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jueves, 12 de enero de 2017

Un país para regalo



En la memoria suenan los ecos de esas voces que otrora exigían que Cristina muestre su título de abogada. Ahora, cuando muchos integrantes del Gran Equipo se esfuerzan por mostrar su inoperancia, nadie pide siquiera el certificado de séptimo. Ni el de buena conducta, tan necesario en estos tiempos de tamaños estropicios. O el carné de conducir, ya que nos están llevando a una colisión. Que nadie le reproche al rabino Sergio Bergman los desastres de su gestión al frente del Ministerio de Medio Ambiente porque él reconoció no saber nada del tema. Tampoco a Laura Alonso por la persecución selectiva que encara desde la Oficina Anticorrupción porque fue nombrada para eso. Ni reprendamos a Patricia Bullrich por su afición represiva o a Esteban Bullrich por convertir la Educación en una fábrica de esclavos. Ni a los encargados de la Economía que nos han conducido a una crisis innecesaria. El presidente off shore los eligió para que amolden el país a los intereses del establishment y es el principal responsable. No es una cuestión de título ni de capacidad, sino de intenciones y cuando la Conciencia Colectiva se reconstruya advertirá que no son de las mejores.
Y los ceócratas que invadieron La Rosada no son para nada sutiles. Mientras en los hospitales públicos sus trabajadores denuncian la falta de insumos, medicamentos y sub ejecución presupuestaria, el Estado Nacional gasta un millón de pesos mensuales para alquilar un galpón a la empresa OCA. Como si no supieran de la existencia de predios propios para almacenamiento, Ellos que son tan ahorrativos. Pero, además de la pulsión de favorecer siempre a los privados, hay otra tendencia más oscura: en ese galpón de OCA descansan los kits para recién nacidos –Qunitas- que con múltiples excusas aún no piensan repartir. Y, aunque ya se ha demostrado que los materiales no presentan toxicidad y son más seguros y completos que los que se reparten en otros países, retienen los equipos para manifestar su desprecio a los que más los necesitan.
Quizá dentro de unos meses presenten el programa como iniciativa propia y con mucho simulacro de sensibilidad. A lo mejor hagan lo mismo con el plan Conectar-Igualdad y repartan las netbooks retenidas en las sombras de la ANSES. Eso si no es cierto el rumor de que están usando las computadoras para operar de manera malsana en las redes. Si el empresidente inaugura obras iniciadas en el gobierno anterior como si fueran propias, si los Precios Cuidados tan demonizados ahora continúan con otro nombre, si el Ahora 12 se amplió a 18, ¿cómo no suponer que harán algo parecido con otras medidas de años anteriores sin reconocer ningún mérito?
Ensayos y experimentos
En estos días, el Ingeniero anunció un acuerdo para la explotación de los recursos no convencionales del yacimiento de Vaca Muerta. Años atrás, cuando La Presidenta anunció el plan de exploración de YPF, Macri, el coro opositor y los laderos mediáticos no paraban de burlarse y obstaculizar la medida como mejor saben, con las pantomimas del denuncismo y los laberintos judiciales. Ahora, es la tabla de salvación de una gestión que nació para naufragar. Lo que antes era objeto de mofas y críticas infundadas, ahora será “una verdadera revolución del trabajo”, como anunció Macri. Una revolución tan flexible que los trabajadores deberán trabajar más tiempo, con más esfuerzo y sin reconocimiento por traslado. El trabajo de calidad tan cacareado, ésa te la debo.
Como debe ser, las empresas involucradas tendrán todas las condiciones para ganar lo máximo dejando lo mínimo: no pagarán retenciones ni impuestos provinciales, el Estado “garantizará el precio de compra” y podrán liquidar sus operaciones fuera del país. En su exultante presentación, Macri pidió “hacer un esfuerzo”, “contribuir con granitos de arena” y, quizá como autocrítica, “abandonar la viveza criolla”. Después, contradiciendo a su Jefe de Gabinete Marcos Peña –que dijo “no nos dedicamos a hablar mal del gobierno anterior”- habló de la administración en base a “la mentira y el derroche” y de las “décadas en las que nunca se pudo desarrollar” la explotación, sin tener en cuenta que durante mucho tiempo YPF fue vaciada por manos privadas. Y finalizó con una moraleja cargada de segundas intenciones: “la energía es escasa, cara y contamina, así que tenemos que minimizar usarlas”.
De eso se encarga el ministro Aranguren, que planea incrementos que convertirán a los combustibles en bienes inalcanzables porque –según dice- el precio de la nafta no depende de él sino de factores en los que no tiene capacidad de decisión, como el precio del crudo y la evolución del dólar. Sin embargo, Argentina fue uno de los pocos países en donde hubo aumentos de combustibles en un año con el precio internacional del petróleo más bajo de las últimas décadas. Paradojas del cambio. El desarrollo que planea el Gran Equipo no será disfrutable para todos los argentinos: servicios, combustibles y alimentos serán inaccesibles para muchos porque la impronta del futuro es exportación a mansalva y consumo interno mínimo.
La lluvia de dólares necesita condiciones que el Estado macrista está dispuesto a cumplir. Lejos de la libertad de mercado que pregonan sus ideólogos, el clima de negocios requiere nulos impuestos, máximas ganancias, facilidad de fuga y, sobre todo, bajos salarios. De los primeros ítems se han encargado sin tapujos desde los primeros días de gobierno. Lo último presenta un poco más de complejidad.
Desde siempre, el Gerente de La Rosada y sus funcionarios sostienen la necesidad de bajar el costo laboral y se han dedicado a denostar licencias y derechos de los trabajadores. Con el acuerdo por Vaca Muerta están experimentando la docilidad de los afectados y por si hay resistencia de los excluidos, ya están practicando. La represión a los manteros porteños, los mapuches de Chubut tildados de terroristas, la amenaza a los piqueteros y la condena a Milagro Sala son advertencias a plazo fijo. Una garantía más para demostrar que Argentina será el gran negocio del mundo. Un exclusivo festín al que no estamos invitados y que sólo se hará realidad si nos dejamos avasallar como los amarillos pretenden.

lunes, 9 de enero de 2017

Recortes del nuevo año



Este año, los Reyes Magos estuvieron más ajustados que en años anteriores. Ni las cartas perfumadas lograron expandir sus billeteras para que los regalos sean más contundentes. No para todos, por supuesto: los niños de la minoría beneficiada por las medidas del Gran Equipo deben haber recibido visitas monárquicas más generosas. Y claro, si en las vísperas, antes de acomodar los zapatitos y las vituallas, los grandes especuladores tuvieron el obsequio más deseado: ahora podrán comprar en ventanilla la cantidad de dólares que quieran para fugarlos a donde se les antoje; lo malo es que todavía deben revelar cómo obtuvieron los fondos, pero todo llega cuando hay un gobierno empecinado en favorecerlos. Para compensar el vaciamiento que se viene, la mejor receta es recortar los medicamentos para los jubilados y todo lo que sea recortable, siempre y cuando perjudique a los que menos tienen. Y si no los perjudica, que los asuste para que después sientan el alivio de no estar en la lista. Nada peor que acostumbrarnos al deterioro cotidiano de nuestras vidas para subsidiar los lujos de una minoría que ya no necesita nada.   
Tarde o temprano tenía que ocurrir. Los neoliberales vernáculos miran con codicia cada centavo que no se destina a sus bolsillos y la caja de la Seguridad Social es el tesoro al que no quieren contribuir pero siempre anhelan saquear. Cuando eran oposición, la cuidaban como al Santo Grial y se rasgaban las vestiduras si los fondos de la ANSES se destinaban a algo distinto que pagar jubilaciones. Ahora que son oficialismo, confiscan las notebooks y los kits Qunitas, liquidan los Fondos de Garantía y pactan con Qatar para fletar a un paraíso fiscal una parte de la plata de los jubilados, como les gustaba decir, simulando ternura. Ahora que son oficialismo, nuestros abuelos no necesitan tantos medicamentos gratis y hasta podrían trabajar hasta los 70 años.
Con la excusa de un puñado que se aprovechan del sistema, planean recortar los beneficios de los que tienen las monedas contadas. Por unos cuantos afiliados con coches de alta gama, aviones o yates, los demás deberán demostrar cuánto necesitan la ayuda del Estado para mantener su bienestar. Como si fuera lo mismo tener bienes suntuarios que completar los ingresos con una casita en alquiler. En realidad, tanto unos como otros aportan a la obra social y sus actuales administradores deben hacer lo que esté a su alcance para cumplir el contrato. Quizá terminen haciendo lo que va contra sus principios: retirar la gratuidad a los que les sobra en serio después de asustar a todos. Pero son tan crueles que parecen gozar con el temor que provocan sus anuncios. O tal vez sea una estrategia de marketing y hagan rodar el rumor para verificar la reacción. Como Ellos jamás han estado al límite de la indigencia ni se imaginan lo que es vivir con lo justo, no miden las humillantes consecuencias de sus experimentos.
El gobierno es un dibujo
Aunque parezca increíble, a pesar de todo lo que ha pasado en el año que acaba de terminar, aún quedan conciudadanos que conservan alguna esperanza en que las cosas mejoren. Optimistas de la peor especie que todavía no han descubierto que las intenciones del Gran Equipo están muy lejos de eso. Sus integrantes no fueron elegidos para lograr una distribución equitativa del ingreso que producimos entre todos, sino para hacer más eficientes las ganancias de sus verdaderos representados. Ellos se muestran inexpertos, torpes y extraviados pero saben muy bien lo que hacen: maximizan la acumulación de unos pocos a costa del empobrecimiento de la mayoría. Por eso, de acuerdo a una estimación del Centro de Economía Política Argentina con datos del INDEC, la desigualdad creció el 7,93 por ciento entre el segundo y tercer trimestre del año. Y esto es un éxito para la ceocracia gobernante, aunque no tenga nada que ver con la Pobreza Cero prometida en campaña.
Para Ellos, el país es una empresa que debe amontonar ceros a costa de lo que sea. Y si dejan en el camino un tendal de excluidos, será como consecuencia de la normalidad, el sinceramiento, la sustentabilidad, el clima de negocios, la confianza o cualquiera de los conceptos que utilizan los amarillos para camuflar su vileza. No hay errores ni excesos: el país con el que sueñan es un feudo con privilegiados, elegidos y aceptados. Lo que ocurra extramuros no es asunto de ellos. Ya han dejado en claro cuáles son los requisitos para cruzar las puertas y padecer las consecuencias de estar al servicio de la oligarquía que ocupa La Rosada: sólo la docilidad, la obediencia y la resignación serán las exigencias. Lo demás viene solo; por eso, el ministro de Educación propondrá reemplazar el Instituto de Educación Técnica por la Agencia Nacional de Formación de Talentos, un organismo más adecuado para concursantes mediáticos que para trabajadores. Formar es más autoritario que educar. Eso sí, bolivianos, peruanos y pobres de cualquier color y latitud, protestones y memoriosos de los derechos perdidos, nostálgicos de vacaciones, celulares y autos 0 km y ancianos que pretendan una vida digna quedarán a la buena de sus dioses, viviendo de los desechos que cada tanto se arrojarán de las troneras.
Diez mil ciudadanos de El Bolsón no serán aceptados en Macrilandia. Durante el fin de semana, poblaron las calles para manifestar su oposición a que uno de los amigotes del empresidente Macri, el británico Joe Lewis, convierta unas 850 hectáreas de una reserva natural en un negocio privado. Si ya logró apropiarse de un lago y de una empresa de distribución eléctrica, ¿cómo no va a poder usurpar tierras protegidas, si aloja a Mauricio en su estancia cuando necesita descansar de tanta preocupación por la gente? Su gente, la que gana fortunas a golpe de chanchullos o la que recoge algunas migajas que se caigan del botín. Piratas, cómplices, laderos y sirvientes tendrá la población de ese mundo de ensueños con menos de 15 millones de personas.
Entre los muros del feudo, las relaciones laborales serán tan armoniosas como un sano aparato digestivo. Ya lo dijo el secretario de Empleo, Miguel Ángel Ponte, "la posibilidad de entrar y salir del mercado laboral hace a su esencia, como comer y descomer". El trabajador será un bocado a fagocitar y cuando no tiene más que dar, se lo defeca en la alcantarilla más cercana. Y lo dicen en estos términos porque es tal la desfachatez que no necesitan las metáforas. Si Diputados y Senadores habilitan alguna modificación a las leyes laborales, serán cómplices de la esclavitud que se viene.
Mientras precarizan nuestra vida y vacían el país con camiones blindados que circulan por Ezeiza, las letrinas mediáticas tratan de distraer la atención con boberías veraniegas y denuncias refritadas. Una realidad paralela que convence cada vez a menos. En medio de sus vacaciones, Macri dibujó a Argentina como un horizonte con un sol naciente. Pueril o sugestivo pero este dibujo tiene unas cuantas opciones interpretativas: entre ellas, nos estamos encaminando hacia la oscuridad o eso no es un amanecer, sino la trituradora que nos está esperando.

jueves, 5 de enero de 2017

El Cambio: fábrica de privilegios



El sinceramiento y la normalidad siguen estando entre nosotros. Mientras tanto, gran parte de la población observa atónita cómo se pulveriza el modesto bienestar que había alcanzado después de la explosión de 2001. Encima, el presidente vacacional, en un intento de brindar un conmovedor saludo de rigor por las fiestas, anuncia que termina “un año donde todos tuvimos que poner el hombro”. Un lugar común para expresar esfuerzo o solidaridad. Uno pone el hombro para realizar un trabajo dificultoso o para que algún amigo en desgracia descargue su congoja. Como el cinismo es el condimento que acompaña siempre todo lo que Macri dice, no sorprende encontrar bastante de burla en su mensaje de fin de año. En este año del cambio, no todos pusimos el hombro de la misma manera: algunos para enfrentar el embate de los incrementos tarifarios, otros para subsistir con un salario ajustado o para afrontar la vida como desempleados. Y sólo unos pocos –a los que el empresidente representa con énfasis- ponen el hombro para acarrear el botín que han conseguido en estos meses de multiplicación de la desigualdad. Como José López ante las puertas del falso monasterio, pero aumentado al infinito.
Para los memoriosos, este poner el hombro evoca frases de similar hipocresía que los argentinos hemos escuchado a lo largo de la historia, como “hay que pasar el invierno” o “debemos ajustarnos el cinturón”. El sacrificio que siempre han hecho las mayorías en beneficio de una minoría. Si a alguien le parece exagerada esta idea, este rudimentario GPS puede ayudar: la quita de retenciones a las exportaciones agropecuarias y la devaluación de la moneda encarecieron los alimentos pero enriquecieron a los productores, que pudieron comprar 4x4 importadas, fugar divisas y acumular más que antes. El sacrificio de los que menos tienen contribuye a llenar los barriles de los que más tienen. Y para colmo, tienen la habilidad de no derramar ni una gota.
Y aunque todavía resuenan los ecos de las promesas de Pobreza Cero, los miembros del Gran Equipo se enorgullecen de las medidas que la potencian. No sólo se vanaglorian por la eliminación del control de divisas, de impuestos a los bienes personales y de los aranceles a las importaciones sino que insisten por este camino. Si les parece inequitativo el reintegro del cinco por ciento del IVA a las compras de hasta mil pesos, que incentivaba el consumo de la clase media, no piensan lo mismo de los beneficios a los más ricos. Esa es la normalidad que están instrumentando: la carencia de los muchos debe subsidiar la opulencia de unos pocos.
Curiosidades que incomodan
A poco más de un año, el Gran Equipo empieza a mostrar fisuras proporcionales a la grieta que está produciendo en la sociedad. Al ministro de Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable, rabino y farmacéutico Sergio Bergman están por mudarlo de despacho: como sus rezos no fueron suficientes para evitar incendios e inundaciones, lo trasladarán a Obras Públicas. La reaparecida titular de la Oficina Anticorrupción, Laura Alonso ya no puede disimular su inquina partidaria: mientras exige con énfasis la declaración jurada de Emilio Pérsico, del Movimiento Evita, omite la ausencia de la misma documentación a 23 mil funcionarios PRO. Una “persecución selectiva” que ya tiene una causa abierta en la Cámara Federal porteña. Dos casos de ineptitud que fueron advertidos desde el inicio: en el primero, el mismo Bergman reconoció no saber nada del tema; en el segundo, Alonso no es abogada y siempre ha demostrado una rabiosa militancia anti peronista.
Pero no son los únicos. El flamante ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne -que todavía no ha jurado porque Macri está de vacaciones- es portador de contraindicaciones que invitan a no confiar demasiado en él. Que siga llamando Falklands a las Islas Malvinas y que considere la disputa por su soberanía un ítem del relato K y no un mandato constitucional pueden ser detalles para paladares exquisitos. Que despotrique contra los empleados del Estado cuando él ha cobrado durante mucho tiempo por una asesoría en el Senado sin asesorar a nadie sea tal vez una mancha en la piel de un leopardo. Que sea un tentáculo más de Clarín en el gabinete amarillo es una invasión anunciada. Sin embargo, lo que más espanta son sus propuestas económicas.
Aunque bajar la inflación parece ser la meta de todo funcionario PRO, el incremento que se viene en todos los rubros imaginables parece indicar todo lo contrario. Ante esto, Dujovne sólo propone abrir más nuestras fronteras: “si nos preocupa la inflación y queremos más competencia, es lógico que la competencia importada también nos ayude en la batalla antiinflacionaria”. Como se ha podido verificar en este tiempo, la importación indiscriminada no sólo no baja los precios internos sino que afecta la producción local, incrementa el desempleo y deteriora el mercado interno. Si reducir los impuestos tampoco ha dado resultado y la flexibilización laboral con la que sueñan siempre termina en fracaso, lo que habría que empezar a regular es la tasa de ganancia en la cadena de comercialización, a la manera de los países del Primer Mundo.
Quizá Dujovne ni sueñe con esta posibilidad que incomodaría a los patrones. Total, el doble discurso es una epidemia en la pandilla que ha copado La Rosada. Aunque juren que quieren bajar la inflación, son ellos los que la fomentan. Aunque aspiren al desarrollo, sólo alientan la especulación. Aunque auguren el crecimiento, sólo gestionan para la recesión. Cuando hablan de Justicia, sólo piensan en materializar prejuicios y ejecutar venganzas. Y si se muestran “vocacionados” por la creación de puestos de trabajo, hay que empezar a temblar porque se vienen más despidos.
En casi todo dicen lo contrario de lo que hacen. O hacen lo contrario de lo que dicen hacer. El ministro de Energía elimina los subsidios a los usuarios para recortar los gastos, aunque en realidad los desvía hacia las empresas. El ministro de Educación –también de vacaciones- porta el estandarte de la calidad pero despide a 3000 empleados que se encargaban de los cursos de capacitación docente. Si un hecho policial sacude a la opinión pública, inmediatamente piensan en la punibilidad de los menores y no en recuperar los programas socio-educativos que los contenían.
En lo único que son coherentes es en la deudo-dependencia. Ahí no hay contradicción alguna. Como si les doliera vivir en un país desendeudado, desde el primer día operaron para provocar un desequilibrio fiscal que justifique el retorno de los carroñeros financieros. En un año, Argentina se convirtió en el país emergente que más tomó deuda en los mercados internacionales en las últimas dos décadas. Para nada, sólo para alimentar la fuga y la evasión que en algunos meses se beneficiarán con una nueva amnistía. Un círculo más monstruoso que vicioso, una pesadilla recurrente, una película con un final conocido. Más que buscar metáforas creativas para ilustrar lo que promete el Cambio, tenemos que encontrar la manera de frenarlos. No es demasiado tarde para comprender que si a Ellos les va mal, al país le irá muy bien.

lunes, 2 de enero de 2017

Tropezar con la misma piedra



Mientras el ministerio de Educación deja afuera a casi 3000 empleados públicos, el presidente off shore Mauricio Macri afirma en Villa Traful “estamos vocacionados a generar trabajo”. Además del contraste, el Ingeniero cometió un nuevo furcio. Tal vez introdujo ese neo verbo confundiéndolo con ‘abocado’ o porque, a la vez que su boca se movía, su cerebro evocaba las vacaciones interrumpidas para simular ocupación. Antes de recitar sus líneas de stand up decidió alterar su trayecto para comprar alfajores y toparse, casualmente, con una marcha de los trabajadores del Estado. Un cristal roto en la camioneta –desde adentro y no desde afuera- sirvió como excusa para otro episodio de victimización al mejor estilo de Pimpinela. Un nuevo verso amarillo, por supuesto: si todos los perjudicados y disconformes de la Revolución de la Alegría arrojaran al menos un grano de arena, Macri y su Gran Equipo terminarían lapidados. El primer año del retroceso termina y el que empieza no promete ser mejor, más aún si insisten en transitar por este túnel oscuro y sembrado de piedras que no tienen otro objetivo que hacernos tropezar.
Después de inaugurar por segunda vez el Centro de Interpretación e Información Turística de Villa Traful y del simulacro de agresión, Macri brindó un muestrario de sus frases más incoherentes en una entrevista con radio Mitre, donde su pulsión confundidora recrudeció. Como si fuera un corresponsal de guerra, explicó: “soy responsable de exponerme, pero yo necesito conectarme con los argentinos para saber qué les pasa”. En realidad, lo que necesitaba en ese momento era comprar alfajores y si quiere saber qué nos pasa a los argentinos, que analice las consecuencias de sus políticas y lo sabrá con facilidad.
A sabiendas de recitar sandeces en una radio cómplice, afirmó: “nosotros somos el Gobierno que más apoyo tiene en América Latina". ¿Apoyo de quién? ¿Del establishment internacional que sólo ve negocios jugosos en donde nosotros queremos construir un país? ¿De las grandes corporaciones, que esperan que Macri siga desmantelando nuestros derechos para volcar algunas gotas de especulación con formato de inversiones? ¿Del presidente entrante Donald Trump, que tiene en mente cerrar sus fronteras e invadir la región de todas las formas posibles? Según Macri, Trump le dijo: “vamos a tener la mejor relación, olvidate”. ¿Así habla el nuevo mandatario yanqui, como cualquier adolescente argentino o es una nueva patraña del estafador serial que copó La Rosada? 
La boca del mentiroso
Pero volvamos a la falacia original: Macri aseguró que su gobierno es el que más apoyo tiene en América Latina. Si su entusiasmo estadístico proviene del resultado del balotaje, no debería olvidar que superar a Scioli por menos de dos puntos no es un gran apoyo. Si hoy fuera opositor, estaría deslegitimando cualquier decisión del ex gobernador con esa excusa, como lo hizo con Cristina, que logró un porcentaje mayor contra seis candidatos en 2011. El apoyo que imagina Macri tampoco proviene de las recientes encuestas, que señalan una caída de casi 16 puntos en su imagen positiva. Si en diciembre del año pasado había un 46 por ciento de argentinos que se consideraban oficialistas, hoy no llegan al 32. Y si alguno piensa que el apoyo proviene de los empresarios vernáculos, se está equivocando: el partido gobernante tuvo que solicitar la contribución económica de funcionarios y voluntarios porque los principales beneficiados por el cambio archivaron la chequera hasta nuevo aviso.   
Aunque ya deberíamos estar acostumbrados a sus tretas discursivas, no dejan de exasperar. Esa manera de disimular sus embustes con un envoltorio campechano y el tono infantil con que trata de llegar a su gente todavía logra algún efecto. Y no hay que lucubrar demasiado para arribar a la siguiente conclusión: el empresidente abusa constantemente de la credulidad de sus oyentes porque el principal apoyo que tiene es el blindaje que construyen los medios de comunicación hegemónicos. Blindaje que pasa por alto las asperezas y tropelías amarillas y resalta las ficciones que surgen de la creatividad periodística y el afán servil de algunos fiscales y jueces que han abandonado hace rato cualquier idea de justicia.
El eje informativo que desde 2008 se centró en mostrar lo malo que es el kirchnerismo no se alteró un ápice. Por el contrario, desde la asunción del Gran Equipo, la estrategia se potencia de manera proporcional a los desastres que produce. Las tapas se han convertido en la mesa de entrada de los tribunales y desde allí se articula el accionar de fiscales y jueces. El procesamiento de Cristina decidido por el juez Julián Ercolini es una prueba de eso: sólo plasma con un lenguaje seudo tribunalicio los prejuicios que se publican en diarios, radios y canales televisivos. No importa la verdad tanto como que la acusación parezca lo más contundente posible. No interesan las pruebas, porque el Poder Fáctico no las necesita para hacer desaparecer sus obstáculos. Ni siquiera hace falta la existencia de un delito, como puede demostrarse no sólo con la causa de Ercolini, que transforma un gobierno de doce años en una asociación ilícita, sino con las otras dos que tratan de proscribir a La Presidenta: la del dólar futuro y la del memorándum con Irán. Sólo la oligarquía gobernante puede castigar al inocente con el único justificativo del odio y el desprecio: lo han hecho con el primer golpe de Estado de la historia, con los bombardeos, los fusilamientos, la represión y los desaparecidos y lo quieren hacer ahora, con menos crueldad pero igual saña.
Ahora que los que se creen dueños del país gobiernan con una apariencia de legalidad, su pulsión destructiva se ha desatado. Como si fueran predadores hambrientos en un redil, tratan de asestar la mayor cantidad de mordiscones posible antes de que los estafados por el cambio reaccionen. Mientras Macri prepara la mesa para el festín de los más ricos, el malestar de la población crece cada vez más. Con casi 200 mil despidos y 40 mil suspendidos no se puede esperar otra cosa. El deterioro de estos meses fue medido en un reciente estudio realizado en conjunto por el Conicet, Flacso y las universidades públicas sobre las consecuencias de las medidas neoliberales aplicadas por Cambiemos.
La situación es alarmante: la salud física  y mental de los trabajadores se ha resentido notablemente. Los sectores medios son los más afectados porque en estos meses han perdido el bienestar alcanzado con el gobierno anterior. La situación económica disminuye la sensación de felicidad y afecta la alimentación y el descanso. El temor a ser despedido, suspendido o ajustado altera el ánimo y baja la autoestima. Ya hemos vivido una situación similar y la fabulación simbólica de las pantallas nos han hecho caer nuevamente en la trampa.
Mientras un puñado de jueces generan titulares con los no-delitos de Cristina y Milagro Sala, los medios cómplices ocultan o amortiguan la gravedad de las 50 cuentas en paraísos fiscales de la familia Macri, el acuerdo reservado con Qatar, las irregularidades en las fundaciones PRO, las incompatibilidades de casi todos los funcionarios, los negociados millonarios de familiares y amigos, la ineptitud de ministros, secretarios y subsecretarios y encima, la ministra de Desarrollo Social de apellido colonialista nos serrucha el mapa. ¿Cómo sería el ánimo del público cautivo si todo esto ocurriera con un gobierno populista? Seguramente estarían prestos a un cacerolazo destituyente pidiendo la cabeza de todos los involucrados.
Por necedad o distracción, los argentinos estamos tropezando con las mismas piedras que nos han hecho caer varias veces. Lo saludable para este nuevo año sería despertar del letargo antes de que la caída se convierta en un sometimiento perpetuo.