sábado, 31 de marzo de 2012

Gobernar para el caos

Mientras Lanata se burla del lenguaje de señas para hipoacúsicos, el senador Aníbal Fernández fundamenta un proyecto de ley para eliminar un poco más de hipocresía. Y Macri, rodeado de sus mayordomos –con o sin micrófonos-, continúa renunciando a gobernar. Total, sus amigos de papel y tinta le perdonan la vida. Tanto que abandonaron por estos días la obsesión por el caos vehicular, ahora provocado por el TC 2000 en la 9 de julio y no por actos K ni desagradables piqueteros. Poca sutileza y mucho cinismo. Como falta más de un año para las elecciones legislativas, el alcalde porteño se puede dar el lujo de des-gobernar la ciudad. Ya tendrá tiempo de arreglar sus tropelías. O al menos, prometer los arreglos. Por el momento pide de todo, recursos, subsidios, seguridad, timba, puerto, como si en su cuerpo habitase el alma transmigrada de un decimonónico unitario; del atril donde recita excusas e incoherencias en publicitarias conferencias de prensa pasa al sillón destacado del obsecuente programa de turno con la misma expresión irritante en su rostro. Para los que consumen ciertos medios, nada malo hace el empresario con aspiraciones a presidente, salvo cerrar cursos, denegar transporte escolar, suspender viandas, abandonar la salud y concretar suculentos negocios. Las promesas de un país en ruinas subyacen en su figura.
Figura tan poco graciosa como la de Lanata haciendo morisquetas en su intención de parodiar a la traductora de señas de los discursos presidenciales. Si no se empeñara en ser tan desagradable, tal vez la promo de su programa en El Trece caería más simpática. Pero no, Lanata siempre busca provocar, aunque sea náuseas. Tan mal cayó el spot que inspiró denuncias en el INADI por discriminación. Y eso es lo que buscaba para poder victimizarse, para jugar al perseguido, para poder declamar diatribas al autoritarismo. “La Justicia exprés obedece a la intolerancia del Gobierno Nacional”, seguramente dirá. Los ecos radiales y televisivos también harán causa común con el sufriente colega. Y se sumarán los políticos de kermese que siempre buscan acertar a algún juego para ganar un peluche. Rostros serios, ceñudos, severos afearán hasta los más delicados diseños de la ingeniería televisiva y el éter se verá poblado de voces indignadas, compungidas y aterradas ante tanta intolerancia gubernamental. Operación que durará lo que permanece un residuo intestinal gasífero en un contenedor de mimbre. Pero son expertos en intentar, aunque con resultados cada vez más insignificantes. Además de lo mal que caen las burlas a la traductora de señas, lo que hace no tiene contenido ni resulta gracioso.
A diferencia del titular de La Nación del viernes: “Marcha atrás con la restricción a libros”. El jueves se había difundido la noticia de que el malvado Secretario de Comercio Interior, el tantas veces demonizado Guillermo Moreno, prohibía la entrada de libros al país. De inmediato, muchos se vieron tentados a reeditar la vieja consigna “alpargatas sí, libros no”. Claro, como Moreno ocupa su día en pergeñar planes malévolos para molestar a los nobles defensores del libre comercio, no tiene tiempo para leer. Entonces, cual si fuera un comisario de la Santa Inquisición, impide el ingreso de libros para sumergir en la ignorancia a todos los argentinos. En realidad, el Licenciado no dio marcha atrás, sino que destrabó un conflicto generado por “interpretaciones erróneas de la legislación” por parte de las empresas de correo. Gracias a la intervención de la Secretaría de Comercio Interior se pudo concretar la entrada al país de productos gráficos procedentes del exterior, que serán distribuidos en menos de una semana. Eso fue todo, pero todo sirve para inspirar un titular.
Aunque no tan inspirado como el senador Aníbal Fernández al presentar el proyecto de despenalización del consumo de marihuana y otras yerbas. En el Salón Arturo Illia del Senado y en consonancia con el fallo Arriola de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, el ex Jefe de Gabinete afirmó que busca “priorizar los derechos humanos de segunda generación: primero atender la salud de quien consume y después atacar el narcotráfico”. La actual legislación, evaluó el senador, “formó parte del fracaso de la política criminal en materia de persecución, represión y sanción de los delitos vinculados con el tráfico ilícito de estupefacientes, al direccionar la operatividad a los más débiles”. Conviene destacar que, desde la aplicación de esa norma a principios de los noventa, el consumo de cocaína y marihuana ha crecido considerablemente. Como en los tiempos de la Ley Seca, la prohibición no sólo alienta el consumo sino que fomenta la clandestinidad. La despenalización del consumo va a contribuir a que las energías se destinen a reprimir el accionar delictivo que el negocio de la droga trae consigo y no a molestar pibes que tienen un par de cigarritos en el bolsillo. Lo que propone el senador está lejos de ser una legalización de la droga, como seguramente propalarán algunos malintencionados. El proyecto de ley no impulsa una facilidad en el acceso; no dibuja un futuro en el que se pueda adquirir marihuana como si fuera una tira de aspirinas. Simplemente deja de perseguir al consumo privado y no ostentoso y la tenencia en pequeñas cantidades de canabis y hojas de coca. La discusión en torno a este tema será muy interesante y seguramente movilizará a los ciudadanos a intercambiar opiniones y experiencias. Un poco más de oscurantismo que comienza a esfumarse.
Quien parece esfumarse es el Jefe de Gobierno Porteño. Con cada aparición se desdibuja. O se dibuja algo que por primera vez se ve en estas tierras: un gobernante que se niega a gobernar. Macri clama por el federalismo con una actitud totalmente unitaria; habla de lo que no entiende; dice que hace lo contrario de lo que hace; exige diálogo cuando lo que quiere es obediencia. En la nada que expresa se esconde un todo. Esto es y será. Un gobernante para el caos que no duda en perturbar todos los mecanismos institucionales para satisfacer sus caprichos y facilitar negocios para sus amigos. Algunos consideran que cuando Los PRO confunden ‘gobierno nacional’ con ‘gobierno de la ciudad’ están expresando un deseo de que gobiernen por ellos. Puede ser un fallido con doble sentido. Pues esa confusión también puede basarse en que piensan que la CABA es todo el país, en una concepción absolutamente unitaria. Por eso reclama la administración del puerto, aunque por ahí pasen productos cuyo origen y destino es la totalidad del territorio nacional. Por eso no quiere el sistema de transporte, porque no será utilizado por “su gente” y presenta pocas posibilidades de hacer negocios. Lo que Macri quiere es que todo el país esté a disposición de Su Fortaleza, que no es toda la ciudad, sino una parte, algo más que un barrio cerrado. Por eso exige el traspaso de la Policía Federal a su jurisdicción, para poder destinarla a su concepto discriminatorio de seguridad.
El empresario gobierna para una ciudad chiquita pero con habitantes selectos. La sueña como una maqueta inmaculada y brillante, inmune a las fealdades de la periferia, rodeada de edificios imponentes que constituyen una muralla inexpugnable. Esbirros poderosos custodian sus límites, auxiliados por vociferadores mediáticos que señalan a los invasores. Esto lo sueña de noche. De día, actúa como si ese sueño fuera realidad. Para mantener la fortaleza debe ahorrar en la periferia. Por eso la suspensión del transporte escolar y de las viandas para chicos en situación de calle; por eso el cierre de cursos y la falta de vacantes en las escuelas públicas; por eso el incremento de los subsidios a escuelas privadas y el abandono de los establecimientos educativos estatales; por eso todo lo que hace y dice. Mauricio gobierna para un paraíso minoritario y genera un caos en el resto, que es lo que molesta pero en cierta forma, sirve. Mal que le pese, toda esa fealdad pululante cumple un rol. Entonces exige que Otro se haga cargo de controlarla, de contenerla, de administrarla, de ofrecerle algo parecido a la felicidad. Pero detrás de ese manto de desprecio con que el alcalde mira al anónimo, hay ciudadanos con derechos y deseos. Deseos y derechos pisoteados hasta la humillación por un maniquí de escaparate disfrazado de gobernante, que pretende extender los límites de su vidriera.

miércoles, 28 de marzo de 2012

Una semana de pura memoria

Esta semana está atravesada por el recuerdo de la dictadura. Mucha memoria. También reconstrucción. En diez días se conmemoran dos fechas clave para la historia de nuestro país: el golpe de Estado y la guerra de Malvinas. Una historia que atraviesa casi cuatro décadas y que, como si fuera un catálogo, nos revela –como anti ejemplo- lo que hay que hacer para avanzar hacia el país con el que todos soñamos. O casi todos. Precisamente son los “casi” quienes se convierten en un pesado lastre y –oh casualidad- muchos de ellos aparecen como impulsores, colaboradores y beneficiarios de los años más dramáticos del último cuarto del siglo XX. La Justicia está avanzando y promete revelar un accionar insospechado, pergeñado para engrosar bolsillos a costa de vidas vulneradas de la peor manera. En la provincia de Jujuy la justicia se niega a avanzar. Por el contrario, está detenida en los tiempos en que no había justicia. Pero la historia oscura explota en la cara de los que pugnan por la desmemoria. Los falcon escondidos en la Base Naval de Puerto Belgrano sacuden el polvo acumulado durante todos estos años para exigir más memoria y más justicia. Y en medio de tanta historia no resuelta hay mucho de futuro, como para no decir que el nuestro es un pueblo que sólo mira el pasado. 
Pero el pasado es ineludible cuando está atravesado por las más bestiales hazañas. La semana pasada, la revista Veintitrés reveló por primera vez la lista de los pilotos que participaron de Los vuelos de la muerte en tiempos de la dictadura. Todos los miércoles, los aviones Electra sobrevolaban el río no para arrojar cadáveres, sino personas secuestradas, desnudas, torturadas y adormecidas con pentotal. Un día a la semana, los pilotos estaban dispuestos a realizar el “traslado” de los prisioneros desde la ESMA hasta algún lugar del río. Los cuerpos inertes se amontonaban en la parte trasera del avión como desechos, pues eso significaba la carga para los visionarios de la dictadura. Más de cuatro mil ciudadanos desaparecieron de esa manera, como un capítulo más de los horrorosos empeños para eliminar aquello que obstaculizaba los planes de una minoría sumamente inescrupulosa y angurrienta. Las víctimas eran arrojadas al vacío en las coordenadas establecidas, sembrando de muerte las aguas del Río de la Plata. Los 24 pilotos pertenecían a la Escuadrilla Aeronaval de Sostén logística Móvil que contaba con tres aviones Electra Lockheed 188, dependientes de la Escuadra Naval 5.
Otro símbolo del horror apareció esta semana: los falcon verdes. Estos automóviles que en la década del sesenta comenzaron a poblar las calles de las principales ciudades, se transformaron años después en el siniestro vehículo elegido por las fuerzas represivas para vigilar y castigar a los ciudadanos indefensos. El juez federal de Bahía Blanca, Eduardo Tentoni, secuestró 43 de estos autos más un chevy que estaban en galpones de la Subjefatura Intendencia de la Base Naval Puerto Belgrano. El porqué estos coches fueron guardados durante todos estos años en una dependencia naval lo revelará la investigación judicial, al igual que los responsables de tan macabra colección. Pero estuvieron allí, aguardando el momento oportuno para ver la luz y aportar una nueva pieza de este rompecabezas que poco a poco va tomando forma y muestra lo que durante tanto tiempo se trató de ocultar.
Y los que trataron de ocultar tanto horror con poco éxito están a la vista. Muchas de las publicaciones que todavía siguen circulando en los kioscos se vieron beneficiadas con suculentas tajadas del botín extraído a un país sangrante. No respondieron sólo con el silencio, sino que se convirtieron en los voceros incondicionales del régimen que había usurpado el Estado Argentino. “Para saber a dónde va el Proceso, lea Somos”, alardeaba la revista de Editorial Atlántida que actuaba como la Secretaría de Prensa de los genocidas. Cierto sector de la prensa se acomodó a la nueva situación no por miedo, sino por plata. La pauta oficial era entonces suculenta y merecía el trabajo de oficiar como publicistas del horror. No hay que creer que actuaron como lo hicieron por meros intereses económicos; también había coincidencia con los objetivos de ese accionar homicida. La Nación, Clarín y la revista La Semana, de Editorial Perfil, recibieron fortunas en concepto de pauta oficial durante los siete años en que gobernaron las sucesivas juntas militares.
A través de propagandas disfrazadas de mensajes institucionales o de notas periodísticas, estos medios gráficos difundieron el ideario de la dictadura, a través de consignas difíciles de olvidar. “Los argentinos somos derechos y humanos”, “achicar el Estado es agrandar la Nación”, “sobre la base de un pueblo sano construimos una Nación fuerte” son algunas de las frases que forman parte de la memoria colectiva. Durante la guerra de Malvinas, además de la publicación de un talón para depositar en el Fondo Patriótico, los ejemplares difundían fotos con pulgares en alto con la leyenda “Argentinos a vencer”. Este ignoto profesor de provincias recuerda un spot televisivo que después se reproducía en los medios gráficos, en el que se mostraba una serie de escenas cotidianas con una canción de fondo cuya letra aún estremece: “no te borrés, que te necesitamos. Si te quedás y confiás vas a ver que ganamos”. Este estribillo con tonada pegadiza que se repetía varias veces se difundió en los primeros años de la dictadura y trataba de sumar voluntades al plan de aniquilación que ya se estaba concretando.
Pero estas complicidades mercenarias verán la luz en los próximos juicios que tendrán como objetivo avanzar sobre los civiles que se vieron beneficiados por el accionar de la dictadura. Sin embargo, una provincia parece ajena a la búsqueda de la verdad y la justicia. Jujuy es la única provincia en la que ninguna causa por delitos de lesa humanidad llegó a la instancia del juicio oral. Con 158 víctimas del terrorismo de Estado, 127 de los cuales son detenidos-desaparecidos, el Juzgado Federal N°2 elevó a juicio oral diez causas con sólo diez imputados, sobre casi ochenta. En esta provincia productora de azúcar, muchos de los que hoy desarrollan con total tranquilidad sus actividades económicas están acusados de ser autores de delitos de lesa humanidad. El Ingenio Ledesma, de Pedro Blaquier, ha aumentado su poderío en los últimos años y parece que su crecimiento patrimonial no tiene límites. Sin embargo, gran parte de sus logros se ha producido en tiempos de la dictadura, con asesinatos y desapariciones en el caso conocido como “La noche del apagón”. El sábado pasado más de sesenta mil personas se movilizaron por el centro de San Salvador de Jujuy para exigir que la Justicia avance en la búsqueda de la verdad.  
En cambio, en la provincia de Santa Fe las cosas son diferentes. El ideólogo del terrorismo de Estado, el comandante del 2° Cuerpo de Ejército y después funcionario de la dictadura, Ramón Díaz Bessone, obtuvo la semana pasada su primera condena a prisión perpetua a los 86 años. A pesar de los infundados pedidos de inimputabilidad, el pesado jerarca pasará sus últimos años en la cárcel. También fue condenado a perpetua José Lofiego, temido torturador del Servicio de Informaciones, un centro clandestino de detención por donde pasaron unas dos mil personas entre 1976 y 1979.
La conmemoración de cada 24 de marzo presenta un tono distinto, aunque siempre con la idea de justicia y verdad. A medida que se avanza en los juicios, a medida que son más los condenados la fecha se torna más luminosa. Nunca será festiva porque encierra mucho dolor. Quizá lo festivo estará dado en un futuro no muy lejano cuando ya no queden oscuros personajes amparados en un inexplicable manto de impunidad. Entonces sí, la fecha estará inundada de regocijo por haber superado en forma colectiva ese siniestro pasado, por haber vencido a aquellos que todavía intentan ocultar tanto horror, por haber sembrado semillas que en el futuro nos brindarán miles de flores.

viernes, 23 de marzo de 2012

Las puertas del 24

Cuando se confirma que los restos humanos hallados en alguna fosa clandestina pertenecen a alguien desaparecido durante –y por- la última dictadura, no queda lugar para ese comentario falaz que indica que no hay que revolver las cosas del pasado. Por el contrario, hay que revolver y mucho. La que comenzó en marzo de 1976 no fue una dictadura más, sino que fue la última. La última en serio y para siempre. Y para eso hace falta revolver a fondo, porque queda mucho todavía para descubrir y condenar de esos oscuros tiempos. Es necesario vencer la oscuridad para que se haga la luz. Nada se ha ganado con el silencio ni con el olvido. Que el dictador Videla, tras las rejas, clame que es víctima de una venganza y que sus dichos sean replicados en todos los medios de comunicación, habla muy bien del momento que estamos viviendo. Él, como tantos otros reos de su calaña, masculla su podredumbre desde las sombras de una cárcel, sin torturas ni vejaciones, como debe ser cuando actúa la justicia. Mientras tanto, algunos nostálgicos de esos tiempos macabros, golpean con salvajismo a una Madre de Plaza de Mayo en simulacro de robo y saquean el local de un organismo de Derechos Humanos de Mar del Plata para sustraer material previsto para la conmemoración del nuevo aniversario del Golpe de Estado. Si estas cosas ocurren es porque hay muchos que todavía no entendieron. Y otros –los menos- se resisten a bajar sus banderas de odio y sangre.
Desde el retorno a la democracia en diciembre de 1983 hasta hoy, ha cambiado mucho el significado de numerosas palabras relacionadas con la dictadura. En los primeros tiempos, se llamaba a ese período ‘proceso’, en sintonía con el mote con el que se autoproclamaron los usurpadores castrenses. Un estribillo cantado en todo acto lo consigna: “no hubo errores, no hubo excesos; son todos asesinos los milicos del proceso”. La primera parte se relaciona con las explicaciones que los representantes del establishment destilaban para tratar de atenuar la responsabilidad por tantos crímenes monstruosos. En esas ‘explicaciones’, la necesariedad del golpe de estado estaba presente, pero sus integrantes se habían cebado un poco y se les había ido un poco la mano. El golpe resultaba imprescindible pero, al poco tiempo, resultó difícil de contener. Ese cantito entonado por millones de gargantas a lo largo de gran parte del país, salía al cruce de tanto cinismo. Era tal la carga negativa que portaba la palabra ‘proceso’, que dificultaba su uso en un contexto diferente. Si uno quería hacer referencia a lo sucedido durante un período, y era ineludible el uso de ese término, decía “proceso, pero en el buen sentido” o algo así.
Al poco tiempo, nada de proceso. Dictadura, con todas las letras. Y cuando comenzó El Juicio a las Juntas, empezó a circular la palabra ‘genocidio’. Palabra fuerte, dura, que poco a poco fue ganando espacio para la comprensión de los dramáticos momentos de ese pasado reciente. Para finales de los ochenta, leyes de Punto Final y Obediencia Debida mediante, toda palabra referida a esos años sangrientos comenzaba a perder fuerza y capacidad de circulación. La des-memoria colectiva estaba ganando terreno, quizá por ansiedad, hartazgo o por temor, o porque los poderes económicos concentrados estaban preparando otro golpe, pero esta vez de mercado, para poner freno a lo que tanto temían: la búsqueda de la verdad. Después vino la amnesia absoluta de los noventa, que coronó la obediencia debida a los grupos dominantes con los indultos del infame riojano. La derrota fue casi total. El olvido hacia los crímenes de gestores y beneficiarios de la dictadura tampoco dio resultado. Terminamos peor que nunca en diciembre de 2001. No hay alianza posible con ciertos sectores de esta sociedad.
Por eso, para que la memoria no abandone nunca estas tierras, debe concretarse en una justicia firme. Y rápida. Porque, como dijo La Presidenta en su discurso de asunción: “Tengo acá una frase del discurso que pronunciara con motivo de mi asunción en 2007. Si me permiten, la voy a leer textualmente. Era referida precisamente a los juicios sobre Derechos Humanos. Decía entonces: ‘Yo espero que en estos cuatro años de mi mandato estos juicios que han demorado más de treinta años en ser iniciados, puedan ser terminados’. Si bien se registra un gran avance, lo único que sueño y lo único que le pido a la Justicia de mi país, es que el próximo presidente que tenga que prestar juramento el 10 de diciembre de 2015, no tenga que volver a pronunciar esta frase y hayamos dado vuelta definitivamente una página tan trágica de nuestra historia”. Todo un compromiso con el futuro. Como Jano, el dios romano que tenía dos caras: una ubicada al frente de su cabeza y la otra en la nuca. Era el dios de las puertas, de los inicios, por eso el primer mes del año tiene su nombre en honor a él, ianarus, enero. Su mirada estaba posada en el porvenir, pero también en el pasado. Como Néstor Kirchner, que con su estrabismo y su compromiso, también tenía su mirada posada en dos momentos a la vez y quizá por eso, abarcó tanto. Tanto abarcaba su mirada que habilitó la posibilidad de construir un nuevo país. Al descolgar un cuadro, abrió miles de puertas.
Puertas que se abren y puertas que se cierran. “Lloramos 35 años, que fueron inacabables, y hoy podemos cerrar un ciclo y expresar a nuestra sociedad que, por fin, papá ha vuelto a casa”, dijo Daniel Márquez, como síntesis del hallazgo del cuerpo de su padre en el ex Arsenal Miguel de Azcuénaga. El senador tucumano Damián Márquez, secuestrado en enero de 1977, ha dejado de ser un desaparecido, de acuerdo a la confirmación del Equipo Argentino de Antropología Forense. La importancia de esta información es que, por primera vez, se puede ligar una desaparición con una dependencia del ejército. “Los represores ahora no tienen cómo explicar qué hace un organismo oficial involucrado en estas tareas –amplió Daniel Márquez- la causa ahora cambiará de carátula: de desaparición forzosa a homicidio calificado”.
Y otra puerta que se abre. Antes era dictadura militar a secas, como si hubiera sido el producto de una banda alocada de uniformados que venía a poner coto al zurdaje. La puerta que se abre es el ‘¿para qué tanto horror?’. Y la respuesta radica en la reciente incorporación terminológica: ‘dictadura cívico-militar’. Entonces cierra todo. Tanto horror fue funcional a la protección de intereses económicos que se veían amenazados por el avance de ‘ideas revolucionarias’ entre la juventud. Por eso ciertos diarios tratan de actualizar ese temor con editoriales anacrónicos que, en su agonía, exhalan naftalina. Y por eso también, comenzarán las causas contra los civiles que recurrieron a las fuerzas del estado terrorista para eliminar ciudadanos que ponían en riesgo la estabilidad de sus empresas. Papel Prensa, Acindar, Ingenio Ledesma, La Veloz del Norte, Loma Negra, Techint, Ford Motors, Mercedes-Benz y muchas más están sospechadas de ser las impulsoras y beneficiarias de secuestro, tortura y desaparición de personas con el único fin de aplicar un modelo de país para maximizar sus ganancias. Una nueva puerta que se abre para garantizar más futuro.
Y esto sigue. El camino es largo y el horizonte está lejano, pero se lo ve cada vez con mayor claridad. La luz se vuelve más intensa a medida que este pueblo avanza. “Cada uno de nosotros tiene que ser un militante de la paz, se piense como se piense”, invitó Cristina, luego de recibir el Informe Rattenbach sobre la guerra de Malvinas. “Los cascos que queremos son los de los trabajadores. Que no quita la función de los cascos de los militares, pero siempre en misiones de paz y no de guerra”, agregó con mucha emoción. Pero la paz no es el silencio ni el olvido. La paz es memoria, justicia, inclusión, equidad. Este nuevo aniversario del golpe de estado aparece como la confirmación de una voluntad colectiva, de un compromiso para hacer propia la historia, o como dijo CFK, “la historia en sangre viva de los argentinos”.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Los últimos cartuchos

Hay estrategias que son tentadoras y otras que no tientan a nadie. La de comparar al Gobierno Nacional con lo peor de nuestra historia, no llega a ser más que un viejo truco. Sin embargo, la siguen usando. La semana pasada se inauguró con dos notas de opinión en los diarios emperradamente opositores. La censura a Alberto Fernández en el programa de Marcelo Longobardi fue otra muestra del abuso des-informativo. En las primeras, se acusaba a funcionarios del Gobierno de portar los genes de la subversión setentista, entre otras cosas propias de la derecha retrógrada; lo segundo sirvió para “fortalecer” la imagen del gobierno autoritario que no permite que circulen otros mensajes más que los propios. Ambas posturas son por demás de absurdas y sólo compartidas por una minoría resentida y egoísta. Esos mensajes no convencen y apenas sirven para alimentar prejuicios. Sin embargo, hay tanto desenfreno en el periodismo obediente que muchos de sus exponentes parecen ya caricaturas de sí mismos, mintiendo no a dos, sino a muchas voces. Pero lo más delicado de la semana ha sido la declaración del Ministro de Salud de Corrientes, Julián Dindart, con respecto a la Asignación Universal para Embarazadas y las adolescentes. No bastó con la andanada de críticas que recibió el MIDACHI cuando dijo en Mendoza que “las pibitas se embarazan por la platita”. No aprenden. Ni tampoco comprenden.
Quien usó la estrategia de comparar odiosamente al Gobierno Nacional con lo peor del pasado fue el Secretario General de la CGT, Hugo Moyano. “Después de Cavallo nadie atacó a los docentes como en estos días el gobierno y lo hacen para imponer políticas salariales", atropelló el camionero. Si bien las palabras que CFK destinó a los docentes no cayeron muy bien, ni punto de comparación tienen con el lugar que ocupaba la educación en los noventa. Lo de Cristina resultó inadecuado precisamente en el contexto de todo lo que se ha hecho por la educación desde 2003 a la fecha. En los noventa hubo una destrucción sistemática y profunda de la educación en todos sus niveles. Cavallo mandó a lavar los platos a los investigadores del CONICET. Moyano podrá estar enojado con La Presidenta pero no por eso se puede dar el lujo de jugar con la desmemoria. Ni tampoco con los dolorosos momentos de nuestra memoria colectiva. "Me sacan temas de los juzgados –clamó el dirigente- Los que se sacaron fotos conmigo están hasta las manos. Ni en la dictadura pasaban estas cosas". No es por exagerar, pero lo de las fotos suena como un apriete mafioso. Y la comparación con la dictadura es atroz. Nada que pueda pasar en democracia es comparable con lo que ocurre en una dictadura, por malo que sea.
Pero lo que más huele a estrategia comunicativa es la frase con que Moyano comenzó a definir más claramente su posición. "Lo único que falta es que me digan menemista o porque voy a TN ya me pasé al enemigo –definió el sindicalista- Uno tiene que tener la posibilidad de hacer críticas. La gente está cansada del discurso armado, todos estamos cansados". A nadie se le ocurriría llamar “menemista” a Hugo Moyano, porque fue por su oposición a la política de los noventa que ganó un lugar muy importante en la representación de los trabajadores. Pero, de manera sutil, reconoce que, ahora, puede ser merecedor del calificativo. También acepta que al asistir a la señal informativa TN está, en cierta forma, coqueteando con el enemigo, aunque no durmiendo, todavía. Y después, el juego híper mediático del relato oficial y la imposibilidad de hacer críticas. Con tres oraciones, nutrió los titulares de los pasquines opositores. Parece que muchos buscan eso: arrojar leña en la caldera mediática. O al menos, un mondadientes.
Como los dichos de Julián Dindart, ministro de Salud de Corrientes, que fueron calificados como “lamentables y desafortunados” por Juan Manzur, su par a nivel nacional. Las adolescentes se embarazan porque tienen un recurso económico como premio por haber tenido un hijo”, afirmó el funcionario correntino. Nunca se atreven a cuestionar la Asignación Universal por Hijo de manera frontal; siempre apuntan a demonizar sus resultados. El intendente de la capital provinciana, Carlos Espínola, consideró que “estas afirmaciones van en contra de la niñez y las mujeres, cuya situación de vulnerabilidad este modelo nacional trata de revertir en toda la Argentina”. “Este modelo nacional que inició Néstor y que continúa Cristina –completó el intendente- está logrando que hoy la Argentina pueda recuperar el tejido social desde políticas integrales y abarcativas”. El INADI, por su parte, aseguró que existen otros factores que puedan explicar el embarazo adolescente, como “la dificultad en el acceso a servicios de salud, la falta de información sobre métodos anticonceptivos y de integración en el ámbito educativo”.
Mientras tanto, el fallo de la Corte Suprema de Justicia con respecto a los abortos no punibles en caso de violación despertó el debate para el tratamiento parlamentario del proyecto de ley que garantice la interrupción voluntaria del embarazo. Diputados de diferentes bloques impulsan una iniciativa que, por ahora, no ha recibido el apoyo del Poder Ejecutivo, aunque muchos kirchneristas están a favor del proyecto. “Esta es una ley que una vez aprobada empieza a salvar vidas –enfatizó el presidente del bloque de Nuevo Encuentro, Martín Sabbatella- porque inmediatamente incorpora a las mujeres que abortan al sistema de salud”. “El flagelo del aborto clandestino se cobra tantas vidas de mujeres pobres en el país que sigue siendo la principal causa de muerte de mujeres por gestación”, aseguró Martha Rosenberg, psicoanalista e integrante de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito. “El aborto es una situación no deseada –continuó Sabbatella- pero la clandestinidad le agrega presión psicológica y riesgo a la salud. Es un derecho de las mujeres decidir sobre su cuerpo”. Algo así como soberanía del cuerpo, que también abarca los proyectos de vida de las ciudadanas.
Muchos avances se han producido en nuestro país, a pesar de la herencia mediática, vocera de los grandes intereses corporativos. Por eso el esfuerzo de incrementar el alcance de la Televisión Digital Abierta, que aporta nuevos canales de difusión para enriquecer la mirada sobre este proceso de transformación. Tal vez por eso hay tanta desesperación en ciertos grupos mediáticos; quizá por eso ni siquiera se preocupan en simular principios que nunca tuvieron; por eso ni se alteran al traicionar la confianza del cada vez más reducido público que consume lo que destilan. Están desesperados, pero no vencidos. Todavía les queda mucha capacidad de daño. Pueden mentir, desmoralizar, angustiar y asustar. Lo que ya no pueden es regir –como antaño- el destino de nuestro país. Ni tampoco el de la región.

lunes, 19 de marzo de 2012

Un paso necesario de la Corte

En este tema hay que ser claro. La interrupción de un embarazo no es una decisión feliz. Puede producir alivio pero no felicidad. Por eso llamar abortistas o pro aborto a los que luchan por la despenalización es un exceso. Lo mejor que le puede pasar a una sociedad es que no sean necesarios los abortos. Y lo peor, que el tema se postergue indefinidamente. El reciente fallo de la Corte Suprema de Justicia sobre los abortos no punibles en caso de violación puede pensarse como la campana de largada para un debate amplio y sincero. Pero sobre todo, solidario. Parece mentira, pero en una sociedad que defiende con uñas y dientes la propiedad privada, el vientre de una mujer es de dominio público. Y aunque se ha avanzado considerablemente en la conquista de derechos para garantizar la igualdad de géneros, todavía se impone el rol de madre, más como un estigma que como decisión. Hasta castigo, si se quiere. En el corto plazo, resulta necesario exponer todos los aspectos para garantizar que las mujeres puedan tomar decisiones sobre su propio cuerpo. En el mediano y largo plazo, tomar todas las medidas políticas, educativas y sanitarias para que sean cada vez menos quienes se vean en la disyuntiva de someterse a una intervención.
Lo que más dificulta la búsqueda de una solución al tema es producto de la concepción legal. Con la penalización, se creó una trama de clandestinidad que llenó muchos bolsillos e invisibilizó gran parte de los casos. Pero también momentos de mucha crueldad. Hace unos años, los estudios realizados a una mujer en estado de gestación revelaban que el feto era acéfalo y que no tenía posibilidades de supervivencia. Además, mientras pasaban las semanas, más riesgos corría la vida de la embarazada. Por temor y algo más, todo se judicializó. No pasaron semanas, sino meses. Recién en el octavo mes la “justicia” autorizó la cesárea que casi se lleva una vida, la única posible. La otra no tenía esperanzas desde hacía mucho tiempo. No era la vida lo que se protegía, sino un concepto. También en Rosario, en el mismo centro asistencial que ostenta el mote de “maternidad”, se negaron a practicar un aborto a una nena de once años que estaba en ese estado producto de una violación.
En las palabras del arzobispo de La Plata, Monseñor Héctor Aguer, hay una clave para repensar cada una de estas situaciones: “el fallo de la Corte añade a ese crimen horrendo que es la violación este otro crimen que es la muerte del inocente”. Sugestivo, en esta frase no hace referencia a la primera víctima de esta cadena, que es la mujer violada. Durante el programa televisivo “Claves para un mundo mejor”, dedicado la semana pasada a cuestionar el fallo de la Corte Suprema de Justicia evitó incluir a la mujer en sus reflexiones. Como si fuera una “cosa” que se viola y debe convertirse nada más que en incubadora humana. “Ahora la Corte dice que no es necesario que sea deficiente mental –continúa Aguer arrojando luz al asunto, o fuego sobre la víctima- sino que toda mujer violada puede recurrir tranquilamente al aborto”. Una violación no cambia su esencia por el tipo de mujer al que violenta. Que sea deficiente mental o no sigue siendo una violación, sexo forzado, no consentido. ¿Acaso es necesario agregar más violencia a la situación? ¿No es mejor darle tranquilidad a la víctima, después de un hecho tan traumático?
Por el contrario, la posición de Aguer, compartida por muchos militantes anti abortistas, es agregar más violencia a la violencia. La violación se potencia con la confirmación del embarazo y entonces, la víctima puede –debe- ser considerada ‘delincuente’ si desea interrumpirlo. Asesina, lo que es peor. No hay humanidad en el planteo. La humillación del sometimiento sexual se actualiza con el castigo de tener que portar durante nueve meses el fruto de la violación, después parirlo y darlo en adopción. ¿Algo más? De acuerdo al pensar de estos humanistas, aunque sea una víctima, merece una condena. Apenas unos meses atrás, una nena de once años transitaba su tercer mes de embarazo como producto del abuso de un vecino de 17, en una localidad de Entre Ríos. El ministro de salud provincial, Hugo Cettour, sólo atinó –con poco tino- a declarar: “una vez que la niña tuvo su primera ovulación tiene las condiciones físicas para sostener un embarazo. La naturaleza es sabia, una vez que tiene la primera menstruación el cuerpo está preparado. Quizá habrá que tener cuidados al momento del parto y programar una cesárea”. El cuerpo es lo que importa, el resto, no. Una niña arrojada al ruedo de la maternidad para que no la llamen asesina.
En enero de 2010 comenzó el caso sobre el que se produce el fallo de la Corte. Mucho antes, cuando A.G. tenía once años, su padrastro había comenzado a abusar de ella. Esta niña no podía contar nada debido al carácter violento del abusador. Cuatro años después tanto abuso rindió sus frutos: la adolescente estaba embarazada. No podía tener un hijo que era el sobrino de mis hermanos, a la vez mi medio hermano, y el hijo del marido de mi madre”, relató a Página/12 en su edición del domingo. A los quince años, la obligaron a crecer de golpe. Pasar de médicos a jueces, recibir negativas y agresiones fueron las constantes desde que se enteró que iba a engendrar un hijo de su padrastro. “Me sentía muy mal –cuenta- sin ganas de vivir. Me despertaba sin ganas de levantarme, estaba todo el día llorando, tenía ganas de matarme, tuve intentos”.
El castigo por ser abusada no había terminado. Del Hospital Regional de Comodoro Rivadavia la enviaron a obtener un permiso judicial. Una jueza de familia en primera instancia negó el pedido, como lo hizo la Cámara de Apelaciones de Comodoro Rivadavia, con dos jueces que se opusieron a la interrupción para salvar la vida del feto. Sólo el tercer integrante, una mujer, apoyó el reclamo de la adolescente porque estaba comprobado que su salud psíquica corría riesgo. Recién el 8 de marzo de ese año, el Superior Tribunal de Chubut autorizó el aborto, argumentando que el artículo 86 del Código Penal debía interpretarse de forma amplia, como lo ha hecho ahora la Corte Suprema de Justicia de la Nación.
Algunos médicos sospechan que, de ahora en más, puedan presentarse embarazadas que mientan sobre la violación. Tal vez no sean muchas las que se expongan a algo así. Pero el Máximo Tribunal sostiene que los posibles casos fabricados “no pueden ser nunca razón suficiente para imponer a las víctimas de delitos sexuales obstáculos que vulneren sus legítimos derechos o que se constituyan en riesgo para su salud”. Con la sola firma de una declaración jurada en la que la mujer asegure que su embarazo es el resultado de una violación basta para que de manera gratuita y segura se practique un aborto. Aunque sospechen los desconfiados, pero es suficiente con el consentimiento de la solicitante y sin intervención judicial.
Hay mucho para debatir sobre este tema. Pero el fallo es un primer paso. El embarazo como producto de abuso o violación es el menos deseado, pero hay otros. Por eso es importante incluir en la educación aquellos contenidos necesarios para conocer a fondo el problema de la sexualidad y la salud reproductiva. Hay una ley, pero su cumplimiento y efectividad es dispar. Si los que tanto claman por la defensa de la vida permitieran la educación sexual en todos los colegios y no se opusieran a la distribución de preservativos o anticonceptivos, todo sería más fácil. Si sólo quieren anular el sexo o restringirlo a la reproducción, toda discusión es en vano. No aportan demasiado los documentales patéticos de fetos que lloran ante una invasión extraña del útero, salvo oscurantismo. Si lo que crece en el vientre es un feto o un bebé debe depender del deseo de ser madre y no de dogmas apolillados. Como esto recién empieza, no conviene apresurarse.

sábado, 17 de marzo de 2012

Sobre mentiras y rencores

Ya es vox populi. La frase se transformará en una muletilla que será pronunciada por distintas voces en dispares contextos y en referencia a cosas diferentes. Días atrás, en la puerta de un complejo de cines, dos jóvenes miraban los afiches que anunciaban las películas exhibidas. En uno de ellos -“Un dios salvaje” (Carnage)- había dos flagrantes mentiras: “la película más divertida del año” y “una carcajada detrás de la otra”. Aunque no a la altura de su director, Roman Polansky, el film no defrauda y entretiene de manera extravagante y sorpresiva, pero está lejos de ser una comedia para reír a carcajadas. Los jóvenes miraron el afiche en cuestión y uno le pregunta al otro: “¿quién hizo este afiche?¿Clarín?”. Y puede ser que a partir de ahora, prestando más atención a los diálogos cotidianos, podamos encontrar situaciones parecidas a ésta, donde la palabra ‘Clarín’ aparezca como sinónimo de ‘mentira’. Pero no hay que dejarse engañar por la picardía popular. Aunque se naturalice la sinonimia, la cuestión no deja de ser grave. La mirada subjetiva sobre los hechos desde una determinada posición ideológica es inevitable por parte de los sujetos que realizan un diario. Pero la mentira –afirmar una cosa cuando se sabe que es todo lo contrario- rompe con un derecho fundamental: el de los ciudadanos a ser informados en forma veraz y confiable.
Los que tanto reclaman por derechos que nadie vulnera, son los primeros en pisotearlos, pero vulnerándolos en serio. Inútil pedir escrúpulos a quienes nunca los tuvieron. Si pudieron construir un imperio monstruoso a partir de la tortura y la desaparición, si condicionaron gobiernos democráticos para garantizar su expansión, si sembraron vientos para cosechar tormentas, ¿cómo no van a poder mentir sin ponerse colorados? Al borde ya de la desesperación, construyeron un “notición” con la increíble censura al programa de Longobardi cuando estaba entrevistando a Alberto Fernández. Y aunque los directivos del canal C5N salieron a explicar que el corte se produjo porque el programa se había excedido ya cinco minutos de su horario y la charla pintaba para extenderse más, Clarín, La Nación y todos sus satélites propalaron la insostenible mentira de la censura. Seguramente la investigación hacia los directivos del grupo Noble por estafa hacia los fondos de las AFJP será titulada como una “nueva embestida del Gobierno contra la prensa independiente”. Como han hecho, hacen y harán cuando alguna acción o declaración pone en cuestión su otrora dominante relato.
Y el pulpo polifuncional ve con desesperación que sus tapas ya no ponen en jaque a un presidente como ocurría en un país cada vez más lejano. Si la frase “la realidad se puede tapar o se puede hacer tapa” aparecía hace unos años como la cínica declaración de un principio, ahora es la confesión de un pecado: la mentira. Porque sus tapas, títulos y comentarios ya no tienen como objetivo fijar una posición sobre la realidad sino construir una realidad para resguardar su posición. De lo contrario, ¿qué busca un título como “tres provincias se suman a la embestida del Gobierno a las petroleras”? ¿Esperarán la adhesión de las cacerolas destituyentes? Con estas mentiras y exageraciones sólo buscan desviar la atención; sólo esperan tapar para unos pocos el país que se está construyendo para muchos. Este muro de papel es la última defensa de un modelo que le hizo mucho mal a la Argentina y que por suerte ya se está desmoronando. Y el “por suerte” no es más que una expresión. Un país no se transforma de esa manera por suerte. Una recuperación de la política es lo que hubo; decisión y coraje también; y mucho compromiso y creatividad. La lista es larga pero una frase puede resumir lo que estamos protagonizando: la economía al servicio del hombre y no a la inversa.
En pocos días, hubo inmensas señales al respecto. Cuatro provincias petroleras están tomando las riendas de la recuperación de los recursos. Los gobiernos de Chubut y Santa Cruz cancelaron cuatro concesiones a YPF por falta de inversiones. Mientras, Mendoza y Neuquén están esperando un documento por parte de la petrolera en el que debe explicitar sus compromisos de explotación. Si las autoridades provinciales no encuentran satisfactorio el escrito, seguramente rescindirán el contrato en esas jurisdicciones. “Nos cansamos de que nos ninguneen –declaró el gobernador de Santa Cruz, Daniel Peralta- de políticas que se dirigen en España para sacar el petróleo de nuestra Patagonia querida”. En ese sentido, el Ministro de Producción español sintetizó la mirada que tienen desde la otra orilla del Atlántico: “los intereses de YPF son los intereses de los españoles”. ¡Intereses de los españoles, las pelucas! diría Tato Bores. “Ustedes han visto que el precio de las acciones de YPF bajaron en España, Buenos Aires y Nueva York –afirmó Martín Buzzi, de Chubut- Esas acciones van a seguir bajando porque están subiendo las acciones del pueblo patagónico”. Si bien esto no significa una re estatización de la empresa que remite el 90 por ciento de sus utilidades a la Madre Patria, es un claro indicio de que se están tomando las riendas para la recuperación de la soberanía sobre los recursos.
Y si de soberanía se trata, un gran paso se ha dado desde la diplomacia argentina para obligar al Reino Unido a sentarse a negociar la devolución sin condiciones de las Islas Malvinas. El canciller Héctor Timerman anunció un “plan de acciones legales” hacia aquellas empresas que realizan tareas “ilícitas” de explotación hidrocarburífera en el archipiélago, así como con todas las firmas que le brindan apoyo logístico y asesoramiento. En total, serán alrededor de cien empresas británicas y de capital internacional las afectadas por estas medidas. “Queremos que sepan que están violando las resoluciones de las Naciones Unidas”, explicó Timerman en conferencia de prensa. En primer lugar, habrá “acciones administrativas, civiles y penales” contra las cinco empresas petroleras que realizan en las islas operaciones de exploración. Después, las firmas que les brindan el apoyo logístico con el alquiler de las plataformas de perforación Ocean Guardian y Leiv Eriksson. Y lo más sorprendente es que las acciones sancionatorias se extienden a quienes brindan servicios financieros y de asesoría como bancos, brokers, auditores y analistas de riesgo. Entonces, todos aquellos que sean cómplices de la piratería británica en las Islas Malvinas podrán recibir sanciones internacionales por incumplimiento de las resoluciones de la ONU.
También esta semana se ha dado un paso trascendental para la recuperación de la soberanía económica. La Cámara de Diputados de la Nación dio media sanción al proyecto para la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central. De esta manera, se pone fin a la carta orgánica de 1992, pergeñada por Domingo Cavallo y avalada por Menem, un instrumento que permitía el saqueo de los recursos nacionales en beneficio de los especuladores financieros. Sin perder la autonomía, con la nueva Carta Orgánica, el BCRA incorporará otras funciones además de la preservación del tipo de cambio. “La verdad es que acá hay sólo dos posiciones –explicó el diputado por Nuevo Encuentro, Carlos Heller-  Una es la de quienes con distintas palabras y de distinta manera están defendiendo el mercado y quieren un sistema que funcione con las reglas del mercado y otra la de quienes creemos que hay que tener una activa participación del Estado, y que hacen falta más políticas públicas”.
Claro, cómo no van a mentir estos medios para defender intereses sectoriales y minoritarios; cómo no van a decir que todo lo bueno del gobierno es malo; cómo no van a intentar por todos los medios romper la alianza que hay entre los ciudadanos y Su Presidenta. Por eso Clarín y sus secuaces se convierten en destiladores de confusión, en sembradores de sospechas, en difusores de odio. Porque odian en serio todo lo que está pasando en Argentina. Y lo que peor los pone es que ese odio no sea respondido; cuanto mucho, alguna respuesta verbal o sino, la indiferencia. Sólo algunos lectores toman la posta de ese odio. Ya lo dijo Arturo Jauretche, con su cruda sabiduría: “Los pueblos no odian, odian las minorías. Porque conquistar derechos provoca alegría, mientras perder privilegios provoca rencor.” Entonces, la conquista de derechos produce rencor en aquellos que pierden sus privilegios. De ahí la mentira, la agitación, el desánimo, la desmesura. Pero ese odio es tan desproporcionado y creciente que sus efectos son cada vez menos dañosos.

miércoles, 14 de marzo de 2012

El ángel justiciero y los gorilas pelados

Decir que alguien es judío no es en sí un insulto. Pero las palabras significan en el contexto en que se pronuncian. También entra en juego la intencionalidad. Y, por supuesto, la historia. No es una mera descripción usar el término “judío” para descalificar a alguien, como cuando Clarín se esmeró en describir al canciller “judío” Héctor Timerman hace un tiempo. Como siempre, los que insultan se sienten agraviados cuando se responde a sus insultos. Tampoco “marxista” es un insulto, pero, generalmente, se lo usa para eso o al menos para señalar una posición peligrosa. Un brazalete puede ser un adorno o un estigma. Una letra escarlata cosida al vestido permitía a los miembros sanos de la sociedad distinguir a las mujeres que habían cometido adulterio cuando reinaba el puritanismo norteamericano. La palabra “imberbe” es más engañosa, porque es una descalificación etaria. Literalmente, significa sin barba. En los gorilas abundan las manifestaciones pilosas y la edad no tiene nada que ver en eso. Como defensores de una hegemonía en decadencia, los miembros sanos de esta sociedad esgrimen sus índices para marcar a los impuros, a los infieles, a los que amenazan los privilegios de una élite que gobernó –y saqueó- a su antojo los destinos del país durante más de un siglo. Eso también forma parte de la historia. Y de la peor.
Y de la historia también formará parte la utilización del caso Etchecopar. Chiche dice que Baby le contó que uno de los delincuentes accionó el arma que portaba en cuanto lo reconoció. Menos mal que el polémico conductor tenía un arsenal en su casa y, a lo Rambo, intentó exterminar a los molestos invasores. Uno de ellos recibió ocho balazos, no como una señal de bienvenida, por supuesto. De ahora en más, hay que recordar no tocar el timbre de esa casa sin la debida invitación. Horas y horas de diatribas fascistoides inspirará este hecho. Y más aún en el contexto de la aplicación de la ley 26695, conocida como “Ley de educación en contexto de encierro”.
Esta norma garantiza -y obliga- a recibir educación a todas las personas privadas de la libertad y otorga reducciones de hasta veinte meses en la condena, a medida que se obtienen progresos en el estudio. El delincuente abatido por el ángel de la medianoche estaba en libertad condicional, algo que podría desalentar cualquier tipo de piedad para quienes extravían sus pasos. Claro, para algunos ideólogos mediáticos –y muchos conciudadanos de a pié- los malvivientes deberían ser destinados a un pozo profundo y sin retorno posible. A los que roban y matan los premian con educación, pregonarán en estos días. Para los genocidas, amnistía; para los delincuentes comunes, paredón. O algo por el estilo.
 Lejos de la justificación del delito –pero también de la construcción insistente del clima de inseguridad- es tiempo de comenzar a encarar el tema a fondo. La delincuencia es consecuencia de los conflictos que genera la inequidad en la distribución material y simbólica producida durante décadas. No se decide ser marginal, excluido o delincuente. También hay historia en la persona que delinque. También hay contexto. Y, por supuesto, promotores. Beneficiados, sin dudas. Un ladrón armado que violenta una vivienda es apenas un eslabón de la cadena. Lo siempre visible es el eslabón. Y pocas veces, la cadena. También es visible la víctima, que es explotada para ocultar, precisamente, la cadena. No todos los pobres son delincuentes ni todos los delincuentes son pobres. Desterrar la hipocresía es el primer paso para solucionar este conflicto.
Para el eslabón está la cárcel pero mientras perdure la cadena, poco se podrá hacer al respecto. El sistema penitenciario debe tener como misión la reinserción del individuo que delinque y no sólo apartarlo de la sociedad para que por un tiempo no moleste. La vida de un condenado debe cambiar después de cumplir su condena. El individuo en la cárcel debe transformarse en ciudadano. Y más que castigado debe salir re educado. “Está probado que la formación de los condenados reduce significativamente los niveles de reincidencia en el delito –sostuvo el ministro de Justicia Julio Alak– Es una medida inédita en la historia argentina, que busca incentivar a las personas privadas de su libertad a capacitarse para lograr una reinserción social plena”. Pero la sociedad debe estar preparada para recibir a esta persona transformada; debe recibir al ciudadano rehabilitado y brindar condiciones de vida distintas para que pueda apreciar la diferencia con su situación pasada. Solidario con el que se extravía, para que no se vuelva a extraviar.
Quienes están verdaderamente extraviados son algunos editorialistas que ya se muestran irrecuperables. En vísperas del tratamiento en diputados de la nueva Carta Orgánica del BCRA apelan a los más bestiales calificativos para alertar a la población sobre los peligros de la marea roja. Sacuden todos los fantasmas del pasado para deformar a la opinión pública y convencer a los lectores de que el soviet está a la vuelta de la esquina. El viceministro de economía, el doctor Axel Kicillof, aparece, por obra y gracia de las plumas ilustradas de los mastines mediáticos, como el inspirador satánico de las transformaciones económicas que se vienen
“Judío”, “marxista”, “descendiente de rabinos legendarios y psicoanalistas”, “imberbe” suenan en estéreo el mismo día en dos diarios diferentes, o no tanto. La Presidenta contestó y los autores se enojaron. Como tal vez esperaban una respuesta diferente recrudecieron en sus ataques discriminatorios. Osvaldo Pepe, en su columna del martes, afirma que aceptar y asumir la libertad es aceptar el disenso, la crítica, el pensamiento diferente”. Claro, ellos llaman disenso a las palabras destituyentes, crítica a la diseminación de veneno y pensamiento diferente a la podredumbre que crece bajo los calvos cráneos.
Y lo que viene es una joyita de aquéllas: “la Presidenta hizo abuso de poder para castigar el derecho a expresar mis ideas, que es un derecho humano inalienable, además de un tesoro constitucional”. Como es de público conocimiento, el periodista no recibió ningún castigo; en todo caso, sus palabras recibieron una respuesta. No hubo arresto, demanda, ni flagelación sobre el inocente ciudadano que sólo ejerció el derecho a expresar sus ideas. Pepe habla de un derecho humano inalienable que le permite señalar como si fuera un perro rabioso a un funcionario elegido por La Presidenta. Y su cinismo lo conduce a una frase que redobla la apuesta en agresividad: “no sé si la Presidenta quiso hacer una defensa de aquella organización armada –por Montoneros- o sólo poner bajo su ala maternal a sus pichones de La Cámpora”. Ya aburren con la opereta que montan en su desesperación. Hasta quieren utilizar los derechos como si fueran privilegios. La máscara ya no puede ocultar el rostro: el Gran Diario Argentino no es más que un pequeño libelo rencoroso y la Tribuna de Doctrina no es más que una grada de consignas apolilladas.
Mientras el Ángel Justiciero marca a los delincuentes con balas, los gorilas calvos pegotean etiquetas con olor a naftalina, amarillentas y emponzoñadas. El primero se convertirá en héroe para una derecha que considera que los derechos humanos son para la gente decente. Los segundos pretenden convertirse en mártires de un régimen intolerante y autoritario que persigue a los que piensan distinto, a los que expresan con la inocencia de sus inocentes espíritus ideas despojadas de ideología para bregar por el retorno a un país para pocos con el esfuerzo de muchos.

lunes, 12 de marzo de 2012

Los cosechadores de tempestades

“Donde uno mete el dedo sale pus”, comentó Kirchner a poco de asumir. No estaba hablando de un enfermo en una sala de emergencias. Pero sí de algo parecido: de la Argentina de 2003. En aquel entonces comenzábamos a salir del coma, siguiendo con las metáforas clínicas. Ahora parece que donde uno mete el dedo sale el Grupo Clarín, lo que es más o menos lo mismo, porque parece una infección que afecta todo el país. Como nunca, se esfuerza en demostrar su otrora destructivo poder. Pero además, cada vez queda más en evidencia que es mucho más que un multi medios. Sus tentáculos se extienden por todo el territorio y abarca todas las actividades imaginables. Todas, por supuesto, con un único fin: extraer lo más posible. Y para ello El Grupo necesita gobernar a su antojo desde las sombras, como lo ha venido haciendo desde el retorno a la vida democrática hasta no hace mucho tiempo.
Pero ahora, los inoculados por su veneno cada vez son menos. A medida que el ciudadano comienza a advertir que Clarín no es un diario, sino el vocero de un importante grupo económico –y de una minoría selecta- que lo único que quiere es apoderarse de todo, disminuye su influencia. Y cuando esta influencia disminuye, el pulpo entra en pánico, pierde el control y –como buen molusco- arroja tinta a mansalva. Por eso resultan cada vez más obvias sus operaciones. Abandonan la sutileza porque están desesperados. No tienen límites y el blanco puede ser cualquiera, desde Hebe de Bonafini hasta el Presidente de la Corte Suprema de Justicia. No importa romper el pacto con el público que consume sus productos con la inocente intención de adquirir información; no les afecta traicionar esa confianza. Total, no viven del diario, sino de lo que pueden construir –o destruir- a partir de él. Además, no es un diario, sino un universo de medios que sólo destilan pus.
Bueno, no está tan solo el siniestro grupo. Todavía quedan seguidores que sólo buscan alimentar sus prejuicios para murmurar un “viste, son todos iguales” cada tanto en la cola del banco, durante una charla ocasional en el ascensor, esperando al nene en la puerta del colegio privado, o en el club, revoleando con contenida indignación el palo de golf o en cualquier otra escena similar. Esos consumidores del multimedios sólo buscan en esos titulares la confirmación de todos sus preconceptos y odios; sólo esperan de esos titulares elementos que contribuyan a la reafirmación de su más absoluto individualismo; sólo encuentran en ellos los argumentos necesarios para incrementar su desprecio hacia el otro. Además, hay mosqueteros que con sus plumas, golas y máscaras ponen el cuerpo y entregan el alma –o lo que sea que tengan- para defender La Causa. Y por supuesto, están los soldados de segunda categoría que, disfrazados de políticos, intentan actuar como cancerberos lanzando mordiscones hasta donde alcance la cadena.
Algo de eso hay con el pedido de juicio político al Vicepresidente Amado Boudou. Mientras el Congreso se dispone a debatir el proyecto de la nueva Carta Orgánica para el Banco Central de la República Argentina, un paso crucial hacia un país más justo, algunos diputados de la oposición rabiosa pretenden presentar un pedido de juicio político con una fundamentación basada en titulares periodísticos –con perdón- y las declaraciones no oficiales de una ex esposa despechada y mitómana. Patricia Bullrich es la punta de lanza –roma y oxidada- en esta arremetida. Después de haber sido expulsada de la Coalición Cívica, ahora busca cobijo en el PRO, última estación antes de las minoritarias agrupaciones neo-nazis. Algunos diputados la respaldarán en el pedido, sin cuestionarse demasiado a quién representan ni qué intereses persiguen. Otros tratarán de disimular sus ganas de integrar la movida y, con declaraciones de ocasión, renunciarán a esta cruzada. Y los muchos votarán por la negativa, no para silenciar un caso de corrupción –como denunciarán, seguramente, los promotores de este absurdo- sino porque no hay pruebas que insinúen siquiera sospechas al respecto.
Por supuesto que saben que el pedido de juicio político es improcedente, como saben también que “la causa” no es más que una serie de chimentos infundados. Sólo quieren agitar, sembrar vientos para cosechar tempestades. Con eso se ganan la vida, construyendo ruinas. Porque El Grupo gana más cuando ocurren las catástrofes que provocan. Y los serviles se sacian con las migajas y algunas palmadas en la cabeza.
Pero también la agitación se dispara desde las torres de la CABA. El corte de doce horas de una autopista por los habitantes de la Villa 31 huele a provocación: el incumplimiento de una promesa del Gobierno local para solucionar un problema de transporte escolar por intimación de un juez. Y las culpas, de una o de otra manera, caen en el Gobierno Nacional que tiene que aportar una solución en un distrito que no le corresponde por un problema que no ha provocado. Y el Congreso también tiene que emplear su tiempo en discutir una ley para obligar a Mauricio Macri a que tome bajo su jurisdicción el transporte subterráneo y terrestre. Una ley para obligar a un gobernante a que se haga cargo de lo que tiene que hacer, es decir, gobernar. Encima, brutos como son, dicen que el Gobierno Nacional es unitario y ellos –los niños PRO- son federales cuando cualquiera que haya pasado por la esquina de una escuela sabe que es al revés. Los unitarios pretendían que todos los recursos del país estén al servicio de la metrópolis, es decir, de la oligarquía asentada en la Capital. Los federales, no. ¿O acaso no es una posición unitaria reclamar que el Ejecutivo Nacional administre y subsidie el transporte público en una ciudad que es autónoma?
Además, mienten. La inversión que el Gobierno Nacional ha hecho en el subte supera los 5.740 millones de pesos entre 2003 y 2011, según datos de la Comisión Nacional de Regulación del Transporte, invertidos en obras de renovación de vías e instalaciones y en material rodante. Sin embargo, dicen que Nación no ha invertido nada. Pero también amenazan: aumentará a cuatro pesos la tarifa si se produce el traspaso de las líneas de colectivo, al igual que hicieron con el subte. El macrismo vive hablando de la inseguridad y reclama agentes de “la federal” mientras la Policía Metropolitana no se hace cargo de nada. El primer día de clases el ministro Bullrich firma el decreto 2902 con el que ordena el cierre de 221 cursos, provocando el amontonamiento de los chicos y la ira de padres y docentes, que desempolvarán la Carpa Blanca, pero con un destinatario diferente.
No sólo quieren sacar de quicio a las autoridades nacionales, sino también a la población. Entre las provocaciones mediáticas y las políticas apuestan a generar el caos social necesario para desestabilizar, para generar desconfianza. Estos personeros del pasado –de cualquier pasado peor que este presente- están dispuestos a todo con tal de desgastar la figura de CFK, de llenar a la sociedad de pus. Provocan porque esperan una reacción. Pero no es con piedras como hay que responderles ni tampoco con medidas apresuradas que puedan dibujar como censura. Hay un abanico de leyes que este monstruoso grupo incumple y esa debe ser la herramienta para desarmarlo. Pero además, hay más de un 60 por ciento que ya desoye sus maquinaciones. Todavía falta. La derrota total se dará cuando solo la élite que se beneficia con la destrucción y el caos se convierta en el único público de tan malsanos contenidos.

sábado, 10 de marzo de 2012

Los derroteros de la realidad

Pequeños ante la realidad. No más que eso. Nuestra experiencia inmediata se limita a lo que podemos captar con nuestros sentidos. Escenas inconexas desfilan ante nosotros y a partir del punto de vista, de nuestra subjetividad, tratamos de darle algún sentido. En la playa, un hombre con aspecto no muy cuerdo, camina solitario. Cada tantos pasos llama la atención de los bañistas y escribe nombres en la arena con la ayuda de un palo. Nombres sin apellido. Nombres comunes que deben tener algún significado para él. No para el resto, que mira con desatención. Interpretaciones de ese hecho puede haber muchas. La carta de un lector en un matutino habla de venganza, en sintonía con los vómitos expresivos del dictador. La teoría de los dos demonios subyace en el argumento. Pobre, confuso. El texto tiene pocas líneas, pero estremece. Si juzgan a unos, que juzguen a los otros. Lugar común de los que no toleran revolver el pasado; que esgrimen esa torpe idea sólo para impulsar el olvido. Y un taxista exaltado, vociferante, explosivo, a la vez que transita por las calles de la ciudad, anuncia con absoluta seguridad que este gobierno nos quiere trasladar a Cuba. Mientras este ignoto profesor de provincias se preguntaba cómo se acomodarían los cuarenta millones en la pequeña isla caribeña, el chofer parlanchín seguía recitando denuncias apocalípticas escuchadas en alguna radio ultra opositora a todo.
Imágenes dispersas que pueden inducir a un apunte gracias a la intervención de un relato, de una mirada subjetiva –como no puede ser de otra manera- que ponga orden al caos de la realidad. El caminante solitario de la playa que escribe nombres en la arena tal vez intente compartir su historia, una historia de pérdidas violentas, de ausencias enloquecedoras. De ahí su extravío. O no. Quizá –por un extravío previo- le gusta escribir nombres en la arena y nada más que eso. La carta del lector es más impactante. Primero: porque tiene mala intención y es oportunista. Segundo: porque los delitos de Lesa Humanidad son crímenes atroces perpetrados con énfasis por quienes usurparon el Estado y no los delitos comunes cometidos por civiles; los primeros son imprescriptibles pero los segundos, no; además, no es posible juzgar muertos ni desaparecidos, aunque se ponga toda la buena –es un decir- voluntad posible. Esto en el caso de que los treinta mil hayan estado involucrados en la guerrilla, algo imposible. Tercero: la palabra venganza es muy usada por los reaccionarios que desacreditan al Gobierno Nacional por una de sus más valientes medidas, los juicios a los genocidas y sus beneficiarios. Y, por último: ¿qué necesidad de publicar esas líneas tan provocativas y sin fundamento? No importa en qué diario salió. En cualquier localidad del país debe haber editores que permiten que se filtre, cada tanto, algún contenido retrógrado de algún lector real o imaginario.
El taxista no era imaginario. El autor de estos apuntes temió, por un momento, perder su milenaria paciencia y su inagotable buen humor. Lo que salía de la boca del chofer era un compendio interminable de calamidades políticas, económicas y sociales que ocurrieron, ocurren o que van a ocurrir. “Este gobierno nos está llevando al desastre”. “¿Qué gobierno, el municipal, el provincial o el nacional?”. “Todos, porque el Gobierno Nacional nos está llevando hacia Cuba”. Exquisita metáfora macartista. En la carta, un gobierno vengativo que juzga a los militares que triunfaron contra la subversión. En el taxi, un gobierno alineado con la nostalgia soviética y el socialismo de Castro. Ambos pueden ser estereotipos que se relacionan en este relato. Cuando el bienintencionado pasajero quería establecer las diferencias entre el socialismo y el tipo de capitalismo que está tratando de construirse en el país, el chofer vociferaba denuncias de supuestos actos de corrupción –descartados o por descartarse- cometidos por funcionarios nacionales. No es que uno piense la política como un capítulo de Heidi, sino que resulta indispensable separar los actos políticos, las decisiones ideológicas de las acciones delictivas. Lo primero es político; lo segundo, judicial. La corrupción no es La Política, sino una distorsión.
Como la derecha niega la ideología, toda discusión política se convierte en judicial. Esa mezcolanza se produjo en los noventa. Hablar de política era hablar de corrupción. No se discutían las medidas tomadas por Menem y sus secuaces desde el punto de vista político, sino desde la connivencia con el poder económico, las manos untadas de los funcionarios, del enriquecimiento ilícito y meteórico, de la sospecha permanente hacia todos. Los medios –enciclopedias de denuncias, entonces- se convirtieron en fiscales, casi jueces. Y los ciudadanos eran testigos del desguace y el consecuente empobrecimiento de su cotidianeidad. Todo lo malo se producía por la corrupción, no por la entrega del patrimonio ni por la construcción de un Estado cada vez más pequeño al servicio de los intereses de los poderes fácticos.  
Después de la explosión de 2001 y del desamparo social, nada puede ser igual. La Política retornó del exilio y comenzó una lenta recuperación del rol del Estado, que, entonces, estaba en vías de extinción. Con sus tropiezos y contradicciones, el Gobierno Nacional está orientando la reconstrucción de un país en ruinas. Construir es un camino lento, fatigoso y tortuoso. La destrucción es más rápida y hasta puede resultar divertida para los que se benefician con ella. Analizar este proceso desde la mirada noventista –desmemoriada y desideologizada- puede provocar severos extravíos. Como el taxista exaltado por el denuncismo permanente de muchos medios de comunicación.
No importa si las denuncias vertidas a un micrófono tengan o no fundamento; lo importante es que huelan a estiércol y salpiquen mucho a quienes intentan controlar -o al menos contener- la avidez del establishment. Lo que verdaderamente les importa es alejar lo más posible la discusión del terreno ideológico. Lo que verdaderamente buscan es alimentar prejuicios. Lo que verdaderamente quieren es defender los intereses de los que añoran volver a gobernar nuestro país.
Los barriles de tinta que invirtieron los medios hegemónicos para relacionar al Vicepresidente, Amado Boudou con la ex Ciccone Calcográfica rindieron sus frutos. Al menos sirvieron para rescatar del olvido al ex gobernador Hermes Binner. El ex anestesista calificó de “gravísimo” este caso, aunque todavía no hay pruebas suficientes para elevar siquiera una acusación sólida. Así y todo, llamó al Gobierno a no “cubrir con silencio” el tema, a pesar de las apariciones de Boudou en diferentes medios. El líder del FAP remató su jugosa declaración con una frase que debería usar como guía, sobre todo la primera parte: “el silencio es bueno para muchas ocasiones y es muy malo para otras”.
Hasta ahora, el fiscal federal Carlos Rívolo basa las acusaciones que todavía no hizo pero sabiamente difunde por los medios en las declaraciones de Laura Muñiz, ex esposa de Vanderbroele, supuesto amigo de la infancia de Amado Boudou, aunque no se conocen. Despechada, la mujer habla de todo y a la vez reconoce que no sabe nada. Hasta su madre confesó que no hay que creerle porque es mitómana. Raro, pero el fiscal dijo que aunque no tenga pruebas elevará igual su denuncia. Los medios, felices, porque de esa manera, de la manera que Binner exige, obligan al Gobierno a seguir esa agenda perversa que se basa en la necesidad de defenderse de lo que no se lo acusa. Un juego que confunde política con corrupción y embarra el camino. Las fieras neoliberales están al acecho y para lograr sus objetivos sólo esperan que una piedra golpee en el lugar indicado para agitar un clima destituyente similar al que se vayan todos o la Rebelión de los Estancieros. La negación de la política ya la vivimos y no nos hizo bien. De eso nos estamos recuperando. Un relato entretenido con algunos tintes policiales puede dar por tierra con todo lo reconstruido en estos ocho años. Un relato solidario y comprometido con el futuro nos llevará al país que todos merecemos. Sólo queda evaluar qué relato será el más beneficioso.

La Inquisición Amarilla

Que la sesión vacacional del Congreso para resolver la expulsión de Julio De Vido formó parte de la campaña ya es más que evidente . ...