lunes, 18 de septiembre de 2017

Instrucciones para saltar el cerco



Si en algo aventaja el PRO a otras fuerzas políticas es por su prepotencia: lo que quieren hacer, lo hacen, aunque contradiga principios propios y ajenos. No tienen tantas vueltas intelectuales, morales o institucionales. Con protección mediática y complicidad judicial, cualquiera es vivo. Cuando el establishment gobierna, las cosas son así: dan rienda suelta a su pulsión dominante y sus emisarios se encargan de materializar los más angurrientos deseos, aunque dejen en el camino un tendal de víctimas. Desde ese lugar tan impune, ponen nombres a las cosas, legitiman lo ilegal y naturalizan lo aberrante. Ellos pueden sentenciar sin pruebas al más inocente e indultar al más mugriento con sólo pensarlo. Cuando el establishment gobierna la armonía es absoluta, aunque haya inflación, la deuda nos agobie, el hambre aceche y el desempleo esté de fiesta.
Cuando estaban en campaña presidencial, no dudaron en culpar a Cristina por el suicidio de Nisman, la tildaron de ‘asesina’ y muchos funcionarios aún hablan del gobierno que “se cargó a un fiscal”. Y todo esto en contradicción con las conclusiones del peritaje realizado por los expertos de la Corte Suprema de Justicia, que aseguran que nadie tuvo participación en su muerte más que él mismo. A pesar de esta contundencia, continúan exhibiendo el cadáver para mantener vivos los prejuicios de sus adherentes y algunos confundidos. Aunque no tienen nada nuevo, reciclan operaciones viejas para sostener la sospecha durante la eternidad que dure el mandato. Y no sólo la sospecha, sino la culpa, a pesar de que CFK no está ni mencionada en la causa judicial que lleva adelante el juez Julián Ercolini. En caso de que se concluya en un improbado asesinato, el único señalado por la querella es Diego Lagomarsino, el amigo, asesor informático y socio de algunas cuentas en el extranjero del fiscal, no de Cristina.
Ridículo. Caprichos del Poder. Absurdos que se convierten en norma. Patrañas que se truecan en verdad, a fuerza de insistencia mediática y el oportunismo de algunos opositores que se enganchan como bagres a las peores carnadas. Y por la timidez de algunos opositores en serio, que se cansan de responder con obviedades a las chicanas más obscenas. Ahora que los Amarillos necesitan reforzar la campaña para revalidar una gestión más abundante en desastres que en logros, reflotan el caso con una reconstrucción de madera del baño de Nisman y una relectura de los peritajes para concluir lo contrario. Ellos hablan de independencia judicial pero presionan a los jueces para que armen las causas más incongruentes y ejecuten una venganza de clase con condenas cargadas de injusticia. Si tuvieran algo concreto contra Cristina, en estos casi dos años de poder absoluto ya la hubieran arrojado a la sombra de una celda. Como no tienen nada, resulta más efectivo prolongar la culpabilidad virtual hasta que la caldera social estalle ante tanto escarnio infundado.  
Una ensalada conceptual
Ellos pueden vociferar que Cristina asesinó a Nisman pero nosotros no podemos sugerir que Macri desapareció a Santiago. Así es el poder. Aunque Maldonado haya desaparecido en medio de un operativo ilegal de Gendarmería ordenado por el Jefe de Gabinete del ministerio de Seguridad para proteger la avaricia del terrateniente Benetton, avalado por la ministra Patricia Bullrich e ignorado por el empresidente y los grandes medios durante las primeras semanas, no nos dejan hablar de ‘desaparición forzada’. Si avanzamos más allá de los excesos de un par gendarmes, estamos haciendo “un uso político de un tema doloroso”. Cuando Ellos lo hacen, no hay problema. Cuando lo hacen los demás –con motivos más valederos- se desata la furia celestial de los titulares y de los opinadores a sueldo. Ellos pueden convencer al público cautivo de que un suicidio es un asesinato y que una desaparición, un accidente con sólo presionar el enter. En cambio, para recuperar la coherencia conceptual que los ceos han pisoteado deberemos lidiar muchos años.
En lugar de emprender el camino de la Pobreza Cero, Macri inaugura un comedor comunitario en Añatuya con bombos y platillos. Lo que debería ser una excepción, comienza a convertirse en regla. Y la administradora del lugar de caridad, Margarita Barrientos, celebra como un éxito que la comida preparada no haya alcanzado para todos los asistentes. Insólito: festejan que haya muchos que no puedan satisfacer sus necesidades más elementales. Pronto tomarán como un logro que los chicos vayan a la escuela sólo por la comida y la copa de leche. Bueno, si la ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley, se emociona con los desocupados que subsisten juntando cartones o preparando asados en la puerta de sus precarias casas, la impronta PRO nos puede conducir a terrenos más tenebrosos de los que imaginamos. El asistencialismo que tanto criticaban se convierte en la única forma de atenuar el despojo que muchos padecen y las inseguras changas de los desesperados se transforman en el emprendedurismo que tanto pregonan. Si siguen trastocando los conceptos, en breve llamarán bienestar a la supervivencia y dieta saludable a la desnutrición.
De continuar con esta hegemonía enloquecedora, ya ni reconoceremos nuestra lengua cotidiana. Si no ponemos un filtro a lo que nos imponen a diario, cada vez entenderemos menos lo que pasa. Y peor, no sabremos cómo salir de tanto embrollo. Menos mal que el jueves, una entrevista sorpresa se convirtió en Cadena Nacional. La tan denostada Cristina, lejos de estar fuera de juego, toma las riendas de su centralidad política. Aunque el periodista que condujo el momento televisivo no pudo escaparse de la fabulera agenda hegemónica, CFK demostró que su habilidad discursiva y su fortaleza conceptual están tan vigorosas como siempre.
Y dejó al descubierto que las acusaciones que la tienen como blanco no son más que patrañas. Hotesur, dólar futuro, traición a la Patria, asesinato y todas las causas que han inventado hasta ahora tienen como objetivo denostar un proyecto de país que disputó poder en serio. Su proyecto deja en claro de qué lado hay que estar si queremos construir un país desarrollado y equitativo. Si producimos alimentos para 400 millones de personas, ¿cómo es posible festejar que un desocupado subsista con cartones o asados? Qué distraído hay que estar para aplaudir la inauguración de un comedor comunitario, que estatiza la caridad. Qué poco hay que entender para rechazar la propuesta política que nos sacó del pantano y apoyar un modelo que nos está sumergiendo en uno peor. Qué triste es aprender a los golpes cuando hay maneras menos dolorosas. Y todo para evitar el enojo de los poderosos, que ni se mosquean por el daño que producen cuando usurpan el gobierno.

jueves, 14 de septiembre de 2017

Un horizonte sombrío



La desaparición forzada de Santiago Maldonado seguirá siendo una piedra en el zapato de Macri sólo si comprendemos su gravedad y sus consecuencias. Más allá de los intentos de los medios hegemónicos por desviar el foco o alivianar el caso, debemos evitar que lo desplacen de la agenda. Aunque jueguen a los dados con la opinión pública, no debemos permitir que salgan airosos de este nefasto episodio. Por más que ahora empujen a la hoguera a un puñado de gendarmes, no debemos olvidar que apelaron a las más obscenas tretas para evitar que el fango salpique a la fuerza de seguridad que garantiza la ejecución del Cambio. Pero lo que necesitamos no perder de vista es que están dispuestos a todo con tal de preservar los privilegios de la clase a la que verdaderamente representan. Si dejamos que lo conviertan en un simple caso policial, no habrá antorcha que pueda disipar las sombras que pronto nos envolverán.
La confusión reina en los que se dejan confundir por el disparatado relato que construyen a diario. Que Santiago era un agente encubierto del terrorismo internacional o un experto karateca capaz de vencer a una brigada de efectivos armados como si fuera un héroe de película; que peinaba rastras o usaba capucha; que era un hippie vip con tres celulares que apoyaba la causa mapuche; que quería escaparse de su familia; que está escondido en territorio sagrado o que sacrificó su nombre para pasar a la clandestinidad. Absurdos que sólo un voluntario podría tomar como ciertos. Chismes que no alcanzan para desaparecer a una persona. Excusas que sólo sirven para seguir acosando a las comunidades que reclaman sus tierras ancestrales, para que sus derechos sigan siendo pisoteados, para que los grandes terratenientes sigan apropiándose de nuestras riquezas.
Mientras reflexionamos sobre estas cosas, quizá estén buscando un lugar más o menos verosímil para aparecer a Santiago con una historieta funcional a la campaña. Una fábula que les permita simular preocupación y eficacia y que aleje las similitudes con la dictadura a la que tanto se quieren parecer. Un final feliz que descoloque a los mal pensados que quieren hacer política con algo tan dramático, como si Ellos no hubieran explotado el suicido de Nisman para invadir La Rosada. Una escena tan convincente que los convierta en angelicales constructores de un futuro próspero para esta Argentina tan castigada por los doce años de kirchnerismo.
Si consiguen algo así, estamos fritos. Si logran legitimar la violencia institucional para imponer este modelo de despojo, será mejor que empecemos a buscar refugio. Si convencen a los votantes de que éste es el mejor camino, en breve protagonizaremos una remake de los peores momentos de nuestra historia.
La Grieta recargada
Ningún gobierno podría subsistir afectando a tantos sectores de la sociedad, prometiendo ajustes y tarifas de miedo, destruyendo la industria y el comercio y endeudando el país como nunca si no fuera por la nociva complicidad de los medios hegemónicos. Los principales diarios del mundo son más críticos de Macri que los más vendidos en nuestro país. Los Panamá Papers, la prisión de Milagro Sala, el escándalo del Correo Argentino, la alteración de los números electorales son tópicos inaceptables para el mundo civilizado. Una marcha de personas en sillas de rueda y muletas para exigir la restitución de las pensiones por discapacidad es la imagen más cruel que podría imaginarse. Hasta denuncian que Argentina se ha convertido en un paraíso financiero para los especuladores. No es para menos, si las Lebacs ya amontonan una deuda que supera el billón de pesos. Y a esto hay que sumar los préstamos cercanos a los 140 mil millones de dólares, cifra récord en nuestra historia. Si una parte de esa cifra se hubiera invertido en estímulo a la producción y obra pública en serio, estaríamos más cerca del paraíso que prometen. Pero no: nos están endeudando bestialmente para que sus amigotes engrosen fortunas gracias a la perniciosa timba.
Lejos de mostrar buenas intenciones, las medidas del Gran Equipo buscan perjudicar a los más vulnerables. El ministerio de Agroindustria serruchó un programa de asistencia a pequeños y medianos productores de verduras de hoja que afectará a más de diez mil familias. ¿Acaso los votantes PRO aplaudirán esta decisión porque la mayoría de los damnificados son bolivianos radicados en el país? Lo más enojoso es que los funcionarios deben tener en carpeta una serie de subsidios y compensaciones para los grandes productores por las inundaciones que, en parte, se agravan por la deforestación angurrienta. Para los más ricos quita de retenciones, bajas impositivas, libertad para especular con los granos y el dólar, pero para los más desfavorecidos, la implacable guadaña.
¿Tan difícil es comprender que gobiernan para una élite y que, en breve, casi todos estaremos afectados por esta fiebre amarilla? Mientras ponen las fuerzas represivas para proteger latifundios, los diputados del Cambio se niegan a prorrogar la ley 26160 que prohíbe los desalojos a los pueblos originarios. ¿Cuán voluntario hay que ser para creer que los objetivos de esta ceocracia son la pobreza cero, el pleno empleo y el desarrollo? ¿Qué confundido hay que estar para creer en la transparencia, el diálogo y la verdad que pregonan?
El escenario electoral auspicia una inevitable polarización entre estos ajustadores y los que quieren frenar el saqueo. En el medio quedan aquellos que susurran tímidas críticas al oficialismo y se hacen eco de la despiadada demonización del kirchnerismo. De tan timoratos, terminan siendo funcionales al plan destructivo al que simulan oponerse. De tan acomodaticios, acabarán descartados en un lado del camino o succionados por la banda que nos des-gobierna. El rechazo a la convocatoria de CFK para la unidad de los opositores deja en evidencia a estos ‘dirigentes’ que obedecen sin dudar las directivas del establishment. El Cambio no admite medias tintas: convalidarlo en las urnas significa profundizar el sufrimiento de muchos argentinos. Que Macri balbucee mal el Padre Nuestro puede inspirar algunos chistes en las redes, pero que asista a la inauguración de un comedor revela que la caridad es la única respuesta que tienen para atenuar la pobreza. El horizonte es mayor desigualdad y el que crea otra cosa padece una sobredosis de voluntarismo.

lunes, 11 de septiembre de 2017

Un huracán de entrecasa



Acosados por las evidencias, los PRO necesitan cambiar su discurso para gambetear el impacto producido por la desaparición forzada de Santiago Maldonado. Después de intentar la demonización de la víctima y la angelización de los victimarios, ahora probarán con la instalación de un chivo expiatorio para demostrar a la sociedad un compromiso inexistente con los DDHH. Que todo quede resumido a “un gendarme que se le fue la mano” es inaceptable en un estado de derecho, más aún si ésta fue la posición que evitaron desde el comienzo de este conflicto. Si hubieran empezado por ahí, por tomar como sospechosos a todos los efectivos que participaron en la invasión a la comunidad mapuche y los hubieran interrogado en lugar de protegerlos, otra sería la historia. Si los uniformados cometen excesos –eufemismo doloroso en la memoria- es porque tienen rienda suelta para cometerlos.
No sólo la vía libre, sino el sustento ideológico: los Amarillos construyen un enemigo despreciable que no merece ni la vida. Y ese enemigo puede tomar la forma de un opositor apenas crítico o de un ciudadano que reclama la restauración de sus derechos. Un uniformado que se alimenta con tanto veneno descarga su ponzoña con palos, balas o gas pimienta. Y si no recibe la orden ‘aniquilar’, actúa como si la hubiera recibido.
Por eso, que Patricia Bullrich deje de ser ministra no modificará un ápice la pulsión represora del Cambio. No olvidemos que sacrificó a 40 gendarmes a poco tiempo de estrenar su cargo para satisfacer el espíritu vengativo del gobernador Gerardo Morales. Y se sacrifica ella antes que tirar por la ventana a un agente ‘desbocado’. Cualquier cosa antes que reubicar a esa fuerza en las fronteras, como corresponde. Lejos de ser garantía de seguridad, la Gendarmería actúa como tropa de ocupación en todo el país. Y no para solucionar conflictos sino para desatarlos. Que sean gendarmes los custodios de Milagro Sala no sólo es una invasión jurisdiccional y un atropello a las instituciones, sino una provocación monstruosa. Si en algún momento se confió en esta fuerza para sofocar delitos de narcotráfico, ahora se ha convertido en el brazo ejecutor del control ideológico que el Gran Equipo pretende realizar.
La semana pasada, una clase pública organizada por docentes y estudiantes del instituto Olga Cosettini de Rosario fue interrumpida por uniformados con perros y armas de fuego. Y todo porque estaban reflexionando sobre la desaparición de Santiago Maldonado. A un joven que colgaba un cartel en la esquina uno de los agentes le gritó: “vení flaco. Yo soy la autoridad, vení para acá, callate la boca”. El diálogo, el consenso y la pluralidad de voces, te las debo.
La voluntad de los manipulados
Todo pasa tan rápido que muchas cosas quedan en el tintero. A fines de agosto, un grupo de padres muy consustanciados con las operetas mediáticas clamó un “con los chicos no” en las redes sociales porque los docentes debían introducir en clase el debate sobre la desaparición forzada, tal como disponen la ley y el calendario escolar. Que algunas empresas desembarquen en las aulas para explicar las bondades de sus productos no inspira una letra de estos comprometidos progenitores. Ni que la policía invada los colegios para detectar estudiantes rebeldes y profesores díscolos. Y menos aún la reforma educativa que impondrán como prueba en algunos establecimientos de la CABA para que los adolescentes se acostumbren a ser esclavos con propina o changueros con traje de emprendedor. Hasta aplauden en la soledad del baño que la ministra de Educación porteña pretenda criminalizar a los chicos que tomen colegios para rechazar la “Secundaria del Futuro”, porque saben que sus hijos no hacen esas cosas. Con nuestros chicos no; con los demás, lo que sea.
Autómatas que responden a las órdenes de la pantalla, que creen que todo es culpa de los K y que están convencidos de que el Cambio es lo mejor para la Argentina. Individuos a destajo que sostienen que el bienestar conseguido es fruto de su propio esfuerzo y que para permanecer en el peldaño que ocupan deben escupir a los de abajo y besuquear a los de arriba. Serviles inconscientes del ideario del amo que jamás sospechan que serán tan víctimas de la guadaña como sus despreciados vecinos. Por ahora, vitorean los males que padecen los otros pero cuando les llegue la hora buscarán apoyo en los que antes vieron caer. Manipulados que destilan bilis ante los fabulados delitos de la gestión anterior y consienten con indiferencia los actuales latrocinios. Cautivos que se conmueven con las imágenes del huracán Irma en el fin de semana de los ricachones pero no destinan una lágrima para los olvidados damnificados de las inundaciones vernáculas. Practicantes de una indignación selectiva que piden cárcel para los corruptos y tronos para evasores, especuladores y fugadores.
Un manojo de ellos se juntará el sábado para expresar su incondicional apoyo a los ceócratas que convirtieron la Casa de Gobierno en La Rosada SA. Muchos o pocos, allí estarán, disfrazados de ciudadanos para alentar la continuidad del saqueo que estamos padeciendo. Ajenos a la hecatombe, a la prepotencia, a la burla, a la inoperancia, aplaudirán al rabino Bergman con su traje vegetal, a la Bullrich vestida de Rambo y al Bullrich como conquistador del desierto, a Laura Alonso denunciadora de la corrupción pasada y apologista de la presente y a todos los miembros del Gran Equipo que operan para hacer de Argentina el mejor de los negocios. Y si aparece en la fiesta la diputada Carrió, coronarán su incoherencia con las más desproporcionadas muestras de adhesión. Ese día nadie preguntará por Santiago Maldonado, la deuda del Correo o el blanqueo de los familiares. Ni se acordarán de los Panamá Papers ni contarán cuántos jardines de infantes se han construido en estos casi dos años.
El sábado será un paraíso de globos y felicidad, aunque coincida con la conmemoración del golpe de Estado de 1955 o de La Noche de los Lápices. O quizá sea eso lo que celebren en las calles: el retorno de una impronta fatal que alejará para siempre los peligros del populismo que, más por identificación errónea que por interpretación certera, están obligados a rechazar. Aunque sean pocos, se sentirán como muchos y si la desinformación gobierna esas amarillas cabecitas, el ceño severo y los labios fruncidos simularán estar al tanto de lo que defienden. Nadie convoca a una catástrofe climática para que amenace su casa, pero en el cuarto oscuro muchos eligen la peor de las tormentas.

jueves, 7 de septiembre de 2017

Turbulencias de agosto



Los Amarillos están perdiendo el control y no atinan con la clave para recuperarlo. Si no es la economía que no se despierta son las fuerzas de seguridad que están desbocadas. Ni la Selección de fútbol dibuja una sonrisa que pueda distraer un poco. Después de probar con patrañas y demonizaciones durante más de un mes, el empresidente Macri y su Gran Equipo descubrieron que la desaparición forzada de una persona preocupa a muchos más que a sus familiares. Por fin se enteran que el marketing no puede disfrazar el desdén y que detrás de los números hay gente de carne y hueso. Nadie puede augurar si agosto porta lecciones para modificar la impronta PRO o para simular un poco de humanidad como parte de la campaña, pero con el caso Maldonado la gobernabilidad recibió heridas que no se sanan con globos ni bailecitos.
El cambio de discurso resulta notorio. El Ingeniero se refirió al tema por primera vez en estos días, aunque no de la mejor manera: primero para condenar los hechos de violencia que Ellos mismos habían planeado y después para recitar algunos formalismos de catálogo. Cualquier cosa menos reconocer que el conflicto por las tierras ancestrales de los mapuches no se soluciona con palos. En realidad, nada se soluciona de esa manera, sino con eso que tanto pregonan pero no practican: el diálogo. El diálogo no como un camuflaje para imposiciones, sino como la búsqueda de un camino para resolver un problema. Claro, parece fácil, pero no lo es. Más aún cuando los administradores del Estado, en lugar de arbitrar, ayudan a los poderosos. En lugar de planear sus medidas para atenuar las penurias de los más vulnerables, operan para favorecer a los que nada necesitan.
Con una mano en el corazón, Benetton y algunos más tienen tierras de sobra. Y quieren más a costa de lo que sea. El Estado, en lugar de acotar la ambición para evitar que despojen al resto, alienta la pulsión y la facilita; de esta forma, pronto estaremos los 40 millones amontonados en un islote. Y este razonamiento permite analizar cada una de las decisiones y propuestas de los gerentes. Desde las reformas laborales que hacen vibrar sus duros corazones hasta las quitas impositivas que excitan sus hormonas. Desde sus excusas hasta sus razones, desde los estigmas que vomitan hasta las adulaciones que lengüetean. En todo está la intención de esquilmar derechos para potenciar privilegios.
La desaparición como amenaza
Por supuesto, no lo dicen de esa manera: el maquillaje abunda en las zanahorias que exhiben. La engorrosa y engañosa propuesta de la Reparación Histórica permitió el blanqueo de amigos y familiares a cambio de casi nada. Delincuentes de guante blanco que arrojaron unas monedas a las arcas del Estado para legalizar una evasión de años. Ni siquiera los invitaron a repatriar los capitales fugados para invertirlos en algo más productivo que la bicicleta financiera. Ni los obligaron a servir la copa de leche en algún comedor comunitario para que aprecien de cerca el daño que produce tanta especulación. Ahora son legales sin recibir, al menos, un edificante rapapolvo.
Con las tarifas de los servicios públicos han hecho lo mismo: nos convencieron de que estafábamos a los distribuidores de servicios consumiendo como parásitos por chaucha y palitos. Ahora que sacaron los subsidios y multiplicaron las ganancias empresariales, nos tratan como niños malcriados por pretender usar calefacción en invierno y refrigeración en verano. Una perversa ecuación se ha instalado en nuestras vidas: adquirimos menos confort por mayor precio y en lugar de invertir en producción, fugan las ganancias a paraísos inalcanzables.
Pero la ola ajustadora no se detiene porque hay que reducir el déficit que Ellos mismos producen. Mientras anuncian en los medios que despiden a ñoquis choriplaneros –la grasa militante- contratan globoludos con sueldos triplicados para que se conviertan en timbreros o activistas de las redes sociales. Mientras sub-ejecutan partidas presupuestarias aprobadas por el Congreso en áreas esenciales, reparten pautas publicitarias encubiertas o sobornan operadores de los medios para que tapen las trapisondas con historias inverosímiles. Ni los discapacitados se salvaron de la guadaña, aunque la Justicia ya ordenó restituir las pensiones que –por cruel capricho- habían eliminado.
La vaselina con que pasa todo esto tiene dos fuentes: los medios hegemónicos que confunden el entendimiento colectivo y las cuevas de Comodoro Py donde hay alimañas tribunalicias siempre dispuestas a inventar las causas más estrambóticas. Ahora que el encubrimiento por el caso Maldonado puede salpicar a varios, el eficiente y mañoso juez Claudio Bonadío sale al escenario para reflotar la vergonzante denuncia de traición a la Patria contra CFK y el ex canciller Héctor Timerman. El memorándum con Irán ponderado en su momento por el fiscal Alberto Nisman, aprobado en el Congreso por amplia mayoría, bien recibido por dos agrupaciones de familiares de víctimas de la AMIA y que nunca se puso en funcionamiento, sólo sirve para alimentar prejuicios desde titulares reiterativos. De la intención de la gerencia PRO de entregar los archivos de inteligencia por el atentado a una empresa estadounidense casi nadie esboza una protesta.
 Con todo esto han jugado hasta ahora pero la desaparición de Santiago Maldonado se convierte en un límite. Las mentiras que han propalado y los versitos recitados los deja al desnudo. El marketing no alcanza a tapar tanto atropello. Con la impunidad que los caracteriza, tildan de ‘política’ cualquier crítica cuando son Ellos los que han perpetrado un crimen político. Ellos se escandalizan por el uso que los opositores hacen de este caso cuando sobre explotaron el suicidio de Nisman presentándolo como un homicidio. Y lo siguen haciendo, tratando de validar nuevas pericias cuando cualquiera sabe que eso ya es imposible. Con tantas trampas que tienden van a terminar entrampados.
Agosto brinda muchas lecciones pero no para los ceócratas, que jamás aprenderán nada bueno, sino para los que siguen confiando en ellos sin beneficiarse en nada. Si no alcanza la barbarie de los gendarmes ni las torpezas defensivas de la ministra para el desencanto de los incautos, un macabro detalle debería bastar para que algunos desorientados crucen de este lado de la grieta: la nueva tendencia represiva incluye la desaparición como amenaza. Si esto no convence es porque la oscuridad ha invadido esos confundidos corazones. Entonces, ya son irrecuperables.

Instrucciones para saltar el cerco

Si en algo aventaja el PRO a otras fuerzas políticas es por su prepotencia: lo que quieren hacer, lo hacen, aunque contradiga princip...