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viernes, 23 de septiembre de 2016

Andanzas del Ingeniero en el Imperio



Macri no habló en inglés ante la asamblea anual de la ONU como muchos suponían, sino en un castellano de teleprompter y como si la campaña no hubiese terminado. El empresidente aprovechó a fondo su visita a Nueva York, no sólo para suplicar inversiones en Wall Street y la fundación Bill Clinton sino para posar junto a Juliana Awada en fotos más acordes para una estrella que para un político. También protagonizó un papelón diplomático respecto a la soberanía sobre las Islas Malvinas, algo que sugiere su poco interés en el tema. Interés patriótico, porque el económico sobra. Las islas son para él una fuente de riquezas que quiere compartir con los invasores, muy necesitados de ingresos extras ahora que han roto con la Unión Europea. En verdad, todo el país es pensado de esa manera por quien fue elegido para representarnos: como un sustancioso botín para ser explotado por cualquiera menos por los argentinos.
El ingeniero cree portar una magia irresistible. Algo de eso debe haber, si no resulta imposible explicar que haya llegado adonde llegó. Sin embargo, fronteras afueras no tiene el mismo efecto. Aunque declare que con su arribo a La Rosada las cosas se han transformado de raíz, los inversores se hacen desear a la hora de desatar la tan prometida lluvia de dólares. Sonrisas de cortesía y palmadas en la espalda es todo lo que recibe después de sus casi desesperados clamores. Tal vez la zigzagueante historia de Argentina los haga desconfiar de la eficacia del control amarillo. O el prontuario de la familia Macri, que incluye complicidad con la dictadura, evasión impositiva, contrabando y lavado de dinero, espante a algunos con historial parecido, pero temerosos de toparse con competidores de tamaña envergadura.
Quizá el recelo provenga del doble discurso que despliega cada vez que abre la boca. Un país con pesada herencia jamás puede ser una gran oportunidad para hacer negocios. La constante denostación a los gobiernos anteriores parece referir a una nación arrasada, lo que no coincide con los informes presentados ante los potenciales inversores. Un país desendeudado, con industria creciente y casi pleno empleo es una oportunidad de negocios para cualquier emprendedor. Más aún con las riquezas naturales de nuestro territorio y la calidad laboral de sus habitantes. Sin embargo, las inversiones ni se asoman.
Otra gran contradicción se produjo entre lo relatado en Wall Street en comparación con su recitado en la Asamblea. Si ante los especuladores pide “al mundo que apoye a su gobierno en la meta de dejar atrás décadas de populismo”, resulta inadmisible que en la ONU declare que “en los últimos años Latinoamérica hizo grandes esfuerzos para reducir la pobreza, gracias a políticas sociales robustas”. La indecisión entre abandonar el populismo o valorarlo desconcierta a cualquiera.
¿Torpezas o traiciones?
Además de las incoherencias de Macri, lo que desalienta a los inversores es la impericia del “mejor equipo de los últimos 50 años”. Ante los líderes del mundo, el empresidente aseguró que “en la Argentina nos hemos planteado como horizonte tres grandes objetivos: la primera meta es avanzar hacia pobreza cero, el segundo objetivo es derrotar al narcotráfico, la tercera meta es unir a los argentinos a través del diálogo, el respeto a la ley y el fortalecimiento de la democracia”. Si disminuir la pobreza es destruir empleos, derrotar el narcotráfico es facilitar la fuga de divisas y unir a los argentinos es demonizar opositores, las inversiones estarían desbordando los cálculos más optimistas. Aunque han logrado frenar la inflación provocada por sus primeras medidas, el camino transitado en estos nueve meses no auspicia un futuro armonioso. Mientras el Ingeniero asegura ante los micrófonos internacionales que los argentinos aceptamos con beneplácito los innecesarios ajustes impuestos, el descontento se hace notar todos los días.
¿Quién puede creer en sus intenciones dialoguistas cuando gobierna con la prepotencia de un conquistador, cuando las causas judiciales se transforman en proscripción política, cuando los periodistas acólitos no cesan de ocultar sus estropicios? ¿Quién puede confiar en el respeto a la ley de alguien al que le descubren empresas fantasmas y cuentas off shore todas las semanas? ¿Quién puede tomar como sincero el compromiso de fortalecer la democracia de alguien que engañó a sus electores para conquistar la presidencia? ¿Qué inversión puede estar segura en un país gobernado por alguien capaz de traicionarlo?
Además de todo esto, está el papelón diplomático producto de su mentirita respecto a la discusión sobre la soberanía de Malvinas. Nada de eso hablará con la Primera Ministra británica Theresa May sino de la manera de sacar el mayor provecho posible de las riquezas del Atlántico Sur. “No es atribuible a la maldad –razonó CFK ante los estudiantes reunidos en La Plata para celebrar su día- Apenas es explicable desde la estupidez”. Para suavizar un poco el clima, agregó: “es apenas una muestra de mediocridad”. Las tres cosas se combinan en el Gerente de La Rosada: maldad, estupidez y mediocridad. Virtudes que se derraman a los funcionarios y apologistas, que ya no saben cómo disfrazar los desaciertos ni frenar la catástrofe por venir.
Aunque se ha convertido en un fiel exponente de los intereses internacionales, el vértigo de su gestión y la torpeza de sus disimulos no garantizan demasiada estabilidad. Y como tampoco Brasil tiene un tránsito muy armonioso, la región puede tornarse muy convulsionada. El triunfalismo de los restauradores es un poco apresurado: el dulce sabor de los derechos conquistados resistirá con fortaleza cuando la avaricia despiadada de los neoliberales destile su hiel por las gargantas de la Patria.

lunes, 19 de septiembre de 2016

Pirómanos en La Rosada



Muchas cosas pueden cuestionarse de la ceocracia gobernante, pero sus integrantes tienen algunas virtudes destacables: sorprenden todos los días con sus exabruptos, sus provocaciones nos mantienen activos y sus falacias ejercitan nuestras neuronas. Si en lugar de engañar a los electores durante la campaña presentándose como ángeles salvadores se hubieran propuesto como entrenadores sociales habrían sacado más votos. Pero todos los días demuestran que no tienen en mira la construcción de un país armonioso y equitativo, sino que buscan resucitar una colonia convulsionada y desigual. La metáfora del ministro de Educación Esteban Bullrich los muestra como conquistadores sin espada, el apoyo de Macri a los ciudadanos justicieros sugiere el exterminio y la orden de Bonadio para incinerar las cunitas evoca la inquisición. Si lo que estamos padeciendo es un período de adaptación hasta que aprendan, todo bien y cabe la paciencia. En cambio, si así serán los más de tres años que nos quedan por delante, que no se enojen si cada tanto poblamos las calles para ponerles un límite.
Y no hay dudas de que lo necesitan. Que un ministro de Educación –o cualquier funcionario- evalúe como positivo un genocidio impune como la llamada Conquista del Desierto, es de una gravedad pasmosa. Pero que considere que en nuestro país todavía quedan bárbaros a los que se debe civilizar es como un vuelo sin escalas al ostracismo. ¿Quién escribe sus libretos? ¿Tan invulnerables se sienten que dicen cualquier cosa en un acto oficial, como si estuvieran en la mesa de un bar, rodeados de botellas consumidas y jugando un truco insomne en una madrugada de otoño?
Tal vez sea producto del sinceramiento, uno de esos conceptos Zen que utilizan a diario para justificar sus desmanes. Ellos piensan la vida desde el binomio civilización-barbarie y como son tan sinceros, no lo pueden disimular. Con la grasa militante y los caudillos provincianos de Prat Gay y la necesidad de eliminar la mala ideología de Hernán Lombardi, pasando por las imprecisiones numéricas sobre los desaparecidos, parecen fieras hambrientas babeando ante la visión de una presa. “No hay que ahorrar sangre de gaucho”, escribía Sarmiento, desde su decimonónica sinceridad. En sintonía con esto, Macri y algunos de sus adláteres hasta parecen aplaudir cuando un ciudadano, en un exceso, mata a un delincuente en un dudoso caso de legítima defensa. Por estos episodios y muchos más podría afirmarse que llevan esa frase en su ADN, aunque truequen el sustantivo ‘gaucho’ por el enemigo de ocasión.
Si no pueden conquistar al retobado, que la ciudadanía lo linche por delincuente o por K, que al fin y al cabo son la misma cosa desde su oligárquica visión. Después, habrá que eliminar todo rastro de la epidemia con el fuego refundador de Bonadio sobre inocentes cunas. Finalmente, con la mitad de la población aún en pie y la tierra asolada por el saqueo que Ellos mismos alentaron, podrán sembrar las semillas para la colonia que sueñan.
A todo gas
Los PRO conquistaron el sillón de Rivadavia –o de Balcarce, la mascota presidencial- a fuerza de engaños infames, asumieron dispuestos a apagar un incendio que no existía y ahora están actuando como pirómanos descontrolados. Cada uno de ellos tiene en sus bolsillos una caja de fósforos para encender la mecha del cóctel explosivo que están alimentando. La audiencia pública por la tarifa del gas realizada durante el fin de semana fue una muestra de eso. Hasta se suspendieron los partidos del ascenso en la CABA para tener más efectivos policiales para la ocasión. La Usina del Arte se convirtió en una fortaleza que dejó afuera a gran parte de los que se habían anotado para participar de las deliberaciones. En Córdoba, Rosario, Salta y Neuquén se vivieron episodios tensos por la restricción del acceso al público. El cumplimiento de la orden de la Corte Suprema fue en realidad una puesta en escena para concretar la estafa que están pergeñando para los usuarios.
Todo estaba cocinado. El ministro Aranguren –en una clara muestra del lado de la grieta en donde está- expuso un alucinado cuadro tarifario con el precio del gas en boca de pozo ya sentenciado. Y el atroz incremento del 203 por ciento lo anuncia como una buena noticia porque dio marcha atrás con el saqueo de más del 1000 por ciento que proponía antes. El gobierno amarillo retirará los subsidios del gas importado –que es el 26 por ciento de lo que consumimos-, de la producción base y de la incremental. Si con la renuncia del Estado a cobrar retenciones a la exportación agropecuaria y minera transferimos recursos a los que no lo necesitan, con el retiro de los subsidios a la tarifa de gas terminamos financiando la exploración y explotación de las empresas a las que Aranguren representa. Y si a través de facturas y precios exagerados logran que consumamos menos de todo, beneficiaremos a los que quieren engrosar sus cuentas bancarias con los cuantiosos recursos de nuestro país.
Hacer un recorrido por las exposiciones de los representantes de usuarios resultaría excesivo para este modesto espacio. Casi todos manifestaron su oposición, como corresponde. El presidente de Consumidores Libres, Héctor Polino, expresó su rechazo al incremento propuesto porque “implica una ganancia extraordinaria a las empresas y además no se corresponde con las posibilidades de pago por parte de la mayoría de la población”. Otros, como Axel Kicillof, pusieron en evidencia la dolarización de lo que se produce acá, una distorsión que puede resultar fatal. Pero quien dio en la tecla con la síntesis del cambio cultural que está produciendo el Gran Equipo en Argentina fue Osvaldo Bassano, de Adduc. “El mercado no puede dominar al Estado”, que de acuerdo al fallo de la Corte “debe garantizar el acceso al consumo”, explicó Bassano y advirtió que “cercenar derechos es alterar la paz social”.
Durante años, estos candorosos pacificadores que ahora gobiernan denunciaron a Cristina por ser la generadora de la famosa grieta, un artilugio geológico para nombrar la resistencia de las corporaciones económicas a ceder parte de la renta que generamos entre todos. Ahora que coparon La Rosada, no les importa que el número de pobres y desocupados se haya incrementado, que las Pymes y los clubes de barrio estén tambaleando, que millones de integrantes de la clase media deban descender un par de escalones, entre muchas otras consecuencias de sus nefastas medidas. Según la soberbia mirada de los que se creen dueños de todo, éstos no son conflictos ni profundizan grieta alguna, sino que es el camino necesario para la republiqueta feudal con la que sueñan.
Mientras entretienen al público cautivo de los medios acólitos con fábulas persecutorias del que piensa diferente, están rematando el país en pos de una integración que no será beneficiosa para la mayoría. En tanto que el periodismo cómplice trata de presentar como maravillosa la hecatombe venidera, la deuda externa se incrementa como nunca en tan poco tiempo, llegando a superar el monto alcanzado por Brasil, México, Perú y Colombia en conjunto. Mientras el empresidente se mueve como pez en el agua en las cuevas financieras del Imperio, los emisarios del FMI vienen a revisar las cuentas para recomendar nuevos ajustes. Esta película ya la vimos y el final incluye un incendio. Ellos tienen los fósforos, manejan el gas y no les faltan intenciones de disciplinarnos con los palos que desde antes de asumir quieren sacudir sobre nuestra resistencia.

viernes, 16 de septiembre de 2016

Recetas para un país perfecto



La perfección debe ser un embole. Por suerte, ningún ser humano podrá experimentar jamás ese estado ideal, inventado por algunos iluminados en el Medioevo para generar un complejo de inferioridad en los mortales. Algunos dirán que sólo la Naturaleza es perfecta, aunque tenga asperezas, fealdad, caducidad y fallas. ¿En qué sentido es perfecto el irregular, rugoso y multicolor tronco de un árbol? Nada es perfecto porque ese concepto es una abstracción que sólo busca degradar lo humano. Empero, a pesar de su imposibilidad pragmática, siempre está presente como una comparación despectiva. No para que mejoremos, sino para que nos revolquemos en nuestra perpetua imperfección. Porque la perfección no es como la utopía que, como decía Galeano, nos ayuda a caminar. La perfección humilla porque nunca estará a nuestro alcance.
Si lo sabremos nosotros, educados en el lejano Sur para orientar nuestra mirada hacia el mundo del que nos independizamos, como europeos condenados a padecer el exilio en tierras bárbaras. ¡Qué lejos estamos del país del querido Rey!, aunque esté sumergido en una crisis peor que la nuestra. ¡Qué horribles nos vemos en el espejo que imponen los que quieren someternos! Antes, desde el gobierno de la CABA, se buscaba denostar al kirchnerismo, con la amplificación monstruosa de los medios dominantes. Desde la asunción de Macri, esa impronta se propala a todo el país para flagelarnos por los últimos doce años de nuestra historia.  
Ahora, la mitad del país debe observar atentamente cómo se construye la Argentina PRO para que en el futuro no cometa el error de elegir caudillos provincianos que portan populismo en todos sus poros. Aunque el kirchnerismo redujo a la mitad la pobreza recibida, bajó el desempleo hasta batir un récord, duplicó la capacidad industrial y realizó obra pública como ningún otro gobierno desde el retorno a la democracia, el arrepentimiento por votar esos proyectos debería ser eterno. Aunque no se pueda comprobar ningún delito cometido por Cristina y sus secuaces, el Círculo Rojo representado por Macri decreta que son todos corruptos y no merecen ocupar cargos públicos en el futuro. La pantalla se encarga de mostrar ejemplos demoledores: bolsos, bóvedas y dragones son los contenedores habituales de dineros mal habidos que nunca se encuentran. Y un puñado de jueces y fiscales consustanciados con el oligárquico ideario se dedican día y noche a dibujar alucinantes causas para potenciar sospechas infundadas. Los angelicales Ceos han descendido a estas tierras profanadas para iluminar el sendero hacia el paraíso neoliberal, donde todo es tan perfecto que hasta la pobreza tiene brillo.
La revolución de los incompatibles
Los gerentes de La Rosada nos enseñan que un país perfecto se construye en inglés. El empresidente Macri inauguró el mini Davos con un video en el que maestras, obreros y trabajadores hablan en inglés. Él mismo dirigió unas palabras en esa lengua, tartamudeadas y mal pronunciadas como cuando lo hace en castellano. Los concurrentes recibieron un libro en donde se explica las bondades de Argentina que, en inglés, no incluye pesada herencia alguna. Hasta los periodistas debían formular preguntas en inglés para no incomodar a los visitantes. El Centro Cultural Kirchner, construido para difundir las expresiones artísticas de estas latitudes, se transformó –ceocracia mediante- en una sucursal del Norte para rematar nuestros bienes al mejor postor.
Los PRO desplegaron su normalidad foránea sin subtítulos para que no entendamos lo que se cocinó en la Ballena Azul, el impresionante auditorio inaugurado el año pasado por Cristina y vedado por los amarillos para el público hispanoparlante. Allí, los ministros pusieron a disposición de los empresarios extranjeros los ministerios que tienen a su cargo. Hasta Aranguren, de Energía, prometió el autogobierno para el sector que debería gestionar. Aranguren, que ahora se ha convertido en un ejemplo por desprenderse de las acciones de Shell. En realidad, nunca debería haber asumido un personaje así en la función pública. Sin acciones es lo mismo: patea a favor de los intereses empresariales y no del conjunto de los ciudadanos que paga su sueldo superior a los 200 mil pesos.
La Ley de Ética Pública establece que hay un conflicto de intereses desde el momento mismo en que Aranguren fue elegido. Y no es el único. Casi todos están en conflicto porque sus intereses no son los nuestros. El mini Davos fue organizado por Richard Attias, un empresario marroquí tan off shore como Macri y muchos de sus funcionarios. Attias está en contra de los impuestos, al igual que Macri y todos los grandes empresarios. Ellos siempre se manifiestan contra el Estado y ahora que lo administran el resultado es predecible: simulan reclamar su retirada, aunque en realidad pretenden convertirlo en facilitador de sus negocios. Un clamor del mini Davos se convertirá en un objetivo de los Ocupantes Ocasionales de La Rosada: la precarización laboral será una nueva condición para desplegar la lluvia de dólares que aún no se asoma. ¿Cuántas zanahorias más pondrán delante de nuestras narices mientras horadan nuestra dignidad y se llevan nuestras riquezas?
El país perfecto que nos imponen los PRO no derramará su perfección a todos los argentinos. Sólo es un plan para trasladar la crisis del Norte hacia estas latitudes y hacer que nos convirtamos nuevamente en una colonia. Macri nos integra al mundo para que volvamos a ser los mejores alumnos, aunque las condiciones de vida sean deplorables. La pesada herencia no es lo que van a corregir, sino lo que debemos olvidar. La pesada herencia es el botín que ofrecen a cambio de inversiones que sólo engrosarán cuentas en paraísos fiscales. La compatibilidad no debería medirse por la cantidad de acciones en una multinacional, sino por la intención de gobernar para todos los argentinos. Por eso, todos los PRO son incompatibles.

lunes, 12 de septiembre de 2016

Expertos en fracasos



El mejor equipo de los últimos 50 años no puede exhibir grandes logros en los primeros nueve meses de mandato. Si siguen así, el primer año los encontrará gateando a los trompicones y con los pañales cargados de desechos hediondos. Ahora se alegran porque la inflación tiende a la baja, pero a fuerza de recesión y después de subirla con la devaluación y la quita de retenciones. Como el que se alegra por reconstruir el jarrón que acaba de romper, aunque el objeto de su orgullo no sea más que un pegote informe. Las únicas obras que inauguran son las iniciadas por el gobierno anterior, al que niegan mérito alguno. Los hechos delictivos traspasan la barrera de silencio impuesta por los medios algunos meses atrás y los responsables de la Seguridad se muestran desorientados y a los cachetazos como Los tres chiflados. El desempleo amenaza, la recesión se profundiza y esta revolución alegra a pocos. El descontento de la mayoría se puede convertir en paro y ninguna nubecita promete lluvia de dólares. Ya no se puede dudar: aunque muchos creyeron que era un proyecto de país alternativo, el cambio no es más que anti-kirchnerismo rabioso y el resto, sólo consecuencias.    
Muchos viven en carne propia la crudeza del ajuste o sienten que la guadaña sisea a pocos pasos. Cualquiera tiene un amigo que ha sido despedido o que tuvo que cerrar su negocio. Cualquiera escucha la queja de sus vecinos por lo que ya no pueden hacer, aunque llene sus oídos con algodones. Cualquiera advierte que en las calles las caras están cambiando su emoticón. Y si no ve en esto el purgatorio para llegar al paraíso amarillo ni se deja embrollar con la excusa de la pesada herencia, no le queda más que interpretarlo como una estafa. Más aún cuando ve a Macri que exhibe con orgullo el jarrón pegoteado como si fuera la más excelsa pieza. Así hizo en China, vender como el mejor lugar para invertir un país con desocupación creciente, economía menguante y conflictos en aumento. Habría que explicarle que los bailes y los globitos pueden engañar fácilmente a los votantes, pero no a los inversores, que cuidan sus billetes como si formaran parte de sus entrañas.
Así lo hace el Gran Equipo, que en lugar de predicar con el ejemplo y apostar al desarrollo con los recursos del Estado, ha transferido millones a los que sólo acumulan. Si los propios no invierten, menos lo harán los extranjeros, por más mini Davos que organicen en la misteriosa Buenos Aires. Tal vez por eso Macri estuvo en Punta Indio el viernes, para inaugurar una vez más la plataforma de lanzamiento del cohete VEx 5 A. Aunque brindó sólo cinco minutos de inconsistencias y furcios, su repentino interés por el programa satelital tiene el peor de los objetivos: abrir nuestros cielos a la competencia de empresas extranjeras sin prioridad alguna para el ARSAT, que fue el que inició el camino. La pesada herencia sólo sirve para justificar sus errores o para que los demás hagan negocios.
¿Comensales inapetentes?
Entonces, la esperanza para salir de la malaria inventada por el Ocupante Ocasional de La Rosada son las inversiones extranjeras. El empresidente sueña con abrirnos al mundo con la Alianza Transpacífico, una movida imperial para pisotear la soberanía y facilitar los negocios de las grandes corporaciones. Además del Foro de Inversiones que se realizará en la CABA, en pocos días arribará una misión del FMI a recomendar nuevos ajustes para que el festín sea más suculento. Uno de los principales escollos con que se encuentran es el nivel de los salarios, que hasta no hace mucho eran los más altos de la región. La famosa competitividad necesita trabajadores precarizados y con escasa protección y en eso Argentina no es un buen ejemplo. El proyecto PRO requiere sindicatos domesticados y obreros empobrecidos que acepten cualquier condición para enriquecer a los patrones. La flexibilización laboral será la llave para abrir la canilla que no contribuirá al desarrollo, sino a la acumulación de unos pocos, como hemos experimentado en otras ocasiones.
Mientras nos entretienen con pantomimas judiciales y los funcionarios de Seguridad demuestran su inoperancia, los ceócratas que supimos conseguir seducirán a los empresarios en el tan denostado Centro Cultural Kirchner. El edificio de Correos -un símbolo de la corrupción de la familia presidencial- se convertirá en la gran bandeja de la comilona que se viene. Con trajes elegantes y gestos amables, los PRO actúan como cuatreros. Con un vértigo sorprendente, estamos viviendo los noventa resumidos en un tráiler. Hay que estar muy distraído para no advertir el saqueo que se viene.
Atento a esto, el ex miembro de la Corte Raúl Zaffaroni brindó la charla “Repensando Argentina, hacia una institucionalidad popular”, junto a panelistas como Jorge Taiana, José Urtubey, Leopoldo Moreau y Sonia Alesio. Ante un público exultante, Zaffaroni advirtió que “es hora de despertar de doscientos años de colonialismos, de elaborar obstáculos institucionales a eso”. Y después de sintetizar la historia de los golpes de Estado, concluyó que los grupos concentrados “ahora entraron por nuestras brechas constitucionales, esta etapa del colonialismo les salió gratis”. No es el único que ha comparado este penoso traspié electoral con los golpes que permitieron a la oligarquía gobernar el país. El ideario es el mismo, aunque el camino para acceder al poder siguió las formas dispuestas por la Constitución. Claro, la Carta Magna no prohíbe el engaño durante una campaña ni advierte sobre la facultad de los medios hegemónicos de mentir sin pausa para posicionar a un candidato.
La experiencia que estamos padeciendo es insólita: desde el retorno a la democracia ningún gobierno produjo tanto daño en sus primeros meses de gestión. Además del aumento del desempleo, de la caída en el consumo, de las persianas que se bajan, de los sueldos que no alcanzan, de la burla permanente, debemos presenciar las amenazas de los que, envalentonados por la prepotencia gobernante, pretenden imponer sus caprichos a fuerza de solicitadas. “¿Dónde queda la República y lo representativo?”, se preguntó Zaffaroni.
Desde el 10 de diciembre, Macri y sus secuaces están rematando el país. Tan obscena es la intención que nadie se atreve a aceptar el convite. Ante el shock de confianza que asegura brindar el empresidente, hay un exceso de prudencia por parte de los inversores internacionales. “Cuando la limosna es grande, hasta el santo desconfía”, decían los abuelos y el paquete que está preparando el Gran Equipo destila un tufillo que puede ser explosivo para narices exquisitas. Debajo del florido envoltorio hay un pueblo que no acepta el deterioro al que nos están sometiendo los mayordomos de La Rosada. El tentador banquete puede convertirse en un dolor de cabeza para los carroñeros que decidan engrosar sus buches a costa de nuestra dignidad. Antes de padecer indigestión, siguen mirando desde afuera hasta ver cómo termina esta infausta historieta. Y el final debemos escribirlo nosotros, dueños indiscutibles del país que –por un ratito- parece que perdimos.