar la voluntad soberana en el sentido del canje de la deuda como lo realizó en su momento sin aceptar las presiones de los fondos buitre”. Hasta Victoria Donda, de Libres del Sur, consideró vulnerada nuestra soberanía: “les ofrecimos dos veces el canje de deuda y no entraron, especulando con un fallo de estas características, con una deuda inflada. Es un fallo profundamente injusto”. Tanto despliegue verbal en defensa de los intereses nacionales, realmente emociona. Ante los injustos ataques que vienen del exterior, primero están los colores. Eso sí, duele un poco que Moyano y su ballet haya elegido el día de la Soberanía para realizar una muestra mezquina de su deteriorado poder. Pero un poco, nada más. Mucho hay para celebrar y mucho para construir, porque este nuevo país recién empieza.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

La desesperación de los “sin retorno”


Confusa la jornada del 20N. Difícil saber quiénes adhirieron y quiénes fueron obligados a sumarse. Desistir del intento de ingresar a la ciudad para cumplir con la jornada laboral porque los accesos están bloqueados no es la forma tradicional de incorporarse a una medida de fuerza. Tampoco lo es recibir amenazas para bajar las persianas. Los organizadores consideran que la huelga nacional resultó un éxito, pero esto es muy complejo de verificar. El derecho de huelga es indiscutible, como también lo es el derecho a trabajar. El día de la soberanía encontró a muchos trabajadores que no tuvieron la opción de ejercer su voluntad. El 20N puede analizarse desde sus efectos, pero su legitimidad se opaca ante las demandas, los métodos y, sobre todo, con sus impulsores, una mezcolanza de vanidades cuyo único fin es oponerse. Un cóctel explosivo que finge defender los derechos de los trabajadores. Un día más con indignados que tratan de vulnerar el proyecto en curso en pos de sus demandas mezquinas. Un nuevo episodio de esta saga, cuyo final se sitúa mucho más allá del 7D.
El verdadero espíritu de este paro general lo dio el dirigente de la CTA opositora, Pablo Micheli. “De lo que se trata es de que quien tenga ganas de ir a trabajar, no vaya”, explicó, pisoteando los derechos elementales de cualquier trabajador. Tampoco hay que escandalizarse porque una protesta corte una autopista, una avenida o una ruta. Pero bloquear de manera sincronizada todos los accesos supera lo racional. Sobre todo, porque la situación no lo justifica. Los motivos que se esgrimieron no ameritan medidas tan extremas. La semana pasada, CFK dio una señal positiva respecto al mínimo no imponible del mal llamado impuesto a las ganancias. No sólo anunció que no se iba a descontar el porcentaje correspondiente en el sueldo anual complementario de diciembre, sino que impulsó la discusión de ese tributo en los acuerdos de paritarias. Eso sí, más allá de las anécdotas del 20N, se hace imprescindible una ley que reformule el sistema impositivo de nuestro país para que sea más justo y progresivo. Hay sectores que ganan fortunas y están exentos y esto es inaceptable.
Por supuesto, muchos de los que se sumaron a la jornada pedían la eliminación de lo que erróneamente consideran un impuesto al trabajo. El impuesto a los ingresos existe en muchos países del mundo y con mínimos más bajos. No se puede sostener un Estado que impulse el desarrollo con inclusión, que incremente la obra pública, que disminuya las inequidades sin financiamiento. Y los impuestos son los que solventan esas acciones que han dado resultados altamente positivos en estos nueve años. En la discusión por el impuesto a las ganancias hay una trampa, disfrazada de defensa del sueldo de los trabajadores.
Los exponentes de la oposición no escatimaron expresiones de regocijo ante la medida de fuerza de la CGT disidente, de la CTA de Micheli y esa amplia galería de fenómenos incalificables. “El paro responde a un reclamo legítimo de que no se siga financiando el déficit del Estado con el sueldo de los trabajadores, en lo que significa no actualizar el mínimo no imponible”, sostuvo el legislador radical Ricardo Gil Lavedra. “El Gobierno declama unidad nacional, pero desconoce los reclamos del pueblo”, declaró Ricardo Alfonsín, apelando a una frase de catálogo. “La relación de los trabajadores y el Frente para la Victoria está resquebrajada y rota”, pontificó la senadora María Eugenia Estenssoro. Y el senador socialista, Rubén Giustiniani, consideró que “el Gobierno debe escuchar el justo reclamo de los trabajadores, que es elevar el piso del Impuesto a las Ganancias”. Si el Gobierno Nacional eleva el mínimo, muchos asalariados dejarán de aportar al Estado, lo que conduciría inevitablemente al déficit. Del déficit se sale con recortes o con endeudamiento. Si los trabajadores con un sueldo menor a los diez mil pesos –por ejemplo- dejan de tributar, el Estado recauda menos.
Y ahora viene la trampa, la solución que pocos sugieren: ampliar hacia arriba el espectro de los contribuyentes. Lo que significa, lisa y llanamente, que paguen más los que más tienen y ganan. Por un lado, habría que eliminar las exenciones de las que gozan los jueces, las exportadoras cerealeras y mineras, la renta financiera y los jerarcas de la Iglesia Católica, entre otros. Por el otro, establecer escalas diferenciales, de manera tal que para los ingresos mínimos se aplique un índice menor que para los ingresos mayores. La trampa está en que una iniciativa de estas características desataría un conflicto de impredecibles consecuencias con los Poderes Fácticos. Por eso los laderos, acólitos y apologistas apuntan en sus carroñeras intervenciones a la desfinanciación del Estado y a la sugerencia tácita del ajuste. O peor aún. El aislamiento del mundo que tanto pregonan se relaciona más con el mercado financiero especulativo que con cualquier otra cosa. Los que siempre manejaron a su antojo la economía vernácula añoran el país en crisis, porque sus ganancias son mayores; desean un Gobierno débil para poder especular; desean una población empobrecida y suplicante a la que poder conformar con migajas. Todo esto encierra la discusión por el impuesto a las ganancias, camuflado con una edulcorada preocupación por los trabajadores que menos ganan. La trampa es la encrucijada en la que este tema ubica al equipo de CFK: elegir entre ajuste, endeudamiento o enfrentar a los grandotes para cobrar más impuestos.
“Me voy a bancar las que me tenga bancar, porque a mí no me corre nadie, y menos con amenazas o matones”, aclaró, por si hiciera falta, La Presidenta, en el acto por el Día de la Soberanía. “La voluntad de los trabajadores no puede ser dominada por nadie –agregó- los argentinos tenemos que tener la libertad de elegir qué es lo que queremos hacer, no se puede someter a la extorsión o a la amenaza”. Hay algo interesante que siempre debe recordarse: gritan los que no tienen razón o están derrotados. “La proporción de la metodología utilizada va en relación directa con el grado de debilidad que tienen quienes convocan”, consideró el ministro de Trabajo, Carlos Tomada. “La totalidad de los trabajadores representados, si hubieran parado absolutamente todos, no representa más del 25 por ciento –explicó- porque sumados Micheli y Moyano, ambos no representan a más del 25 por ciento de los trabajadores”.
Muchos o pocos, nunca lo sabremos. Lo que sí, quedó claro que se oponen. También, que su acción opositora resulta funcional a intereses oscuros. Aunque afirmen defender a los trabajadores, muchos de los aliados contradicen ese objetivo. Gerónimo Venegas es el más claro ejemplo, pues representa a un sector laboral atrozmente precarizado. Ni hablar de la Sociedad Rural o Federación Agraria. O de Luis Barrionuevo, un sobreviviente de la cleptocracia sindical.
Todos los que se montaron al paro del martes trataron de advertir una ruptura entre el Gobierno Nacional y los trabajadores. Lejos de eso, estos años han estado signados por la recuperación de las fuentes de trabajo, la disminución de la pobreza y la indigencia y la ampliación de derechos. Y muchas otras cosas más que sería extenso enumerar. El 20N no fue tan masivo como lo pintan y por eso no se congregaron en Plaza de Mayo. Si tuvo efectos notorios fue por el estilo novedoso que estrenó. Aunque Moyano y su troupe quedaron encantados, no está en el horizonte una medida similar. Ya cumplieron: inventaron un hecho para nutrir a los sicarios mediáticos. Que pase el que sigue. En los próximos días generarán una nueva sacudida que apenas impactará en el escenario político. Cada intentona resulta más débil. Esto fortalece al gobierno de Cristina. Y también a los millones que no ven la hora de manifestar su fervoroso apoyo a la construcción del país soñado. Esos millones que están ansiosos por florecer y clamarlo a los cuatro vientos.

La Inquisición Amarilla

Que la sesión vacacional del Congreso para resolver la expulsión de Julio De Vido formó parte de la campaña ya es más que evidente . ...