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jueves, 1 de diciembre de 2016

Las huellas de Cristina



La Presidenta tocó el pianito por un capricho del juez que está acusado por haber permitido que se cometa el supuesto delito del que se la acusa. Por el mismo hecho hay dos causas: una con funcionarios del gobierno anterior y la otra, con funcionarios del actual. Los primeros, no se beneficiaron con la decisión política pero los segundos, sí, con el agravante de que tomaron la iniciativa de devaluar la moneda y determinar el monto de las ganancias. Si el juez Claudio Bonadío hubiera impedido que se liquide la operatoria del Dólar Futuro cuando el presidente del Banco Central le preguntó, no habría daño alguno en las arcas del Estado. Un conflicto de intereses que sólo involucra a muchos de los amarillos. Sin embargo, la única que aparece demonizada en las tapas es Cristina, víctima de una persecución judicial con tintes políticos. La promesa del respeto a las instituciones merecerá un nuevo te la debo, porque para seguir adelante con esta amarga Revolución de la Alegría es necesario pisotearlas a todas.
Cristina toca el pianito porque la prepotencia nos gobierna. El entusiasmo inicial que muchos sentían ante un nuevo gobierno comenzó a transformarse en pasmo apenas conocieron las primeras medidas. Los decretazos para desmantelar leyes lo convirtieron en un violador serial de las normas constitucionales. La minoría parlamentaria que parecía ser un obstáculo se trocó en una desconcertante mayoría a fuerza de sobornos y amenazas. Los uniformados de todos los colores y todo terreno comenzaron a poblar las calles para aplicar los silenciadores de toda protesta. Los desfiles que en tiempos de la dictadura adornaban las fechas patrias hoy es el espectáculo de todos los días.
La advertencia tomó forma con la captura de Milagro Sala, presa en cárcel común desde hace casi un año sin que se haya realizado una acusación concreta. A pesar de las protestas de organismos de DDHH nacionales e internacionales, el republicano gobernador de Jujuy asume el rol de juez y carcelero para ejecutar la venganza de un impune empresario de la zona: Pedro Blaquier. Una forma algo papelonera de integrarnos al mundo, pues los reclamos contra semejante atrocidad ocurren casi todos los días. Ni Macri ni Morales esperaban tanto revuelo por “una coya en cana”. Que la ONU, la OEA y la CIDH reclamen su inmediata liberación indica que la ceocracia amarilla ha traspasado un límite oscuro. En su visita al país, el primer ministro canadiense, Justin Trudeau mencionó el tema y descolocó al Gerente de La Rosada. El secretario de DDHH Claudio Avruj también recibió demandas parecidas en su visita a Francia. Hasta funcionarios propios susurran sobre la incomodidad del asunto. Todos piden la liberación de la militante social indígena Milagro Sala pero la respuesta oficial es más que indignante: Morales se sienta sobre el emblema arrebatado y Macri sólo ofrece una visita guiada por las instalaciones carcelarias. Parafraseando un célebre dicho popular, son más peligrosos que un mono con navaja. O que un gorila con sable, sería más adecuado.
Yira yira: nada es amor
Mientras Cristina toca el pianito, las fuerzas gobernantes se preparan para atenuar las consecuencias de su penosa gestión. La desocupación creciente, la recesión y el cierre de negocios han dejado a muchos argentinos con poco para sobrevivir. Hasta la militante social Margarita Barrientos –villera estrella de los amarillos- describe con dolor y asombro cómo ha crecido el número de concurrentes al comedor que administra en el barrio Los Piletones. Pero el Gran Equipo, lejos de asumir toda responsabilidad en el incremento de la pobreza, habla del tema como si fuera una epidemia.
Para enfriar un mes caliente, los avarientos ceócratas decidieron acordar una Emergencia Social con las principales organizaciones de base del país. La cifra para paliar la miseria profundizada en este primer año es irrisoria: 30000 millones de pesos en tres años a cambio de que se abstengan “de cualquier situación conflictiva, cualquiera sea su naturaleza”. Si hacemos unas cuentas no muy complejas, cada beneficiado sólo recibirá unos 3000 pesos hasta 2019. Una limosna. Y encima los firmantes aseguraron que este acuerdo fue bendecido por el Papa Francisco, una nueva mentira que se tropieza con sus cortísimas patas.
Además de mezquinos, ostentan un cinismo que irrita. Ya se ha dicho hasta el hartazgo que sus promesas de campaña fueron incumplidas a voluntad. Una de ellas –la eliminación del mal llamado Impuesto a las Ganancias- se convertirá en un proyecto de ley que incorporará a más contribuyentes. En lugar de pedir disculpas por no cumplir con uno de los tópicos que más votos debe haber conquistado, se justifican de la peor manera. Después de eliminar retenciones a las exportaciones agropecuarias y mineras, aranceles por importaciones y el tributo por bienes personales, Alfonso Prat Gay explica por qué no prescinden del descuento a los trabajadores: “a todos nos gustaría bajar impuestos, pero sepamos que la consecuencia es bajar recursos para las políticas sociales”.
Al cinismo, le agrega una insultante hipocresía, como si a él le importaran las políticas que tanto ha criticado toda su vida. Gran parte de los votantes del Cambio ha caceroleado contra los que cobran sin trabajar. Ahora usa los planes sociales –el asistencialismo tan denostado- para mantener el impuesto a las ganancias pero no dice cuánto más podría hacerse con todos los tributos que les han perdonado a los más ricos. Una hipocresía que se contagia a los dirigentes de la CGT, que hicieron cuatro paros generales durante el gobierno de Cristina y hoy guardan un vergonzoso silencio. No sólo se callan sino que patean una medida de fuerza al infinito; hoy, que la situación de los trabajadores está en la cuerda floja.
Si a este panorama sumamos el decreto simple con que Macri incorporó al blanqueo a familiares de funcionarios, además de hipócritas y cínicos, son tránsfugas con obscenidad. Precisamente a eso han venido: a indultar sus inmundicias y convertir el país en un coto de uso exclusivo. Tan transparentes que se nota a la legua que son unos estafadores. Corruptos históricos que se enriquecieron a costa del Estado y que ahora lo gobiernan para saquear a destajo.
Cristina toca el pianito mientras Macri califica su gestión con un ocho y el jefe de Gabinete, Marcos Peña asegura que no dedicaron “el primer año a hablar mal del gobierno anterior”. Con unas risas grabadas parecería un chiste, pero es la máxima burla a la que apela uno de los tantos funcionarios que ha agotado a sus oyentes con el verso de la pesada herencia. Hay que estar muy enceguecido para no sentirse estafado por estos piratas desbocados.
Pero es Cristina la que toca el pianito para satisfacer los caprichos de un vengativo juez. Este servidor del Enemigo ignora que Ella ya ha dejado sus huellas en el corazón de millones de argentinos que desde hace un año sueñan con su retorno a La Rosada. El Juez y muchos como él tratan de impedirlo pero no advierten que, con sus trapisondas y refunfuños, no hacen más que acelerar los tiempos para el reencuentro.

lunes, 28 de noviembre de 2016

A la sombra del gigante



Festejar una muerte es de miserables. Alguien puede alegrarse en la intimidad de su baño y hasta alzar una copa en una mesa familiar por el fallecimiento de alguien detestado, pero salir a las calles y armar un jolgorio es una enfática exhibición de la oscuridad de su espíritu. Más aún cuando los mortuorios festejantes están asilados en las entrañas del Imperio que ha producido más asesinatos que cualquier dictadura del planeta. Eso, si consideramos que Cuba lo es. El estándar de democracia que se impone desde la hegemonía mundial no tiene como objetivo el bienestar de ningún pueblo, sino el sometimiento de todos. Que una pequeña isla bloqueada, demonizada y con escasos recursos logre el menor número de mortalidad infantil del continente, un elevado nivel en salud reconocido por la OMS y una bajísima tasa de delincuencia debería tomarse más como ejemplo que como blanco de diatribas. Y los que se llenan la boca con los DDHH, recuerden que el único centro de torturas de ese territorio está administrado por EEUU.
En fin, la hipocresía es ciega pero no muda. El final del documental Sicko, de Michael Moore, es muy ilustrativo de eso. El periodista se traslada a Cuba con un grupo de rescatistas con severas secuelas por sus tareas después del atentado a las Torres Gemelas, donde reciben la atención médica que la Nación que los considera héroes les niega. Entonces, que un país donde el presidente es elegido con apenas la mitad de sus votantes porque las elecciones se realizan en días laborables, las corporaciones gobiernan más que los políticos y los derechos se garantizan de acuerdo al tamaño de la billetera no puede ser la vara para medir la Democracia. Un país que genera guerras para facilitar los negocios de sus grandes empresarios tampoco es parámetro de Democracia y menos aún de humanidad. Que un gobierno democrático sólo genere desigualdad y destrucción no debería ser una buena publicidad de ese sistema. Y menos aún erigirse como juez supremo para ponderar o condenar las democracias del planeta.
Después de tantos intentos por terminar con su vida y de las muchas veces que anunciaron su muerte, murió Fidel, uno de los pocos nombres que no necesitan el apellido. Otros ni siquiera el nombre precisan: con el apodo alcanza, como el Che. Los dos emergen de la misma isla, como demonios para unos y ángeles para otros. Como oscuridad o como faro, pero inevitables. Ejemplo de lo que sí y de lo que no, todo a la vez. Un lugar indiscutible en la Gran Historia que sólo le niegan los que no dan ni para una historieta.
Hipocresía de los enanos
Las condolencias y las condenas inspiraron mensajes que recorrieron el mundo. Los medios internacionales recogieron las palabras de los principales líderes del mundo. De Macri, por supuesto, sólo los propagandistas locales se acordaron. Claro, un tibio pésame para el gobierno sin acordarse del pueblo no es para lucirse. Y que la canciller, Susana Malcorra dictamine el “cierre de una etapa” es buscar más las pullas que los aplausos en la interpretación de la política internacional. Pero los PRO son así: cuando se esfuerzan por disimular el desprecio, lo ponen más en evidencia. De estadistas no tienen ni una letra; de serviles mayordomos, varios alfabetos. Una recorrida por los twits que los amarillos y sus acólitos hicieron circular por las redes sería redundar en prejuicios y desinformación: más aportes para profundizar la grieta.
Muchos se rasgan las vestiduras por los exiliados de Miami sin recordar los millones de refugiados y migrantes que genera Occidente con sus bombardeos indiscriminados y la pobreza a mansalva. Como si el Capitalismo no excluyera a nadie de las tierras donde clava sus garras. ¿Acaso los mexicanos que arriesgan su vida para cruzar la frontera hacia EEUU no huyen de la exclusión que genera el neoliberalismo en su propio país? ¿Cuántos se fueron de Argentina a principios de siglo cuando la Alianza nos estaba llevando a la mayor crisis de nuestra historia? ¿Cuántos estarán preparando sus valijas ahora, que una nueva alianza nos conduce a un colapso parecido?  
Los panegiristas de la Libertad ni piensan en la opresión que genera la desigualdad del capitalismo más salvaje. En inspirados análisis, hablan de ciudadanos que no pueden acceder al jabón, a la carne o a Internet a miles de kilómetros de distancia, sin tener en cuenta a los que están impedidos de hacer lo mismo a pocas cuadras de donde escriben. Y denuncian lujos desmesurados de mandatarios socialistas cuando los anunciantes que los mantienen los superan ampliamente. Y de gran parte de los políticos de la democracia burguesa, ni hablar. O muchos de los jueces de alto rango, que deben vivir holgados con sus altísimos sueldos libres de impuestos. Cuando los capitalistas logren incluir a todos los ciudadanos en una vida digna, recién podrán erigirse como modelo. Hasta ahora, el camino es a la inversa.  
Y si la cuestión es que los cubanos eligen muchos cargos menos el de presidente, es lo mismo que en muchas de las democracias europeas que se ponen como ejemplo. ¿O acaso los españoles, ingleses, holandeses o suecos pueden elegir a sus monarcas? Aunque nadie los vote, los apologistas de la democracia jamás los llamarán dictadores. ¿Acaso Pinochet no fue recibido con honores en su amada Gran Bretaña y fue uno de los más emblemáticos dictadores de América Latina? ¿Cuántas dictaduras son bendecidas por el Imperio mientras sean funcionales a sus intereses? ¿Y cuántas fueron desmanteladas cuando se movieron un milímetro de los lineamientos imperiales? 
Tan democráticos son estos defensores del capitalismo que conquistan sus cargos a fuerza de promesas que no piensan cumplir y se lo pasan mintiendo a sus propios votantes. Y hablan de la pobreza que hay en la Isla cuando en los barrios de las capitales que gobiernan la miseria desborda las calles. O se horrorizan con los que cruzan a Miami cuando en los países que padecen sus gestiones los habitantes cruzan las fronteras para escapar de la dictadura de las góndolas. Hipócritas, ignorantes y cínicos.
Bestiales, como el voluntario de Cambiemos, Walter Gutiérrez, que escribió “Murió Fidel, falta Cristina”. ¿Qué lecciones puede dar alguien así? Celebrar las muertes es de miserables pero desearlas en público evidencia un corazón despojado de toda humanidad. A la sombra de un gigante los pequeños se cobijan para buscar protección y los enanos refunfuñan con desesperación, perdidos en la oscuridad de sus oscuros espíritus.

jueves, 24 de noviembre de 2016

El Cambio: una galería de monstruos



Esta semana quedó en evidencia que el Cambio es puro chamuyo. Ninguno de los integrantes del Gran Equipo es capaz de salir airoso ante una re pregunta que rasque la cáscara marketinera que los protege. La doctrina que llevan adelante los amarillos ya es indisimulable y es por eso que deben apelar al teladebismo o al noseísmo para zafar del mal paso. Tomar decisiones para ceder recaudación a los sectores más favorecidos no necesita, para Ellos, justificación alguna. En cambio, si la demanda proviene de los sectores medios y bajos, las excusas abundan. El climax de este absurdo lo dio el empresidente Macri cuando, ante los periodistas de Clarín, no supo explicar cómo reactivar el consumo. Una pregunta que no esperaba del medio que lo inventó como candidato y que lo sostiene –hasta ahí- como mandatario. Pero no es el único, porque la transformación de Argentina que pergeñan no incluye a todos sus habitantes y si hay alguna mejora sólo será una consecuencia no deseada.
El Mejor Equipo de los Últimos 50 Años demuestra ser el más inexperto de la historia. Los que la tenían muy clara al momento de asumir, se manejan con una soberbia temblequeante al tratar de explicar la caída de la industria, el brutal endeudamiento, la duplicación de la inflación y la triplicación del déficit fiscal. Estos expertos han empeorado todos los números a la vez que aseguran que van por el buen camino, mientras los economistas cercanos auguran que estamos a un paso del colapso.
Que la vicepresidenta desconozca aún el reglamento del Senado a un año de presidirlo es una muestra de su pereza o de su incapacidad para memorizar algo más formal que el libreto escrito por sus guionistas. Que el ministro de Educación afirme que es más un gerente de Recursos Humanos evidencia el cinismo con que llevan adelante sus nocivos fines. Que el ministro de Economía sature sus respuestas con una catarata de no sé sugiere que está muy lejos de la experticia tan cacareada. Que el ministro de Producción, Francisco Cabrera reconozca que “es un misterio saber cuándo arrancará la economía a pesar de haber hecho todos los deberesaporta más miedo que calma. Y que explique que la parálisis del mercado interno se relaciona “con la actitud de mucha gente frente a la suba de precios” parece más una burla. Si la gente compra menos no es por una actitud, una voluntad o una decisión, sino porque los bolsillos están secos a fuerza de tarifazos y abusos en los precios. Tampoco porque los ciudadanos nos hemos stockeado ante el cambio de gobierno, como explicó Macri en una de sus antológicas clases magistrales.
De mitómanos y piratas
Encima, mienten hasta con el pensamiento. Los primeros días de gobierno amarillo, la guadaña proyectó su sombra en numerosas áreas del Estado. El objetivo era ahorrarnos plata erradicando al personal sobrante. Una puesta en escena, por supuesto, porque reemplazaron la grasa militante con la crème voluntarista, en número mayor y con sueldos más altos. También, con cargos cuyos nombres insumen más de cuarenta palabras. Estas parodias de burocracia pueden encontrarse en el Boletín Oficial como pan de cada día. Si bien todos los gobiernos han premiado con cargos a los que han contribuido desde las bases, éstos –que siempre han denostado esa costumbre- lo hacen de manera descarada hasta con sus familiares más cercanos.
Pero es Macri quien da la nota de esta siniestra melodía. No es el director, que está en las sombras, sino el solista estrella, aunque no sepa ejecutar ningún instrumento. Ni siquiera toca de oído. La distorsión sonora es una muestra de su inconsistencia intelectual. Y el poco contenido que trasciende de sus balbuceos, una panorámica de su moral. Su frase “hay que decidir qué vamos a recortar” parece el tráiler de la película de terror que vamos a protagonizar en 2017. El agregado, sin dudas, es la evidencia de su cinismo: “necesitamos fortaleza interior y la única manera es estar equilibrados y corregir el tremendo desequilibrio del punto de partida”. Una mezcla de mercachifle y embaucador que tanta simpatía despierta en el núcleo duro de sus votantes. El desequilibrio lo profundizaron ellos con sus incomprensibles medidas iniciales: de un sube y baja con jugadores de pesos disímiles pasamos a un tobogán con una pendiente que se acrecienta.
Mientras Macri entretiene a su público con frases de póster al estilo “todo esto se basa en que creamos en nosotros mismos” o “un cambio que inspiró a muchos argentinos a volver a creer”, emerge lo peor de su sentir. Con la zanahoria de la modernización quiere pisotear los derechos laborales y civiles y con su fingida sensibilidad intenta seguir engañando a una porción de los ciudadanos. En esa charla con periodistas amigables, Macri no sólo demostró desconocimiento, sino también desinterés. No se pone plata en el bolsillo de la gente emitiendo dinero o con la flexibilización laboral sino con un reparto más justo del ingreso. Y eso es lo que va a incentivar el mercado interno y producir el crecimiento del país, no el capital especulativo y golondrina que se está tentando con las decisiones de manual apolillado.
Además de las inconsistencias y las mentiras, siempre agrega una cuota de su hipocresía. En un intento de mostrar humanidad, el Gerente de La Rosada realizó una pregunta retórica que nadie se atrevería a contestar: “¿quién no quiere que la gente gane bien?”. Caradura, si es él y sus verdaderos representados los que se quejan del costo laboral: un salario digno es poner plata en el bolsillo de la gente y es eso es lo que quieren vulnerar. Cínicos, si son sus propaladoras de estiércol las que alimentan los prejuicios del buen vecino cuando hablan de planes, jubilaciones regaladas, viviendas sociales, salud y educación públicas.
El Poder Económico al que representa Macri y el Gran Equipo es el que abusa de sus privilegios para saquear las riquezas del país y acumular sin límites divisas que producimos entre todos. Los paraísos fiscales son las vidrieras donde se exhibe el botín del latrocinio que padecemos desde hace décadas por este patriciado que se cree dueño de todo. Ellos son los que no quieren que la gente gane bien porque son angurrientos, insaciables, despiadados. Una vez más, se van a empachar y cuando el país se sumerja en una previsible crisis, nos van a pedir a todos un esfuerzo para sacarlo a flote. Como tantas veces, en esta horrenda película que, cada tanto, nos encanta protagonizar.

lunes, 21 de noviembre de 2016

Soberanía con salsa amarilla



Los integrantes de las fuerzas gobernantes comenzarán diciembre con un retiro espiritual en Chapadmalal para encontrar excusas más contundentes que la pesada herencia o el clásico “ésa te la debo” para los fracasos de este año. Tal vez retiren los espíritus para acomodar mejor sus cuerpos de cara a las elecciones legislativas o para acondicionar la piel para un mes que promete ser muy caliente. Ellos le llaman retiro espiritual a lo que será, en realidad, una reunión no política donde definirán las estrategias y distribuirán los versitos que funcionarios, legisladores, voluntarios y laderos deberán memorizar para recitar en los estudios televisivos. En los días que quedan hasta entonces, afrontarán la vida real con las incongruencias de siempre: la patraña de que Argentina no creció en los últimos cuatro años, respetar las reglas del juego, integrarnos al mundo, entre muchas otras. Un creativo menú de consignas e indefiniciones para distraer a los atónitos votantes que aún esperan la Revolución de la Alegría.
Y seguirán esperando porque las inversiones no llovieron ni los brotes verdes se asomaron en esta extraña primavera del cambio. A pesar de las condiciones que se fueron cumpliendo por etapas, sólo el capital especulativo visitó nuestras tierras. Lo que el diario El país de España -otrora muy crítico del gobierno de Cristina- llamó el festival financiero y, en tiempos de la dictadura, la prensa vernácula bautizó como bicicleta financiera. Desde el 10 de diciembre, el empresidente Macri devaluó la moneda, eliminó retenciones, quitó aranceles a las importaciones, liberó exportaciones, finiquitó los controles cambiarios, saldó la usurera deuda con los buitres, batió récords de endeudamiento y terminó con el impuesto a la riqueza para que se produjera la tan prometida lluvia de inversiones. Pero no llovió. La sequía obligó a apelar a un blanqueo de divisas que apenas produjo algunas míseras gotas, a pesar de las tentadoras concesiones. Ahora, hasta permiten que familiares de funcionarios puedan acogerse a esta amnistía para fulleros monetarios. Y sigue sin llover.
Uno de los ideólogos de esta ceocracia, Javier González Fraga, autor del célebre apotegma “Los sectores medios gastaban más de lo que sus sueldos medios permitían”, aportó una novedosa explicación al fenómeno meteoro-monetario. Aunque algunos puristas de la academia consideren insulsos sus métodos de análisis, el apologista de Cambiemos encontró la manera de culpar al kirchnerismo por la recesión del futuro. “Nadie quiere invertir en el país porque no saben si no vuelve el populismo dentro de dos años”, aseguró, aguardando un aplauso que no se produjo. O el economista del establishment enloqueció o sugirió una forma de proscribir a los K sin demasiados costos institucionales. Además, dentro de dos años, en 2018, no hay elecciones a la vista, salvo que algún imponderable las vuelva necesarias.
Esperando a Godot
Premonición o fallido, pero esto sugiere que no se tienen mucha fe, a pesar de los caricaturescos intentos de Macri por insuflar optimismo. Porque las condiciones para el arribo de los tan ansiados capitales para el desarrollo no terminan ahí. La semana pasada, el Congreso aprobó el esquema de Participación Público-Privada para que las empresas realicen grandes obras de infraestructura con nulos riesgos y muchas ganancias. Estos PPP o APP no dieron buenos resultados en los países en donde se aplicó. David Hall, director fundador de la Unidad de Investigación Internacional de Servicios Públicos de la Universidad de Greenwich analizó la experiencia de Alemania, Indonesia, Francia, Dinamarca y Brasil, que son ejemplos para los PRO. Los escándalos por la multiplicación de los montos iniciales, la postergación de los plazos y abusos hacia los usuarios invitan más a rechazar este esquema que a aplicarlo. Pero, debemos integrarnos al mundo aunque para ello debamos adoptar su resaca.
No la “resaca” que mencionó el senador seudo kirchnerista Miguel Ángel Pichetto al hablar de la inmigración; postura que permitió que los amarillos desplieguen su natural  hipocresía. En una economía que se des-globaliza para fortalecer el mercado interno, el Gran Equipo se abre, no para ser el supermercado del mundo ­–como declaró Macri muchas veces-, sino su resumidero. La genialidad de permitir importaciones sin aranceles de artículos que producimos en el país no sólo facilita la fuga de divisas –casi sangría- sino que debilita las industrias locales, más aún en un escenario de consumo declinante. Si este experimento tenía como objetivo que los precios tiendan a la baja, el fracaso es notorio. Si, en cambio, pretendían aniquilar pequeños y medianos productores, el éxito es rotundo porque podrán concentrar la economía en pocas manos.
Y los que prometían en campaña generar millones de puestos de trabajo, han dejado en la calle a casi 700 mil argentinos. En estos once meses padecimos un combo de nuestras peores crisis: inflación, recesión, desempleo, desindustrialización, incremento de la pobreza, endeudamiento. Si Macri concibe al país como una gran empresa, es un pésimo gerente porque nos está llevando a la quiebra. Si los miembros de gabinete salieran mañana a decir “perdón, nos equivocamos; pensamos que de esta manera podíamos corregir lo que estaba mal y mejorar lo que estaba bien pero aplicamos mal la receta”, todo bien. Pero no se equivocaron: éste es el plan.
Todavía quedan algunas condiciones más que cumplir antes de que comience la tan mentada lluvia. Aunque intenten poner paños fríos con algunas limosnas con forma de bono, no torcerán el camino hacia el abismo. Esas sumas que destinarán a los beneficiarios de asignaciones y a los empleados del Estado, apenas será una gota en el desierto que será succionada por los formadores de precios, que han abusado de su posición dominante ante la inacción del gobierno. Apenas quieren atenuar el descontento que ya está comenzando a evidenciar sus síntomas. Porque el Plan PRO nos necesita pobres, desamparados y sometidos, suplicantes de migajas y muy agradecidos.
Pero eso no es todo. Además quieren trabajadores flexibles. Desde hace años escuchamos hablar de los salarios como un penoso costo para los grandes empresarios. Ahora, el empresidente cuestiona las licencias por enfermedad y otros derechos que siempre están en peligro cuando el neoliberalismo gobierna. Incrementar el desempleo para extorsionar a la clase obrera. Esa es la otra condición para que las inversiones vengan. Entonces, cuando lleguen, con bajas impositivas, libertad para fugar y facilidad para explotar a los obreros y cobrar lo que se les antoje por sus servicios, el derrame será apenas un insignificante goteo que no logrará mover el amperímetro del desarrollo tan prometido.  
Y si el nuevo presidente del Imperio, Donald Trump logra tentar a los capitalistas norteamericanos que pululan por el mundo, veremos partir muchas empresas que casi creíamos propias. Por lo tanto, la pregonada esperanza para el año que viene no será más que una falsa ilusión. Como el panorama no es muy auspicioso, están pergeñando las tretas de cara a las elecciones legislativas, desde los lemas para eludir preguntas incómodas hasta las bombas distractivas de los medios cómplices. Quizá por eso están un poco desesperados para incrustar la reforma política con voto electrónico incluido, empantanada en el Senado por sus múltiples vulnerabilidades. Tanto denunciar fraudes inexistentes, ellos están defraudando antes de cumplir el primer año. Y lo van a seguir haciendo.