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jueves, 23 de febrero de 2017

Sin estatuas para Macri



Aunque parezca lo contrario, acceder a la presidencia fue la peor decisión de Mauricio Macri, no sólo para nosotros, sino para sí mismo. Su nombre no será recordado en una calle o un edificio público, sino en miles de expedientes judiciales. Como presidente, además de destruir la economía del país, deja expuesta su espuria vida. La impunidad con la que se ha manejado siempre su familia está llegando a su fin. Todo lo que durante la campaña se silenció –o se desoyó-, ahora está aflorando con el hedor del pus en una infección añeja. Si bien el plan de negocios que disfraza de gestión está fortaleciendo sus empresas, las huellas que deja a su paso sólo despiden pestilencias. Los medios internacionales ya lo tratan casi como un delincuente y colocan su gobierno como uno de los tres más corruptos del mundo. Aunque no termine preso ni pobre, la memoria colectiva conservará ese apellido como sinónimo de la peor catástrofe de las últimas décadas.
Ya se siente en las charlas cotidianas, donde ninguna esperanza es posible. En la calle, el verso de la Pesada Herencia es reemplazado, en el mejor de los casos, por el Errorismo de Estado y, en los demás, por variados conceptos irreproducibles. Una frase histórica recorre miles de bocas en todos los formatos posibles: yo no lo voté. De la ilusión pasaron a la decepción, de ahí, al desconcierto y la próxima estación será el enojo. Ya se palpa, pero Macri lo ignora. Ingenuos que se despabilan y estafados que se reconocen como víctimas, pero Macri no los mira. Él eleva su mirada sobre la cámara y dirige sus gélidos ojos a la nada para recitar sus mejores frases de poster como si estuviera en un acto escolar.
Si no hay reacción es porque los grandes medios tratan de calmar las aguas: justifican, explican, ilusionan, desvían, distraen pero, desde sus tapas no convocan a cacerolazos de indignados como otrora. Antes, por mucho menos, impulsaban miles. Ahora, que los ciudadanos están sumergidos en una crisis real y humillados por un gobierno insensible, sólo piden paciencia. Más ahora que Clarín, de manera indirecta, consiguió los derechos del fútbol y, sin poner un centavo, la explotación del 4G. Si las plumas ilustres desplegaron reprimendas impacientes con el escándalo del Correo, ahora se mostrarán más conciliadores, hasta el próximo negocio.
Presentar como un error las malsanas intenciones de la banda de ceos que gobierna Argentina es la estrategia con que tratan de perdonar desde sus páginas. Gracias a su desmedido poder lograron imponer al peor de los candidatos y, mientras puedan multiplicar sus negocios y privilegios, lo mantendrán en el poder. Si alguien duda de la imposición de mentiras por vía periodística, sólo basta echar una mirada al episodio de Bolivia, con una gran falacia que alteró una consulta popular. ¡Cuántos argentinos habrán puesto su voto con la imagen de Cristina como asesina de Nisman! ¡Cuántos justificarán las tropelías amarillas con los bolsos de López o las bóvedas de Báez!
Postales del despojo
Pero el deterioro de todos los días no puede excusarse por mucho tiempo. La paciencia tiene un límite cuando miles de usuarios siguen padeciendo cortes de energía después de pagar tarifas monstruosas y perdonar deudas a las empresas distribuidoras. La angustia no encuentra consuelo cuando los polos industriales se convierten en barrios abandonados, las persianas bajas se transforman en paisaje y la desocupación es horizonte. La sorpresa no tiene parangón cuando empresas como Atanor o Volkswagen –que sobrevivieron a la dictadura, la hiper de Alfonsín, la guadaña del Infame Riojano y la inoperancia de De la Rúa- cierran sus plantas porque no alcanzan a vender su stock. Cualquier apología se desmorona cuando la producción primaria de leche cae un 14,17 por ciento, la mayor baja desde 1970. Más aún cuando las causas no son el mal clima sino la merma del consumo interno y la retracción de la demanda externa. Macri prometía una lluvia de inversiones y un maravilloso progreso, pero la recesión es monstruosa y la decadencia, bestial.
Ni el poder mediático enloquecedor que padecemos puede ocultar una canasta familiar que se torna inalcanzable. Aunque la inflación de 2016 supera el 40 por ciento, los productos alimenticios se incrementaron mucho más del 100. En el país del trigo, el precio del pan se convirtió en tapa de un medio español. Que tengamos que pagar ese esencial insumo casi el doble que en 2015 no es producto de la magia, sino el resultado de la quita de retenciones, la eliminación de los cupos de exportación y la peligrosa concentración que nunca se ha podido combatir. Si las cosas siguen aumentando es porque el ceo que simula ser ministro de Energía no cesa de beneficiar a los amigotes de Macri con tarifazos inadmisibles.
Ni las tapas más creativas pueden disimular el poco apego que tiene el Ocupante Ocasional de La Rosada por la institucionalidad que pretendía profundizar. Desde su asunción, los decretos que anularon o modificaron leyes expresaron la naturalización del poder de una clase que impone sus caprichos. Hasta dicta órdenes a los jueces desde esas puestas en escena que llama ‘conferencia de prensa’. Que Enrique Arias -uno de los camaristas que resolvió el conflicto por el incremento salarial de los bancarios- haya calificado como policía del pensamiento al ministro de Trabajo que pidió su juicio político es una muestra de eso. Unas semanas atrás, la jueza María Servini de Cubría se mostró preocupada por las presiones que –como nunca- recibe del macrismo. Los que nadan como bagres en el fango son los jueces funcionales a la persecución política con intenciones de proscripción, como el juez Claudio Bonadío que, en otro país, no estaría habilitado ni para vender chucherías en un colectivo. Tan enceguecido está este magistrado por el servilismo odiador que es capaz de procesar al ex titular del Afsca, Martín Sabbatella, por ordenar la adecuación de oficio del Grupo Clarín, tal como disponía la ley antes de la barbarie amarilla.
Ni la complicidad más vil puede mimetizar la oscuridad de los que se presentaron como transparentes. Los casos de corrupción reales o inventados del gobierno K quedan minimizados por los descomunales y evidentes desmanes de este latrocinio desaforado. El caso del Correo es la punta del iceberg de la historia de saqueo que la familia presidencial emprendió contra nuestros bienes desde mediados de la dictadura. La maniobra del quebranto de empresas privatizadas mientras fugaban divisas a paraísos fiscales es una rutina que enriqueció a los principales apellidos de nuestro país. Y la corrupción de hoy no es sólo la de un funcionario que cobra coimas, sino del que opera en lo público para favorecer a sus propias empresas. La concesión de rutas aéreas a Avianca no sólo beneficia a Macri, sino a su socio encubierto, Paul Singer. Así se explica la premura por resolver la deuda de los buitres, acreedores minoritarios y especuladores que nunca aceptaron el canje de deuda. El conflicto de intereses no es una opinión, sino un dato objetivo. No es una casualidad, sino la norma. No es una travesura, sino una estafa.
Cuando la mafia gobierna, ningún país termina bien. Quien no entiende es porque no quiere. No hay que investigar demasiado para descubrir que no vamos por el buen camino. Tampoco hay que ser muy pesimista para empezar a perder las esperanzas. Ni un genio para detectar las causas de la catástrofe venidera. El Grupo Clarín y Macri son los autores de la tragedia que estamos protagonizando: algo que no debemos olvidar cuando todo se desinfle y decidamos recuperar el país.

lunes, 20 de febrero de 2017

El modelo de la incertidumbre



Los Amarillos no paran de sorprendernos… para mal. La semana pasada, en medio del revuelo por el Correo y las jubilaciones, se difundió un video del ministro de Educación, Esteban Bullrich, en el que brinda un escalofriante concepto en el Foro de Inversiones del CCK, en septiembre último. Casi orgulloso de la idea vomitada, explicó que la escuela debe formar dos tipos de argentinos: unos emprendedores y otros preparados para disfrutar la incertidumbre. La falta de certezas puede ser un buen punto de partida para un intelectual, un aventurero cinematográfico o un multimillonario ocioso. El ciudadano común, en cambio, necesita transitar su vida por un camino seguro. Más aún cuando la incertidumbre PRO siempre está orientada a vulnerar la estabilidad de la mayoría: nadie puede disfrutar sin saber si podrá acceder a los servicios básicos, a una alimentación saludable, a la satisfacción de necesidades y confort. Nadie puede disfrutar nada sabiendo que quien comanda este barco está siempre dispuesto a brindar certezas sólo para los que más tienen y distribuir calamidades para el resto.
Aunque la incertidumbre en la educación es un tema de debate pedagógico, en el actual contexto, el planteo es perverso. Esa Argentina con la que sueña el ministro no es la profundización del sistema que nunca hemos abandonado, donde los que más tienen ponen su capital para que, junto a los trabajadores, generen riquezas. El capitalismo que impulsa el actual modelo –neoliberalismo bestial- tiende a que las ganancias se generen sin producción alguna, con la mera especulación financiera, sin trabajadores. Así, la frase textual de Bullrich, suena más siniestra: "tenemos que educar a los niños y niñas para que hagan dos cosas: o sean los que crean empleos o crear argentinos que sean capaces de vivir en la incertidumbre y disfrutarla". Unos, explotadores y otros, explotados capaces de disfrutarlo. Por supuesto, en esta ecuación, no será la Escuela Pública la encargada de forjar a los emprendedores, sino la Privada y no cualquiera, sino esas exclusivas a las que asisten Ellos. Más que privadas, privativas, con nombres difíciles de pronunciar y cuotas siderales. Los chicos que asisten a la pública y a las particulares baratas sólo serán educados como ciudadanos resignados, con la incertidumbre de un futuro incierto y la certeza de un Estado dispuesto a mezquinar certezas para ellos.
La otra frase de Bullrich, que también se difundió, es el sincericidio del plan que estamos padeciendo. “¿Qué es lo que hacemos para vencer a la resistencia?” se preguntó el ministro, y se respondió: “primero, lanzar muchas iniciativas al mismo tiempo porque el gremio focaliza. Entonces cuando el gremio focaliza, estoy develando la estrategia pero no importa porque es poco atacable igual, le abriste doce y las otras once avanzan”. Esta semana, entre el escándalo del Correo y la aplicación fallida del incremento a los jubilados, se filtró la aprobación de la nueva ley de ART que no es beneficiosa para los trabajadores. Esa es la treta.
Confesión de parte
En un esfuerzo por superar el affaire del Correo, el empresidente Macri recurrió a una idea poco feliz: volver a foja cero. Algunos se ilusionaron con un nuevo balotaje y otros, como algunas víctimas del primer timbreo del año, con que el senador Federico Pinedo vuelva a ser presidente. Pero no, esa propuesta no es para todo, sólo para el Correo. Sin embargo, sus intentos de ser sincero terminan en fracaso, porque no lo es. Y eso se nota cada vez más. En las últimas encuestas, más de un 60 por ciento de los consultados ya no le cree ni cuando dice la fecha. En esa confesión con forma de conferencia de prensa del jueves pasado, la sinceridad fue su mayor simulacro. El Gerente de La Rosada mintió en todo: que no sabía, que fue un error, que el problema es de su padre, que el acuerdo fue por mayoría y que se puede volver a foja cero. Tan poco creíble, que hasta los editorialistas de los medios hegemónicos que cimentaron su candidatura se están quejando por tanta opacidad.
Ya se ha dicho hasta el cansancio: no se puede volver a foja cero porque el acuerdo fue firmado por todas las partes y está a consideración de la Cámara Comercial. Aunque Macri ha dicho muchas veces que no es David Copperfield, siempre prueba salir de sus enredos con un pase mágico. Su volver a foja cero suena a un abracadabra, aunque parece un final al estilo fue una jodita para Tinelli. Lo que el empresidente planteó como un error es en realidad un intento de estafa a todos nosotros. De acuerdo al dictamen de la fiscal Gabriela Boquín, la mayoría que aceptó la oferta de Sideco-Socma-Macri, conformada por el Estado y el banco Meinl fue completada por pequeños acreedores también controlados por la empresa presidencial. Ni el Banco Nación aceptó la oferta de los Macri, lo que terminó con la salida de Carlos Melconián. Para la fiscal que desnudó este perjuicio al Estado perpetrado desde el Estado hubo manipulación de las mayorías. Sin dudas, los Macri están acostumbrados a que todos nosotros absorbamos sus deudas: lo han hecho desde la dictadura y así han incrementado su patrimonio.
La otra gran mentira del empresidente en su conferencia-confesión fue la referida al incremento de los jubilados. Por un lado, no fue un error, sino una manera un poco torpe de obedecer a los sabios consejos del FMI: llevar los haberes al 50 por ciento del salario mínimo. Aunque después haya ido a un centro de jubilados amigable con la rapiña amarilla en San Luis, su impronta de clase conduce su gestión a cercenar derechos y beneficios a nuestros abuelos. El PAMI –con la excusa de la corrupción que sólo ven en el ojo ajeno- otorga cada vez menos medicamentos gratuitos y el poder adquisitivo de las jubilaciones ha perdido el año pasado más de un 9 por ciento.
Cada medida que toma el Gran Equipo confirma las advertencias que muchos hacían antes de las elecciones: no era una campaña del miedo, sino un listado de contraindicaciones. Algún transeúnte descomprometido recitará ese célebre lugar común “al final son todos iguales”. El otro –los k se llevaron todo- ya queda tozudo. Y el de la pesada herencia es por demás de tontuelo. Para el que dude de esto, que cuente los funcionarios K imputados en delitos de corrupción –sólo un par- y que los compare con los implicados amarillos –casi todos- y comprobará que la diferencia es abismal. Después, que a eso agregue el deterioro de su poder adquisitivo y el de sus amigos y familiares. Con muy poco esfuerzo, comprobará cuánto se ha equivocado, cuánto se ha dejado engañar.
Que Jorge Lanata denuncie lo que cobra Jaime Durán Barba, que Joaquín Morales Solá anticipe que Cambiemos perderá las elecciones, que Julio Blanc se muestre enojado por tan poca transparencia son episodios del mismo engaño. Quizá le estén soltando la mano después de tanta protección o están tratando de instalar un nuevo candidato. Estos ilustres escribas no están preocupados por nuestros problemas, sino por los interminables intereses del establishment que representan. Macri ya les dio lo que necesitaban: desmanteló la ley de Medios, les sirvió el fútbol en bandeja, eliminó impuestos que les provocaban insomnio y liberó el dólar para que puedan especular a placer. Ahora el Gran Equipo es un escollo. Una nueva trampa para imponer un nuevo alfil. Caer en la misma celada no será equivocación sino una insistencia que ya huele a masoquismo.

jueves, 16 de febrero de 2017

Un Cambio for export



Aunque no de la mejor manera, Macri nos integró al mundo, no sólo por la repercusión en los medios internacionales del escándalo del Correo y su vinculación con el Lava Jato. Desde que desplazó doce horas antes a Cristina de la presidencia, el atropello de los principios constitucionales a fuerza de decretos llamó la atención de algunos observadores más allá de nuestras fronteras. La detención arbitraria de Milagro Sala y la persecución judicial, mediática y telefónica a los anteriores funcionarios da por tierra con cualquier convivencia democrática. El informe conocido como Panamá Papers situó a Macri como uno de los pocos mandatarios del mundo con empresas en paraísos fiscales. El pago a los fondos buitre traicionó la decisión de la ONU de combatir a los especuladores financieros y el innecesario endeudamiento externo asombró por su magnitud. La decadencia desatada por el desordenado plan del Gran Equipo es objeto de estudio de politólogos y economistas de las universidades más prestigiosas. Tantos años de denunciar el aislamiento, Macri logró que sus desmanes se narren en diferentes idiomas. Un aplauso para el Cambio y todos los que creyeron en eso.
Claro que cambiamos: si antes el mundo que tanto admira el Gerente de La Rosada nos consideraba una piedra en el zapato, ahora nos mira como una prometedora colonia; si antes los países sometidos a la timba global nos veían como alternativa, ahora nos ven como iguales en desgracia; si antes éramos un ejemplo en la lucha por los DDHH, ahora volvemos a ser víctimas de la violencia de una casta. Los que prometían no perseguir al que piensa distinto, amenazan a sindicalistas, políticos y periodistas que se atreven a desafiar el monocorde discurso oficial. Los que aseguraban que no íbamos a perder nada no saben qué artilugio utilizar para serruchar nuestros derechos. Los que nos iban a conducir a un desarrollo primaveral nos han embutido en un túnel que sólo desemboca en una pestilente ciénaga.
El que juró con honestidad, para la cadena televisiva norteamericana CBS encabeza uno de los tres gobiernos más corruptos del mundo. Y no es el único medio del Imperio que tiene esa opinión del empresidente. También The Washington Post y The New York Times consignan en sus páginas la poca transparencia del gobierno amarillo. El británico The Guardian explica que Macri está imputado por la condonación de la deuda a “su empresa familiar” y el francés Libération agrega que “los nombres de Franco y Mauricio Macri aparecieron en los Panamá Papers como directores de empresas registradas en los paraísos fiscales de Bahamas y Panamá”. Ellos ganaron con el verso de la transparencia, pero se oscurecen por su opacidad. Ellos juran ser portadores de la verdad, pero se enredan en mentiras muy fáciles de desmontar.
El laboratorio y los ratones
Ahora dieron marcha atrás, pero lo intentaron. Como si hubiera recibido el acuerdo del Correo como regalo de cumpleaños y lo tomara por sorpresa, Macri desplegó su habitual cinismo. Si la conferencia de prensa que brindaron Marcos Peña y Oscar Aguad para explicar esta transa se transformó en un stand up de marionetas, la que brindó el presidente off shore pareció un show de embustes para infantes. Con un volver a foja cero, dio por tierra con las absurdas justificaciones de sus laderos. Burlas en abundancia: tanto el jefe de Gabinete que aseguró que “no hay conflicto de intereses” -cuando la familia Macri se hubiera beneficiado con una quita del 98 por ciento de la deuda- como las incoherencias destiladas por el ministro de Comunicación. Ni hablar de la demanda al Estado por la empresa que ellos fundieron. Y por si esto fuera poco, argumentan con que el 50 por ciento de los acreedores aceptó la oferta de Socma cuando el Estado representa más del 30 y el resto es un banco muy relacionado con la empresa familiar. Si de porcentajes se trata, el canje de deuda con los bonistas fue aceptado por más del 90 por ciento y sin embargo no dudaron en pagar más de diez mil millones de dólares a los buitres que reclamaron en el tribunal de Griesa. Paradojas del cambio que está en todos los lados del mostrador para estafarnos a casi todos.
Aunque en este episodio vergonzante que incluye un auto regalo de 70 mil millones de pesos intentaron involucrar a Cristina, Macri tuvo que dar marcha atrás. Aunque siga hablando de la pesada herencia, la estafa del Correo la iniciaron los Macri. Eso sí: nos quedamos sin el fallo inapelable de la castísima Elisa Carrió, aunque presenciamos la astucia del interbloque Cambiemos para desarticular las 30 cuestiones de privilegio que presentaron los opositores para exigir informes o interpelaciones a funcionarios del gobierno amarillo. Qué raro, y eso que el oficialismo es minoría en el Congreso y esto se convirtió en un escándalo monumental. Claro, lo que pasa es que hay representantes que ya no saben a quién representan, si a los que confiaron en ellos para defender sus intereses o a la minoría mafiosa que gobierna para incrementar sus espurios privilegios.
A pesar de que en estos quince meses el Gran Equipo ha demostrado poca maestría en el manejo de los asuntos públicos y casi nulo compromiso en mejorar la vida de la mayoría, todavía puede continuar con sus planes destructivos. Aunque la producción industrial sigue en retirada, el mercado interno manifiesta su agonía, la inflación no se detiene y la desocupación es creciente, el proyecto amarillo para modificar el régimen de las ART se convirtió en ley. Que todavía tenga garantizada la gobernabilidad y logre consenso un modelo que ha traicionado el voto popular, que arrasa con todo lo que toca y que nos está conduciendo a una hecatombe ya experimentada es un fenómeno político inexplicable. Consenso y gobernabilidad regalada por esos personajes que gruñen por televisión pero gimen como falderos en el Congreso o en cualquier ambiente en el que simulen representatividad.
Nadie pide que pongan palos en la rueda o gestionen movimientos destituyentes como han hecho los amarillos cuando fueron oposición. Pero con la elegante pose republicana que muchos han adoptado ahora están avalando el cierre de fábricas, la invasión de los importados, la descomunal fuga de divisas, la bomba de las Lebac, la pérdida del poder adquisitivo de los salarios, entre muchos otros desastres. ¿Qué gobernabilidad y consenso merece un gobierno generoso con los que tienen de sobra y muy mezquino con los que necesitan de todo? ¿Qué apoyo merecen Macri y su Gran Equipo que sólo gestionan para facilitar negocios para sí mismos y sus amigotes? ¿Qué continuidad hay que asegurar para un gobierno que en la cuarta parte de su tránsito acumula cincuenta denuncias judiciales y cuyo conductor está imputado ya en cinco causas?
Algunos consideran que el Gran Equipo está experimentando con nosotros, que están comprobando cuál es nuestro límite de tolerancia. Otros creen que ya no tienen nada para dar porque todos sus intentos terminan en fracaso. En las charlas cotidianas, hay mucha inquietud y desconcierto: los arrepentidos no se arrepienten a los cuatro vientos, sólo muy pocos odiadores apelan a la pesada herencia y el resto está aturdido, a la espera de una luz que saben, no va a aparecer. Los amarillos, en tanto, juegan con nuestra paciencia y nos distraen con sus supuestas torpezas. Si pasan, pasan; si no, vuelven a foja cero. En tiempos de Cristina, los hoy alelados estaban al borde de un ataque de nervios y dispuestos a brindar un concierto de cacharros. Que las calles estén despobladas ante los desastres del Cambio es una evidente muestra de que el estado de ánimo de la sociedad está manejado por los grandes medios. Esa es la cadena que debemos romper si queremos ser verdaderamente libres para construir un país que no deje afuera a nadie.

lunes, 13 de febrero de 2017

Carta abierta a un votante confundido II



(Una vez más, la pluma de Discepolín emerge desde el teclado del Autor de estos Apuntes)
El 18 de noviembre de 2015 escribí la primera carta, unos días antes del balotaje tan crucial. Casi te suplicaba que no votés por Macri, que era el peor de los dos candidatos. Con desesperación, sinteticé las buenas cosas que íbamos a perder en caso de que gane. Tal vez no fui lo suficientemente claro, porque terminaste votándolo. A más de un año de esa publicación, no me importa si me das o no la razón. Lo importante es que entiendas que lo que votaste te traicionó. ¿Por qué confiaste en alguien como él, si su oscuridad estaba a la vista? Y lo sigue estando pero, a pesar de todo, todavía estás esperando el cambio. Por si no te avivaste, el cambio es esto. ¿O esperás que los egoístas se vuelvan generosos de golpe? ¿O pretendés que un tipo que se pasó la vida acumulando fortunas, de repente se vuelva dadivoso? Los ricos no tienen límites. Ni la vida es un límite para Ellos, como queda demostrado con todas las dictaduras que padecimos.
Aunque el prontuario de Macri es frondoso, sigue jugando a que es decente. O por lo menos es lo que dice cada vez que habla. Hasta juró con honestidad cuando asumió como presidente. Como no le sale simular el patriotismo, la suplantó con ésa. Y en su boca está siempre presente la transparencia y en eso tiene razón: es tan transparente que sus malas intenciones no se pueden disfrazar. Si todavía no te diste cuenta, es porque no querés. O porque te seguís informando con los mismos medios que te empujaron a votarlo. Tanto te engañaron que creíste que las advertencias eran una campaña del miedo. Sin embargo, todo se cumplió. Y mucho más.
No sé si es sincera, pero hasta Mirtha cuestionó en estos días la falta de sensibilidad de este gobierno. Claro, entre inflación y tarifazos te comieron el sueldo. Eso si todavía tenés trabajo porque, si lo perdiste, no me explico cómo hacés para sobrevivir. Entiendo que puedas estar más preocupado por tu situación personal que por los asuntos públicos. Pero por desentenderte de la información veraz ahora estamos en este embrollo. Y no digás que no te interesa la política, si en cualquier charla empezás a recitar el rosario de pavadas que memorizaste de esos canales que te hacen la cabeza todo el día con denuncismo barato. No digás que respetás la opinión del otro si cuando te dan argumentos que desmantelan tu recitado cerrás los oídos, dibujás en tus labios una sonrisa difusa y mirás para otro lado. Aunque el agua te está llegando al cuello, seguís atado a los canales que te dicen que todo estará bien y, si estamos mal, es culpa de Cristina.  
El motivo de estas líneas
Vos te preguntarás por qué estoy escribiendo esto si no es para que me des la razón. Ya te aclaro que tampoco es para reprocharte dónde pusiste tu voto. Si estás de acuerdo con lo que ha hecho el gobierno hasta ahora, esta carta no es para vos. No votaste confundido ni estás decepcionado: Macri hace lo que vos querés que haga. En ese caso, no me quiero meter con tu conciencia si te parece bien que haya más desocupados y pobres, negocios cerrados y fábricas como cadáveres urbanos. Y si te gusta que haya ricos más ricos y que a vos no te toque un centavo. Si te parece bien todo eso, allá vos. Yo estoy acá, escribiendo para el desencantado, el engañado, el ajustado. Yo escribo para el que eligió un cambio y se encontró con penurias injustificadas; para el que no le llega ni el aroma de La Revolución de la Alegría; para el que se dejó llevar por un odio irrefrenable y ahora se le está pasando.
Para el que metió la pata y no hace nada para sacarla. Como el cheff que intoxicó a los comensales y, en lugar de llamar a emergencias, se esconde bajo la mesa. No busca ayuda ni se escapa: mira la escena desde un rincón, alelado. Vos, Votante Confundido, seguís confundido: ya sabés que no se puede esperar nada bueno del que elegiste como presidente, pero seguís esperando. Yo no digo que seas masoquista, pero levantá los ojos del diario que comprás todos los domingos por costumbre y mirá más allá. Mientras leés que a Cristina la van a procesar por tal cosa, tus vecinos tachan las cosas que ya no pueden comprar. Mientras el diario te cuenta cómo disfrutar de la vida sin aparatos eléctricos, tus vecinos hacen un velorio porque se les rompió la lámpara bajo consumo. Mientras el columnista pronostica una lluvia de dólares para un futuro indecible, tus vecinos no saben cómo frenar el drenaje de sus flacos bolsillos. Si seguís con ese diario, no vas a entender por qué lo que padecen tus vecinos está golpeando tu puerta.
No sólo te están sacando lo poco que tenés sino que están decididos a ir por más. ¿Te acordás cómo te asustaron con esa frase de Cristina “vamos por todo”? Te hicieron creer que ella comandaba una banda de forajidos y no te dejaron comprender el significado de esa frase. Ella decía que vamos por los derechos que faltan, aunque para lograr eso haya que enfrentarse con los tipos más peligrosos y miserables del país. Pero entendiste otra cosa y terminaste votando a esos tipos peligrosos y miserables, que sí van por todo en serio.
Antes te hablaban de ‘confrontación’ y ahora, que te acosan con medidas que te perjudican, ni se acuerdan de esa palabra. Antes, si se aprobaban leyes para contener a los empresarios, te hablaban de ‘crispación’ y ahora, que están serruchando tus derechos, ponderan el consenso para garantizar la gobernabilidad. Antes, te decían que había una dictadura –como han tildado a todos los gobiernos que trataron de distribuir mejor- y ahora, que espían hasta a las mascotas de los ex funcionarios y demonizan al que se manifiesta en contra, que ordenan a sus jueces violar los principios del derecho para ejecutar una venganza de clase y se ufanan de sus presos políticos, que destruyen leyes a fuerza de decretos y las interpretan a su antojo, te dicen que estamos en un paraíso democrático.
No digo que estés dormido, pero te aconsejo que te despiertes un poco más. Ese diario y todos sus canales te convencieron de la corrupción descomunal del gobierno K. Y te grabaron a fuego la idea de que se robaron todo. Durante años te hablaron mal de Boudou, pero la única causa que llega a juicio es por un auto cuando no era funcionario. Lo otro, es pura venganza. Por la estatización de los fondos de la AFJP y de la empresa Ciccone Calcográfica, presas deseadas por los directivos del Grupo Clarín. Claro, muchos datos que no te dan. Ellos saben cómo hacer que pensés lo que ellos quieren. Ahora que Macri gobierna para beneficiar a Macri, ni un gramo de enojo sacan de vos. ¿Acaso no te hicieron salir a cacerolear por cualquier cosa? Hasta protestaste contra el cepo cuando nunca pensaste comprar un dólar. Y ahora que tu vida se ve tan amenazada como la de tus vecinos, te quedás mirando en la tele a los mismos tipos que te mintieron durante años.
Esta carta no es para reprocharte cómo votaste ni para exigir que te des latigazos. No, lejos de eso. No reprocho lo que hiciste en el cuarto oscuro, sino lo que estás haciendo ahora. No seas orgulloso, reconocé que metiste la pata: votaste para que te den Disneylandia y te metieron en el laberinto del terror. Te hicieron creer que votabas por tus intereses y sólo están multiplicando sus privilegios. No esperés a las próximas elecciones para expresar tu decepción. En las plazas te esperan miles que están tan decepcionados como vos. Y asustados, porque éstos que nos gobiernan no son vegetarianos. Esto ya lo vivimos: nos quieren comer crudos. A mí me la vas a contar.